Vocabulario emocional: clave para el funcionamiento adolescente

 

El estudio muestra que, en la adolescencia, el conocimiento de palabras emocionales constituye una dimensión específica del conocimiento verbal que se relaciona con el funcionamiento emocional más allá del vocabulario general. Los resultados sugieren prestar atención específicamente al vocabulario emocional.

 

Cuando pensamos en ayudar a un/a adolescente a entender mejor sus emociones, es tentador asumir que alcanza con “ampliar su vocabulario” en general: que leer más, tener mejor ortografía o manejar más sinónimos los/as va a volver más hábiles emocionalmente.

Este estudio, realizado con adolescentes argentinos/as, pone a prueba esa idea y encuentra que no es así: lo que predice la inteligencia emocional percibida y el ajuste socioemocional observado por los/as docentes no es el vocabulario general, sino específicamente el vocabulario emocional, es decir, conocer con precisión el significado de las palabras que nombran lo que sentimos.

 

¿Qué se hizo?

Participaron 529 adolescentes de entre 12 y 18 años (edad promedio: 14,77 años; 61% mujeres), evaluados en escuelas entre 2022 y 2024.

Se les administraron las siguientes pruebas:

  • Vocabulario general (BAIRES-A): evalúa definiciones y sinónimos.
  • Vocabulario emocional (SEVTA): evalúa la capacidad para identificar a qué emoción básica corresponde una palabra determinada (por ejemplo, reconocer que “terror” remite a miedo).
  • Inteligencia emocional percibida (TMMS-21): evalúa la atención a las propias emociones, la claridad para identificarlas y la capacidad percibida para reparar un estado de ánimo negativo.
  • Ajuste socioemocional: de manera independiente, los docentes evaluaron el autocontrol, la autorregulación, las habilidades sociales y la empatía de cada estudiante, lo que permitió contrastar la autopercepción de los adolescentes con una mirada externa.
 

Principales resultados

  • El vocabulario emocional predijo la inteligencia emocional percibida total, incluso controlando por vocabulario general y edad; el vocabulario general, en cambio, no se asoció de manera significativa con ese resultado.
  • El resultado también apareció desde una fuente independiente: los/as docentes tendieron a evaluar como más competentes socioemocionalmente a los/as adolescentes con mayor vocabulario emocional, incluso después de considerar su vocabulario general y su edad.
  • Dentro de la inteligencia emocional percibida, el vocabulario emocional se relacionó específicamente con la reparación del estado de ánimo (la capacidad percibida para salir de una emoción negativa), pero no con la atención a las propias emociones ni con la claridad para identificarlas.
  • Vocabulario general y vocabulario emocional están relacionados entre sí, pero cumplen roles distintos: solo el componente específicamente emocional del léxico se vinculó con el funcionamiento emocional, tanto autopercibido como observado por los/as docentes.

En otras palabras: saber más palabras en general no fue suficiente para explicar las diferencias en funcionamiento emocional. Lo relevante fue cuánto conocimiento específico tenían sobre las palabras vinculadas con las emociones.

 

¿Qué significa esto para las familias?

El hallazgo invita a correr el foco de “hay que leer más” hacia “hay que hablar más de lo que se siente”. No es lo mismo tener un vocabulario amplio en general que contar con las palabras precisas para lo emocional: un/a adolescente puede manejar un vocabulario rico y aun así no distinguir bien entre estar irritado, frustrado o decepcionado. Ponerle nombre con precisión a lo que se siente, en las conversaciones cotidianas de la casa, aparece como una vía concreta para fortalecer ese recurso: no alcanza con decir “estoy mal”, ayuda a diferenciar y nombrar con más detalle. Esto no reemplaza otras formas de acompañamiento emocional, pero suma una herramienta accesible y de bajo costo para cualquier familia.

 

¿Qué significa esto para docentes y escuelas?

Estos resultados respaldan que el trabajo con el vocabulario emocional (por ejemplo, dentro de programas de aprendizaje socioemocional) tenga un espacio propio, distinto del trabajo general de comprensión lectora o ampliación de vocabulario. Enseñar y ejercitar el léxico emocional (distinguir matices entre términos cercanos, ampliar el repertorio de palabras para estados afectivos) no es solo un ejercicio de lengua: se asoció aquí con un mejor ajuste socioemocional observado por los/as propios/as docentes en el aula, más allá de la habilidad verbal general del estudiante. Esto sugiere que estas actividades pueden integrarse como un componente específico, y medible en sus efectos, dentro de la currícula socioemocional de la escuela secundaria.

