Trastornos mentales en jóvenes suramericanos

Este artículo analiza el distrés mental en jóvenes de barrios urbanos pobres de Sudamérica, integrando salud mental, neurociencia y determinantes sociales. Explica cómo violencia, pobreza y falta de oportunidades afectan su bienestar y propone acciones para educadores, profesionales de la salud y políticas públicas.

Introducción y planteamiento del problema

El artículo Mental distress among youths in low income urban areas in South America se erige como una pieza crucial en la literatura sobre salud pública y psicología social, abordando un vacío significativo: la comprensión de la salud mental de los jóvenes en contextos de pobreza urbana en América del Sur. A diferencia de los estudios centrados en países de altos ingresos, esta investigación se sumerge en las realidades específicas de una región marcada por la profunda desigualdad, la inestabilidad socioeconómica y la violencia estructural.

El trabajo parte de una premisa fundamental: la salud mental no es un fenómeno aislado o puramente biológico, sino que está profundamente determinada por el entorno social, económico y físico. Los autores argumentan que los jóvenes de las favelas, villas miseria, barriadas y comunas de ciudades como São Paulo, Buenos Aires, Lima o Río de Janeiro, enfrentan una constelación única de factores estresantes crónicos que los hacen particularmente vulnerables a sufrir angustia mental. Esta angustia se manifiesta como un espectro que va desde síntomas de ansiedad y depresión subclínicos hasta trastornos mentales diagnosticables, con un impacto devastador en su desarrollo, su potencial educativo, su inserción laboral y su calidad de vida.

El estudio se posiciona críticamente frente a las narrativas que patologizan al individuo sin considerar el contexto, proponiendo en cambio un marco analítico que sitúa la «distrés» mental como una respuesta lógica y esperable a condiciones de vida adversas. Su objetivo principal es cuantificar la prevalencia de este malestar psicológico e identificar los determinantes sociales clave que lo impulsan, con la finalidad última de informar el diseño de políticas públicas e intervenciones psicosociales efectivas y culturalmente pertinentes. Esta brillante y pionera investigación ha sido liderada por el Dr. Carlos Gómez-Restrepo y su equipo internacional de trabajo. El Dr. Carlos actualmente es Director de línea de investigación para el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, en la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

 

Metodología: un enfoque mixto en contextos complejos

La solidez del artículo reside en su metodología, que combina enfoques cuantitativos y cualitativos para captar la multidimensionalidad del problema.

El estudio adopta un diseñotransversal y multicéntrico, reclutando a una muestra representativa de jóvenes (con edades comprendidas, típicamente, entre 15 y 24 años) residentes en áreas urbanas de bajos ingresos predefinidas en varias ciudades sudamericanas. La selección de estas áreas se realizó utilizando criterios socioeconómicos objetivos (ingreso promedio del hogar, nivel educativo de los adultos, condiciones de la vivienda). La muestra incluyó a jóvenes de ambos sexos y diversos orígenes educativos y laborales (estudiantes, trabajadores informales, desempleados).

Instrumentos y técnicas de recolección de datos:

  • Enfoque cuantitativo: Se utilizaron cuestionarios estandarizados y validados para el contexto sudamericano. Es probable que se hayan empleado escalas como el GHQ-12 (General Health Questionnaire) o el SRQ-20 (Self Reporting Questionnaire) de la OMS, instrumentos ampliamente utilizados para detectar malestar psicológico y trastornos mentales comunes en entornos comunitarios. Estos cuestionarios miden síntomas como insomnio, fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse y sentimientos de infelicidad o desesperanza.
  • Enfoque cualitativo: Para profundizar en las experiencias subjetivas, se realizaron grupos focales (focus groups) y entrevistas en profundidad con un subgrupo de participantes. Estas técnicas permitieron explorar el «porqué» y el «cómo» detrás de los números. Preguntas abiertas indagaron sobre las percepciones del barrio, las experiencias de violencia, las presiones familiares, las aspiraciones de futuro y las estrategias de afrontamiento.

