Movimiento y funciones ejecutivas: cómo potenciar el cerebro

La evidencia científica muestra que el movimiento puede mejorar las funciones ejecutivas, la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva. La danza, el entrenamiento de fuerza y otras intervenciones no farmacológicas favorecen el aprendizaje, la salud cerebral y un envejecimiento saludable.

 

Las funciones ejecutivas constituyen un conjunto de procesos cognitivos esenciales para la planificación, la toma de decisiones, la regulación emocional, la memoria de trabajo y el control inhibitorio.

Aunque tradicionalmente se han abordado desde perspectivas neuropsicológicas y farmacológicas, la evidencia científica reciente demuestra que diversas intervenciones no farmacológicas, especialmente aquellas basadas en el movimiento, poseen un impacto significativo sobre el funcionamiento ejecutivo.

El presente artículo analiza los hallazgos de una reciente revisión sistemática y metaanálisis en red que comparó diferentes intervenciones no farmacológicas para mejorar las funciones ejecutivas. Asimismo, se exploran los mecanismos neurobiológicos involucrados y las implicaciones para la fisioterapia, la educación y la promoción de la salud. La evidencia sugiere que el movimiento constituye una poderosa herramienta para potenciar el cerebro y favorecer un envejecimiento y desarrollo cognitivo más saludable.

En los últimos años, las funciones ejecutivas han adquirido un papel central en la comprensión del comportamiento humano, el aprendizaje y la salud mental. Estas habilidades cognitivas permiten organizar la conducta, regular emociones, mantener la atención, resolver problemas y adaptarse a situaciones cambiantes (Diamond, 2013).

Tradicionalmente, las intervenciones dirigidas a mejorar estas funciones se han enfocado en programas de entrenamiento cognitivo o tratamientos farmacológicos. Sin embargo, los avances en neurociencia han demostrado que el cerebro responde de manera extraordinaria a las experiencias corporales y al movimiento.

Actualmente sabemos que la actividad física no sólo fortalece músculos y sistemas fisiológicos, sino que también modifica la estructura y funcionamiento cerebral mediante procesos de neuroplasticidad (Erickson et al., 2011).

En este contexto, una reciente revisión sistemática y metaanálisis en red realizada por Bai et al. (2026) comparó diferentes intervenciones no farmacológicas para determinar cuáles resultan más efectivas para potenciar las funciones ejecutivas en adultos mayores sanos.

Los resultados aportan información valiosa no únicamente para la población envejecida, sino también para profesionales de la salud, fisioterapeutas, educadores y especialistas en neurodesarrollo interesados en comprender cómo el movimiento puede convertirse en una herramienta de estimulación cerebral.

 

¿Qué son las funciones ejecutivas?

Las funciones ejecutivas corresponden a un conjunto de habilidades cognitivas de alto nivel que permiten dirigir el comportamiento hacia objetivos específicos.

Según Diamond (2013), las tres funciones ejecutivas básicas son:

  • Memoria de trabajo.
  • Control inhibitorio.
  • Flexibilidad cognitiva.

A partir de estas capacidades se desarrollan procesos más complejos como:

  • Planificación.
  • Organización.
  • Autorregulación emocional.
  • Resolución de problemas.
  • Toma de decisiones.

Estas funciones dependen principalmente de la actividad de la corteza prefrontal, una de las regiones cerebrales más sensibles a las experiencias ambientales y al estilo de vida.

 

Movimiento y funciones ejecutivas: una conexión neurobiológica

La relación entre movimiento y cognición se encuentra respaldada por numerosos estudios neurocientíficos.

Cuando una persona realiza actividad física ocurren múltiples cambios fisiológicos:

  • Ejercicio físico ↑ → Flujo sanguíneo cerebral ↑
  • Ejercicio físico ↑ → BDNF ↑
  • Ejercicio físico ↑ → Neuroplasticidad ↑

El factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) actúa como un fertilizante neuronal, favoreciendo la supervivencia celular, la formación de nuevas conexiones sinápticas y la consolidación de aprendizajes (Gómez-Pinilla & Hillman, 2013).

Adicionalmente, la actividad física estimula neurotransmisores como:

  • Dopamina.
  • Serotonina.
  • Noradrenalina.

Estas sustancias participan activamente en la atención, la motivación y la regulación emocional (Ratey, 2008).

Por esta razón, el movimiento puede considerarse una intervención cerebral antes que una simple intervención muscular.

 

¿Qué encontró el estudio de Bai y colaboradores?

Bai et al. (2026) realizaron una revisión sistemática y metaanálisis en red que incluyó 115 ensayos clínicos aleatorizados con más de 16.000 participantes adultos mayores sanos.

El objetivo fue comparar once tipos de intervenciones no farmacológicas dirigidas a mejorar las funciones ejecutivas.

Los hallazgos mostraron que no todas las intervenciones producen los mismos efectos.

 

La danza: la gran ganadora

La danza obtuvo los mejores resultados sobre la función ejecutiva global y la flexibilidad cognitiva.

Este hallazgo resulta especialmente interesante porque la danza combina simultáneamente:

  • Coordinación motora.
  • Ritmo.
  • Atención.
  • Memoria.
  • Interacción social.
  • Procesamiento sensorial.

Desde una perspectiva neurocientífica, pocas actividades involucran tantas redes cerebrales de manera simultánea.

