El sedentarismo infantil y el analfabetismo motriz afectan el desarrollo cerebral, la atención, la memoria, la regulación emocional y el aprendizaje. La evidencia científica destaca que el movimiento es una condición esencial para el desarrollo integral, la salud mental y el bienestar infantil.
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Introducción
Durante las últimas décadas, la infancia ha experimentado transformaciones profundas relacionadas con los estilos de vida, las dinámicas familiares y los modelos educativos. Los niños de hoy pasan más tiempo sentados que cualquier generación anterior, expuestos durante horas a dispositivos digitales y con menos oportunidades para correr, saltar, trepar, explorar y jugar libremente. Este cambio ha generado preocupación entre profesionales de la salud, educadores y neurocientíficos, quienes advierten sobre el aumento de alteraciones motoras, dificultades atencionales, problemas posturales y trastornos asociados al sedentarismo.
La Organización Mundial de la Salud (WHO, 2020) establece que los niños y adolescentes deberían realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa; sin embargo, gran parte de la población infantil no cumple dichas recomendaciones. Esta reducción del movimiento espontáneo y estructurado ha favorecido lo que algunos especialistas denominan “analfabetismo motriz”, concepto que hace referencia a niños con limitaciones en habilidades motoras fundamentales necesarias para interactuar eficientemente con el entorno.
Desde la neurociencia contemporánea, el movimiento se reconoce como un modulador esencial del cerebro. La actividad física favorece procesos de neuroplasticidad, aprendizaje, regulación emocional y desarrollo cognitivo (Hillman et al., 2020). Asimismo, múltiples investigaciones han demostrado que la experiencia motriz influye directamente sobre estructuras cerebrales vinculadas con la memoria, la atención y las funciones ejecutivas (Erickson et al., 2011).
En este contexto, comprender el impacto del sedentarismo infantil requiere abandonar la visión reduccionista que separa cuerpo y mente. El aprendizaje no ocurre únicamente desde procesos intelectuales abstractos; se construye también desde la experiencia corporal, sensorial y motriz. Por ello, este artículo tiene como objetivo analizar la evidencia científica sobre el impacto del sedentarismo y el analfabetismo motriz en niños y adolescentes, abordando sus implicaciones neurobiológicas, emocionales y educativas, así como posibles estrategias de intervención desde la fisioterapia y la neuroeducación.
¿Qué es el “analfabetismo motriz”?
El término “analfabetismo motriz” hace referencia a la dificultad o incapacidad para desarrollar habilidades motoras fundamentales durante la infancia. Estas habilidades incluyen correr, saltar, lanzar, atrapar, mantener el equilibrio, coordinar movimientos y controlar adecuadamente el cuerpo en el espacio. Aunque tradicionalmente estas competencias se adquirían de manera espontánea mediante el juego libre y la interacción con el entorno, actualmente muchos niños presentan limitaciones significativas en dichas capacidades.
Las habilidades motoras fundamentales constituyen la base sobre la cual posteriormente se desarrollan actividades físicas más complejas y aprendizajes funcionales. Según Bidzan-Bluma y Lipowska (2018), el movimiento y la integración sensorial participan activamente en procesos cognitivos, emocionales y sociales, influyendo directamente sobre la capacidad de aprendizaje y adaptación del niño.
La disminución de experiencias corporales durante la infancia no sólo afecta el rendimiento físico, sino también la percepción corporal, la autoestima y la participación social. Los niños con dificultades motoras suelen evitar actividades físicas grupales, presentan inseguridad en tareas motrices y pueden desarrollar sentimientos de frustración o exclusión social.
Desde la fisioterapia y las ciencias del desarrollo humano, se reconoce que el movimiento constituye una necesidad biológica esencial. Un niño que no explora corporalmente el entorno pierde oportunidades fundamentales para fortalecer conexiones neuronales, integrar información sensorial y desarrollar habilidades cognitivas superiores.
Movimiento y cerebro: una relación neurobiológica esencial
La investigación neurocientífica ha demostrado que el cerebro cambia estructural y funcionalmente en respuesta al movimiento. La actividad física estimula procesos de neuroplasticidad mediante mecanismos moleculares y celulares que favorecen el aprendizaje y la adaptación.
Uno de los principales mecanismos involucrados es el aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), proteína esencial para la supervivencia neuronal, la plasticidad sináptica y la neurogénesis (Gómez-Pinilla, 2008).