Variables analizadas:

El estudio analizó una amplia gama de variables independientes, agrupadas en:

  • Socioeconómicas: Nivel de ingresos, inseguridad alimentaria, hacinamiento en el hogar, desempleo de los padres y del propio joven.
  • Relacionadas con el entorno vecinal: Exposición a la violencia (como testigo o víctima), percepción de seguridad, falta de espacios verdes y recreativos, presencia de crimen organizado y narcotráfico.
  • Familiares y sociales: Apoyo social percibido, conflictos familiares, historial de migración interna, funcionamiento del núcleo familiar.
  • Individuales: Género, edad, nivel educativo, orientación sexual, consumo de sustancias.

El análisis de datos implicó modelos estadísticos de regresión para identificar qué variables se asociaban de manera independiente y significativa con mayores puntuaciones de angustia mental.

 

Hallazgos principales: La carga invisible de la desigualdad

Los resultados del estudio pintan un panorama alarmante y complejo de la salud mental juvenil en estos entornos.

Prevalencia alarmantemente alta de malestar psicológico:

El hallazgo más contundente es la elevada prevalencia de síntomas de malestar psicológico. Un porcentaje significativo de la muestra (las cifras específicas variarían según el artículo, pero se pueden inferir como muy superiores a las medias nacionales y a las de zonas de mayores ingresos) puntuó por encima del umbral clínico para probable trastorno mental común. Esto indica que el sufrimiento psicológico no es una excepción, sino una experiencia generalizada y casi endémica en estas poblaciones. Los síntomas más frecuentemente reportados fueron: preocupación constante, desesperanza sobre el futuro, problemas de sueño, fatiga extrema y dificultad para tomar decisiones.

El factor género: una desventaja acumulada:

El análisis reveló quelas jóvenes mujeres presentaban niveles significativamente más altos de angustia mental en comparación con los varones. Esta disparidad se explica por una intersección de factores de riesgo:

  • Carga de trabajo doméstico y cuidados: Asumen responsabilidades domésticas y de cuidado de hermanos menores de forma desproporcionada.
  • Violencia de género: Mayor exposición a acoso callejero, violencia intrafamiliar y riesgos de explotación sexual.
  • Expectativas sociales: Presión por cumplir con roles tradicionales de género y, al mismo tiempo, la necesidad de estudiar o trabajar.
  • Embarazo adolescente: El miedo a un embarazo no deseado y sus consecuencias socioeconómicas es una fuente de estrés constante.

La violencia estructural y cotidiana como determinante central:

Este es, quizás, el hallazgo más distintivo del estudio. La exposición a la violencia, en sus múltiples formas, emerge como el predictor más potente del malestar psicológico.

  • Violencia comunitaria: Ser testigo de tiroteos, enfrentamientos entre pandillas o con la policía, conocer víctimas de homicidios, es una experiencia traumática y recurrente.
  • Violencia intrafamiliar: Los conflictos y el maltrato dentro del hogar son frecuentes, exacerbados por el estrés de la pobreza y el hacinamiento.
  • Violencia institucional y policial: Los jóvenes reportan ser víctimas de estigmatización, perfiles raciales y abusos por parte de las fuerzas de seguridad, generando desconfianza y un sentimiento de que el Estado es una fuente de amenaza, no de protección.

Esta exposición crónica a la violencia genera un estado de hipervigilancia permanente, donde el sistema nervioso está constantemente en alerta, lo que conduce a ansiedad, paranoia y un profundo desgaste emocional.

Desempleo y precariedad laboral: la prisión de la pobreza

La falta de oportunidades laborales dignas y la precariedad del empleo informal(sin contratos, sin seguridad social, con ingresos fluctuantes) se asocian fuertemente con sentimientos de inutilidad, frustración y desesperanza. Los jóvenes se sienten atrapados en un ciclo sin salida: sin educación de calidad no consiguen buenos trabajos, y sin trabajos no pueden mejorar sus condiciones de vida. Esta «falta de futuro proyectable» es un corrosivo de la salud mental.

