Entrevistada: Carolina González.
- Licenciada en Psicopedagogía, Universidad del Salvador (USAL).
- Doctoranda en Educación, Universidad Católica de Santa Fe (UCSF).
- Docente de la Universidad Católica de Santa Fe, sede Reconquista.
Entrevistador: Emanuel Moreira Merlo.
Parte 1: Psicopedagogía, emociones y autoconocimiento
Emanuel: Hola, Caro. Es un placer tenerte acá en el podcast de AE.
Carolina: Gracias, Ema. Estoy realmente encantada de estar acá, de conocer tu espacio y de tener la oportunidad de venir a charlar un rato.
Emanuel: Bueno, ya que, como dijiste, viniste a charlar y hacés un poco de todo, ¿qué te parece si hablamos de psicopedagogía y emociones?
Carolina: Me encantaría, es uno de mis temas favoritos, así que es un placer.
Emanuel: Entonces, para mi primera pregunta, me gustaría saber qué te motivó a dedicarte a la psicopedagogía y a trabajar en ámbitos educativos y de salud.
Carolina: Claro, es una muy buena pregunta, sobre todo porque la psicopedagogía trabaja con el aprendizaje, y una de las cosas que más me gustaron cuando empecé a explorar el campo fue que el aprendizaje dura toda la vida, en todas las etapas. Entonces, esa posibilidad de aprendizaje continuo, de acompañar a las personas en sus procesos singulares, pero entendidos dentro de un marco social y relacional —ya sea en contextos clínicos o de salud, o en muchos otros, como el laboral, por ejemplo—, me pareció un desafío interesante y algo que está al servicio de la comunidad. Esos fueron, básicamente, mis principales intereses.
Emanuel: Hablaste del aprendizaje en todas las edades, pero ¿qué aporta la psicopedagogía a la primera infancia y a la formación docente?
Carolina: Bueno, en la primera infancia trabajamos —primero, siempre quiero aclararlo— de manera interdisciplinaria, porque para acompañar un desarrollo integral, empezando por la primera infancia, se necesitan distintas especialidades. Buscamos trabajar en la estimulación del aprendizaje en las distintas etapas, y lo hacemos en gran medida con herramientas y estrategias que involucran el juego, priorizando los vínculos y el afecto, y ahí es donde las emociones empiezan a entrar en escena. Pero siempre intentamos brindar atención, estimulación y orientación a las familias, cuidadores o tutores, procurando que sean espacios de aprendizaje, sobre todo en los períodos correspondientes —porque hay períodos más críticos o sensibles—, pero asegurando que todos tengan la oportunidad de aprender.
Emanuel: Recién mencionaste que ahí es donde entran las emociones. Entonces, me gustaría saber por qué considerás que pasaron de ser un tema más a ser clave en la vida de todos.
Carolina: Sí. Si miramos un poco hacia atrás en la historia, el estudio y el abordaje de las emociones vienen desde la Antigüedad. Los grandes filósofos ya debatían sobre las pasiones y los sentimientos de la naturaleza humana. Eh, sí, a partir de los años 70 se exploró mucho más en profundidad, pero en estos tiempos, actualmente, estamos hablando, si se quiere, de un boom emocional, en el que empiezan a convivir distintos paradigmas. Y creo que tiene que ver con esta búsqueda de entender que siempre estamos rodeados de relaciones sociales, de vínculos, y que no son relaciones fáciles, no son vínculos fáciles; que incluso quienes estudiamos estos temas también tenemos desafíos en la vida cotidiana a la hora de relacionarnos con otros, y que las emociones son constitutivas del ser humano. Y bueno, hoy eso se está poniendo sobre la mesa: ya no ese dualismo, esa división entre razón y emociones, sino que todo convive en un entramado. Y por eso creo que, científicamente, se está investigando, y educativamente, como hace Asociación Educar, buscamos compartir herramientas, estrategias y formación basada en evidencia para comunicar qué podemos hacer frente a los distintos desafíos.
Emanuel: Perfecto. Y ahora me gustaría saber por qué considerás que el autoconocimiento es la base del bienestar integral.
