En un mundo hiperconectado, crecen los riesgos para niños y adolescentes en redes sociales: ciberacoso, retos virales y huella digital. Desde la neurociencia, la educación digital y el control parental, este artículo ofrece criterios prácticos para familias y escuelas de Iberoamérica.
En la era digital, donde las pantallas se han convertido en compañeros de nuestra rutina diaria, surge una pregunta inquietante que muchos padres nos hacemos: ¿realmente sabemos qué hacen nuestros hijos en las redes sociales? Como educadora y mamá de gemelas preadolescentes, me enfrento a esta realidad diariamente con creciente preocupación. Cada vez más, los niños están accediendo a redes sociales y teléfonos inteligentes a edades más tempranas, a menudo sin la supervisión adecuada que necesitan.
Este fenómeno no solo refleja un cambio en la forma en que interactuamos, sino que también plantea serios desafíos para la seguridad y el bienestar de nuestros jóvenes. En un entorno donde la información se comparte instantáneamente y las conexiones se forjan a través de pantallas, es fundamental que los adultos comprendamos los riesgos que conlleva. Las plataformas digitales, aunque ofrecen oportunidades para la creatividad y la comunicación, también pueden convertirse en terrenos peligrosos si no se gestionan con cuidado.
La realidad es que muchos niños navegan por estas plataformas sin la guía necesaria para entender los peligros que pueden acechar. La falta de supervisión puede resultar en situaciones de vulnerabilidad que van desde el ciberacoso hasta la exposición a contenido inapropiado. En este contexto, es esencial que como padres, educadores y cuidadores, tomemos un papel activo en la vida digital de nuestros hijos, asegurándonos de que tengan las herramientas y el conocimiento para navegar de manera segura en un mundo que cambia rápidamente.
La ley australiana: Un modelo a considerar
Recientemente Australia ha dado un paso audaz al implementar una ley que prohíbe el acceso a redes sociales para menores de 16 años por sus efectos negativos. Esta normativa además de establecer límites claros, aborda preocupaciones críticas sobre el ciberacoso, la exposición a contenido inapropiado y los efectos adversos en la salud mental de los jóvenes. El gobierno australiano aclara que con esta ley buscan darles un espacio y tiempo para crecer sin la presión constante de la validación social ni la exposición a contenidos dañinos. La ley es un reconocimiento de que el mundo digital puede ser un lugar peligroso para los menores, y establece un estándar que podría inspirar a otros países a seguir su ejemplo.
Imaginemos un escenario en el que un adolescente intenta crear una cuenta en una red social. Al hacerlo, debe proporcionar prueba de su edad, y si no puede demostrar que es mayor de 16 años, simplemente no podrá acceder. Esta medida protege a los menores, y además pone la responsabilidad en las plataformas garantizando que no permitan el acceso a usuarios que no cumplan con los requisitos de edad. En este contexto, se establece un entorno más seguro para todos, donde los jóvenes pueden relacionarse sin el riesgo de enfrentarse a situaciones peligrosas que podrían afectar su desarrollo.
Sin embargo, ¿qué significa esto para nosotros, padres y educadores, en Argentina y otros países donde aún no contamos con una legislación similar? Sin una normativa clara, los riesgos se multiplican, y nuestros niños pueden quedar desprotegidos en un mundo donde el ciberacoso y la exposición a contenido inapropiado son una realidad cotidiana.
La realidad en Argentina: Un llamado a la acción
La falta de una normativa actual en Argentina puede dejar a nuestros niños expuestos a riesgos significativos. Muchos padres, aunque preocupados, no comprenden del todo los peligros que enfrentan sus hijos en línea diariamente. Esta falta de conocimiento puede llevar a la inacción, aumentando la vulnerabilidad de los menores a situaciones perjudiciales. Por ejemplo, un niño que comparte su ubicación o que comparte información en un video o una foto, creyendo que es inofensivo, puede estar poniendo en riesgo su seguridad personal sin ser consciente de las repercusiones.
Además, el fenómeno de los «retos virales» en redes sociales puede parecer emocionante para los jóvenes, pero muchos de estos desafíos pueden resultar peligrosos. Un caso reciente es el «desafío de la botella», donde los niños intentan hacer trucos con botellas de agua. Aunque a primera vista puede parecer inofensivo, algunos niños han terminado lastimándose al intentar realizar acrobacias arriesgadas. Sin una supervisión adecuada, estas actividades pueden volverse peligrosas.
