Nivel socioeconómico y cognición infantil: cómo influye el entorno

 

La brecha socioeconómica en la cognición infantil no es una simple cuestión de «más o menos». La evidencia revisada apunta a que, en muchos casos, se trata de una diferencia en la naturaleza de los procesos cognitivos. Al comprender que el «cómo» del aprendizaje puede variar, podemos empezar a construir puentes.

 

Introducción: La brecha que nos desafía

Todos hemos escuchado hablar de la «brecha de logros» que separa a los niños de distintos entornos socioeconómicos. Esa diferencia en el rendimiento académico es una realidad que preocupa a educadores, familias e investigadores por igual.

Pero, ¿qué significa realmente esa brecha? Durante mucho tiempo, la explicación predominante ha sido que los niños de entornos más privilegiados simplemente tienen «más» de algo: más habilidades, más recursos cognitivos, más eficiencia en los mismos procesos mentales. Sin embargo, un artículo revelador de Lingyan Hu y Martha J. Farah (2026) nos invita a mirar más allá de esta explicación cuantitativa.

Su pregunta central es tan provocadora como fundamental: cuando un niño de bajos recursos resuelve un problema, ¿está usando las mismas herramientas mentales que un niño de altos recursos, pero con menos destreza, o está usando herramientas fundamentalmente diferentes? Es la diferencia entre tener un motor más pequeño y tener un motor de un tipo completamente distinto.

 

La cuestión central: ¿cantidad o calidad de procesos?

Para abordar esta cuestión, Hu y Farah proponen una distinción clave que atraviesa todo su trabajo: la diferencia entre procesos cognitivos cuantitativos y cualitativos. Una diferencia cuantitativa implicaría que tanto el niño de alto como el de bajo estatus socioeconómico (SES) utilizan los mismos circuitos cerebrales para, digamos, hacer una suma o leer una palabra. La ventaja del primero radicaría en la eficiencia o potencia de esos circuitos. Por el contrario, una diferencia cualitativa sugiere que, ante la misma tarea, los cerebros de estos niños podrían estar reclutando redes neuronales distintas, operando bajo lógicas internas diferentes. Esta no es una distinción menor: tiene profundas implicaciones sobre cómo entendemos el desarrollo infantil y, lo más importante, sobre cómo deberíamos abordar estas disparidades.

 

Una mirada al cerebro: la clave para descifrar el misterio

¿Cómo podemos saber si las diferencias son de grado o de tipo? La respuesta, según los autores, está en el cerebro. La idea es sencilla y brillante: si dos grupos de niños obtienen el mismo resultado en una prueba, pero sus cerebros se activan de manera diferente, es una fuerte evidencia de que están utilizando procesos cognitivos distintos.

Hu y Farah realizaron una revisión sistemática de la literatura científica, buscando específicamente estudios que reportaran si el nivel socioeconómico moderaba la relación entre el cerebro y la cognición. En otras palabras, buscaban pruebas de que la conexión entre una estructura o actividad cerebral específica y el rendimiento en una tarea no era la misma para todos los niños, sino que dependía de su entorno socioeconómico.

 

Metodología: una búsqueda rigurosa de evidencias

Para asegurar la solidez de su revisión, los autores establecieron criterios de inclusión muy estrictos. Solo consideraron estudios con muestras que representaran un rango amplio de niveles socioeconómicos, que incluyeran medidas cerebrales (como neuroimagen) y medidas cognitivas, y que, crucialmente, reportaran un análisis estadístico de interacción entre el SES, el cerebro y el rendimiento. Esta búsqueda meticulosa, que siguió las directrices PRISMA y utilizó términos especializados en bases de datos como PubMed, dio como resultado 19 artículos relevantes. De estos, 15 proporcionaron evidencia de que el SES moderaba la relación cerebro-cognición, un hallazgo que no puede ignorarse.

 

Hallazgos en matemáticas: dos caminos para un mismo número

Uno de los ejemplos más claros y fascinantes de esta diferencia cualitativa se encuentra en el dominio de las matemáticas. Los estudios de Demir y colaboradores, citados por Hu y Farah, mostraron que:

  1. los niños de alto SES que eran buenos en aritmética tendían a reclutar áreas cerebrales asociadas con el procesamiento verbal para resolver problemas.
  2. En cambio, sus pares de bajo SES con un rendimiento igualmente bueno dependían más de áreas relacionadas con el procesamiento espacial.

