Explorando las “E” en la Infancia: Educación, Emoción, Empatía, Equidad, Entorno, Experiencia y Esperanza

La infancia es una etapa decisiva del ciclo vital; es durante estos primeros años cuando se sientan las bases para el desarrollo motor, cognitivo, social y emocional.

Al observar la literatura científica y las prácticas educativas, emergen palabras clave que comienzan con la letra E y que pueden funcionar como ejes orientadores del bienestar infantil:

  1. Educación,
  2. Emoción,
  3. Empatía,
  4. Equidad,
  5. Entorno,
  6. Experiencia
  7. Esperanza.

Estas nociones no son categorías abstractas, sino realidades que se viven en la escuela, en el hogar, en el juego, en la interacción con la naturaleza y en la construcción de vínculos sociales.

Cada una de ellas aporta un lente distinto para comprender cómo los niños aprenden y se desarrollan en un mundo contemporáneo marcado por cambios acelerados, desafíos tecnológicos y transformaciones sociales profundas (Bronfenbrenner, 1979; UNICEF, 2021).

 

1. Educación: el eje del aprendizaje integral

La educación no comienza en la escuela, sino desde los primeros años de vida. Es el proceso mediante el cual los niños construyen significados a partir de la interacción con su entorno y con las personas que los acompañan.

En la infancia, aprender es sinónimo de moverse, explorar y experimentar.

La fisioterapia educativa, junto con la pedagogía, subraya la importancia de un enfoque que reconozca al cuerpo como protagonista del aprendizaje.

Actividades como el embodied learning, en las que los niños forman letras con su cuerpo, representan operaciones matemáticas mediante movimiento o dramatizan fenómenos naturales, potencian tanto la comprensión conceptual como la memoria de largo plazo (Bidzan-Bluma & Lipowska, 2018).

Ejemplo práctico: en un aula de primaria, los estudiantes pueden aprender vocabulario en inglés a través de juegos motores como “Simon says” adaptado a movimientos corporales.

Estas experiencias refuerzan no solo el contenido lingüístico, sino también la coordinación, la atención sostenida y la motivación intrínseca.

Además, la investigación muestra que la calidad educativa está estrechamente ligada a la variabilidad postural y a la inclusión de pausas activas en la jornada escolar.

Estas pequeñas interrupciones con movimiento reducen el sedentarismo, mejoran la concentración y previenen molestias músculo-esqueléticas (Infantes-Paniagua et al., 2021).

 

2. Emoción: el motor del aprendizaje

La frase de Immordino-Yang y Damasio (2007) “No aprendemos de aquello que no nos emociona”, sintetiza el papel de la emoción en la infancia.

La neurociencia demuestra que las emociones son inseparables de la cognición, y que cada experiencia cargada emocionalmente se fija con mayor fuerza en la memoria.

Las emociones positivas derivadas del juego activo y la actividad física están asociadas con la liberación de endorfinas y con el aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que facilita la plasticidad sináptica y el aprendizaje (Rico-González et al., 2025).

Esto significa que un niño que disfruta moviéndose no solo mejora su condición física, sino que también fortalece sus redes neuronales para aprender matemáticas, lenguaje o ciencias.

Ejemplo práctico: programas de danza escolar que combinan ritmo, expresión corporal y trabajo en equipo generan beneficios emocionales al reducir la ansiedad y al mismo tiempo fortalecen la memoria secuencial y la autorregulación.

Recomendación para profundizar: Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF): el secreto para un cerebro saludable y cómo la actividad física puede ayudar

 

3. Empatía: construir lazos desde la infancia

La empatía es una competencia socioemocional esencial que comienza a desarrollarse en la infancia a través de la imitación, el juego compartido y la regulación conjunta con adultos.

En contextos educativos, la empatía se fomenta cuando se promueve la cooperación en lugar de la competencia exclusiva.

Ejemplo práctico: los juegos cooperativos en los que los niños deben mover un objeto grande juntos, coordinarse para mantener el equilibrio o turnarse para superar un circuito motor estimulan tanto las habilidades físicas como las sociales. Estas dinámicas se traducen en mayor cohesión en el aula y mejor comportamiento en clase (Sibbick et al., 2022).

Desde la fisioterapia educativa, también se puede promover la empatía en niños con y sin necesidades especiales, creando dinámicas inclusivas que fortalezcan el respeto por la diversidad de habilidades y ritmos de aprendizaje.

 

4. Equidad: garantizar oportunidades para todos

La equidad en la infancia implica ofrecer a cada niño lo que necesita para desarrollarse plenamente, teniendo en cuenta las desigualdades sociales, económicas y de salud.

No todos los niños cuentan con espacios seguros para jugar, acceso a programas de actividad física o a escuelas con recursos suficientes.

Las políticas internacionales, como las guías de la OMS (2020), subrayan la importancia de reducir el tiempo de pantalla y promover la actividad física diaria, pero advierten que estas recomendaciones deben adaptarse a contextos desiguales.

Por ejemplo, en comunidades urbanas sin parques, los programas escolares deben suplir esta carencia con recreos activos o actividades comunitarias (van der Ploeg, 2020).

Ejemplo práctico: un programa escolar que ofrece circuitos motores adaptados para niños con discapacidades asegura que todos puedan participar, reforzando la equidad y la inclusión en la práctica educativa.

 

5. Entorno: el escenario del desarrollo

El entorno físico, social y cultural determina en gran medida las oportunidades de desarrollo infantil.

Espacios ricos en estímulos, naturaleza y libertad para el movimiento favorecen la creatividad, la salud física y la regulación emocional (Rollo et al., 2020).