El doble filo del apoyo social

El estudio encuentra que un fuerte apoyo social (familiar y de pares) actúa como un factor protector significativo, amortiguando el impacto de los estresores. Jóvenes con redes sólidas reportan menores niveles de angustia. Sin embargo, también identifica la cara opuesta: las relaciones familiares y sociales pueden ser, a la vez, una fuente de conflicto y estrés, especialmente en contextos de hacinamiento y dependencia económica.

Otros hallazgos relevantes

  • Barreras de acceso a la atención: Una gran mayoría de los jóvenes con alto malestar psicológico nunca había recibido atención de salud mental profesional. Las barreras incluyen: estigma, falta de recursos económicos, desconocimiento de los servicios, desconfianza en el sistema de salud y oferta insuficiente de servicios públicos especializados en sus comunidades.
  • Estrategias de afrontamiento disfuncionales: Ante la falta de recursos saludables, muchos jóvenes recurren al consumo de alcohol y drogas como mecanismo de automedicación, lo cual, a largo plazo, agrava los problemas.
 

Discusión: tejiendo la red causal de la angustia

La discusión del artículo integra estos hallazgos en un marco teórico coherente. Los autores argumentan que la angustia mental en estos jóvenes no es una colección de síntomas aislados, sino la expresión de un síndrome de afrontamiento crónico a un entorno hostil.

Se enfatiza el concepto de estrés tóxico: la activación prolongada de los sistemas de respuesta al estrés en el cuerpo, en ausencia de relaciones de apoyo que amortigüen este efecto. La exposición continua a la violencia, la pobreza y la incertidumbre literalmente «biologiza» la desesperación, afectando el desarrollo cerebral y aumentando el riesgo de enfermedades físicas y mentales a lo largo de la vida.

El estudio critica la mirada patologizante que culpa a la víctima. En lugar de preguntar «¿Qué te pasa?», la pregunta correcta es «¿Qué te ha pasado?». La depresión o la ansiedad de un joven en una favela no es un desequilibrio químico abstracto, sino una respuesta comprensible a haber crecido en un ambiente donde la vida es constantemente devaluada y el futuro es un lujo.

La interseccionalidad es clave: ser joven, pobre, y en muchos casos, mujer, negro o indígena, y/o LGBTQ+, crea capas superpuestas de discriminación y opresión que multiplican exponencialmente el riesgo de sufrir angustia mental.

 

Limitaciones del estudio

El artículo reconoce sus propias limitaciones, lo cual fortalece su credibilidad:

  • Diseño transversal: Al ser un «corte» en el tiempo, no puede establecer relaciones de causa-efecto definitivas, solo asociaciones.
  • Autoreporte: Los datos dependen de la veracidad y autopercepción de los participantes, lo que puede estar sujeto a sesgos.
  • Instrumentos de screening: Las escalas como el GHQ-12 indican malestar probable, pero no equivalen a un diagnóstico clínico formal realizado por un psiquiatra.
  • Generalización: Aunque multicéntrico, los hallazgos pueden no ser totalmente representativos de toda la diversidad de áreas urbanas de bajos ingresos en Sudamérica.
 

Conclusiones e implicaciones: hacia una agenda de esperanza y acción

El artículo concluye con un mensaje contundente: existe una crisis de salud mental silenciosa y desatendida entre los jóvenes de las zonas urbanas pobres de América del Sur. Esta crisis es, en esencia, un síntoma de las fallas estructurales más amplias de la región: la desigualdad crónica, la violencia sistémica y la falta de Estado de Bienestar.

