El movimiento corporal se posiciona como un factor fundamental para promover la salud cerebral y emocional durante el envejecimiento, mejora la función cognitiva y contribuye al bienestar emocional, fortaleciendo la autonomía y la calidad de vida.
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Introducción
El envejecimiento es un proceso biológico, psicológico y social que forma parte del ciclo vital humano. Durante mucho tiempo, este proceso ha sido asociado con deterioro físico, pérdida funcional y disminución de las capacidades cognitivas. Sin embargo, los avances en las ciencias del movimiento, la neurociencia y la gerontología han permitido comprender el envejecimiento desde una perspectiva más amplia, en la cual el cerebro mantiene importantes capacidades de adaptación y reorganización a lo largo de la vida (Park & Reuter-Lorenz, 2009).
En este contexto, el concepto de neuroplasticidad ha adquirido un papel central para comprender cómo el cerebro puede modificar su estructura y función en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y los estímulos del entorno. La evidencia científica demuestra que incluso en edades avanzadas el sistema nervioso conserva la capacidad de reorganizar sus redes neuronales, generar nuevas conexiones sinápticas y adaptarse a nuevas demandas cognitivas y motoras (Bishop et al., 2010).
Uno de los factores que más influye en estos procesos es el movimiento corporal. La actividad física no solo mejora la salud cardiovascular y funcional, sino que también actúa como un potente modulador de la salud cerebral y emocional. Diversas investigaciones han demostrado que el ejercicio físico estimula la liberación de factores neurotróficos, favorece la neurogénesis y mejora el rendimiento cognitivo en adultos mayores (Bustos-Barahona et al., 2025).
Desde esta perspectiva, envejecer en movimiento implica reconocer el papel del cuerpo como un mediador fundamental entre la salud cerebral, la regulación emocional y la participación social. El presente artículo analiza el rol del movimiento en la promoción de la salud cerebral durante el envejecimiento, abordando los procesos de neuroplasticidad, la prevención del deterioro cognitivo y la necesidad de promover una mirada digna y activa del envejecimiento.
Envejecimiento cerebral y neuroplasticidad
El envejecimiento cerebral implica una serie de transformaciones estructurales y funcionales que ocurren progresivamente a lo largo del ciclo vital. Entre los cambios más estudiados se encuentran la disminución del volumen cerebral en ciertas regiones, alteraciones en la conectividad neuronal y cambios en la eficiencia de los sistemas neurotransmisores (Bishop et al., 2010).
A pesar de estos cambios, el cerebro envejecido mantiene una notable capacidad de adaptación. La neuroplasticidad permite que las redes neuronales se reorganizen y generen nuevas conexiones en respuesta a la experiencia. Este proceso es fundamental para preservar funciones cognitivas como la memoria, la atención y las funciones ejecutivas.
El modelo de andamiaje neurocognitivo del envejecimiento propone que el cerebro desarrolla mecanismos compensatorios para mantener el funcionamiento cognitivo. En este proceso, diferentes regiones cerebrales pueden activarse de manera conjunta para compensar la disminución de eficiencia en otras áreas (Park & Reuter-Lorenz, 2009).
Estos hallazgos sugieren que el envejecimiento cerebral no debe entenderse únicamente como un proceso de pérdida, sino también como una etapa en la que el cerebro mantiene potenciales de adaptación y reorganización que pueden ser fortalecidos mediante estilos de vida saludables.
Movimiento y salud cerebral en el envejecimiento
El movimiento corporal desempeña un papel fundamental en la regulación de múltiples procesos fisiológicos y neurobiológicos asociados con la salud cerebral. La actividad física regular contribuye a mejorar la circulación cerebral, optimizar el metabolismo neuronal y favorecer la liberación de sustancias neuroprotectoras (Bustos-Barahona et al., 2025).