En cambio, entornos marcados por la inseguridad, el sedentarismo o el exceso de pantallas limitan la exploración y generan efectos negativos en el desarrollo socioemocional y cognitivo (Madigan et al., 2022; Hedderson et al., 2023).

Ejemplo práctico: un jardín infantil que organiza salidas semanales a parques o bosques cercanos promueve la curiosidad científica, la interacción social y la salud mental de los niños, fortaleciendo su vínculo con la naturaleza.

 

6. Experiencia: aprender con el cuerpo y los sentidos

La experiencia, entendida como el conjunto de vivencias significativas que un niño acumula, es fundamental en la construcción del aprendizaje.

La teoría del aprendizaje experiencial (Kolb, 1984) plantea que las personas aprenden mejor cuando pueden reflexionar y aplicar lo que han vivido.

En la infancia, estas experiencias suelen estar mediadas por el juego, la exploración sensorial y la interacción corporal.
Actividades que involucran texturas, sonidos, movimientos y dramatización fortalecen las conexiones multisensoriales, esenciales para un aprendizaje profundo.

Ejemplo práctico: talleres de cocina infantil donde los niños amasan, mezclan y prueban mientras aprenden matemáticas (medidas, cantidades) y ciencias (cambios de estado) son experiencias que integran el cuerpo, los sentidos y la mente.

 

7. Esperanza: proyectar futuro en la infancia

La esperanza constituye un pilar motivacional. Implica dotar a los niños de un horizonte positivo en el que se sientan capaces de superar retos y de crecer.

Desde la psicología positiva, se reconoce que la esperanza potencia la resiliencia y la capacidad de los niños para adaptarse a situaciones adversas (Snyder, 2002).

Los programas escolares y de fisioterapia educativa pueden cultivar la esperanza al brindar experiencias de éxito motor y académico.

Cada vez que un niño logra correr más rápido, superar un reto motor o aprender una nueva habilidad, construye confianza en sí mismo y proyecta posibilidades para su futuro.

Ejemplo práctico: un programa de seguimiento donde se registran los avances motores y emocionales de los niños y se celebran sus logros en comunidad, refuerza la idea de que cada paso es valioso y posible.

 

Conclusiones

Las siete palabras con E, Educación, Emoción, Empatía, Equidad, Entorno, Experiencia y Esperanza son más que conceptos, son pilares prácticos para la acción educativa y terapéutica; integrarlas en la vida cotidiana de los niños supone reconocer que la infancia es un proceso dinámico donde el cuerpo, las emociones, las interacciones sociales y los entornos juegan un papel central.

Promoverlas implica un compromiso compartido entre familias, escuelas, profesionales de la salud y políticas públicas.

Devolver al niño el derecho al juego, al movimiento y a la exploración de entornos ricos es, en definitiva, apostar por una infancia plena, equitativa y con futuro.
Más allá de un análisis conceptual, este artículo invita a una reflexión profunda sobre el sentido de la infancia en el siglo XXI.

Las palabras con E no son meros eslóganes, sino principios de acción que nos recuerdan que educar, acompañar y cuidar a los niños es una tarea colectiva.

  • Si pensamos en Educación, hablamos de garantizar experiencias significativas que reconozcan al cuerpo como el primer territorio de aprendizaje.
  • Si pensamos en Emoción, comprendemos que cada sonrisa, cada logro motor y cada reto superado deja huellas imborrables en la memoria del niño.
  • Con la Empatía reconocemos que la infancia es diversa y que cada diferencia es una oportunidad para aprender a convivir.
  • La Equidad nos recuerda que no basta con dar lo mismo a todos, sino que debemos ofrecer lo necesario a cada uno según sus necesidades.
  • El Entorno nos desafía a crear espacios seguros, accesibles y estimulantes, porque de ellos depende en gran medida el bienestar infantil.
  • La Experiencia evidencia que los aprendizajes más duraderos son los que involucran al cuerpo, los sentidos y la emoción.
  • Y finalmente, la Esperanza nos invita a creer en el futuro y a asumir que invertir en la infancia es sembrar semillas de humanidad.

Estas reflexiones nos convocan a transformar prácticas y políticas; una escuela sin movimiento limita el pensamiento, una familia sin juego limita la creatividad, y una sociedad sin empatía limita la equidad; Por eso, el llamado es a devolver a la infancia el lugar central que merece, no como un tiempo de preparación para la vida adulta, sino como una etapa con valor en sí misma.

La pregunta que queda abierta es: ¿qué huella queremos dejar en la infancia de hoy para construir la sociedad del mañana?

Si logramos que estas siete E guíen nuestras decisiones, estaremos más cerca de garantizar una infancia plena, saludable y con futuro.

Recomendación para profundizar: El Cuerpo y el Movimiento desde la Mirada Japonesa: una Experiencia Vivencial para la Educación

 

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Referencias:

Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2025). Explorando las “E” en la Infancia: Educación, Emoción, Empatía, Equidad, Entorno, Experiencia y Esperanza. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/explorando-las-e-en-la-infancia-educacion-emocion-empatia-equidad-entorno-experiencia-y-esperanza/

http://www.fisiodelainfancia.com
Fisioterapeuta, Escuela Colombiana de Rehabilitación de Colombia | Magíster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Docente de Práctica Comunitaria y Educativa en Infancia en Fisioterapia en la Corporación Universitaria Iberoamericana, asistente editorial de la revista Movimiento Científico e investigadora en la misma institución | Coeditora del libro "Fisioterapias y Kinesiologías del Sur", publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia | Escritora y divulgadora (@fisiodelainfancia) en pro de la infancia y el ámbito educativo.