 

Entrenamiento de fuerza y memoria de trabajo

El entrenamiento de resistencia fue la intervención más efectiva para mejorar la memoria de trabajo.

La evidencia sugiere que el fortalecimiento muscular se relaciona con cambios positivos en la conectividad cerebral y en factores neurotróficos asociados al aprendizaje (Liu-Ambrose et al., 2010).

 

Entrenamiento cognitivo computarizado

Para el control inhibitorio, los mejores resultados se observaron en programas de entrenamiento cognitivo asistidos por computador.

Estos programas exigen al cerebro filtrar información irrelevante, inhibir respuestas automáticas y mantener objetivos activos.

 

¿Por qué el movimiento estimula el cerebro?

El movimiento constituye una experiencia multisensorial compleja.

Cada vez que una persona:

  • Camina.
  • Corre.
  • Baila.
  • Salta.
  • Manipula objetos.

El cerebro debe integrar información proveniente de sistemas:

  • Visuales.
  • Vestibulares.
  • Propioceptivos.
  • Auditivos.
  • Táctiles.

Esta integración constante fortalece circuitos neuronales relacionados con las funciones ejecutivas.

Además, investigaciones recientes muestran que actividades físicamente enriquecidas generan mayor activación del hipocampo y de regiones prefrontales involucradas en la memoria y el aprendizaje (Erickson et al., 2011).

 

Implicaciones para la fisioterapia y la educación

Los resultados de Bai et al. (2026) tienen importantes implicaciones para la fisioterapia contemporánea.

Durante años, las intervenciones motrices fueron consideradas principalmente desde la perspectiva física. Sin embargo, actualmente existe suficiente evidencia para comprender que cada experiencia motriz constituye también una experiencia cognitiva.

Desde la fisioterapia pediátrica, neurológica y educativa, esto implica diseñar actividades que integren simultáneamente:

  • Movimiento.
  • Resolución de problemas.
  • Coordinación.
  • Atención.
  • Memoria.
  • Regulación emocional.

Asimismo, en los entornos escolares resulta necesario abandonar modelos excesivamente sedentarios que limitan las oportunidades de aprendizaje corporal.

El movimiento no representa una pausa del aprendizaje; constituye una herramienta para potenciarlo.

 

Reflexión final

Las funciones ejecutivas son fundamentales para aprender, relacionarnos y adaptarnos al mundo. La evidencia científica actual demuestra que su fortalecimiento no depende exclusivamente de estrategias cognitivas tradicionales o intervenciones farmacológicas.

El estudio de Bai et al. (2026) confirma que actividades basadas en el movimiento, especialmente la danza y el ejercicio físico estructurado, pueden generar mejoras significativas en diversos componentes ejecutivos.

Desde la neurociencia y la fisioterapia, estos hallazgos refuerzan una idea cada vez más sólida: el cerebro aprende mejor cuando el cuerpo participa activamente. Promover experiencias motrices variadas, significativas y desafiantes no solo favorece la salud física, sino que también contribuye al desarrollo cognitivo, emocional y social a lo largo de toda la vida.

En un mundo cada vez más sedentario y mediado por pantallas, recuperar el valor del movimiento representa una de las estrategias más poderosas para cuidar nuestro cerebro, potenciar el aprendizaje y promover una mejor calidad de vida. Movernos no es únicamente una necesidad biológica; es también una forma de estimular nuestras capacidades cognitivas y de fortalecer nuestro bienestar integral.

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Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral

 

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Referencias:

  • Bai, Y., Yuan, Y., Qiu, B., Yang, Y., Cheng, C., Wang, J., Liu, H., Wang, T., Xiong, Z., Li, Y., Wang, Z., & Zhang, L. (2026). Effects of different non-pharmacological interventions on executive function in healthy older people: A systematic review and network meta-analysis. Archives of Gerontology and Geriatrics, 143, 106141. https://doi.org/10.1016/j.archger.2026.106141
  • Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750
  • Erickson, K. I., Voss, M. W., Prakash, R. S., Basak, C., Szabo, A., Chaddock, L., et al. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(7), 3017–3022. https://doi.org/10.1073/pnas.1015950108
  • Gómez-Pinilla, F., & Hillman, C. H. (2013). The influence of exercise on cognitive abilities. Comprehensive Physiology, 3(1), 403–428. https://doi.org/10.1002/cphy.c110063
  • Liu-Ambrose, T., Nagamatsu, L. S., Voss, M. W., Khan, K. M., & Handy, T. C. (2010). Resistance training and executive functions. Archives of Internal Medicine, 170(2), 170–178. https://doi.org/10.1001/archinternmed.2009.494
  • Ratey, J. J. (2008). Spark: The revolutionary new science of exercise and the brain. Little, Brown and Company.

Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Movimiento y funciones ejecutivas: cómo potenciar el cerebro. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/movimiento-y-funciones-ejecutivas-como-potenciar-el-cerebro/

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Fisioterapeuta, Escuela Colombiana de Rehabilitación de Colombia | Magíster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Docente de Práctica Comunitaria y Educativa en Infancia en Fisioterapia en la Corporación Universitaria Iberoamericana, asistente editorial de la revista Movimiento Científico e investigadora en la misma institución | Coeditora del libro "Fisioterapias y Kinesiologías del Sur", publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia | Escritora y divulgadora (@fisiodelainfancia) en pro de la infancia y el ámbito educativo.