Carolina: Bueno, el autoconocimiento viene justamente del paradigma de la inteligencia emocional, que tiene como premisas algunos «auto», digo yo, que tienen que ver con el autoconocimiento, la autoconciencia y la autorregulación. Lo que busca el autoconocimiento es, más allá de las dificultades o patologías —es decir, en el período en que estemos—, intentar conocernos, conocer nuestras habilidades, nuestras cualidades, nuestras competencias, cuáles son nuestras oportunidades de mejora y qué desafíos estamos enfrentando. Entonces, justamente, el autoconocimiento busca el bienestar, busca mejorar nuestras relaciones y también nos permite mejorar, creo, la manera en que pedimos ayuda. Cuando sabemos quiénes somos, qué necesitamos y cómo vamos cambiando con el tiempo, también podemos afinar nuestra comunicación y nuestra búsqueda de redes de apoyo.
Emanuel: Recién hablabas del autoconocimiento y de la importancia que tiene, pero también es importante reconocer nuestras emociones y ampliar nuestro vocabulario emocional.
Carolina: Sí, exactamente. De hecho, muchas de las cosas que compartimos tienen que ver con eso. Cada cultura, cada contexto tiene sus vocabularios; tampoco es que haya una universalidad en la forma en que se manifiestan. Eso es lo que nos están mostrando los estudios. Pero siempre es importante ampliar nuestro vocabulario emocional, porque lo entendemos desde el campo terapéutico: ampliar el lenguaje también da mayores oportunidades de simbolizar, de elaborar, de buscar respuestas y de comunicarnos con otros. Y por lenguaje me refiero a ampliar nuestro vocabulario, ampliar nuestras habilidades lingüísticas, que a veces, si no es a través del lenguaje oral, puede ser a través de otras expresiones; pero lo importante es tener categorías, relacionarlas y poder identificar cosas más específicas. No es lo mismo decir «portate bien», como se usa mucho en casa, o «me siento mal», que poder precisar: «en este momento estoy frustrado por tal situación». Es decir, nos ayuda a aportar más detalles, y con esos detalles podemos pensar mejores soluciones.
Emanuel: Y siguiendo con todo este tema de las emociones, que es realmente muy interesante, ¿cuál es la diferencia entre gestionar y reprimir una emoción?
Carolina: Bueno, hoy en día representa un desafío, pero es importante hacer estas distinciones, porque la gestión remite a un trabajo, a una búsqueda, a intentar comprenderlas, validarlas. Usamos mucho la expresión validación para intentar comprenderlas sin juzgar. Y la represión remite a negarlas, quizás a esquivarlas en algún momento, a no querer aceptarlas. Ojo, a veces no es porque uno no quiera; a veces es porque no puede, porque está atravesando un proceso en el que no le es posible hacerlo. Pero, justamente, reprimir nos dice que eso queda contenido en algún lugar y que puede, por ejemplo, somatizarse en el cuerpo o manifestarse como otras dolencias. Entonces, la gestión tiene que ver con el afrontamiento, con buscar ayuda. Y cuando digo buscar ayuda, me refiero a algo general: a veces serán herramientas que podemos encontrar en la psicoeducación, pero a veces también hay que encontrarlas en espacios terapéuticos. Otras veces puede ser repensar algunas cuestiones como comunidad, pero bueno, siempre de esa manera, digamos, en red.
Parte 2: Salud mental, etapas de la vida y aprendizaje
Emanuel: Y ahora quiero ir un poco hacia tu práctica profesional, y me gustaría saber cómo vinculás la inteligencia emocional con la salud mental.
Carolina: Bueno, creo que todo lo que venimos hablando tiene que ver con la salud mental, y me detengo un momento acá, porque justo hoy es 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental. Y creo que es un momento en el que, como sociedad, también estamos dando algunas batallas para mejorar, para encontrar mejores abordajes y, por supuesto, más integrales y colectivos, para que los problemas disminuyan un poco. La inteligencia emocional y la salud mental, creo, se vinculan principalmente en la búsqueda del bienestar. Es decir —y cuando hablamos de bienestar no lo hacemos solo en términos de patologías, dificultades o dolencias—, muchas veces se trata de mejorar procesos, mejorar capacidades y competencias. Eh, entonces creo que este paradigma viene a apoyar el desarrollo de mejores competencias para que a uno le vaya mejor en distintas situaciones de la vida.
