El personal de enfermería trabaja dentro de sistemas complejos en los que intervienen simultáneamente aspectos clínicos, organizacionales, emocionales y sociales. La psicología clínica puede aportar herramientas para prevenir y disminuir el estrés excesivo en enfermeras y auxiliares.
Resumen en audio
Una profesión que cuida a los demás también necesita ser cuidada
El artículo de Herrera Garduño y Parra Bolaños parte de una realidad que muchas veces permanece en segundo plano: quienes trabajan en enfermería dedican gran parte de su vida profesional a cuidar a otras personas, pero no siempre cuentan con las mismas oportunidades para cuidar de sí mismos.
Enfermeras y auxiliares están permanentemente expuestos
- al dolor,
- la enfermedad,
- la incertidumbre
- y, en algunos casos, a la muerte de los pacientes.
A esto se suma la necesidad de actuar rápidamente, tomar decisiones importantes y mantener una actitud emocionalmente estable incluso cuando las circunstancias son difíciles.
El artículo plantea que esta combinación de exigencias puede convertirse en una fuente importante de estrés laboral. No se trata simplemente de que el trabajador tenga un día complicado o experimente cansancio después de una jornada extensa; el problema aparece cuando las exigencias se mantienen durante períodos prolongados y no existen suficientes mecanismos de
- recuperación,
- apoyo
- y protección psicológica.
Por ello, los autores plantean la necesidad de mirar la salud mental del personal de enfermería desde una perspectiva preventiva y clínica, entendiendo que cuidar a quienes cuidan también forma parte de una atención sanitaria de calidad.
El estrés no aparece por una sola causa
Uno de los aportes importantes del artículo consiste en mostrar que el agotamiento profesional no puede atribuirse a un único factor.
El personal de enfermería trabaja dentro de sistemas complejos en los que intervienen simultáneamente aspectos
- clínicos,
- organizacionales,
- emocionales
- y sociales.
La incertidumbre sobre la evolución de un paciente, por ejemplo, puede mantenerse durante horas o incluso días, mientras que la variabilidad de las condiciones clínicas obliga a adaptarse constantemente.
A esto se agregan las limitaciones de
- recursos,
- la cantidad de pacientes que deben atenderse
- y las exigencias administrativas.
El resultado puede ser una sensación progresiva de que nunca existe suficiente tiempo para hacer todo lo que se considera necesario. Desde esta perspectiva, el estrés no debe interpretarse simplemente como una característica personal del trabajador, sino como una respuesta que puede estar relacionada con un entorno laboral excesivamente demandante.
Esta mirada es especialmente importante porque evita responsabilizar exclusivamente al individuo por su malestar y permite preguntarse qué aspectos de la organización pueden modificarse para reducir las fuentes innecesarias de presión.
Cuando falta control sobre el propio trabajo
Otro aspecto señalado por los autores es la sensación de tener poco control sobre determinadas condiciones laborales. Para una enfermera o un auxiliar puede ser particularmente desgastante saber que debe responder ante situaciones impredecibles, pero al mismo tiempo disponer de escasa capacidad para decidir sobre la organización de sus horarios, distribución de tareas o planificación cotidiana.
Esta combinación entre una responsabilidad elevada y un margen limitado de decisión puede favorecer sentimientos de frustración e ineficacia.
El artículo también destaca el peso de las tareas burocráticas, porque cuando una parte considerable de la jornada se dedica a registros, procedimientos administrativos y otras obligaciones no directamente relacionadas con el contacto humano, puede aparecer la sensación de que se dispone de menos tiempo para aquello que originalmente motivó la elección de la profesión: cuidar al paciente.
De esta manera, la organización del trabajo adquiere una dimensión psicológica. No solamente determina cuánto trabaja una persona, sino también cómo experimenta su propia utilidad, autonomía y capacidad para realizar adecuadamente sus funciones.
La carga emocional de cuidar a personas vulnerables
El componente emocional ocupa un lugar central en la propuesta. Enfermería implica establecer contacto constante con personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad, miedo, dolor o incertidumbre.
Una buena atención exige
- empatía,
- sensibilidad
- y capacidad para acompañar al paciente y a su familia;
sin embargo, mantener esta disposición emocional durante largos períodos también puede tener un costo psicológico.