 

¿Qué significa esto para trabajadores/as de la salud?

Para psicólogos/as, psicopedagogos/as y otros/as profesionales que trabajan con adolescentes, el estudio sugiere que evaluar específicamente el vocabulario emocional (y no solo la habilidad verbal general) puede aportar información relevante sobre el funcionamiento emocional de un/a paciente. El hallazgo de que el vocabulario emocional se asoció puntualmente con la reparación del estado de ánimo, y no con la atención o la claridad emocional, ofrece además una pista clínica: el repertorio léxico para nombrar emociones podría ser un objetivo terapéutico concreto y acotado, particularmente relevante en intervenciones orientadas a mejorar la regulación emocional. El vínculo observado con la reparación del estado de ánimo plantea además una posible línea para futuras investigaciones e intervenciones.

 

Más que tener más palabras: tener las palabras adecuadas

El estudio muestra que, en la adolescencia, el conocimiento de palabras emocionales constituye una dimensión específica del conocimiento verbal que se relaciona con el funcionamiento emocional más allá del vocabulario general. Esto no significa que conocer palabras emocionales produzca por sí mismo una mejor regulación emocional, pero sí señala que el lenguaje emocional merece ser considerado como un recurso particular dentro del desarrollo socioemocional.

La pregunta que abre este trabajo es, entonces, no solamente cuánto vocabulario tiene un/a adolescente, sino también qué tan precisamente puede comprender y utilizar las palabras que permiten hablar de lo que siente. Futuras investigaciones deberán determinar si desarrollar este conocimiento produce cambios en la comprensión y regulación de las emociones, y en qué condiciones.

La implicancia práctica es clara: los resultados sugieren que, si el objetivo es trabajar sobre el funcionamiento emocional, puede ser relevante prestar atención específicamente al vocabulario que permite comprender y diferenciar conceptos emocionales, y no solo al desarrollo del vocabulario general.

 

Alcances del estudio

Se trata de un estudio transversal, por lo que no permite establecer relaciones causales entre vocabulario emocional y funcionamiento emocional. Es importante aclarar que el estudio no evaluó cuántas palabras relacionadas con emociones puede producir un adolescente en un tiempo determinado. Evaluó si puede comprender con precisión el significado de palabras emocionales. Esta diferencia es importante: el conocimiento emocional evaluado por el SEVTA es una forma específica de conocimiento lingüístico-conceptual, no una medida de fluidez verbal ni de «granularidad emocional».

El vocabulario emocional medido también podría reflejar en parte otros factores no evaluados, como la experiencia lectora, la socialización emocional familiar o la memoria de trabajo. Finalmente, por tratarse de una prueba en español rioplatense, los resultados no pueden generalizarse sin más a otros idiomas o contextos culturales.

 

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Datos de la publicación:

Revista: Cognition and Emotion (Routledge / Taylor & Francis)
DOI: https://doi.org/10.1080/02699931.2026.2728037
Autores: Calero, A. D., Barreyro, J. P., Formoso, J. y Burin, D. I. · Año: 2026
Título original: Emotional vocabulary and adolescent emotional functioning: contributions beyond general verbal ability

Cómo citar esta publicación: Calero, A, D. (2026). Vocabulario emocional: clave para el funcionamiento adolescente. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/vocabulario-emocional-y-funcionamiento-emocional-adolescente-contribuciones-mas-alla-de-la-habilidad-verbal-general/
https://orcid.org/0000-0001-7197-1320
Doctora en Psicología por la Universidad Nacional de La Plata, con especialización en procesos y habilidades emocionales | Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires | Especialista en Estadística para Ciencias de la Salud por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires | Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) | Se desempeña como Profesora de grado y posgrado en universidades públicas y privadas | Su producción científica supera los 30 artículos publicados en revistas científicas con referato en español e inglés y más de 50 presentaciones en jornadas y congresos nacionales e internacionales.