Pero ahí, si me permitís un paréntesis, me gustaría socializar y compartir otros paradigmas que existen al respecto. Además de la inteligencia emocional, que es uno de ellos y que nos permitió visibilizar la necesidad de trabajar las emociones, sobre todo en la escuela, hay otro paradigma, que es el giro afectivo, que entiende —no desconoce la parte fisiológica de las emociones— que también son fenómenos sociorrelacionales. Es decir, tiene un enfoque psico-socio-histórico-cultural; o sea, las emociones circulan en la sociedad, se legitiman, responden a contextos culturales y políticos. Entonces, desde este paradigma, lo que buscamos es comprender los afectos para el bien común e intentar pensar que gestionar una emoción no es solo una responsabilidad individual, sino también una responsabilidad colectiva. Y para sacarlo de palabras quizás más difíciles, va un ejemplo. Yo, que quizás ahora trabajo mucho con jóvenes y adultos, puedo ayudar a un joven a tener estrategias de afrontamiento de la ansiedad frente a un examen o en un entorno educativo. Pero una propuesta más colectiva tiene que ver con qué hacemos en el entorno educativo para que esas situaciones de aprendizaje o de enseñanza reduzcan esa ansiedad. ¿Sí? ¿Se entiende cómo juegan ambos paradigmas? Creo que la búsqueda es válida y tiene que ver con vivir mejor y con tener menos malestar.
Emanuel: Perfecto. Caro, me contabas que actualmente estás trabajando con jóvenes y demás. Eh, entonces me gustaría saber cuáles son los desafíos, o los mayores desafíos emocionales, que enfrentan hoy los niños y los adolescentes.
Carolina: Bueno, creo que eso abre un tema que podría ser incluso objeto de un podcast entero, eh, pero si tuviera que resumirlo, en primer lugar tiene que ver con tiempos apurados, tiempos acelerados de los que todos formamos parte, eh, la sobreexposición a estímulos. Especialmente los que tienen que ver con las tecnologías, con las pantallas; pero también hay toda otra parte que tiene que ver con la forma en que reciben modelos a la hora de relacionarse, eh, exposiciones, miedos, ansiedades, el no cumplir con ciertas expectativas, el miedo al fracaso. Entonces, creo que lo que tenemos que trabajar es cómo los adultos —seamos familia, cuidadores, tutores o educadores— somos responsables de estas tareas de cuidado, de dar tiempo, de dar reconocimiento y de estar presentes. Creo que hoy, si quienes trabajamos en salud mental tenemos que hacer una sugerencia, es presencia y pausas para compartir eso con los chicos, perdón. Y tampoco te respondí sobre los adolescentes: es muy importante estar atentos a estas mediaciones con la tecnología, que por supuesto no es un proceso fácil, no es una etapa fácil, pero intentar entender que son nuestra responsabilidad e intentar estar presentes, ofrecer mediación, ofrecer algún tipo de negociación, pero tener claro que nos necesitan y que todos tenemos desafíos, y que todos pasamos también por esas etapas.
Emanuel: Y siempre se pregunta por los niños, por los adolescentes, igual que te pregunté yo, pero ¿qué pasa con los adultos y los adultos mayores?
