Normas sociales, alimentación e imagen corporal en Colombia y México

 

Las elecciones alimentarias están impulsadas por factores ambientales y sociales que influyen en las decisiones cognitivas individuales. Las conversaciones y las influencias sociales en el hogar y la comunidad eran indicadores sólidos de las prácticas dietéticas, las creencias sobre la salud y las actitudes hacia el tamaño corporal.

 

Introducción: El peso de la malnutrición en América Latina

América Latina y el Caribe enfrentan un desafío de salud pública que los autores describen como el más importante de la próxima década: la doble carga de la malnutrición. Este fenómeno, que combina la persistencia de la desnutrición con el crecimiento acelerado del sobrepeso y la obesidad, golpea con especial fuerza a la región.

Mientras que en Norteamérica y Europa solo el 13% de las enfermedades no transmisibles se diagnostican en personas menores de 60 años, en América Latina esa cifra asciende al 20%. Esto significa que las personas de la región no solo enferman más, sino que lo hacen a edades más tempranas, una realidad que exige comprender las raíces profundas de lo que comemos y por qué lo comemos.

 

El cambio en los patrones alimentarios: de lo tradicional a lo ultraprocesado

Las dietas tradicionales latinoamericanas, basadas en plantas, granos enteros, legumbres, carnes y pescados, están siendo reemplazadas paulatinamente por azúcares, grasas, aceites, granos refinados y alimentos ultraprocesados.

Esta transición, que los autores señalan como la piedra angular de la epidemia de enfermedades no transmisibles en la región, no es un fenómeno meramente nutricional, sino cultural. Los hábitos alimentarios, nos recuerdan los investigadores, son prácticas arraigadas que tienen un significado práctico y simbólico en cada cultura, y por eso resultan tan difíciles de modificar cuando se anclan en normas sociales de larga data.

 

El enfoque del estudio: comprender las normas sociales detrás de la comida

Frente a este panorama, el equipo de investigación —liderado por Ana Cecilia Fernández-Gaxiola y colegas del Instituto Nacional de Salud Pública de México y UNICEF— se propuso identificar las normas sociales clave que influyen en la alimentación, la nutrición y la imagen corporal de niños y adolescentes en Colombia y México.

Su objetivo no era solo describir qué come la gente, sino entender los procesos de toma de decisiones, las preferencias y las normas que guían esas elecciones, para así ofrecer recomendaciones útiles para políticas públicas a nivel nacional y regional.

 

Métodos: escuchar a las comunidades desde adentro

El estudio adoptó un enfoque de investigación participativa, realizando entrevistas a informantes clave y grupos focales con padres, madres y adolescentes de comunidades urbanas y rurales en tres regiones de cada país. En total, se llevaron a cabo 10 entrevistas con responsables políticos y actores clave —representantes de ministerios, agencias internacionales, organizaciones no gubernamentales, sociedad civil y líderes comunitarios—, así como 12 grupos focales con familias y adolescentes. Esta aproximación permitió capturar no solo las cifras, sino las voces, las contradicciones y las aspiraciones de quienes viven la inseguridad alimentaria en carne propia.

 

Marco teórico: normas descriptivas e injuntivas

Para analizar los hallazgos, los investigadores utilizaron un marco teórico que distingue entre normas descriptivas —lo que la gente cree que otros hacen— y normas injuntivas —lo que la gente cree que otros esperan que ellos hagan—. Esta distinción es clave porque permite comprender que las normas sociales no son reglas fijas, sino procesos dinámicos que emergen de la interacción entre factores ambientales, sociológicos y psicológicos. Las normas, como el lenguaje, se crean en coordinación con el entorno y con las percepciones compartidas sobre lo que es aceptable, asequible y aspiracional en cada comunidad.

 

Hallazgos en Colombia: tres comidas al día… o dos

En Colombia, los participantes de zonas urbanas reportaron consumir tres comidas al día, aunque muchos experimentaban inseguridad alimentaria expresada en una reducción de la variedad o calidad de su dieta. En las zonas rurales, la realidad era más dura: muchas familias solo podían permitirse dos comidas diarias.

Esta limitación económica hacía que las familias rurales dependieran en gran medida de los programas de alimentación escolar, que incluían desayuno, almuerzo y una merienda, como un apoyo vital para los hogares con niños pequeños. A pesar de estas carencias, la mayoría de los participantes consumían alimentos predominantemente no procesados, con arepas, arroz, pollo y otros alimentos ricos en carbohidratos y proteínas como base de su alimentación.

 

Los sesgos cognitivos: cuando lo «natural» engaña

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio fue la presencia de sesgos cognitivos en la forma en que las personas entienden lo que es saludable. Los participantes tendían a considerar los azúcares «naturales» —como los presentes en los jugos o el agua de panela— como nutritivos, estableciendo una distinción clara entre lo «natural» y lo «artificial» que contribuía a un sesgo de prominencia: los efectos negativos del azúcar parecían menos evidentes porque se percibían como naturales y, por tanto, saludables. Esta confusión entre lo natural y lo saludable es un obstáculo silencioso para cambiar hábitos alimentarios.