La realidad es que los niños a menudo no entienden las consecuencias de sus acciones en línea. Creen que compartir una foto divertida o participar en un reto viral es solo una forma de divertirse. Sin embargo, lo que no comprenden es que estas acciones pueden dejar huellas digitales permanentes. La huella digital se refiere a la información que dejamos atrás cada vez que interactuamos en línea, ya sea a través de publicaciones en redes sociales, comentarios en foros o incluso búsquedas en Google. Esta información puede ser accesible para otros, a veces incluso mucho después de que hayamos olvidado que la compartimos.
Es crucial que hablemos con nuestros hijos sobre la huella digital y sus consecuencias. Necesitan entender que lo que publican en línea puede ser visto y compartido por personas que no conocen, y que ciertas acciones pueden atraer la atención no deseada de individuos con intenciones maliciosas. Por ejemplo, una foto que parece inofensiva puede ser utilizada para burlas, y un comentario dejado impulsivamente puede tener repercusiones en su reputación a futuro.
Como adultos, es nuestra responsabilidad educarlos sobre estos riesgos y guiarlos en el uso de la tecnología. Al hablar sobre la huella digital, les enseñamos la importancia de ser conscientes de lo que comparten y de pensar antes de publicar. Este tipo de educación no solo los protege, sino que también les ayuda a desarrollar una relación más saludable y responsable con el mundo digital en el que viven.
La necesidad de adultos informados y activos
En la era digital, es fundamental que los adultos asumamos la responsabilidad de educar a nuestros hijos sobre los riesgos asociados con el uso de la tecnología. Al hablar sobre la huella digital, les enseñamos la importancia de ser conscientes de lo que comparten y de pensar antes de publicar. Este tipo de educación no solo los protege, sino que también les ayuda a desarrollar una relación más saludable y responsable con el mundo digital en el que viven.
Además, la necesidad de contar con adultos informados y activos nunca ha sido tan crucial. Al ser modelos a seguir y acompañantes en su aprendizaje, podemos guiarlos en la navegación de un entorno que, aunque lleno de oportunidades, también presenta desafíos. Fomentar un diálogo abierto sobre la tecnología y sus implicaciones es clave para preparar a las nuevas generaciones para un futuro en el que la inteligencia digital será parte integral de sus vidas.
Es esencial que como adultos nos mantengamos informados y actualizados sobre los peligros y las dinámicas del mundo digital. La ignorancia sobre los riesgos puede resultar en una falta de supervisión y acompañamiento, dejando a los niños vulnerables. Muchos comportamientos que los menores pueden considerar inofensivos, como compartir información personal, aceptar solicitudes de amistad de desconocidos o participar en desafíos virales, pueden tener consecuencias graves.
Por ejemplo, un niño que comparte en su perfil de redes sociales que está en un parque específico podría estar alertando a extraños sobre su ubicación. La interacción con extraños en línea, aunque pueda parecer segura debido a la familiaridad que les otorgan las redes, puede llevar a situaciones de grooming o acoso. Algunos niños han recibido solicitudes de «amigos» con perfiles falsos, convencidos de que están interactuando con alguien de confianza porque tienen amigos en común.
Es fundamental que hablemos con nuestros hijos sobre la huella digital y sus implicaciones. Necesitan entender que lo que publican en línea puede ser visto y compartido por personas que no conocen, y que ciertas acciones pueden atraer la atención no deseada de individuos con intenciones maliciosas. Por ejemplo, algunos retos virales populares, como consumir Clonazepam y evitar dormirse, ingerir una cucharada de canela sin agua en 60 segundos, o perderse durante 48 horas sin contactar a familiares, son introducidos en las redes por personas anónimas que buscan causar daño. Estas tendencias pueden poner en riesgo la salud y seguridad de los jóvenes.
