Resiliencia psicológica y salud mental después de un terremoto

El autor de la nota, Dr. Nicolás Parra Bolaños, reside en Medellín, Colombia.

¿Cómo se recupera la salud mental después de un terremoto? Un estudio con 408 supervivientes en albergues temporales analiza la relación entre depresión, ansiedad, estrés, resiliencia psicológica y satisfacción con la vida, y revela hallazgos inesperados para la intervención postdesastre.

 

El contexto: el trauma de los terremotos y cómo usar estos conocimientos para países de Hispanoamérica

El 6 de febrero de 2023, dos terremotos de magnitudes 7,7 y 7,6 sacudieron la región de Kahramanmaraş, en Turquía, dejando una estela de destrucción difícil de imaginar: 50.783 vidas perdidas, más de 115.000 heridos y 37.984 edificios reducidos a escombros.

Turquía, ubicada sobre la cinturón sísmico del Himalaya-Alpino, es una de las zonas más activas del mundo en materia sísmica, pero la magnitud de esta tragedia superó cualquier precedente reciente. Millones de personas quedaron sin hogar, y el gobierno respondió instalando 656.553 tiendas de campaña en 345 campamentos y 212.529 contenedores en 397 ciudades de contenedores, albergando a más de 2,6 millones de personas. Pero un techo de lona o metal no basta para reparar el alma.

 

El problema silencioso: vivir en un albergue temporal

Quienes sobreviven a un terremoto no solo pierden su casa: pierden su barrio, sus rutinas, sus redes de apoyo, y a menudo a sus seres queridos.

Los albergues temporales, aunque necesarios, se convierten en espacios de incertidumbre prolongada, donde el ruido de las máquinas conviven con el silencio de las pérdidas no procesadas. La falta de privacidad, la precariedad económica y la incertidumbre sobre el futuro erosionan día a día la salud mental de los damnificados.

Este estudio, realizado entre mayo y agosto de 2024 —quince a dieciocho meses después de los sismos—, no se centró en el momento agudo del trauma, sino en esa fase intermedia donde el dolor se vuelve crónico y las heridas psicológicas, si no se atienden, se enquistan.

 

El objetivo de la investigación: desentrañar el papel de la satisfacción vital

Los investigadores en cabeza del profesor Gökkaya y Colaboradores en la Universidad Kayseri se propusieron algo ambicioso: entender cómo se relacionan tres variables clave, llevando a cabo uno de los estudios con mayores probabilidades de extrapolación para países como los latinoamericanos, lo que lo convierte en un estandarte y modelo a seguir, tras lo sucedido en Venezuela y luego en Colombia, para entender la vida de los supervivientes que viven en albergues temporales tras terremotos:

  1. los trastornos emocionales (depresión, ansiedad y estrés),
  2. la resiliencia psicológica
  3. y la satisfacción con la vida.

Pero no se conformaron con describir esas relaciones: querían saber si la satisfacción vital actúa como un mediador (es decir, un canal a través del cual los trastornos emocionales afectan la resiliencia) o como un moderador (un factor que potencia o amortigua esa relación).

La literatura previa sugería que la satisfacción vital protege contra los trastornos emocionales, pero los autores sospechaban que en contextos de desplazamiento prolongado las cosas podían funcionar de manera muy distinta.

 

La metodología: una fotografía de 408 supervivientes

Para responder a sus preguntas, los investigadores diseñaron un estudio cuantitativo de tipo correlacional y transversal. Reclutaron a 408 participantes mediante un muestreo intencional en cuatro distritos de la provincia de Hatay (Belen, Kırıkhan, Hassa y Antakya), una de las zonas más devastadas. La muestra era mayoritariamente femenina (54,7%), soltera (71,1%) y joven (edad media de 27,25 años), con un rango que iba de los 18 a los 70 años. Utilizaron tres escalas validadas al turco:

  • la Escala Breve de Resiliencia Psicológica (BPRS),
  • la Escala de Satisfacción con la Vida (SWLS)
  • y la Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés (DASS-21).

Los cuestionarios se aplicaron cara a cara, con un tiempo de respuesta de entre 10 y 15 minutos.

 

Los hallazgos principales: mujeres y jóvenes, los más afectados

Los resultados fueron contundentes: las mujeres y los jóvenes reportaron niveles significativamente más altos de trastornos emocionales.

No es una sorpresa, pero sí una llamada de atención: en situaciones de desastre, los roles de género y las etapas del ciclo vital determinan quién sufre más. Las mujeres, a menudo responsables del cuidado de niños y ancianos en espacios precarios, y los jóvenes, que ven truncado su proyecto de vida en el momento más crítico de su desarrollo, quedan expuestos a una carga emocional desproporcionada.

El estudio también encontró que las personas solteras y con menor nivel educativo mostraban una menor resiliencia, aunque los autores advierten que la relación entre educación y resiliencia está mediada por el contexto cultural.

 

La relación entre trastornos emocionales y resiliencia: un vínculo negativo

Uno de los hallazgos más claros fue que los trastornos emocionales predicen negativamente la resiliencia psicológica. Dicho de otro modo: a mayor depresión, ansiedad o estrés, menor capacidad para sobreponerse a la adversidad.

Esto confirma lo que la intuición clínica ya sospechaba, pero lo hace con datos robustos recogidos en el terreno, en las propias ciudades de contenedores.

Los autores, apoyándose en el Modelo Transaccional del Estrés y el Afrontamiento, explican que los desastres naturales desbordan los recursos de afrontamiento de las personas, generando un círculo vicioso donde el malestar emocional debilita la capacidad de recuperación.