Carolina: Y me encanta esa pregunta, porque el campo de trabajo actual —bueno, no sé si el actual, porque desde que empecé la carrera siempre dije que quería trabajar con personas mayores— y creo que, desde la adultez en adelante, hay muchos desafíos. Principalmente, si tuviera que pensar en los adultos de hoy, tiene que ver con distintas conciliaciones, por ejemplo, de la vida laboral, la vida académica y la vida familiar. Trabajo con estudiantes de institutos universitarios y siempre aparece, eh, la gestión del tiempo, optimizar la atención, cómo organizarse para hacer múltiples tareas, cómo intentar estar presentes… y bueno, también son exigencias de la época; o sea, equilibrar distintas tareas y cómo manejar también esos ritmos. Y en el caso de las personas mayores, sobre todo ahora que aumentó la esperanza de vida y uno puede llegar mucho más activo si sigue las recomendaciones de salud que siempre nos dan nuestros profesionales médicos, eh, se trabaja mucho el propósito, mantener un rol activo en la sociedad, poder hacer actividades desafiantes o interesantes, es decir, que estimulen. Pero no siempre solo desde lo que conocemos y podemos hacer en casa (crucigramas, rompecabezas y demás), sino también pensando en actividades que desafíen a nuestro cerebro y promuevan la socialización. Desde la pandemia se habló mucho de los efectos negativos del aislamiento, y la verdad es que somos seres sociales; no hace falta reunirse en grupos grandes y numerosos, sino en grupos que nos permitan intercambiar y charlar con otros. Estar en contacto, poder compartir esas emociones sostiene la salud mental, y creo que el desafío para los adultos está ahí: no perder los vínculos ni el sentido.
Emanuel: Recién hablabas del desafío para el cerebro, que es, eh, seguir aprendiendo cosas nuevas o haciendo cosas nuevas y demás. Eh, el aprendizaje continuo puede ser un camino hacia el bienestar emocional.
Carolina: Sí, exactamente. De hecho, podríamos definirlo como un neuroprotector. Hoy en día —una cosita más que quiero mencionar— soy voluntaria en una asociación, que es la Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer; hoy esas asociaciones se unieron acá en Argentina en una red llamada RADA, y justamente están trabajando en la prevención, en la importancia del diagnóstico temprano y en los factores protectores. Y, justamente, el aprendizaje continuo es un factor protector porque activa lo que conocemos como neuroplasticidad, es decir, mantener activos nuevos caminos y nuevas redes neuronales a partir de lo que nos gusta, lo que nos desafía y lo que nos hace bien. Y eso también contribuye a la reserva cognitiva, que es lo que nos permite recuperarnos, si se quiere, de algunas adversidades. Por ejemplo, en mi carrera tuve la oportunidad de trabajar en neurorrehabilitación con personas que tenían que recuperarse cognitivamente —y en otras áreas también, pero cognitivamente— por lesiones de accidentes de tránsito y cuestiones así. Bueno, justamente, por el aprendizaje, y según todos los aprendizajes que hayan tenido y la calidad de vida que hayan llevado, la reserva cognitiva te permite sobreponerte mejor a las adversidades. Así que sí, se sugiere el aprendizaje continuo; es una recomendación y no tiene pautas establecidas más que la de que sea algo desafiante.
Emanuel: Sí, eh, escuché hablar de la reserva cognitiva y de su importancia y demás, así que está bueno que la hayas mencionado acá también. Eh, ¿cómo se manifiestan los efectos de un cuidado deficiente en la primera infancia en el desarrollo emocional y el aprendizaje de un adulto?
Carolina: Bueno, eh, para un adulto —y te diría que, eh, la primera infancia es súper importante—. Hay algunos estudios que la llaman la ciencia de la negligencia, y se da justamente cuando los cuidadores —del tipo que sean, pero que son responsables de los niños— no brindan la atención, las condiciones de seguridad, las condiciones de higiene y la estimulación, sobre todo en períodos muy críticos y muy sensibles, en los que el cerebro y toda la anatomía están en pleno desarrollo; pero también el aspecto vincular. Bueno, si esto no sucede, aparece por supuesto lo que se llama estrés tóxico, una hipersensibilidad al estrés tóxico, y una baja confianza en las relaciones; o sea, después va a costar más porque mis figuras de apego primarias presentaron esos desafíos. Entonces, después cuesta mucho más; no es imposible, y a partir de ahí pueden darse otras reparaciones simbólicas, pueden aparecer otros actores en la escuela o en otras actividades que pueden ser oportunidades para empezar a confiar. Pero sí, afecta; esta hipersensibilidad afecta las relaciones, la forma en que nos vinculamos, y algo que trabajamos mucho acá en Asociación Educar desde la perspectiva de las neurociencias, que tiene que ver con las funciones ejecutivas, la parte de nuestra corteza prefrontal responsable de los procesos más complejos: la planificación, la inhibición y el control de impulsos. Entonces, ese tipo de reacciones cuestan un poco más. Por supuesto, nada está escrito en piedra. Con espacios nutritivos y estimulantes, y con personas que velen por el bienestar, podemos cambiar algunos hábitos; pero hay patrones que quedan impresos, que generan carencias y que, bueno, primero tenemos que intentar abordar desde la psicoeducación para que esto no suceda. Pero sabemos que en tiempos de pobreza, de desigualdad extrema y de mucha conflictividad, pueden existir estas complicaciones. Entonces, también está todo el aspecto contextual de generar los mejores programas de prevención y, desde nuestro lugar, brindar el mejor acompañamiento posible.