 

La nostalgia como motor de elección: comer fuera de casa

Otro sesgo cognitivo identificado fue el efecto nostalgia: los recuerdos positivos de momentos en familia asociados a comer en cadenas de restaurantes internacionales impulsaban las decisiones alimentarias presentes.

Entre los adolescentes, comer fuera o comprar alimentos en tiendas de conveniencia evocaba emociones positivas y una sensación de independencia social, lo que favorecía el consumo de alimentos ultraprocesados. Este hallazgo subraya que las elecciones alimentarias no son racionales en un sentido estricto, sino que están cargadas de significado emocional y social.

 

Factores sociológicos en Colombia: las bebidas azucaradas como símbolo de estatus

En el plano sociológico, el estudio encontró que el consumo de bebidas azucaradas se había convertido en una norma descriptiva impulsada tanto por factores ambientales —su amplia disponibilidad y marketing— como por factores sociológicos. En las zonas rurales, más que en las urbanas, beber este tipo de bebidas se consideraba un signo de bienestar económico, una forma de demostrar que se podían permitir artículos no esenciales.

Irónicamente, la mayoría de las personas reconocían que estas bebidas eran poco saludables y establecían distinciones claras entre lo «natural» y lo «artificial», pero la presión social y el simbolismo de estatus pesaban más que el conocimiento nutricional.

 

La imagen corporal: salud más allá del tamaño

Un hallazgo que atraviesa todo el estudio es que los participantes concebían la salud no en términos de un tamaño corporal específico, sino como un equilibrio entre el bienestar físico y emocional.

Esta perspectiva, que los autores denominan «factor de intención», refleja que las personas aspiraban a consumir alimentos nutritivos y sentirse bien emocionalmente, más que a alcanzar un ideal de delgadez. La asequibilidad y la calidad —entendida como «integridad» de los alimentos, como granos de arroz sin romper— eran los factores más importantes en la decisión de compra, mostrando una búsqueda constante de equilibrio entre lo que se puede pagar y lo que se considera bueno.

 

Similitudes y diferencias entre Colombia y México

Aunque el estudio se realizó en ambos países, los hallazgos mostraron patrones comunes: en todas las comunidades, las elecciones alimentarias consideradas asequibles, aceptables, accesibles y aspiracionales estaban impulsadas por factores ambientales y sociales que influían en las decisiones cognitivas individuales.

Las conversaciones y las influencias sociales en el hogar y la comunidad eran indicadores sólidos de las prácticas dietéticas, las creencias sobre la salud y las actitudes hacia el tamaño corporal. Las diferencias entre zonas urbanas y rurales se manifestaban principalmente en el nivel de inseguridad alimentaria y en el simbolismo asociado a ciertos alimentos, pero las normas sociales subyacentes mostraban una notable coherencia transcultural.

 

Implicaciones para políticas públicas: un enfoque multidimensional

Los autores concluyen que cambiar las normas sociales en torno a la alimentación y la imagen corporal requiere un enfoque multifacético en el que participen responsables políticos, educadores y actores de la sociedad civil.

No basta con proporcionar información nutricional; es necesario comprender los sesgos cognitivos, las aspiraciones sociales y las realidades económicas que moldean las decisiones cotidianas. Las políticas deben abordar tanto los factores ambientales —como la disponibilidad y el marketing de alimentos ultraprocesados— como los factores sociológicos y psicológicos que dan sentido a lo que comemos.

En definitiva, este estudio nos recuerda que la alimentación es mucho más que nutrición: es identidad, es memoria, es estatus y, sobre todo, es un reflejo de las normas que compartimos en comunidad.

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Referencia:

  • Fernández-Gaxiola, A. C., Veliz, P., Arts, M., Merritt, R., Narvaez, A. M., Bonvecchio Arenas, A., & Ayres, C. (2026). Social Norms Around Diet and Body Image: Evidence from Urban and Rural Vulnerable Groups in Colombia and Mexico. Behavioral Sciences (Basel, Switzerland), 16(5), 675. https://doi.org/10.3390/bs16050675

Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2026). Normas sociales, alimentación e imagen corporal en Colombia y México. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/normas-sociales-alimentacion-e-imagen-corporal-en-colombia-y-mexico/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador Senior para el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación de Colombia | Psicólogo, Universidad Católica Luis Amigó | Máster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad Cuauhtémoc | Codirector del Grupo de Investigación MESH-COINDEXA, ubicado en Categoría B para Minciencias de Colombia | Autor y coautor de más de 150 publicaciones científicas, entre artículos, capítulos de libros, libros completos, eBooks, notas de divulgación, columnas y working papers | Ha sido profesor en más de una docena de universidades y par evaluador para más de 30 revistas indexadas.