Primeros auxilios en salud mental para Chile y Argentina

 

Un estudio publicado en BMJ Open presenta el protocolo para evaluar la efectividad de los Primeros Auxilios de Salud Mental adaptados a Chile y Argentina. La investigación busca fortalecer la capacidad de reconocer problemas de salud mental, aumentar la confianza para ayudar y reducir el estigma desde un enfoque comunitario.

 

Una mirada amable al problema

En este estudio, publicado en BMJ Open, un equipo internacional de investigadores de cuatro países, liderado por Martín Agrest, investigador del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (Argentina), se propuso abordar una necesidad profunda y silenciosa que afecta a millones de personas en Chile y Argentina: la falta de preparación de la comunidad para reconocer y responder adecuadamente ante crisis de salud mental.

El artículo presenta el protocolo de un ensayo controlado aleatorio por conglomerados, diseñado con mucho cuidado para evaluar la efectividad de una capacitación en Primeros Auxilios de Salud Mental (MHFA, por sus siglas en inglés) adaptada a la realidad de estos dos países del Cono Sur. La idea es sencilla pero poderosa: enseñar a personas comunes, sin formación profesional en salud, a brindar un apoyo inicial y seguro a quienes están atravesando un problema psíquico, una crisis emocional o una situación de riesgo, como un intento de suicidio.

 

Por qué nace esta necesidad

Los autores y autoras contextualizan la investigación en un escenario donde los trastornos mentales son muy frecuentes, pero los sistemas de salud pública suelen estar sobrepasados, fragmentados o con barreras de acceso. En Chile y Argentina, al igual que en muchos lugares de América Latina, el estigma, la falta de información y los recursos limitados hacen que muchas personas no reciban ayuda a tiempo. Frente a esto, la capacitación en Primeros Auxilios de Salud Mental surge como una estrategia comunitaria y solidaria, que ya ha mostrado resultados alentadores en países de altos ingresos. Sin embargo, hacía falta un estudio riguroso, pensado en el idioma, la cultura y las dinámicas sociales locales, para saber si realmente funciona en estos contextos. Este protocolo es el paso previo, el mapa detallado de un viaje científico que busca generar evidencia confiable.

 

El faro que guía el estudio

El objetivo principal, explicado con claridad en el protocolo, es determinar si la capacitación en Primeros Auxilios de Salud Mental –versión adaptada para Chile y Argentina– mejora la capacidad de reconocer problemas de salud mental, aumenta la confianza para ayudar y reduce las actitudes estigmatizantes entre las personas que reciben el entrenamiento, en comparación con aquellas que no lo reciben. Además, los investigadores buscan medir si esta formación tiene un impacto positivo en la intención de ayudar y en la cantidad de acciones de apoyo efectivamente realizadas hacia otras personas. Todo esto se hace con un diseño riguroso que permite sacar conclusiones sólidas sobre causa y efecto.

 

Cómo lo planeamos: el diseño del estudio

Para responder a esas preguntas, el equipo diseñó un ensayo controlado aleatorio por conglomerados. Pero, ¿qué significa esto de manera amable? Imaginemos que en lugar de asignar personas individualmente al azar (como en un ensayo tradicional), se asignan grupos completos o “conglomerados” –como escuelas, centros comunitarios, lugares de trabajo o clubes de barrio– a dos condiciones: uno recibe la capacitación de inmediato (grupo intervención) y otro la recibe después de un tiempo (grupo control en lista de espera). Esto evita la contaminación entre participantes y respeta la dinámica natural de las comunidades. El estudio está planeado para realizarse en múltiples sitios de Chile y Argentina, con la participación de cientos de personas de la población general, sin necesidad de tener conocimientos previos en salud.

 

¿En qué consiste ayudar con formación?

La intervención evaluada es el curso de Primeros Auxilios de Salud Mental, que en este caso ha sido minuciosamente adaptado culturalmente a Chile y Argentina. No se trata de una charla teórica, sino de una experiencia práctica de varias horas (generalmente un día completo o dos jornadas más cortas), donde se enseñan herramientas concretas, como el plan de acción “ALGEC”: A (Acercarse, evaluar y asistir en caso de crisis), L (Escuchar sin juzgar), G (Generar seguridad e información), E (Estimular a buscar ayuda profesional) y C (Cuidar el autocuidado de quien brinda ayuda). Los participantes aprenden a reconocer signos de depresión, ansiedad, psicosis, consumo problemático de sustancias y crisis suicida, y practican cómo conversar con empatía, sin tener que diagnosticar ni reemplazar a los profesionales.

 

El grupo de comparación: una espera activa

En el otro brazo del estudio, los conglomerados asignados al grupo control no reciben la formación durante los primeros meses; en cambio, siguen con su vida habitual y luego completan los mismos cuestionarios. Pero, para ser justos y éticos, una vez finalizado el período de seguimiento principal, también se les ofrece la capacitación. Es lo que se llama “lista de espera”. De esta manera, todas las personas que participan terminan recibiendo el beneficio potencial del curso, y nadie se queda sin la oportunidad de aprender a ayudar. Este diseño refleja un profundo respeto por las comunidades involucradas, algo que los autores destacan como esencial.

