Terremotos e infancia: proteger el desarrollo infantil tras sismos

Los terremotos pueden alterar profundamente la sensación de seguridad de los niños y niñas. El acompañamiento afectivo, el juego, el movimiento y las rutinas pueden ayudar a recuperar la sensación de seguridad, favorecer la resiliencia y proteger la regulación emocional, el sueño, la atención y el aprendizaje.

 

Los terremotos no solo destruyen edificios; también pueden alterar profundamente la sensación de seguridad de los niños y niñas. Tras la emergencia sísmica ocurrida en Venezuela en 2026, organismos internacionales como UNICEF estimaron que cientos de miles de niños requerirían apoyo humanitario, educativo y psicosocial (UNICEF, 2026).

La infancia es especialmente vulnerable porque el cerebro aún se encuentra en desarrollo. Las experiencias de miedo intenso, pérdida, separación familiar o incertidumbre pueden activar de manera prolongada los sistemas biológicos del estrés, afectando la regulación emocional, el sueño, la atención y el aprendizaje (Shonkoff et al., 2021).

 

1. ¿Qué ocurre en el cerebro infantil después de una experiencia de este tipo?

Cuando un niño vive una experiencia amenazante, el sistema nervioso activa respuestas de lucha, huida o congelamiento. Esto es normal y ayuda a sobrevivir. El problema aparece cuando el estrés se mantiene durante semanas o meses.

La buena noticia: el cerebro infantil tiene una enorme plasticidad. El acompañamiento afectivo, el juego, el movimiento y las rutinas pueden ayudar a recuperar la sensación de seguridad y favorecer la resiliencia (Center on the Developing Child, 2023).

 

2. Señales que pueden aparecer en la infancia

En bebés y niños pequeños
● Llanto frecuente.
● Mayor necesidad de brazos.
● Dificultad para dormir.
● Rechazo a separarse de los cuidadores.
● Regresiones (volver a pedir tetero, chuparse el dedo, etc.).
En escolares
● Miedo a que vuelva a temblar.
● Pesadillas.
● Problemas de concentración.
● Irritabilidad.
● Dolor de cabeza o de estómago sin causa médica clara.
● En adolescentes
● Ansiedad.
● Tristeza.
● Aislamiento.
● Alteraciones del sueño.
● Preocupación excesiva por la familia.

 

3. Estrategias que SÍ podemos hacer para apoyar a nuestras infancias

Estrategia 1: La cercanía física es medicina emocional

Abrazar, cargar, tomar la mano o sentarse cerca del niño ayuda a disminuir la activación del sistema de estrés.

Hagámoslo así:
● Más abrazos.
● Más contacto visual.
● Más tiempo juntos.
● Menos frases como “ya no llores”.

Estrategia 2: Recuperar pequeñas rutinas

Las rutinas le dicen al cerebro: “estamos a salvo”.

Prioriza:
● Horario para dormir.
● Horario para comer.
● Momentos de juego.
● Lectura de cuentos.
● Baño y descanso.

No tienen que ser perfectas. Lo importante es que sean predecibles.

Estrategia 3: Explicar lo ocurrido con palabras sencillas

Los niños imaginan cosas peores cuando nadie les explica.

Ejemplo para un niño de 5 años

“La tierra se movió fuerte y eso asustó a muchas personas. Los adultos estamos trabajando para cuidarte y mantenerte seguro.”

Evita detalles catastróficos o conversaciones alarmantes frente a ellos.

Estrategia 4: El juego es una herramienta terapéutica

Después de un trauma, el juego ayuda a organizar emociones y experiencias.

Ideas sencillas:
● Construir y derribar bloques.
● Dibujar lo que sienten.
● Jugar a “los rescatistas”.
● Teatro con muñecos.
● Juegos de movimiento.

Estrategia 5: Movimiento para regular el sistema nervioso

Desde la fisioterapia y la neurociencia sabemos que el movimiento puede ayudar a regular la ansiedad y la tensión corporal.

Actividades útiles:
● Caminar juntos.
● Saltar.
● Gatear.
● Empujar una pared.
● Transportar objetos livianos.
● Bailar.
● Yoga infantil.
● Especialmente útil

Las actividades que dan propiocepción (empujar, cargar, abrazar cojines) suelen generar sensación de organización y calma.

Estrategia 6: Crear un rincón de calma

Puede ser una esquina con:
● Cojines.
● Manta.
● Muñeco favorito.
● Libros.
● Botella de agua.
● Objetos sensoriales.

El mensaje es: “Aquí puedes descansar y sentirte seguro.”

Estrategia 7: Cuidar el sueño

● El sueño es fundamental para la recuperación cerebral.
● Antes de dormir:
● Menos pantallas.
● Luz tenue.
● Respiraciones lentas.
● Cuentos.
● Música suave.

Estrategia 8: Detectar señales de alarma

● Buscar ayuda profesional si durante varias semanas el niño:
● No puede dormir.
● Presenta miedo extremo.
● Deja de jugar.
● Se aísla.
● Habla constantemente de muerte.
● Tiene regresiones muy marcadas.
● Presenta cambios importantes en alimentación o comportamiento.