Por ello, es fundamental educar a nuestros hijos sobre la importancia de rechazar la participación en retos peligrosos y fomentar un ambiente en el que se sientan cómodos hablando con un adulto, ya sea en casa o en la escuela, si se encuentran con algo que les preocupa. Además, debemos informarles que en Argentina existen líneas de emergencia, como la Línea 135 de Asistencia en Crisis y Emergencia Psicológica, que opera en varias provincias y es gestionada por el Ministerio de Salud. También es crucial que sepan que pueden acercarse a la policía local para denunciar comportamientos inapropiados. La colaboración entre padres, educadores y autoridades es esencial para garantizar un entorno seguro y protector para nuestros jóvenes.
Como adultos, es nuestra responsabilidad educarlos sobre estos riesgos y guiarlos en el uso de la tecnología. Al hablar sobre la huella digital y los peligros de los retos virales o sobre personas malintencionadas, les enseñamos la importancia de ser conscientes de lo que ven en las redes, lo que comparten y de pensar antes de publicar. Este tipo de educación no solo los protege, sino que también les ayuda a desarrollar una relación más saludable y responsable con el mundo digital en el que viven.
Recomendación para profundizar: Grooming: Amenaza latente en la era digital
El impacto en el desarrollo cerebral
La exposición temprana y no supervisada a las redes sociales puede tener consecuencias profundas en el desarrollo cerebral de los niños. Estudios han demostrado que el uso excesivo de pantallas puede afectar la capacidad de atención y la regulación emocional. Imagina un cerebro en crecimiento expuesto constantemente a estímulos digitales: esto puede resultar en problemas como ansiedad, depresión y trastornos del sueño.
Además, la adicción a las redes sociales puede interrumpir el desarrollo de habilidades sociales. Los niños que pasan demasiado tiempo en línea pueden encontrar dificultades para interactuar cara a cara, lo que puede afectar su capacidad para formar amistades saludables y resolver conflictos. Por ejemplo, un niño que prefiere comunicarse a través de mensajes de texto en lugar de hablar en persona podría perder importantes habilidades de comunicación y empatía, lo que a largo plazo podría influir en sus relaciones interpersonales.
El riesgo de no abordar estas cuestiones es alto. Si los adultos no toman medidas para regular y educar sobre el uso de la tecnología, los niños pueden encontrarse en un ciclo de dependencia digital que afecta su bienestar general. Es fundamental que seamos proactivos en nuestra educación sobre el impacto de las redes sociales en el desarrollo de nuestros hijos y en su salud mental.
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Rol de los padres en la supervisión digital
Como educadores y padres, debemos asumir un papel activo en la supervisión y orientación de los niños y jóvenes en el uso de la tecnología. Es vital que los adultos participen en la vida digital de sus hijos, que puedan establecer normas y reglas de uso además de poder involucrarse en conversaciones significativas sobre el uso responsable de Internet. Es fundamental conocer las plataformas que utilizan nuestros hijos y mantener un control sobre sus interacciones en línea. Esto significa no sólo saber qué aplicaciones tienen, sino también establecer un diálogo sobre cómo las utilizan.
La educación digital es una herramienta poderosa que debemos aprovechar. Hablar sobre el uso responsable de Internet, la importancia de la privacidad y cómo manejar situaciones difíciles puede ayudar a los niños a desarrollar habilidades críticas de pensamiento. Por ejemplo, se puede hacer una actividad familiar donde se revisen juntos las configuraciones de privacidad de sus cuentas y se discuta cómo ajustar las configuraciones para proteger su información personal.
Fomentar una comunicación abierta es igualmente esencial. Crear un ambiente en el que los hijos se sientan cómodos compartiendo sus experiencias en línea es vital. Preguntar sobre sus actividades puede ayudar a detectar problemas antes de que se agraven. Establecer un «momento de conversación» semanal sobre su vida digital, donde se les anime a compartir lo que han visto o experimentado, puede ser una excelente manera de mantener un diálogo constante.
Además, definir reglas claras sobre el tiempo de pantalla y los tipos de contenido permitido puede ayudar a los jóvenes a desarrollar hábitos saludables. Las reglas deben ser discutidas en familia, fomentando un sentido de responsabilidad y colaboración. Ser un buen modelo es fundamental, si como adultos limitamos nuestro propio tiempo en redes sociales, nuestros hijos son más propensos a seguir ese ejemplo.