Es como si unos «pensaran» el problema con palabras y otros con imágenes en el espacio. Esta diferencia no se debía a que unos fueran más hábiles que otros; era una diferencia en la estrategia neural preferida, y además, predecía cómo mejorarían con el tiempo.

Los niños que usaban su estrategia preferida de manera más robusta al inicio progresaban más rápido, sugiriendo que las intervenciones educativas podrían ser más efectivas si se alinean con la «lengua materna» cognitiva de cada niño.

 

El papel del lenguaje: más allá de las palabras

El lenguaje es otro dominio donde las diferencias cualitativas se hacen evidentes. Es bien sabido que el desarrollo del lenguaje está fuertemente relacionado con el SES. Sin embargo, la investigación revisada sugiere que esta disparidad no solo afecta el nivel de habilidad lingüística, sino que también puede moldear la manera en que el cerebro procesa el lenguaje y cómo este interactúa con otras habilidades, como las matemáticas. La brecha en habilidades verbales no solo contribuye a una diferencia cuantitativa en el rendimiento matemático, sino que puede resultar en diferencias cualitativas en los procesos neurocognitivos subyacentes. Esto refuerza la idea de que el entorno moldea no solo cuánto aprendemos, sino cómo aprendemos.

 

Atención, razonamiento y memoria: un patrón que se repite

La evidencia de moderación por SES no se limita a las matemáticas y el lenguaje. La revisión encontró ejemplos en dominios como la atención selectiva, la función ejecutiva y la memoria. Aunque el artículo no detalla cada uno de estos hallazgos con la misma profundidad, el patrón general es consistente: la relación entre las estructuras cerebrales y el rendimiento cognitivo no es fija, sino que está moldeada por el contexto socioeconómico del niño. Esto sugiere que los «circuitos» que se fortalecen o debilitan, y cómo se conectan con el rendimiento, pueden variar significativamente de un entorno a otro.

 

El peligro de los efectos piso y techo

Un aspecto metodológico crucial que los autores destacan es la necesidad de descartar explicaciones alternativas, como los «efectos piso o techo». Si un grupo de niños tiene un rendimiento tan bajo que no hay espacio para medir una mejora (efecto piso), o tan alto que no puede mejorar más (efecto techo), cualquier diferencia en la relación cerebro-rendimiento podría ser un artefacto estadístico.

Los autores fueron cuidadosos en seleccionar solo estudios donde el rendimiento de los grupos se solapara y no estuviera en los extremos de la escala, asegurando que las diferencias encontradas reflejaran verdaderas diferencias en los procesos subyacentes y no un problema de medición.

 

¿Diferencias o déficits? una perspectiva histórica

Este debate sobre la naturaleza de las diferencias cognitivas no es nuevo. Hu y Farah lo conectan con una distinción clásica en psicología y educación entre «diferencias» y «déficits»:

  • La perspectiva del «déficit» ha visto tradicionalmente el menor rendimiento de los niños de bajo SES como una carencia o un fallo.
  • En cambio, la perspectiva de la «diferencia» sugiere que estos niños pueden desarrollar habilidades adaptadas a su entorno, que simplemente no son las que el sistema educativo tradicional valora o mide.

Los hallazgos de esta revisión dan un enorme peso a esta segunda perspectiva, al mostrar que las diferencias pueden ser cualitativas y no solo cuantitativas.

 

Implicaciones para la enseñanza: adaptar la educación

Si los niños de diferentes entornos usan sus cerebros de manera distinta para aprender, las implicaciones para la enseñanza son revolucionarias.

Un enfoque educativo único, que asume que todos los niños aprenden de la misma manera, podría estar perpetuando las desigualdades. Los autores sugieren que, en lugar de simplemente intentar «llenar» un déficit, deberíamos considerar cómo adaptar los métodos de enseñanza para que sean más compatibles con las fortalezas cognitivas que los niños ya han desarrollado.

Por ejemplo, un niño que procesa mejor la información espacial podría beneficiarse más de un enfoque visual para las matemáticas, mientras que uno más verbal podría preferir explicaciones basadas en el lenguaje.