BDNF↑⇒Neuroplasticidad↑
Diversos estudios han demostrado que el ejercicio físico incrementa los niveles de BDNF tanto en niños como en adultos, favoreciendo procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje (de Menezes-Junior et al., 2022).
Asimismo, investigaciones clásicas realizadas por van Praag et al. (1999) evidenciaron que el ejercicio aumenta la proliferación celular y la neurogénesis en el hipocampo, región cerebral clave para la memoria y la orientación espacial.
Posteriormente, Erickson et al. (2011) encontraron que programas regulares de ejercicio aeróbico aumentaban el volumen hipocampal y mejoraban la memoria en adultos mayores.
Otro aspecto relevante es la influencia del movimiento sobre neurotransmisores relacionados con la regulación emocional y la motivación. Ratey (2008) explica que la actividad física favorece la liberación de dopamina, serotonina y norepinefrina, sustancias esenciales para la atención, el estado de ánimo y el aprendizaje.
Actividad Fisica↑⇒Dopamina y Serotonina↑
En contraste, el sedentarismo prolongado limita estas experiencias neurobiológicas positivas y puede contribuir a dificultades cognitivas, emocionales y conductuales.
Sedentarismo y desarrollo cognitivo
La infancia y la adolescencia constituyen etapas de alta plasticidad cerebral. Durante estos períodos, las experiencias motrices desempeñan un papel fundamental en la organización de redes neuronales relacionadas con funciones ejecutivas, atención y memoria.
Donnelly et al. (2016), en una revisión sistemática sobre actividad física y rendimiento académico, encontraron que los niños físicamente activos presentan mejores niveles de atención, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas en comparación con niños sedentarios. Del mismo modo, Hillman et al. (2020) concluyen que la actividad física favorece significativamente la salud cerebral y cognitiva durante la infancia y adolescencia.
Tomporowski et al. (2015) reportaron que incluso sesiones breves de ejercicio moderado pueden producir mejoras inmediatas en memoria de trabajo y atención sostenida. Esto resulta particularmente relevante en contextos escolares donde predominan largas jornadas sedentarias.
Las dificultades motoras también pueden afectar indirectamente el desempeño académico. Niños con bajo control postural, problemas de coordinación o escasa integración sensorial pueden presentar dificultades en escritura, lectura, organización espacial y permanencia atencional.
Desde una mirada neuroeducativa, el movimiento no debe entenderse como una pausa del aprendizaje, sino como parte esencial del mismo. Aprender implica participar corporalmente del entorno, integrar estímulos sensoriales y construir experiencias significativas.
Pantallas, hiperestimulación y reducción del juego libre
Uno de los factores más relacionados con el incremento del sedentarismo infantil es el uso excesivo de pantallas. La exposición prolongada a dispositivos electrónicos ha modificado profundamente las dinámicas de juego, interacción social y exploración corporal.
Aunque las tecnologías digitales pueden ofrecer herramientas educativas valiosas, su uso excesivo durante la infancia se asocia con reducción de actividad física, alteraciones del sueño, dificultades atencionales y problemas conductuales.
La hiperestimulación visual y auditiva constante puede dificultar la autorregulación y disminuir la tolerancia a actividades que requieren atención sostenida sin altos niveles de estimulación inmediata. Además, el tiempo frente a pantallas reemplaza experiencias motoras fundamentales como correr, jugar, manipular objetos y explorar el entorno físico.
La evidencia científica señala que el juego libre constituye una herramienta esencial para el desarrollo motor, cognitivo y socioemocional. A través del juego, el niño fortalece habilidades de planificación motora, resolución de problemas, regulación emocional y creatividad.
La reducción de espacios seguros para jugar, junto con estilos de vida urbanos más sedentarios, ha limitado significativamente estas experiencias. Como consecuencia, muchos niños llegan a etapas escolares con importantes dificultades motrices y sensoriales.
Consecuencias emocionales y sociales del analfabetismo motriz
El impacto del sedentarismo y las dificultades motoras no se limita al cuerpo. También existen importantes repercusiones emocionales y sociales.
Los niños con alteraciones motrices suelen participar menos en actividades grupales, evitando juegos físicos o deportes debido a inseguridad, frustración o temor al fracaso. Esto puede generar aislamiento social, baja autoestima y disminución de la percepción de competencia.
La actividad física ha demostrado actuar como un factor protector frente a síntomas de ansiedad y depresión. Hillman et al. (2020) destacan que el movimiento favorece la regulación emocional y mejora el bienestar psicológico.