Emanuel: Hablando de aprendizaje, muchas veces aparece la frustración. Entonces, ¿qué papel juega la tolerancia a la frustración en los procesos de aprendizaje?
Carolina: Me hiciste acordar de que en muchos informes que vi, y en algunos que hice, la baja tolerancia a la frustración es como un sello de la época, si se quiere. Y sí, la tolerancia a la frustración es importante. Es importante porque es básicamente esa brecha entre la expectativa y el resultado; es poder tolerar los tiempos de un proceso de aprendizaje cuando algo no sale bien, y volver a intentarlo. Por eso, fíjate cómo mencionamos antes la inmediatez de la tecnología, y cómo se están alterando algunos procesos que deberían ser más lentos. Y hay otros, en la enseñanza y el aprendizaje, que son un poco más lentos, que requieren más práctica y demás. Entonces, ahí la tolerancia a la frustración es una capacidad necesaria para permitir el aprendizaje continuo. Me gusta usar la metáfora de que la tolerancia debería ser un escalón para aprender algo nuevo, no una pared. Y muchas veces es una pared que genera mucha irritabilidad, mucho malestar. Hay personas que creen que no pueden lograr algo y, bueno, por eso es posible y necesario trabajar en esta práctica de la tolerancia.
Parte 3: Vínculos, empatía, comunicación y cierre
Emanuel: Hace un momento hablabas de que somos seres sociales, de las relaciones, de encontrarnos; ¿por qué los vínculos sanos pueden ser, o son, un motor para aprender mejor y vivir mejor?
Carolina: Creo que básicamente vos mismo diste la respuesta. Pero es porque somos seres sociales, porque los vínculos también le dan sentido a nuestra existencia: sentirnos vistos, sentirnos reconocidos, valorar a alguien y sentirnos valorados, poder seguir normas, poder establecer pautas de solidaridad y de convivencia. Todas esas cuestiones nos permiten aprender, ser mejores, e incluso tienen beneficios colectivos, en el sentido de que podemos seguir pensando proyectos, mejorando y transformando realidades. Así que simplemente creo que la apuesta es esa: es porque somos seres sociales, emocionales, y nos necesitamos unos a otros.
Emanuel: Muchas veces, en cualquier tipo de relación, se dice: «Bueno, no, pero ponete en mi lugar, ponete en mi lugar». ¿Qué significa realmente ponerse en el lugar del otro?
