El bullying o acoso escolar en la niñez y adolescencia es un grave problema que afecta la salud mental de las víctimas y nunca debe ser minimizado. No es una problemática que deba abordarse solamente cuando ocurre un hecho de este tipo, sino que requiere educación continua.
La masacre del 30 de marzo en San Cristóbal, provincia de Santa Fe, en la que un adolescente de 15 años —quien supuestamente sufría bullying— ingresó a la escuela Mariano Moreno con una escopeta para quitarle la vida a otro de 13 años y herir a ocho, conmocionó a toda la sociedad.
Si bien este tipo de hechos es sumamente infrecuente —por ejemplo, se debe retroceder a Rafael Calzada y Carmen de Patagones en 2000 y 2004, respectivamente, para encontrar sucesos similares—, una gran pregunta que debe ser respondida con urgencia es: ¿hubo señales de alerta que debieron ser tenidas en cuenta para prevenir este desenlace?
Aunque para responderla se requiere una investigación minuciosa, existen algunos puntos que deben ser objeto de una profunda reflexión para evitar hechos similares:
● El bullying o acoso escolar en la niñez y adolescencia: es un grave problema que afecta la salud mental de las víctimas y nunca debe ser minimizado. No es necesario que sea físico, como los golpes, para que afecte psicológicamente. Las burlas, sobrenombres hirientes o el ciberbullying pueden ser igual de graves que los golpes.
● Esta problemática puede incrementarse en la adolescencia: debido a que la influencia del grupo de pares, como amigos o compañeros, cobra gran relevancia y aumenta el tiempo que se pasa con ellos. En dicha etapa de la vida, los individuos están más pendientes de si son aceptados socialmente, son populares o tienen un físico atractivo.
● Indicadores: como aumento de la sintomatología depresiva, miedo, irritabilidad, no querer ir a la escuela, evitar las situaciones de pares, tomar un camino más largo para ir al colegio, deterioro del trabajo escolar, aislamiento progresivo o cambios de comportamiento del sujeto (comer cada vez menos, problemas para conciliar el sueño) pueden ser señales de que el sujeto es víctima de bullying.
● En comunidades pequeñas, como San Cristóbal o Carmen de Patagones: enfrentar y lidiar con las situaciones de bullying puede ser particularmente estresante y agotador. Quien ejerce bullying a veces vive a pocas cuadras de la casa de la víctima, la mayoría de la población conoce a la víctima y es más difícil generar un nuevo grupo de amigos o compañeros. Esto aumenta la estigmatización, más aún hoy en día con la viralización de fotos o videos avergonzantes.
● Las redes sociales y celulares con acceso a internet: deben ser monitoreados por los adultos, principalmente padres y madres, no solo por el riesgo del ciberbullying, sino también por otros peligros o contenidos inadecuados. Antes de los 10-11 años, los menores no deberían tener acceso a celulares con internet, y las redes sociales no deberían ser utilizadas antes de los 15-16 años.
● Las conductas de autolesión: como cortarse o quemarse de forma intencional no son inocuas y deben ser abordadas con seriedad. Aunque existen múltiples causas, pueden ser una forma de lidiar con un gran malestar psicológico. Muchas víctimas de bullying o sujetos con ideación suicida las presentan.
● Las fantasías o ideas de venganza reiteradas: son una señal de alarma que no debe ser tomada a la ligera, como escuchar a un sujeto repetir con frecuencia frases como: “ya me las van a pagar” o “ya van a ver”. También un interés excesivo por la muerte o la violencia puede ser una manifestación en este sentido.
● Los principales responsables de prevenir y detener el bullying: son los adultos (progenitores, docentes, directivos, vecinos, personal no docente, etc.). Un error frecuente es creer que los adolescentes comunicarán sus problemas por sí solos. Siguen necesitando apoyo y guía adulta.
● El bullying no se genera solamente por una víctima y alguien que lo ejerce: quienes son espectadores y miran o alientan (gritando o filmando con el celular) también forman parte del problema.
● Nunca los menores de edad deben manipular o tener acceso a armas de fuego: no son un juguete ni una diversión. Si el sujeto presenta conductas de autolesión o pensamientos relacionados con la muerte, estos elementos no deben estar a su alcance.
● Se debe tener cuidado en cómo se informan estos hechos: tanto desde los medios de comunicación como en las escuelas o en el ámbito familiar, para evitar la imitación. Esto no implica ocultar la situación ni minimizarla.
● No todos los sujetos que son víctimas de bullying: van a cometer este tipo de actos o suicidarse; pero una victimización crónica, junto con antecedentes de problemas psicológicos, conflictos previos y un sentimiento de impotencia (real o percibido), puede aumentar el riesgo. Asimismo, un sujeto con graves problemas de salud mental y conflictos familiares también puede incurrir en estos hechos.
El bullying no es una problemática que se debe tratar solamente cuando hay un hecho de este tipo, sino que involucra la involucración y educación continua a progenitores, alumnos y docentes. Al margen que este trágico suceso requiere de un exhaustivo estudio para ver qué protocolos se aplicaban, cómo cuáles fallaron o fueron insuficientes, es imperante mejorar las medidas de prevención de la violencia en las escuelas de todo el país.
Recomendación para profundizar: Ciberbullying en la Pareja y Expareja
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Cómo citar esta publicación: Resett, S. A. (2026). Bullying y violencia escolar: señales de alerta y prevención. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/la-amistad-en-la-adolescencia-y-su-impacto-en-la-salud-emocional/
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