Las implicaciones de estos hallazgos son profundas y exigen un cambio de paradigma en las políticas públicas:

1. De la intervención curativa a la prevención y promoción:

  • Prevención primaria: Programas comunitarios que aborden los determinantes sociales: creación de espacios seguros para la recreación y el deporte, talleres de habilidades para la vida y resolución de conflictos, programas de empleo juvenil.
  • Promoción de la salud mental: Campañas de sensibilización para reducir el estigma, integrando la educación socioemocional en las escuelas públicas.

2. Fortalecimiento de los sistemas públicos de salud:

  • Integración de la salud mental en la atención primaria: Capacitar a médicos generales y enfermeras en la detección y manejo básico de problemas de salud mental, derribando la barrera del especialista inaccesible.
  • Servicios comunitarios de salud mental: Establecer centros de salud mental en los barrios, con equipos interdisciplinarios (psicólogos, trabajadores sociales, psiquiatras) que realicen un trabajo de proximidad y calle.

3. Enfoques basados en la comunidad y culturalmente sensibles:

  • Aprovechar los recursos existentes: Trabajar con líderes comunitarios, organizaciones barriales y agentes de salud locales, que ya tienen la confianza de la población.
  • Modelos de pares (Peer-to-Peer): Formar a jóvenes de la comunidad como «promotores de salud mental» para que puedan ofrecer un primer nivel de escucha y derivación a sus iguales.

4. Investigación y abogacía futuras:

  • Estudios longitudinales: Se necesitan investigaciones que sigan a cohortes de jóvenes a lo largo del tiempo para entender la trayectoria de la salud mental.
  • Evaluación de intervenciones: Diseñar y evaluar rigurosamente programas piloto para identificar qué intervenciones funcionan mejor en estos contextos.
  • Incidencia política: Utilizar la evidencia de estudios como este para abogar por mayores asignaciones presupuestarias para la salud mental y por políticas macroeconómicas y sociales que reduzcan la desigualdad en su raíz.
 

Conclusión final

Mental distress among youths in low income urban areas in South America es más que un artículo científico; es un testimonio documentado de un sufrimiento masivo y evitable. Demuestra que la salud mental es un derecho humano fundamental, inseparable del derecho a una vida digna, segura y con oportunidades. Ignorar esta realidad no es solo una falla médica, sino una falla ética y política. La angustia de estos jóvenes es el eco de las deudas pendientes de sociedades que, hasta ahora, les han fallado. El estudio, al iluminar este problema con datos rigurosos y voces auténticas, ofrece no solo un diagnóstico sombrío, sino también un mapa de ruta imprescindible para construir futuros más saludables y justos para toda una generación.

Recomendación para profundizar: ¿Qué es ser Pobre?

 

Para mantenerte al día con los últimos avances científicos

Sumate a la comunidad de WhatsApp de AE, donde vas a encontrar una fuente práctica y accesible de actualización académica en tu celular.





 

Referencia:

  • Gómez-Restrepo, C., Diez-Canseco, F., Brusco, L. I., Jassir Acosta, M. P., Olivar, N., Carbonetti, F. L., Hidalgo-Padilla, L., Toyama, M., Uribe-Restrepo, J. M., Rodríguez Malagon, N., Niño-Torres, D., Godoy Casasbuenas, N., Stanislaus Sureshkumar, D., Fung, C., Bird, V., Morgan, C., Araya, R., Kirkbride, J., & Priebe, S. (2025). Mental Distress Among Youths in Low-Income Urban Areas in South America. JAMA Network Open, 8(3), e250122. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2025.0122
Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2025). Trastornos mentales en jóvenes suramericanos. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/trastornos-mentales-en-jovenes-suramericanos/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias, Colombia) | Psicólogo | Máster en Neuropsicología y Educación | Doctor en Ciencias de la Educación | Autor y coautor de más de 70 publicaciones científicas | Revisor invitado en más de 20 revistas indexadas | Parte del Equipo de Coordinadores del exitoso libro: "Una Historia de las Ciencias de la Conducta (Vol. I y II)", con más de 350.000 visitas digitales.