 

Implicaciones para la causalidad: repensar las relaciones

El hallazgo de diferencias cualitativas también obliga a repensar las relaciones causales que llevan a las disparidades socioeconómicas en la cognición. Si la relación entre el SES, el cerebro y la cognición es más compleja de lo que se pensaba, los modelos causales simples se vuelven insuficientes. No se trata solo de que la pobreza «dañe» un cerebro que, por lo demás, funciona de la misma manera.

El entorno podría estar literalmente guiando el desarrollo cerebral por caminos alternativos, lo que requiere un enfoque más sistémico y matizado para entender y abordar la raíz de estas desigualdades.

 

Limitaciones y fortalezas del estudio

Los autores son los primeros en reconocer las limitaciones de su trabajo. Al ser una revisión sistemática, no puede determinar con exactitud qué proporción de todos los estudios existentes muestran este efecto de moderación, ya que muchos estudios podrían no haber buscado esta interacción o no haberla reportado. Sin embargo, la fortaleza del estudio radica en su enfoque: no pretende ser un censo, sino una prueba de existencia. Demuestra, con evidencia empírica sólida y criterios rigurosos, que las diferencias cualitativas existen. Este es un paso fundamental para cambiar el paradigma y abrir nuevas líneas de investigación e intervención.

 

Un llamado a la acción: reconocer la diversidad cognitiva

En esencia, el artículo de Hu y Farah es un llamado a reconocer y valorar la diversidad cognitiva. Nos insta a dejar de ver a los niños de entornos desfavorecidos simplemente como versiones «menos desarrolladas» de sus pares más privilegiados. En cambio, sugiere que son versiones diferentes, moldeadas por sus experiencias y entornos. Esta perspectiva no solo es más justa y respetuosa, sino que también es más prometedora para el diseño de estrategias educativas efectivas. Al comprender que el «cómo» del aprendizaje puede variar, podemos empezar a construir puentes que conecten las fortalezas de cada niño con las oportunidades que necesita para prosperar.

 

Conclusión: hacia una comprensión más profunda

La investigación de Hu y Farah nos deja con una conclusión poderosa: la brecha socioeconómica en la cognición infantil no es una simple cuestión de «más o menos». La evidencia revisada apunta a que, en muchos casos, se trata de una diferencia en la naturaleza de los procesos cognitivos.

Este es un hallazgo que debería resonar en todos los ámbitos, desde las políticas públicas hasta el aula de clases. Nos desafía a mirar más allá de los números y a preguntarnos no solo qué saben los niños, sino cómo llegaron a saberlo. Porque en esa respuesta, quizás, se encuentre la clave para cerrar la brecha de una manera más humana y efectiva.

 

Reflexión final: el valor de la perspectiva

Este artículo no solo ofrece datos, sino que ofrece una nueva perspectiva. Nos recuerda que el desarrollo cognitivo es un proceso profundamente contextual y que las habilidades que valoramos en la escuela son solo una parte del espectro de la inteligencia humana.

Al adoptar una visión más amplia y comprensiva, no solo entendemos mejor a los niños, sino que también nos acercamos a una sociedad más equitativa, donde el potencial de cada persona pueda florecer sin importar su origen.

La pregunta ya no es solo «¿cuánto?», sino «¿de qué manera?», y esa pregunta, sin duda, abre un mundo de posibilidades.

 

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Referencias:

  • Hu, L., & Farah, M. J. (2026). Socioeconomic Status Disparities in Children’s Cognition-Differences in Degree or Kind?. Perspectives on Psychological Science: A Journal of the Association for Psychological Science, 21(3), 292–308. https://doi.org/10.1177/17456916251409785

Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2026). Nivel socioeconómico y cognición infantil: cómo influye el entorno. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/nivel-socioeconomico-y-cognicion-infantil-como-influye-el-entorno/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador Senior para el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación de Colombia | Psicólogo, Universidad Católica Luis Amigó | Máster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad Cuauhtémoc | Codirector del Grupo de Investigación MESH-COINDEXA, ubicado en Categoría B para Minciencias de Colombia | Autor y coautor de más de 150 publicaciones científicas, entre artículos, capítulos de libros, libros completos, eBooks, notas de divulgación, columnas y working papers | Ha sido profesor en más de una docena de universidades y par evaluador para más de 30 revistas indexadas.