Carolina: La famosa empatía. La famosa empatía, que es una capacidad que se entrena, que se puede aprender, que también mejora con el tiempo y que, lejos de lo que creemos —porque creo que lo hablamos muchas veces con los estudiantes acá en Asociación Educar—, a veces la empatía está en boca de todos, como si todos creéramos saber qué es. Sin embargo, las investigaciones indican que es una operación psicológica compleja, que requiere poner en juego procesos de memoria, lenguaje, comprensión y percepción de las actitudes de los demás, lo que tiene que ver con una perspectiva cognitiva y, a veces, con una perspectiva afectiva. Es decir, a veces puedo sentirme involucrada con lo que siente la otra persona, pero otras veces puedo no sentir lo que la persona está sintiendo, aunque sí puedo pensarlo. Y básicamente tiene que ver con lo que le está pasando a esa persona desde su contexto, desde su historia, desde su lugar. No desde mis juicios, mis valores, mis creencias, mis oportunidades; ponerse en el lugar del otro es entender por qué esa persona, en ese momento, piensa o siente lo que piensa o siente, dadas sus circunstancias. Y básicamente lo que busca esa capacidad es interactuar con habilidades sociales, poder buscar negociaciones, poder buscar acuerdos, poder entender que a la otra persona le pasan cosas; y también interviene la memoria. O sea, esto tiene que ver con el aprendizaje, y lo que le pasa a una persona puede servir de experiencia para otras, y viceversa. Así que creo que aplica a todo: parejas, amigos, situaciones sociales; entender que uno puede tener un mal día, que a veces no aprendimos ciertas cosas en ciertas instancias, pero que con voluntad, buena comunicación y sin juzgar, siempre se puede entrenar y aprender.
Emanuel: Recién dijiste que aplica a todo. ¿La empatía también puede ayudarnos a reducir brechas sociales y educativas?
Carolina: Sí, creo que es una característica que, en los entornos colectivos, tenemos la oportunidad de trabajar en términos de reparación simbólica —un término que nos gusta usar—, en el sentido de que, si enseñamos prácticas de solidaridad, de convivencia, de entender que quizás yo no estoy atravesando cierta situación ahora, pero que a mi alrededor hay diversidad, eso también es un compromiso con la inclusión; van de la mano. Y puede ayudarnos en el sentido de que no debería quedarse solo en la comprensión, sino que a veces puede permitirnos pasar a la acción; puede permitirnos reducir sesgos —es decir, prejuicios o valoraciones negativas que podamos tener— y, básicamente, buscar soluciones. Porque no creo que el fin último de ser empático sea solo decir: «Ay, tal persona está pasando por esto», sino: «Bueno, ¿necesitás algo?». Puede habilitar preguntas que lleven a resolver ciertos problemas.
Emanuel: Siguiendo con todo este tema de los vínculos y las relaciones, ¿qué estrategias de comunicación asertiva ayudan a resolver conflictos sin dañar esos mismos vínculos?
Carolina: Eso es justamente lo que busca la comunicación asertiva. La asertividad tiene que ver con entender que la otra persona también tiene derechos, y a veces creo que esa no es la parte más difícil; en mi experiencia, encontré que a veces lo más difícil es entender que uno mismo tiene derechos y que también tiene que poner límites. Entonces, la comunicación asertiva es una habilidad social que pone en juego ese equilibrio para que se pueda llegar a un diálogo; a veces puede ser amable y afectuoso, o no, pero el objetivo es que sea un lenguaje claro y, sobre todo, no violento, que es algo que nos cuesta mucho en esta sociedad. Entonces, lo que se busca es que, al resolver un conflicto, una discusión o una negociación, tengas en cuenta los derechos de la otra persona y también los tuyos, y básicamente encontrar soluciones sin lastimar a la otra parte.
Como estrategia, entre las muchas con las que trabajamos, una que sin duda requiere práctica —porque no se empieza a razonar así de un momento para otro— es el mensaje en primera persona, el mensaje «yo»: poder decir «yo siento» y expresar la emoción que estoy experimentando, usando ese vocabulario emocional del que hablamos antes, y darle una razón clara a la otra persona: ¿por qué te sentís así? Cuando especificás la situación y ofrecés una solución alternativa: «Me gustaría tal o cual cosa». O sea, usás la emoción, la justificación, el contexto, y hacés un pedido o una contrapropuesta. A veces —y casi nunca sale así de racional—, pero encontrar estas estrategias nos ayuda a ordenar los pensamientos o a encontrar las palabras adecuadas. Siempre les sugiero a mis consultantes o a los participantes de los cursos que las adapten a sus propios contextos, a su forma de hablar y a su cultura. No vas a ser robótico y decir solamente «yo siento esto»; adaptalo a tu propia manera de hablar, pero preparate de antemano para que, cuando llegue el momento, estemos lo más preparados posible y la comunicación lleve a un mejor resultado.