Uno de los mecanismos más relevantes es la liberación del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína esencial para la supervivencia neuronal, la formación de nuevas sinapsis y los procesos de aprendizaje y memoria. El ejercicio físico aumenta los niveles de BDNF, lo que favorece la plasticidad cerebral y contribuye a la protección frente al deterioro cognitivo.
Además, el movimiento promueve:
● incremento del flujo sanguíneo cerebral
● mejora de la conectividad neuronal
● reducción de procesos inflamatorios asociados al envejecimiento
● fortalecimiento de funciones ejecutivas y memoria
Estudios recientes han demostrado que programas de ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza y actividades mente-cuerpo pueden generar mejoras significativas en el rendimiento cognitivo en adultos mayores (Revelo Herrera & León-Rojas, 2024).
Desde la fisioterapia y las ciencias del movimiento, estas evidencias refuerzan la importancia de promover programas de actividad física adaptados a las capacidades funcionales de las personas mayores, con un enfoque no solo rehabilitador sino también preventivo y de promoción de la salud.
Prevención del deterioro cognitivo
El deterioro cognitivo asociado al envejecimiento constituye uno de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial. El incremento en la esperanza de vida ha generado un aumento significativo en la prevalencia de enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.
Sin embargo, diversas investigaciones sugieren que una proporción importante de los casos de deterioro cognitivo podría prevenirse mediante la modificación de factores de riesgo asociados al estilo de vida. Entre estos factores destacan la inactividad física, el sedentarismo, el aislamiento social y las enfermedades cardiovasculares (Bustos-Barahona et al., 2025).
La actividad física regular se ha identificado como una de las intervenciones más efectivas para reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Los programas de ejercicio no solo mejoran la capacidad funcional del adulto mayor, sino que también favorecen procesos cognitivos como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento.
Asimismo, el movimiento contribuye a fortalecer la participación social, la autonomía y el bienestar emocional, elementos fundamentales para mantener la calidad de vida durante el envejecimiento.
Dimensión emocional del movimiento en la vejez
El envejecimiento implica cambios no solo en el plano físico y cognitivo, sino también en la dimensión emocional y social. Las transiciones vitales propias de esta etapa como la jubilación, cambios en las dinámicas familiares o experiencias de pérdida pueden generar desafíos en la salud mental de las personas mayores.
En este contexto, el movimiento corporal se configura como una herramienta importante para la regulación emocional. La actividad física regular se asocia con la disminución de síntomas de ansiedad y depresión, así como con mejoras en la autoestima y el bienestar subjetivo (Revelo Herrera & León-Rojas, 2024).
Desde el punto de vista neurobiológico, el ejercicio contribuye a regular neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, como la serotonina y la dopamina. Asimismo, promueve la liberación de endorfinas, sustancias que generan sensaciones de bienestar y ayudan a reducir los niveles de estrés.
Además, muchas actividades físicas se realizan en contextos sociales, lo cual favorece la interacción con otras personas y fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad. Estos elementos son fundamentales para promover un envejecimiento activo y emocionalmente saludable.
Estrategias prácticas para promover el envejecimiento en movimiento
Comprender la importancia del movimiento en la salud cerebral durante el envejecimiento debe traducirse en acciones concretas que puedan incorporarse en la vida cotidiana de las personas mayores. Diversos estudios han demostrado que incluso actividades físicas moderadas pueden generar efectos positivos en la neuroplasticidad y en la función cognitiva (Bustos-Barahona et al., 2025).
A continuación, se presentan algunas estrategias sencillas y prácticas para promover el envejecimiento en movimiento.
Caminatas regulares
–Realizar caminatas de 20 a 30 minutos al día, al menos tres o cinco veces por semana, favorece la salud cardiovascular, mejora la circulación cerebral y contribuye al bienestar emocional.
Actividades de coordinación y equilibrio
Ejercicios simples como lanzar y recibir una pelota, caminar en diferentes direcciones o realizar movimientos coordinados con música ayudan a estimular la integración sensoriomotriz y prevenir caídas.