 

La sorpresa: la satisfacción vital no protege, sino que vulnerabiliza

Aquí llegamos al hallazgo más inquietante y novedoso del estudio. Los autores plantearon la hipótesis de que la satisfacción vital actuaría como un factor protector que amortiguaría el impacto de los trastornos emocionales sobre la resiliencia. Sin embargo, los datos mostraron lo contrario: la satisfacción vital no solo no amortiguaba la relación entre estrés, ansiedad, depresión y resiliencia, sino que, en determinadas circunstancias, aumentaba la vulnerabilidad psicológica.

Es decir, las personas que declaraban estar más satisfechas con su vida no estaban mejor protegidas contra los trastornos emocionales; al contrario, esa satisfacción parecía hacerlas más frágiles.

 

¿Por qué ocurre esto? La paradoja de la satisfacción en contextos de desastre

Los autores interpretan este hallazgo como una paradoja fundamental para la salud mental postdesastre. En situaciones de desplazamiento prolongado, una alta satisfacción con la vida podría reflejar una subestimación del peligro o una negación de la realidad, en lugar de una auténtica adaptación saludable. Quienes se sienten demasiado satisfechos en un entorno de albergue temporal podrían estar ignorando las señales de alarma de su propio malestar, o podrían carecer de la motivación para buscar ayuda porque «creen que todo está bien».

Esta interpretación desafía décadas de psicología positiva que han presentado la satisfacción vital como un baluarte contra la adversidad, y nos recuerda que el contexto lo es todo.

 

La mediación no funciona: las vías indirectas no explican la relación

Otro resultado relevante es que ni la satisfacción vital ni los trastornos emocionales mediaban la relación entre resiliencia y las otras variables. Esto significa que la influencia de los trastornos emocionales sobre la resiliencia no se canaliza a través de la satisfacción con la vida; son efectos directos, sin rodeos.

La depresión, la ansiedad y el estrés erosionan la resiliencia de forma inmediata, sin necesidad de pasar por la valoración subjetiva de la propia vida.

Este hallazgo tiene implicaciones prácticas importantes: las intervenciones no pueden limitarse a mejorar la satisfacción vital para fortalecer la resiliencia; deben atacar directamente los síntomas emocionales.

 

La moderación: la satisfacción vital sí influye, pero al revés

Donde sí se encontró un efecto de moderación fue en la relación entre los tres componentes de los trastornos emocionales (estrés, ansiedad y depresión) y la resiliencia psicológica. Pero, de nuevo, el efecto iba en la dirección opuesta a la esperada: la satisfacción vital moderaba negativamente esa relación, es decir, en lugar de proteger, exacerbaba el impacto negativo de los trastornos emocionales sobre la resiliencia.

Este resultado refuerza la idea de que, en contextos de desastre y desplazamiento, la satisfacción vital no es un escudo, sino un espejismo que puede llevar a las personas a bajar la guardia frente a su propio sufrimiento.

 

Implicaciones para la intervención: más allá de la satisfacción

Los autores son muy claros en sus recomendaciones: en la gestión de desastres, no basta con centrarse en aumentar la satisfacción vital de los damnificados. Eso sería como poner una capa de pintura sobre una pared agrietada. Lo que realmente necesitan los supervivientes son intervenciones psicosociales orientadas a objetivos concretos que reduzcan los trastornos del estado de ánimo, programas de solidaridad comunitaria que reconstruyan los lazos sociales rotos, y servicios de apoyo psicológico integrados en el sistema de seguros para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

La resiliencia no se construye con optimismo forzado, sino con recursos reales: vivienda digna, empleo, redes de apoyo y atención mental accesible.

 

Conclusión: una lección incómoda para la psicología del desastre

Este estudio nos deja una enseñanza incómoda pero necesaria: la satisfacción vital, en el contexto de los albergues temporales post-terremoto, puede ser un factor de vulnerabilidad en lugar de un factor de protección. No es que la satisfacción vital sea mala en sí misma, sino que, cuando se alcanza en condiciones de precariedad extrema y desplazamiento prolongado, puede reflejar una adaptación superficial o incluso patológica.

Los autores nos invitan a repensar nuestras estrategias de intervención: no se trata de hacer sentir bien a los supervivientes, sino de dotarlos de herramientas reales para enfrentar su dolor y reconstruir sus vidas.

La resiliencia duradera no nace de la satisfacción, sino del afrontamiento activo, el apoyo mutuo y la esperanza fundamentada en hechos, no en espejismos.

Recomendación para profundizar: Salud mental familiar: una intervención para adolescentes desplazadas

 

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Referencia:

  • Gökkaya, E., Topal, M. H., Demirbilek, Ö., & Baydemir, M. B. (2026). Emotional disturbances and psychological resilience among earthquake survivors in temporary shelters: assessing the role of life satisfaction. BMC Psychology, 14(1), 507. https://doi.org/10.1186/s40359-026-04297-9

Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2026). Resiliencia psicológica y salud mental después de un terremoto. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/resiliencia-psicologica-y-salud-mental-despues-de-un-terremoto/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias, Colombia) | Psicólogo | Máster en Neuropsicología y Educación | Doctor en Ciencias de la Educación | Autor y coautor de más de 70 publicaciones científicas | Revisor invitado en más de 20 revistas indexadas | Parte del Equipo de Coordinadores del exitoso libro: "Una Historia de las Ciencias de la Conducta (Vol. I y II)", con más de 700.000 visitas digitales.