Habrá veces en que eso no sea posible. Bueno, hay otras estrategias de afrontamiento que se enseñan en los espacios terapéuticos y en la psicoeducación. Tienen que ver con estrategias conductuales y cognitivas. Conductuales significa hacer algo: moverse, distraerse, tomar un poco de aire, salir un rato y decir: «Hablemos de esto después, porque ahora no puedo». Pero también cognitivas, como: «Bueno, ahora no me siento preparado para este diálogo, mejor lo hablamos después», respirar e intentar pensar en algo que me haga sentir bien o que me centre. Pero fíjate todo lo que se puede desplegar de antemano para que, cuando aparezca el desafío, puedas aplicarlo. A veces funciona, a veces no.
Emanuel: Es el famoso «me voy a dar una vuelta, hablamos después».
Carolina: Exacto, exacto. Como mínimo, si no lo puedo resolver en el momento, saber tomarme las pausas necesarias para no lastimar a los demás, simplemente porque suelen ser relaciones que nos importan.
Emanuel: ¿Y qué poder tiene la escucha activa para mejorar los equipos y las relaciones?
Carolina: Es otra habilidad, otra de las habilidades sociales, que para mí creo que es una de las más importantes. Algunas personas a veces suelen decir —no sé si es un lugar común o no— que es la que más nos cuesta, eh, pero tiene que ver con estar abiertos, con el acto de estar realmente abiertos con el cuerpo, con el lenguaje no verbal, eh, con prestarle atención al otro, de verdad. Eh, ¿qué es lo que me querés decir? ¿Qué es lo que me estás comunicando? ¿Cuáles son tus intenciones? ¿Qué estás necesitando? Requiere mucho; también es una condición necesaria para la empatía, ¿no? Eh, y es fundamental para todas las edades, pero en el trabajo en equipo nos permite convivir en la diversidad y la inclusión y encontrar soluciones, porque todos estamos ahí por objetivos, por necesidades, a veces por obligaciones, y un mejor ambiente nos beneficia a todos. Entonces, la práctica de la escucha activa puede llevarnos a resolver problemas.
Emanuel: Y ahora voy a profundizar un poco más en tu campo profesional. ¿Qué aprendiste coordinando equipos interdisciplinarios?
Carolina: Bueno, en primer lugar, el valor de las disciplinas. Soy una entusiasta del aprendizaje, así que la verdad es que cuando escucho a personas o profesionales de otras disciplinas, me, eh, maravillo. Quizás cada profesión tiene sus propios códigos de lenguaje, sus palabras, sus narrativas que usan siempre, su forma de ver la realidad. Entonces, pone en diálogo a las disciplinas. Siempre me gustó mucho escuchar los aportes. Eh, uno de mis últimos trabajos fue en un municipio, coordinando equipos de hasta 150 personas. Y entonces, eh, el valor de las reuniones, de lo que aportan las distintas disciplinas para resolver, de lo que se espera de esas resoluciones, del trabajo comunitario, de las necesidades de las personas. Eh, creo que todo eso sirve para una planificación estratégica, y después, hacia adentro. Para mí, personalmente, había algo que me interesaba mucho, que era el bienestar del equipo: que podamos sentirnos una comunidad, que podamos sentirnos redes de apoyo. A muchos nos pasan muchas cosas, tenemos años mejores o peores, eh, atravesamos momentos difíciles, crisis, pérdidas, separaciones. Entonces, que un grupo de trabajo —que no es lo mismo que un equipo de trabajo; son categorías distintas, aunque solo por sus diferencias técnicas— pueda sentirse una red de apoyo y, sobre todo, resolver problemas o cumplir objetivos. Valoro esa diversidad de voces; no es cómoda, a veces incluso es incómoda, te exige salir de la lógica de «esto ya lo sabía, eso ya lo había pensado». También significa reconocer lo que los demás tienen para enseñar y hacerles lugar a otras formas de creatividad, porque cuando pasás mucho tiempo en un lugar empezás a creer que ya sabés lo suficiente, y entonces llegan voces nuevas. Así que sí, eso: diversidad, bienestar del equipo y tener un objetivo común.