Prácticas mente-cuerpo
Actividades como el yoga, el tai chi o ejercicios de respiración consciente integran movimiento, atención y regulación emocional, favoreciendo la activación de redes neuronales relacionadas con la autorregulación.
Movimiento en actividades cotidianas
Actividades como la jardinería, el baile, el juego con nietos o la participación en tareas domésticas activas pueden convertirse en oportunidades de estimulación motora y cognitiva.
Espacios comunitarios de movimiento
La participación en grupos de actividad física o programas comunitarios promueve la interacción social y aumenta la motivación para mantener hábitos de movimiento a largo plazo.
Hacia una mirada digna y activa del envejecimiento
La forma en que las sociedades comprenden el envejecimiento influye en las oportunidades de participación y bienestar de las personas mayores. Durante mucho tiempo, la vejez ha sido asociada con pasividad y dependencia. Sin embargo, el enfoque contemporáneo de envejecimiento activo propone reconocer a las personas mayores como sujetos con capacidades, experiencias y potencial de participación social.
Promover una cultura del movimiento a lo largo del ciclo vital permite construir trayectorias de envejecimiento más saludables. En este sentido, disciplinas como la fisioterapia, la educación y la neurociencia tienen un papel fundamental en la promoción de entornos que favorezcan el movimiento, la participación y la inclusión de las personas mayores.
Envejecer en movimiento implica comprender que el cuerpo continúa siendo un medio de aprendizaje, expresión y relación con el entorno, incluso en las etapas más avanzadas de la vida.
El envejecimiento es un proceso natural del ciclo vital que implica transformaciones biológicas, psicológicas y sociales. No obstante, la evidencia científica demuestra que el cerebro mantiene una importante capacidad de adaptación gracias a los procesos de neuroplasticidad.
El movimiento corporal se posiciona como un factor fundamental para promover la salud cerebral y emocional durante el envejecimiento. La actividad física favorece la plasticidad neuronal, estimula la liberación de factores neurotróficos, mejora la función cognitiva y contribuye al bienestar emocional.
Además, promover el movimiento en la vida cotidiana de las personas mayores fortalece su autonomía, participación social y calidad de vida. Desde esta perspectiva, envejecer en movimiento representa una oportunidad para construir una mirada más digna, activa y saludable del envejecimiento.
El conocimiento sobre el envejecimiento activo, la neuroplasticidad y el papel del movimiento en la salud cerebral continúa en constante evolución. Promover una cultura del movimiento a lo largo del ciclo vital es una responsabilidad compartida entre profesionales de la salud, educadores, familias y la sociedad en general.
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Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
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Bishop, N. A., Lu, T., & Yankner, B. A. (2010). Neural mechanisms of ageing and cognitive decline. Nature, 464(7288), 529–535. https://doi.org/10.1038/nature08983
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Bustos-Barahona, R. B., Cruzat-Bravo, E. J., Reyes-Sánchez, Y. Y., & Tauda, M. E. (2025). Ejercicio físico como modulador de la neuroplasticidad y función cognitiva: revisión sistemática. Retos, 69, 911–928. https://doi.org/10.47197/retos.v69.111473
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Park, D. C., & Reuter-Lorenz, P. (2009). The adaptive brain: aging and neurocognitive scaffolding. Annual Review of Psychology, 60, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.59.103006.093656
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Pinzón-Ríos, I. D., & Moreno-Collazo, J. E. (2020). Envejecimiento neural, plasticidad cerebral y ejercicio: avances desde la óptica de fisioterapia. Archivos de Medicina, 20(1), 188-202. https://doi.org/10.30554/archmed.20.1.3459.2020
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Revelo Herrera, S. G., & León-Rojas, J. E. (2024). The effect of aerobic exercise in neuroplasticity, learning, and cognition: A systematic review. Cureus, 16(2), e54021. https://doi.org/10.7759/cureus.54021
Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Envejecer en movimiento: neuroplasticidad y salud cerebral. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/envejecer-en-movimiento-neuroplasticidad-y-salud-cerebral/
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