Herramientas de control parental
Para facilitar la supervisión y protección de nuestros hijos en el mundo digital, existen diversas herramientas de control parental que pueden ser de gran ayuda. Entre las opciones más recomendadas, Qustodio se destaca por ofrecer monitoreo de actividades en línea y filtrado de contenido, permitiendo a los padres ver qué sitios web visitan sus hijos y bloquear aquellos que consideren inapropiados.
Otra opción popular es Norton Family, que proporciona herramientas para supervisar el uso de Internet y limitar el tiempo de pantalla. Esta herramienta envía reportes semanales a los padres sobre la actividad en línea de sus hijos, manteniéndolos informados sobre lo que ocurre en su entorno digital.
Para quienes buscan alternativas gratuitas, Google Family Link y KidLogger son dos de las herramientas más utilizadas:
- Google Family Link permite a los padres establecer reglas digitales y supervisar la actividad en dispositivos Android, facilitando el control y la orientación.
- KidLogger, por su parte, ofrece funciones de monitoreo de actividades y registro de tiempo de uso, todo sin costo.
Estas herramientas pueden ser aliadas valiosas en la creación de un entorno digital seguro para nuestros hijos. Sin embargo, es importante recordar que la supervisión no debe ser vista como una forma de control, sino como una manera de proteger y educar a nuestros hijos en un mundo que cambia rápidamente.
La importancia de la colaboración escolar
Además de las acciones en el hogar, es crucial que las escuelas también participen activamente en la protección de los estudiantes. La educación digital debe ser parte del currículo escolar, donde se enseñe a los estudiantes sobre el uso seguro de la tecnología y el manejo de situaciones problemáticas en línea. Las escuelas pueden organizar talleres sobre ciberseguridad y el uso responsable de las redes sociales, donde se discutan los riesgos y se ofrezcan estrategias para mantenerse seguros en línea.
La colaboración entre padres y educadores puede crear una red de apoyo que fortalezca la seguridad de los jóvenes en el entorno digital. Programas de concientización que involucren a padres y alumnos pueden ser extremadamente efectivos. Por ejemplo, las reuniones de padres pueden incluir sesiones informativas sobre cómo abordar los riesgos del uso de tecnología y compartir recursos útiles.
Es fundamental que tanto padres como educadores trabajemos juntos para crear un ambiente seguro y comprensivo para nuestros niños y jóvenes. La comunicación entre ambos grupos ayuda a los niños a sentirse apoyados, y asegura que todos estén alineados en sus enfoques hacia la educación digital.
Conclusión
La reciente legislación en Australia resalta la importancia de proteger a los menores en el entorno digital, un tema que resuena profundamente en Argentina y otros países, donde aún no contamos con medidas similares. Es importante trabajar junto a la sociedad, padres y educadores para implementar estrategias efectivas que garanticen la seguridad de nuestros jóvenes en línea ya que es un tema que nos concierne a todos.
La tecnología es una herramienta poderosa que puede enriquecer nuestras vidas y facilitar la comunicación. Sin embargo, es fundamental que sepamos utilizarla de manera responsable y consciente educando a nuestros hijos sobre los riesgos y oportunidades que ofrece el mundo digital, para que puedan navegar con seguridad y confianza.
Es hora de actuar y proteger desde el rol que nos toca como adultos en el mundo digital. La pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos realmente preparados para enfrentar los desafíos que presenta este entorno? La respuesta podría sorprendernos y, más importante aún, motivarnos a tomar acción. Juntos, como padres, educadores y comunidad, podemos crear un espacio digital más seguro y saludable para nuestros jóvenes, asegurando que utilicen la tecnología de una manera que fomente su crecimiento y bienestar.
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Bibliografía:
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- Liu, T., Cheng, Y., Luo, Y., Wang, Z., Pang, P. C., Xia, Y., & Lau, Y. (2024). The impact of social media on children’s mental health: A systematic scoping review. Healthcare (Basel), 12(23), 2391. https://doi.org/10.3390/healthcare12232391
Cómo citar esta publicación: Lorenzo, S. (2025). Riesgos de las redes sociales en niños y adolescentes, guía para adultos. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/riesgos-de-las-redes-sociales-en-ninos-y-adolescentes-guia-para-adultos/
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