Emanuel: ¿Qué desafíos aparecen cuando trabajás con familias en procesos de aprendizaje y de cuidado?
Carolina: Esa pregunta es amplia, muy amplia, pero creo que acompañarlas entendiendo el contexto es clave. Mencioné las patologías neurodegenerativas en adultos o personas mayores; los procesos clínicos no se tratan solo de diagnósticos, sino de identificar los desafíos actuales, ver potencialidades y posibilidades de mejora, y a la vez acompañar al cuidador, entendiendo que tanto el cuidador como la persona que recibe el diagnóstico están profundamente afectados. Va a haber cambios en las rutinas familiares, en las relaciones e incluso en la dinámica socioeconómica. Entonces, acompañar esos procesos; y lo mismo aplica al ámbito educativo. En educación, me gusta darles un rol central a los docentes, en el sentido de que son ellos quienes saben de pedagogía y didáctica; son los expertos. Y cuando hacen una demanda, nosotros también tenemos que adoptar ese rol de acompañamiento: no como los que saben todo, sino mirando qué necesidades hay detrás de esa demanda. Generemos las mesas de diálogo, las reuniones, y trabajemos siempre juntos. Entonces, en síntesis, diría que el desafío está en brindar acompañamiento, sabiendo que cada situación es única y singular, con su propia narrativa, historia, biografía y dolor, pero entramada en un tejido social. Entonces, simplemente acompañar y tener disposición, y después resolveremos con las herramientas que tengamos, y si no las tenemos, las buscaremos.
Emanuel: Y ahora, desde tu opinión y tu conocimiento, que obviamente es amplio, ¿hacia dónde creés que va el futuro de la inteligencia emocional?
Carolina: ¡Qué pregunta! Creo que hay algo que quedó claro y que sigue en el centro de la escena: que la dimensión afectiva es parte constitutiva del ser humano, que media nuestras relaciones y también nuestros procesos de adaptación. Y creo que los desafíos están justamente ahí, en alejarnos de esa idea de responsabilidad individual. Eh, o de la gestión emocional, hacia cuestiones más sociopolíticas y culturales; en el sentido de, eh, como veníamos hablando hoy: no es solo qué hacés con esa emoción que estás sintiendo, sino, como sociedad, qué proyectos, qué contextos, qué entornos más sensibles, seguros y empáticos podemos generar para lo que sentimos, para lo que queremos sentir, para lo que de alguna manera queremos poner en diálogo. Entonces creo que hacia donde va es hacia una mirada más colectiva, y el desafío es metodológico: encontrar los recursos necesarios —los que tenemos son válidos, pero las lecturas críticas siempre nos sirven— e intentar pensar al servicio de todos.
Emanuel: Claro. Muchísimas gracias por tu tiempo, por venir a charlar conmigo y por ser parte de este podcast de AE. Espero verte en otro podcast hablando de otra cosa, quizás.
Carolina: Sí, por supuesto. Tengo muchos temas que me encantan, pero fue un placer. Me sentí muy cómoda, y gracias a todo el equipo de AE y a las personas con las que trabajo en el diplomado, y a quienes se sumaron para aprender o para compartir, porque el aprendizaje adulto también tiene ese aspecto de que traés tus propias experiencias, tus preguntas y demás, y terminamos enriqueciéndonos mutuamente. Así que me encantó. Primera experiencia, 10 de 10.
Emanuel: Muchísimas gracias, Caro.
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Diplomatura Universitaria en Habilidades Socioemocionales
Una propuesta diseñada para comprender cómo las emociones, la cognición y los vínculos influyen en la manera en que pensamos, decidimos, trabajamos y nos relacionamos, incorporando herramientas basadas en evidencia para aplicar estos conocimientos en la vida personal y profesional.
Cómo citar esta publicación: González, C., y Moreria Merlo, E. (2026). [Podcast] Emociones, vínculos y aprendizaje para toda la vida. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/emociones-vinculos-y-aprendizaje-para-toda-la-vida/
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