 

Lo que medimos con el corazón y con datos

Los investigadores no solo confían en las sensaciones; han seleccionado instrumentos de medición validados y adaptados al español rioplatense y chileno. El resultado principal es el cambio en la “intención de ayudar” y la “confianza para ayudar” evaluados antes de la capacitación, inmediatamente después y a los seis meses. También se miden el reconocimiento de trastornos mentales en viñetas realistas, el nivel de estigma (es decir, creencias negativas o discriminatorias) y las conductas de ayuda realmente implementadas. Estos cuestionarios son anónimos y cuidadosos, pensados para no incomodar ni revivir experiencias dolorosas. Se aplican de manera presencial o virtual, según la accesibilidad de cada conglomerado.

 

Cómo se eligen los participantes: con equidad

Una parte hermosa y rigurosa del protocolo es la estrategia de reclutamiento. Los conglomerados se seleccionan en zonas urbanas, periurbanas y rurales de diferentes regiones de Chile (por ejemplo, Santiago, Valparaíso, Biobío) y Argentina (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Jujuy). Se busca diversidad socioeconómica, educativa y cultural, para que los resultados sean representativos. Dentro de cada conglomerado, se invita a participar a todas las personas adultas (mayores de 18 años) que no tengan una formación profesional en salud mental. Se excluye a quienes ya han recibido un curso similar, para no mezclar efectos. La participación es totalmente voluntaria, y se explica con lenguaje claro que uno puede retirarse cuando lo desee sin consecuencias.

 

Análisis de datos: respetando las diferencias

Para analizar la información, el equipo utiliza métodos estadísticos que toman en cuenta que los datos provienen de grupos (conglomerados) y no de personas independientes. Se emplean modelos de regresión multinivel, que en lenguaje sencillo significan: reconocer que las personas de un mismo club o escuela pueden parecerse más entre sí que personas de grupos distintos, y eso debe ser considerado para no sacar conclusiones engañosas. Además, se harán análisis por intención de tratar (incluyendo a todos los que empezaron el estudio, aunque no terminen la capacitación) y análisis de sensibilidad. Todo el proceso está predefinido en un plan estadístico que se registra antes de ver los resultados, evitando así “trampas” involuntarias.

 

Respeto y compartir lo aprendido

El subtítulo sobre ética y difusión está traducido de manera sencilla como “Cuidar a las personas y contar lo que descubrimos”. El protocolo ha sido aprobado por comités de ética de instituciones académicas en Chile, Argentina y Australia (donde tienen sede algunos autores). Se garantiza el consentimiento informado por escrito, la confidencialidad de los datos y la protección de datos personales según las leyes locales. Además, los resultados del estudio serán difundidos en revistas científicas de acceso abierto, en conferencias, pero también –algo muy valioso– en informes devueltos a las comunidades participantes, en talleres y en materiales de divulgación. De esta forma, el conocimiento no queda encerrado en una torre de marfil, sino que regresa a quienes lo hicieron posible.

 

Dejando constancia: registro del ensayo

Para que la ciencia sea transparente y confiable, los investigadores registraron este ensayo en una base de datos internacional (ClinicalTrials.gov) antes de comenzar, con un número de identificación único. Esto significa que cualquier persona puede consultar cuál era el plan original y compararlo con lo que finalmente se hizo. Es una práctica de honestidad científica que evita informes selectivos. El artículo de protocolo que estamos resumiendo es precisamente esa declaración detallada de intenciones, y su publicación en BMJ Open garantiza que haya sido revisado por pares. El equipo anima a otros investigadores a replicar o adaptar el estudio en otros países de habla hispana.

 

Lo bueno y lo desafiante: una reflexión final humanizada

Los autores cierran el protocolo con una sección de fortalezas y limitaciones. Entre lo bueno, destacan el diseño riguroso (aleatorio por conglomerados), la adaptación cultural profunda (realizada con grupos focales de personas locales, profesionales y usuarios de servicios de salud mental) y el tamaño de muestra calculado para detectar diferencias significativas. Como desafíos, mencionan la posible deserción de participantes a lo largo de seis meses, la dificultad de mantener ciegos a los evaluadores (pues saben qué conglomerado recibió la intervención) y el hecho de que los resultados dependen de respuestas autoinformadas, que pueden estar sujetas a sesgos. Sin embargo, con humildad y rigor, afirman que este estudio puede dar pistas valiosas para fortalecer la respuesta comunitaria ante las crisis de salud mental en Chile, Argentina y toda la región. En esencia, nos recuerdan que ayudar no es solo cosa de especialistas: con buena información y un corazón dispuesto, todos podemos ser un primer eslabón en la cadena de cuidados.

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Referencia:

  • Agrest, M., Encina-Zúñiga, E., Ardila-Gómez, S., Fernandez, M. A., Gabriel, R., Bargamian, J., Alvarado, R., Morgan, A. J., Kelly, C. M., & Reavley, N. (2026). Mental Health First Aid training for Chile and Argentina: protocol for a cluster randomised controlled trial. BMJ Open, 16(2), e105308. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2025-105308

Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2026). Primeros auxilios en salud mental para Chile y Argentina. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/primeros-auxilios-en-salud-mental-para-chile-y-argentina/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias, Colombia) | Psicólogo | Máster en Neuropsicología y Educación | Doctor en Ciencias de la Educación | Autor y coautor de más de 70 publicaciones científicas | Revisor invitado en más de 20 revistas indexadas | Parte del Equipo de Coordinadores del exitoso libro: "Una Historia de las Ciencias de la Conducta (Vol. I y II)", con más de 700.000 visitas digitales.