El sedentarismo impacta en la salud física, mental y emocional. Desde la neurociencia y la educación corporal, analizamos cómo el movimiento cotidiano mejora el bienestar, la regulación emocional y la calidad de vida, especialmente después de los 40 años.
El silencio de los pasos: una historia sobre nosotros, el movimiento y el sedentarismo
Caminar. Es un gesto humilde. Un acto tan antiguo como la humanidad misma. Pero hoy… ¿cuántos de nosotros hemos olvidado cómo hacerlo?
No hace tanto, nuestra vida misma estaba entrelazada con el movimiento. Desde que nuestros antepasados descendieron de los árboles hasta buscar comida, hasta los niños que correteaban tras una pelota al atardecer, nuestros cuerpos con cada paso, cada salto y cada carrera contaban historias de vida y de latidos.
Hoy, muchas de esas historias han quedado en silencio.
El mundo de antes latidos y pasos que nunca se olvidan
Cierro los ojos e intento imaginar una escena ancestral; acompáñame en este viaje, cierra los ojos conmigo e imagina, un grupo de hombres y mujeres al amanecer, caminando kilómetros para recoger frutos, cazar o simplemente para llegar a un lugar mejor. Sus cuerpos, fatigados al final del día, guardaban los rastros de cada paso en sus huesos. El movimiento no era una elección; era una necesidad.
Esa necesidad moldeó nuestra historia y nuestros cuerpos durante miles de años. Caminábamos a diario. Correr, trepar, cargar y caminar eran parte de la rutina humana. Era un ciclo natural de movimiento que nos conectaba con la tierra, con nuestra comunidad, con nuestra supervivencia.
Pero ese mundo no existe del todo más.
El cambio silencioso de cuerpos en movimiento a cuerpos que esperan
Recuerdo a mi abuelo, cuyos dedos temblaban solo al hablar de su niñez en un pueblo donde nadie se quedaba quieto. Caminaba kilómetros para ir a la escuela, subía lomas al amanecer, y jugaba fútbol en tierra con los amigos al caer el sol. Ese movimiento constante no se sentía como ejercicio era solo vida.
Hoy, en cambio, muchos de nosotros vivimos vidas donde el movimiento es el “tiempo libre”. Donde los pasos se han sustituido por clics. Donde el desgaste del cuerpo ya no viene de cargar leña, sino de cargar ansiedad por notificaciones sin fin.
Durante las últimas décadas, nuestra manera de movernos ha cambiado drásticamente. En países como tanto de Latinoamérica como en América, como por ejemplo Estados Unidos, por ejemplo, el tiempo que la gente pasa sentada viendo televisión, usando la computadora o el celular ha aumentado de manera constante desde principios del siglo XXI, con adultos sentados más de seis horas al día en promedio y con mayores tasas de uso de pantallas en todas las edades. Lo que antes era un cuadro inusual, hoy se ha convertido en la norma.
Ya no caminamos por necesidad. Caminamos cuando decidimos hacerlo.
El cuerpo que calla la ciencia habla con nuestro propio silencio
No es solo una sensación: la evidencia científica es clara y dura. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que alrededor del 31% de los adultos en el mundo no cumplen con los niveles recomendados de actividad física, y que un 80% de los adolescentes tampoco lo hace. (Teychenne et al., 2010).
La inmovilidad crónica o sedentarismo no es simplemente “estar sentado”. Según la Real Academia Española, el sedentarismo define un estilo de vida con poca agitación o movimiento, especialmente presente en las ciudades modernas donde la vida está organizada para evitar el esfuerzo físico.
Este estilo “cómodo” tiene un precio. Estudios científicos muestran que el sedentarismo se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y aumento de mortalidad en general (Owen et al., 2010; Church et al., 2011).
Una revisión publicada por Meng et al. (2025) observa que hábitos sedentarios como ver televisión, permanecer sentado en el trabajo o utilizar dispositivos electrónicos se asocian con una menor calidad de vida y un mayor riesgo de problemas de salud.