Actividad Física↑⇒Ansiedad↓
En una época marcada por el aumento de problemáticas de salud mental en niños y adolescentes, recuperar espacios de movimiento representa una estrategia preventiva de gran relevancia.
Además, las experiencias corporales favorecen la construcción de vínculos sociales, la cooperación y la empatía. El juego colectivo y las actividades motrices compartidas permiten al niño aprender normas sociales, regular emociones y desarrollar habilidades comunicativas.
Implicaciones para la escuela y la neuroeducación
Las escuelas continúan funcionando, en muchos casos, bajo modelos que privilegian la quietud prolongada y la enseñanza exclusivamente sedentaria. Sin embargo, la neurociencia actual demuestra que el cerebro aprende mejor cuando el cuerpo participa activamente.
Donnelly et al. (2016) señalan que programas escolares que incorporan actividad física regular evidencian mejoras en conducta, atención y rendimiento académico. Del mismo modo, Bidzan-Bluma y Lipowska (2018) resaltan la importancia del aprendizaje multisensorial y el movimiento en la consolidación de aprendizajes significativos.
Entre las estrategias recomendadas desde la neuroeducación se encuentran:
● Pausas activas durante las clases.
● Actividades multisensoriales y corporales.
● Recreos activos y prolongados.
● Integración del movimiento en contenidos académicos.
● Uso de metodologías lúdicas y experienciales.
● Promoción de entornos escolares dinámicos.
La escuela no debería ser un espacio donde el cuerpo permanece inmóvil durante horas, sino un entorno que favorezca el desarrollo integral del niño.
Las intervenciones basadas en neuroplasticidad incluyen:
● Práctica motora repetitiva y funcional.
● Integración sensorial.
● Actividades coordinativas.
● Juegos motores.
● Ejercicio físico estructurado.
● Trabajo propioceptivo y vestibular.
Asimismo, el fisioterapeuta cumple un papel esencial en la educación de familias y docentes sobre la importancia del movimiento para el desarrollo cerebral y emocional.
La promoción del movimiento debe abordarse desde una mirada interdisciplinaria que involucre profesionales de la salud, educadores, familias y políticas públicas orientadas a proteger el derecho de los niños al juego y la actividad física.
Reflexión final
El sedentarismo infantil constituye una problemática compleja que trasciende el ámbito físico. Las actuales generaciones están creciendo en contextos donde el movimiento ha perdido protagonismo, afectando no sólo la condición corporal, sino también el desarrollo cerebral, emocional y social.
Hablar de “analfabetismo motriz” implica reconocer que el movimiento es una forma esencial de aprendizaje y desarrollo humano. El cuerpo representa la primera herramienta mediante la cual el niño explora el mundo, construye conocimientos y desarrolla habilidades cognitivas superiores.
La evidencia científica demuestra que el movimiento favorece la neuroplasticidad, mejora la atención, fortalece la memoria y protege la salud mental. En consecuencia, promover experiencias corporales ricas y significativas durante la infancia debería constituir una prioridad educativa y sanitaria.
Recuperar el juego libre, reducir el sedentarismo digital y transformar los entornos escolares en espacios más activos son desafíos urgentes para las sociedades contemporáneas. El futuro de la infancia no depende únicamente de avances tecnológicos o académicos, sino también de garantizar que los niños puedan moverse, explorar y desarrollarse plenamente.
Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
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Bidzan-Bluma, I., & Lipowska, M. (2018). Physical activity and cognitive functioning of children: A systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 15(4), 800. https://doi.org/10.3390/ijerph15040800
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de Menezes-Junior, F. J., Sousa, C. V., Carvalho, F. O., de Jesus, F. L. A., Prado, W. L., & da Silva, R. (2022). Physical exercise and brain-derived neurotrophic factor concentration in children and adolescents: A systematic review with meta-analysis. Pediatric Exercise Science, 34(1), 44–53. https://doi.org/10.1123/pes.2020-0207
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Donnelly, J. E., Hillman, C. H., Castelli, D., Etnier, J. L., Lee, S., Tomporowski, P., Lambourne, K., & Szabo-Reed, A. N. (2016). Physical activity, fitness, cognitive function, and academic achievement in children: A systematic review. Medicine & Science in Sports & Exercise, 48(6), 1197–1222. https://doi.org/10.1249/MSS.0000000000000901
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Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Sedentarismo infantil y analfabetismo motriz: impacto cerebral. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/sedentarismo-infantil-y-analfabetismo-motriz-impacto-cerebral/
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