 

4. ¿Qué pueden hacer las escuelas?

La escuela también puede sanar:
● Recibir emocionalmente antes de exigir académicamente.
● Realizar círculos de conversación.
● Incluir juego y movimiento.
● Permitir expresar emociones mediante arte.
● Evitar imágenes traumáticas.
● Mantener comunicación cercana con las familias.

 

5. El papel de la fisioterapia en situaciones de desastre

La fisioterapia pediátrica puede aportar mucho más que rehabilitación física.

Puede contribuir a:
● Regulación sensoriomotriz.
● Organización corporal.
● Disminución de tensión muscular.
● Promoción del juego activo.
● Participación familiar.
● Recuperación de rutinas de movimiento.

 

Reflexión

Cuando la tierra deja de temblar, comienza nuestra responsabilidad
Los terremotos nos recuerdan que, en cuestión de segundos, la vida puede cambiar por completo. Las casas pueden derrumbarse, los caminos pueden fracturarse y las rutinas pueden desaparecer. Sin embargo, hay algo que, incluso en medio de la incertidumbre, sigue teniendo un enorme poder para reconstruir: el amor, la presencia y el cuidado de quienes acompañan a la infancia.

Detrás de cada cifra, de cada reporte y de cada noticia, hay un niño que busca comprender lo que ocurrió, una familia que intenta encontrar nuevamente la calma y una comunidad que necesita volver a creer en el mañana. Aunque no siempre podamos evitar que la tierra tiemble, sí podemos convertirnos en ese suelo firme sobre el cual los niños y las niñas vuelvan a sentirse seguros.

La evidencia científica nos demuestra que la resiliencia no surge únicamente de la fortaleza individual, sino, sobre todo, de las relaciones humanas que ofrecen protección, afecto y confianza. Un abrazo oportuno, una palabra serena, una rutina que regresa poco a poco, un espacio para jugar, una mirada que transmite tranquilidad o una mano que acompaña pueden convertirse en verdaderos factores protectores para el cerebro en desarrollo. En esos pequeños gestos cotidianos también habita la ciencia, porque cada experiencia de cuidado fortalece la capacidad del sistema nervioso para adaptarse, recuperarse y seguir creciendo.

Como sociedad, el mayor desafío no es solamente reconstruir escuelas, hospitales o viviendas. Nuestro compromiso también debe dirigirse a reconstruir la sensación de seguridad, esperanza y bienestar emocional de quienes representan nuestro futuro.

Cada acción que emprendamos hoy para proteger a la infancia será una inversión en generaciones más resilientes, empáticas y preparadas para afrontar la adversidad.
Finalmente, es importante recordar que las estrategias presentadas en este artículo constituyen recomendaciones generales basadas en la mejor evidencia científica disponible sobre el acompañamiento de niños y niñas después de un desastre natural. No obstante, cada niño, cada familia y cada contexto son únicos. La edad, las experiencias previas, el estado de salud, las condiciones del entorno y las respuestas emocionales pueden hacer que las necesidades sean diferentes en cada caso.

Por ello, estas recomendaciones no sustituyen la valoración, el diagnóstico ni el acompañamiento realizado por profesionales de la salud y del desarrollo infantil.

Siempre que existan dudas, señales de alarma o dificultades persistentes, es fundamental consultar de manera oportuna con el especialista correspondiente, quien podrá realizar una evaluación integral y diseñar un plan de intervención individualizado, respetando las necesidades, fortalezas y características de cada niño y su familia.

Porque cuando protegemos a la infancia, no solo ayudamos a sanar el presente; también sembramos esperanza para el futuro. Y aunque la tierra haya temblado, siempre existirá la posibilidad de reconstruir desde el lugar más poderoso que tenemos: el corazón de quienes cuidan, acompañan y creen en el inmenso potencial de cada niño y cada niña.

Sígueme en @fisiodelainfancia si tienes alguna duda o podemos apoyarte.

Recomendación para profundizar: Propiocepción y Emociones en la Infancia: Claves para la Regulación desde el Cuerpo

 

En AE creemos que el pensamiento crítico no se delega. Se ejerce

Por eso creamos un canal de WhatsApp con el propósito de ofrecerte un análisis riguroso de los temas más relevantes, a través de la mirada de expertos y científicos que comparten sus fuentes para que puedas profundizar, contrastar información y elaborar tus propias conclusiones para decidir con autonomía y fundamento.




 

Referencias:

Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Terremotos e infancia: proteger el desarrollo infantil tras sismos. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/terremotos-e-infancia-proteger-el-desarrollo-infantil-tras-sismos/

http://www.fisiodelainfancia.com
Fisioterapeuta, Escuela Colombiana de Rehabilitación de Colombia | Magíster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Docente de Práctica Comunitaria y Educativa en Infancia en Fisioterapia en la Corporación Universitaria Iberoamericana, asistente editorial de la revista Movimiento Científico e investigadora en la misma institución | Coeditora del libro "Fisioterapias y Kinesiologías del Sur", publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia | Escritora y divulgadora (@fisiodelainfancia) en pro de la infancia y el ámbito educativo.