Y no hablamos de teorías abstractas; investigaciones reproducidas en decenas de países muestran estos efectos en estadísticas que parecen frías, pero que representan vidas humanas reales.
El día a día una pausa que se hace eternidad
Imagínate levantarte cada mañana, encender el café… y sentarte. El día avanza, y seguimos sentados: en el trabajo, en el transporte, en la casa. Incluso los momentos “libres” ahora son dominados por pantallas. Un reportaje de The Washington Post señala que pasar más de seis horas al día sedentario aumenta considerablemente el riesgo de dolor de cuello y problemas musculares, porque la postura encorvada frente a dispositivos no es natural para nuestro cuerpo.
Nuestros cuerpos fueron hechos para moverse. Cada articulación, cada músculo, cada célula responde al contacto con la actividad física. Cuando nos quedamos quietos mucho tiempo, la sangre fluye menos, los músculos se atrofian lentamente, los órganos funcionan con desgano.
Nuestro movimiento dejó de ser parte esencial de la vida y pasó a ser algo “extra” como si caminar fuera un lujo en lugar de un derecho natural.
Historias del corazón lo humano detrás de las estadísticas
Déjame contarte algo más personal.
Conozco a alguien que, tras años de trabajo sedentario, despertó una mañana sin poder subir cinco escalones sin sentir un latido que parecía gritar dentro de su pecho. No era solo cansancio: era el eco de años de inercia, esa persona me dijo que no entendía cómo había llegado allí, porque “no era obeso ni tenía enfermedades graves”. Pero el cuerpo, aunque silencioso, había estado gritando a su manera.
No fue hasta que comenzó a caminar al amanecer sólo treinta minutos que empezó a escuchar su propio cuerpo nuevamente. Sentía nervios, ligereza, mariposas. No era solo ejercicio. Era reencontrarse con una parte olvidada de sí mismo.
La ciencia lo respalda; caminar, incluso de forma moderada, trae beneficios tangibles para la salud física y mental; en algunos estudios se ha observado que la caminata diaria puede incluso aumentar la esperanza de vida varios años, especialmente después de los 40. (Saint-Maurice et al., 2020).
Ese gesto tan simple salir, poner un pie delante del otro, sentir el viento es un acto de revolución contra la quietud que nos consume.
El tejido social que se deshace en animaciones y pantallas
El sedentarismo no solo afecta nuestros cuerpos, sino también nuestra conexión con los demás. Cuando dejamos de movernos, dejamos de compartir espacios parques, plazas, calles vivas y comenzamos a habitar mundos digitales que nos aíslan bajo la ilusión de cercanía.
Yo recuerdo el bullicio de una tarde soleada en la plaza de mi ciudad: niños jugando, viejos conversando en bancos, risas que se mezclaban con el canto de los pájaros. Hoy, en muchas ciudades, el parque más concurrido es un grupo de WhatsApp, o un hilo en redes que nunca termina.
Nuestros cuerpos pueden estar presentes, clavados en sillas, pero nuestras mentes y nuestras relaciones se desvanecen en pantallas.
¿Qué hemos perdido realmente? Más allá de la salud física
Podemos perder huesos y músculos, sí. Pero también:
-Hemos perdido historias que contar sobre tardes jugando bajo el sol.
-Hemos perdido la sensación del aire en los pulmones cuando subimos una colina.
-Hemos perdido esa fatiga feliz que viene después de una carrera con amigos.
-Hemos perdido el ritmo natural del cuerpo que sabe cuándo moverse, cuándo descansar, cuándo reír.
Todo esto no está en una cifra. Está en memorias que ni siquiera sabemos que hemos dejado de crear.
Volver a sentir el movimiento como memoria del alma
Caminar, correr, bailar… estos no son solamente verbos. Son memorias del cuerpo. Son maneras en que la vida nos recuerda que estamos vivos.