El artículo relaciona esta exposición continuada con fenómenos como la fatiga por compasión, entendida de manera sencilla como el desgaste que puede aparecer cuando una persona está continuamente expuesta al sufrimiento ajeno, y con el burnout, o agotamiento profesional. Esto permite comprender una paradoja importante: precisamente aquellas características que hacen valioso el trabajo de enfermería —la empatía, la responsabilidad y la disposición para ayudar— pueden convertirse en factores de vulnerabilidad cuando no existen espacios adecuados para procesar las experiencias difíciles.
Por eso, proteger la salud mental no significa reducir la empatía del profesional, sino crear condiciones que permitan ejercerla sin que termine convirtiéndose en una fuente permanente de desgaste.
Situaciones críticas que dejan huella
El trabajo cotidiano de enfermería también implica afrontar situaciones que pueden resultar emocionalmente muy intensas, como:
-
Una urgencia médica.
-
El deterioro repentino de un paciente.
-
El fallecimiento de un paciente.
-
Un posible error clínico.
-
La comunicación de una situación grave.
Estas experiencias pueden generar respuestas emocionales que persisten incluso después de finalizar el turno de trabajo.
El profesional puede continuar pensando en lo ocurrido, preguntándose si actuó correctamente o recordando el sufrimiento de la persona atendida.
El artículo llama la atención sobre esta exposición permanente a situaciones críticas y sobre la necesidad de reconocer que los profesionales sanitarios también pueden verse afectados por ellas. La idea resulta especialmente humanizadora porque rompe con la imagen del trabajador de la salud como alguien que debe permanecer emocionalmente invulnerable.
Ser profesional no significa dejar de sentir; significa aprender a gestionar lo que se siente de manera saludable y contar con recursos para hacerlo.
Desde la psicología clínica, esto abre la posibilidad de desarrollar estrategias de prevención, acompañamiento e intervención antes de que el malestar se transforme en un problema más grave.
La violencia también forma parte del problema
El artículo incorpora además un elemento que puede ser especialmente relevante en determinados entornos sanitarios: la exposición a diferentes formas de violencia.
Enfermeras y auxiliares pueden enfrentarse a pacientes o familiares que reaccionan con agresividad debido
- al miedo,
- la frustración,
- el dolor,
- las largas esperas
- o la gravedad de una situación clínica.
Independientemente de cuál sea la causa, la exposición repetida a comportamientos hostiles puede generar tensión, inseguridad y desgaste emocional.
Esto significa que la salud mental del personal no depende únicamente de su capacidad individual para controlar el estrés, sino también de que las instituciones establezcan mecanismos de prevención y respuesta frente a situaciones potencialmente violentas. En este punto, la propuesta de los autores adquiere una dimensión organizacional: no basta con enseñar al trabajador técnicas individuales de afrontamiento si simultáneamente se mantiene un ambiente laboral que genera presión constante.
La protección psicológica debe acompañarse de protocolos, comunicación interna, liderazgo y estructuras institucionales capaces de responder ante los problemas que afectan al personal.
Turnos de trabajo y vida personal
Otro elemento que merece especial atención es la dificultad para conciliar las exigencias de la profesión con la vida fuera del hospital o centro sanitario. Los turnos rotativos pueden modificar los horarios de sueño, alimentación, descanso y convivencia familiar.
Una persona que trabaja de noche, por ejemplo, puede tener dificultades para coincidir con familiares y amigos que mantienen horarios convencionales. Si esta situación se repite durante largos períodos, la vida laboral puede comenzar a ocupar prácticamente todo el espacio disponible.
El artículo señala que esta dificultad para equilibrar trabajo y vida personal puede aumentar la vulnerabilidad psicológica del personal de enfermería. Humanamente, esto recuerda que detrás del uniforme existe una persona que también tiene necesidades afectivas, familiares, sociales y de descanso.
Por ello, cualquier modelo de salud mental dirigido a este colectivo debería considerar no solamente lo que ocurre dentro del hospital, sino también la manera en que las condiciones laborales repercuten sobre la vida cotidiana del trabajador.
