La Importancia del Juego en el Desarrollo Infantil

El juego forma parte de la naturaleza humana y es un derecho reconocido como parte fundamental para el desarrollo pleno e integral de los niños y niñas.

Esto se encuentra plasmado en el Art. 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, por tanto ningún niño debe ser privado del mismo.

Más aún, los adultos tenemos la responsabilidad de facilitar al niño el tiempo, la atención, y los recursos necesarios para que juegue.

Jugar es una actividad esencial para el desarrollo del niño. El niño explora, recrea, y aprende del mundo a través del juego.

Hay diferentes tipos de juegos y es importante que el niño pueda explorar todos ellos, si bien siempre surgen preferencias por unos u otros a lo largo del desarrollo.

A veces los niños se sienten más cómodos ante un juego reglado, otras prefieren el juego simbólico, en otros momentos el juego al aire libre que les permita explorar sus posibilidades físicas y motoras.

Sea como sea, es importante acompañar y favorecer las situaciones de juego constantes, tanto en solitario, como con el adulto y con sus pares. Jugar con un niño es la mejor forma de enseñarle, de conectar con él, y de que se sienta acompañado.

Un entorno de juego enriquecido aporta experiencias vitales importantísimas para el desarrollo de las conexiones neuronales.

Hay estudios que demuestran cómo el juego favorece el procesamiento cognitivo, lingüístico, y social en la corteza prefrontal.

Varias investigaciones muestran además que al jugar se libera oxitocina y dopamina, por lo que jugar produce emociones positivas y reduce el estrés y la ansiedad.

Los años iniciales son importantes para el desarrollo de la creatividad, ya que el niño descubre, explora y acumula experiencias que luego podrá utilizar en la adultez.

El juego, especialmente el juego libre en el que interviene la imaginación aumenta la creatividad de los niños, lo que está asociado con el pensamiento divergente, que es aquel proceso cognitivo en el que se generan nuevas ideas y soluciones.

El juego también mejora las habilidades sociales, la empatía, y las funciones ejecutivas, claves para el procesamiento sociocognitivo.

Además, el juego que involucra actividad física contribuye a mejorar la motricidad, fuerza, coordinación y la salud física y mental en general.

Sumado a esto, se ha visto que los padres y cuidadores que juegan junto a los niños generan un vínculo más fuerte con ellos, y favorecen experiencias vitales que estimulan el desarrollo de los niños.

Así, un estudio publicado este año en Scientific Reports de la revista Nature, realizado en 6.752 niños de 3 a 5 años muestra cómo jugar con un niño, contarle historias, o dibujar junto a él, se asocia a mayor desarrollo socioemocional y físico, así como potencia su aprendizaje, su lectoescritura, y su desarrollo intelectual.

En un momento en el que el planeta aún se está recuperando de la dura pandemia de 2020, los expertos se han dado cuenta de que una de sus causas es que los niños pasan cada vez más tiempo enfrente de pantallas y en entornos virtuales, lo que hace que pierdan oportunidades cruciales de juego.

Hacer un esfuerzo extra en nuestras agitadas vidas para planear rutinas diarias de juego es crucial para el crecimiento emocional, social y académico de los niños.

A pesar de los enormes beneficios que tiene el juego en los niños, raras veces se asocia juego con aprendizaje, ya que lo más común es asumir que aprender se trata de adquirir nuevos conocimientos, memorizar información, leer, y escribir.

Sin embargo, las evidencias señalan que los niños aprenden mucho mejor a través del juego. Así, el juego no debe verse como algo tangencial al aprendizaje, sino una forma natural de aprendizaje, ya que el cerebro aprende principalmente a través de las experiencias.

Los expertos aseguran que el tiempo de jugar no ha de reducirse al contexto externo a la escuela, sino que debe ser necesariamente parte del binomio enseñanza-aprendizaje.

No hay dudas por tanto de que jugar es una actividad fundamental, tanto en la educación, como en el desarrollo vital de las personas. Al fin y al cabo, la vida es un juego, y gana el que más disfruta.





Bibliografía:

  • Mohammed, S., Afaya, A. & Abukari, A. (2023). Reading, singing, and storytelling: the impact of caregiver-child interaction and child access to books and preschool on early childhood development in Ghana. Scientific Reports, 13, 13751. https://doi.org/10.1038/s41598-023-38439-5
  • Sánchez-Domínguez, J. P., Castillo Ortega, S. E., & Hernández López, B. M. (2020). El juego como representación del signo en niños y niñas preescolares: un enfoque sociocultural. Revista Educación, 44(2), 313–328. https://doi.org/10.15517/revedu.v44i2.40567
  • Bergen, D.L. (2002). The Role of Pretend Play in Children’s Cognitive Development. Early Childhood Research and Practice, v4, n1 Spr. https://files.eric.ed.gov/fulltext/ED464763.pdf
  • Diamond M. C. (2001). Response of the brain to enrichment. Anais da Academia Brasileira de Ciencias, 73(2), 211–220. https://doi.org/10.1590/s0001-37652001000200006
Cómo citar esta publicación:

Sanz Blasco, S. (2023). Importancia del juego en el desarrollo de los niños. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. www.asociacioneducar.com/articulo-importancia-del-juego-en-el-desarrollo-de-los-ninos/
Investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Farmacológicas (ININFA) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Realizó un posdoctorado en el Neuroscience and Aging Research Center del Instituto Sanford Burnham Prebys, en San Diego, California. Es Doctora en Fisiología por el Instituto de Biología y Genética Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid. Además, es Licenciada en Ciencias Químicas, titulada en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid. Ha sido autora y coautora de más de 20 publicaciones científicas en el campo de las enfermedades neurodegenerativas.