Si volvemos a movimientos simples una caminata cada día, un par de estiramientos por la mañana, una bicicleta en la tarde no solo fortalecemos músculos. También fortalecemos la memoria de la vida que está en cada paso.
Porque, como dijo un filósofo una vez (y que la ciencia hoy respalda): nuestro cuerpo es un registro de nuestras elecciones. Cada día sedentario es una página en blanco. Y cada día en movimiento es una historia que contamos con pasos.
Una invitación a moverse, no solo a “hacer ejercicio”
No se trata de gimnasios ni de imposibles. Se trata de vida cotidiana:
-Caminar sin prisa.
-Subir escaleras con ganas.
-Bailar cuando suene una canción.
-Ver a un amigo y caminar en vez de chatear.
El mundo no necesita cuerpos perfectos. Necesita cuerpos vivos, cuerpos que sientan, que se muevan, que respiren su entorno.
Porque el mayor enemigo no es simplemente estar sedentario. Es olvidar qué se siente vivir en movimiento.
Una caminata hacia el futuro
A veces, cuando anochece y cierro los ojos, imagino a quienes vienen después de nosotros: niños que todavía no han aprendido a amar sus piernas, jóvenes que nunca sintieron sus pulmones llenarse caminando cuesta arriba, adultos que no recuerdan el latido feliz después de una carrera.
Pero también imagino algo más: generaciones que redescubren el movimiento como acto de amor propio, que entienden que el cuerpo es un hogar que se honra con pasos, no con quietud interminable.
Porque en cada paso hay una historia. Y en cada historia, una vida que vale ser vivida.
Gracias miles; Gracias por leernos aquí en Asociación Educar y por acompañarnos en este viaje, que no busca juzgar a nadie, sino simplemente compartir una mirada, abrir preguntas y sembrar reflexión.
Andrea Carolina Amaya Cordoba, a su servicio: una fisioterapeuta neuropasionada y, ante todo, humana;
Recuerda que también puedes encontrarme en @fisiodelainfancia.
Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
- Church, T. S., Thomas, D. M., Tudor-Locke, C., Katzmarzyk, P. T., Earnest, C. P., Rodarte, R. Q., Martin, C. K., Blair, S. N., & Bouchard, C. (2011). Trends over 5 decades in U.S. occupation-related physical activity and their associations with obesity. PLoS ONE, 6(5), e19657. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0019657
- Meng, Y., Yang, Y., Gan, Y., et al. (2025). The associations between sedentary behavior and neck pain: a systematic review and meta-analysis. BMC Public Health, 25, 453. https://bmcpublichealth.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12889-025-21685-9
- Organización Mundial de la Salud. (2020).
Directrices de la OMS sobre actividad física y comportamiento sedentario.
https://www.who.int/publications/i/item/9789240015128 - Owen, N., Healy, G. N., Matthews, C. E., & Dunstan, D. W. (2010).
Too much sitting: The population health science of sedentary behavior. Exercise and Sport Sciences Reviews, 38(3), 105–113.
https://doi.org/10.1097/JES.0b013e3181e373a2 - Saint-Maurice, P. F., Troiano, R. P., Bassett, D. R., Graubard, B. I., Carlson, S. A., Shiroma, E. J., … Matthews, C. E. (2020).
Association of daily step count and step intensity with mortality among US adults. JAMA, 323(12), 1151–1160.
https://doi.org/10.1001/jama.2020.1382 - The Washington Post (2025). 6 hours of sedentary behavior a day linked to neck pain. https://www.washingtonpost.com/wellness/2025/04/28/neck-pain-sedentary-cellphone-posture
- Teychenne, M., Ball, K., & Salmon, J. (2010).
Sedentary behavior and depression among adults: A review. International Journal of Behavioral Medicine, 17(4), 246–254.
https://doi.org/10.1007/s12529-010-9075-z
Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Sedentarismo y salud mental: el poder del movimiento diario. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/sedentarismo-y-salud-mental-el-poder-del-movimiento-diario/
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