La psicología clínica como una herramienta de prevención
Frente a este panorama, los autores plantean que la psicología clínica puede aportar herramientas para prevenir y disminuir el estrés excesivo en enfermeras y auxiliares.
La propuesta debe entenderse no solo como una intervención para quienes ya presentan problemas psicológicos, sino también como una estrategia preventiva orientada a:
-
Identificar tempranamente señales de agotamiento emocional.
-
Brindar herramientas para gestionar situaciones emocionalmente difíciles.
-
Fortalecer capacidades psicológicas que permitan afrontar de manera saludable las exigencias del trabajo.
La intervención psicológica puede incluir espacios de acompañamiento, estrategias de regulación emocional, comunicación efectiva, entrenamiento para afrontar situaciones estresantes y mecanismos de apoyo profesional.
El objetivo fundamental sería evitar que el sufrimiento psicológico avance silenciosamente hasta convertirse en agotamiento severo. Esta perspectiva coincide con una visión contemporánea de la salud mental en la que la prevención, la promoción del bienestar y la intervención temprana tienen un papel fundamental.
En Colombia, además, la legislación contempla la protección y capacitación del talento humano relacionado con la atención en salud mental y la prevención de riesgos psicosociales.
No basta con pedirle al trabajador que sea más resiliente
Una de las ideas que pueden extraerse del planteamiento general del artículo es que no sería suficiente decirle al trabajador que debe aprender a soportar mejor la presión. Si el problema tiene múltiples causas, la solución también debe ser multidimensional.
El artículo destaca la importancia del liderazgo, la comunicación efectiva y el respaldo institucional como elementos necesarios para enfrentar los riesgos asociados al estrés persistente. Esto significa que la institución sanitaria también tiene responsabilidad en la construcción de ambientes psicológicamente saludables.
Un buen modelo debería combinar el desarrollo de recursos personales con transformaciones organizacionales: mejorar la comunicación entre equipos, facilitar mecanismos de apoyo, revisar cargas laborales, prevenir situaciones de violencia, favorecer espacios de recuperación y establecer canales donde los trabajadores puedan expresar sus dificultades sin sentirse juzgados.
Así, la salud mental deja de ser vista exclusivamente como un asunto privado del trabajador y se convierte en una responsabilidad compartida entre profesionales, equipos y organizaciones.
Cuidar al cuidador para proteger también al paciente
Finalmente, el artículo plantea una conexión especialmente importante: el bienestar psicológico de enfermeras y auxiliares no es un asunto separado de la calidad de la atención sanitaria.
Cuando el estrés se vuelve persistente y el agotamiento profesional aumenta, pueden aparecer dificultades que afectan la experiencia del propio trabajador y potencialmente la seguridad del paciente. Por eso, proteger la salud mental del personal sanitario no debe considerarse un beneficio accesorio ni una actividad secundaria de las instituciones de salud. Es parte de la construcción de sistemas asistenciales más humanos y seguros.
En esencia, Herrera Garduño y Parra Bolaños proponen cambiar la manera de mirar a quienes trabajan en enfermería: no como personas que deben soportarlo todo por el hecho de haber elegido una profesión de cuidado, sino como seres humanos que necesitan apoyo, descanso, reconocimiento y herramientas psicológicas para realizar su trabajo.
El mensaje central puede resumirse de una manera sencilla: para que una persona pueda cuidar adecuadamente a los demás durante mucho tiempo, también necesita encontrar espacios y condiciones que le permitan ser cuidada a ella.
Datos de la publicación:
Revista: Ciencia Con Esencia: Revista de Enfermería y Salud – Universidad de Sonora.
Título original: Un modelo de salud mental para enfermeras y auxiliares: Aportes desde la psicología clínica.
DOI: https://doi.org/10.66662/reys.2.24
Autores:
- Alejandro Herrera Garduño
Universidad Alva Edison - Nicolás Parra Bolaños
Asociación Educar para el Desarrollo Humano
Cómo citar esta publicación: Herrera Garduño, A., & Parra Bolaños, N. (2026). Un modelo de salud mental para enfermeras y auxiliares: Aportes desde la psicología clínica. Ciencia Con Esencia: Revista De Enfermería Y Salud, 2, 7-13. https://doi.org/10.66662/reys.2.24
Artículos relacionados

