Autolesiones no suicidas en niños: prevalencia y salud mental

 

La autolesión no suicida es una realidad presente y significativa en la infancia tardía, y está estrechamente vinculada a problemas de salud mental y dificultades en las relaciones con los compañeros. Este estudio nos invita a mirar con más atención a nuestros niños y niñas, a escuchar sus silencios y a ofrecerles el apoyo que necesitan.

 

Un vistazo al estudio: ¿qué se propusieron investigar?

La conducta de autolesión no suicida (NSSI, por sus siglas en inglés) es un tema que suele asociarse con la adolescencia, pero cada vez hay más evidencias de que puede aparecer mucho antes. Este estudio, publicado en Psychiatry Research, se propuso precisamente explorar esa posibilidad en niños y niñas de escuela primaria.

El equipo de investigación, liderado por el Dr. Shadi Hadj-Youssef y sus Colegas en la Escuela de Medicina de la Universidad McGill de Canadá, querían responder a tres preguntas fundamentales:

  • ¿con qué frecuencia ocurre la autolesión no suicida en la infancia tardía?
  • ¿Hay diferencias entre niños y niñas?
  • ¿Se relaciona con problemas de salud mental y dificultades con los compañeros?

Para ello, decidieron utilizar no solo lo que los propios niños reportaban, sino también la mirada de sus maestros y maestras, buscando una imagen más completa y fiel de la realidad.

 

¿Cómo lo hicieron? El mapa del camino recorrido

Para llevar a cabo esta investigación, el equipo analizó datos de 859 niños y niñas de quinto y sexto grado, con una edad promedio de 10.9 años, provenientes de 33 escuelas primarias de la provincia de Quebec, en Canadá. Se trató de un análisis transversal, es decir, una fotografía tomada en un momento específico, que aprovechó la información recogida justo después de una intervención escolar previa.

Los niños completaron un cuestionario sobre autolesiones (el Self-Harm Inventory), donde se les preguntaba si alguna vez se habían cortado, quemado, golpeado, dado cabezazos o arañado a propósito. Además, tanto los niños como sus maestros reportaron sobre su salud mental, usando herramientas como el Cuestionario de Conducta Social para medir angustia emocional, conductas disruptivas, problemas de atención e hiperactividad, y dificultades en las relaciones con sus pares. Los síntomas depresivos, en cambio, fueron evaluados únicamente a través del autorreporte de los niños, usando una versión abreviada del Inventario de Depresión Infantil.

 

Hallazgo principal: una realidad más común de lo que se pensaba

Los resultados fueron contundentes y, en cierto modo, sorprendentes. La prevalencia de autolesión no suicida a lo largo de la vida fue del 28.2%, lo que significa que más de uno de cada cuatro niños y niñas de esta edad reportó haberse autolesionado al menos una vez.

Este dato es especialmente relevante si se compara con la prevalencia del 17.6% que se ha documentado en estudios previos con adolescentes de 10 a 19 años. Es decir, la autolesión no suicida no solo está presente en la infancia, sino que podría ser incluso más frecuente de lo que se creía.

Y, a diferencia de lo que ocurre en la adolescencia, donde suele ser más común en chicas, en este estudio no se encontraron diferencias significativas entre niños (26.7%) y niñas (29.4%).

 

Los métodos más usados: el arañazo como protagonista

Entre las distintas formas de autolesión, el arañazo fue, con diferencia, el método más reportado, con un 17.2% de los niños y niñas afirmando haberlo hecho. Le siguieron los golpes (16.0%) y los cabezazos (14.7%), mientras que los cortes (4.9%) y las quemaduras (1.6%) fueron mucho menos frecuentes.

Otro dato que llama la atención es que, entre quienes se autolesionaban, la mayoría (el 57%) había utilizado más de un método, lo que sugiere que no se trata de un acto aislado, sino de una conducta que puede repetirse y diversificarse.

 

La relación con la salud mental: un vínculo innegable

El estudio también exploró la asociación entre la autolesión y diversos problemas de salud mental, y los hallazgos fueron claros: los niños que reportaban autolesiones presentaban consistentemente puntuaciones más altas en síntomas de

  • angustia emocional,
  • depresión,
  • conductas disruptivas,
  • problemas de atención e hiperactividad
  • y dificultades con sus compañeros.

Esta relación se mantuvo tanto en los reportes de los propios niños como en los de sus maestros, aunque con una diferencia importante: las asociaciones eran más fuertes cuando los datos provenían de los niños, y más débiles cuando venían de los docentes. Esto subraya la importancia de escuchar a los propios niños, ya que sus maestros podrían no estar percibiendo la magnitud del problema.

 

Un dato que invita a la reflexión: el peso de los métodos múltiples

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la gravedad de la situación parece estar relacionada con el número de métodos de autolesión utilizados. Los niños que reportaban dos o más métodos presentaban asociaciones más fuertes con problemas de salud mental que aquellos que solo usaban uno.

Este patrón es consistente con lo que se observa en adolescentes y adultos, donde el uso de múltiples métodos se asocia con un mayor riesgo de ideación e intentos suicidas. En este sentido, el estudio sugiere que, incluso en la infancia, la diversidad de métodos podría ser un indicador de mayor sufrimiento psicológico.

 

Diferencias según el género: un hallazgo que rompe esquemas

A diferencia de la adolescencia, donde las chicas suelen presentar tasas más altas de autolesión, en este estudio no se encontraron diferencias significativas entre niños y niñas. Sin embargo, sí se observaron algunas particularidades: los niños reportaron más golpes y cabezazos, mientras que las niñas tendían más al arañazo y al corte.

Estos matices sugieren que, aunque la prevalencia general sea similar, las formas de expresar el malestar podrían estar influenciadas por factores culturales y de género desde edades muy tempranas.

 

La mirada de los maestros: un complemento valioso, pero insuficiente

El hecho de que las asociaciones entre autolesión y problemas de salud mental fueran más débiles cuando las reportaban los maestros no significa que su observación no sea importante. Al contrario, su mirada aporta una perspectiva externa y contextualizada que complementa la del niño.

Sin embargo, la discrepancia sugiere que muchos niños podrían estar ocultando su malestar en el entorno escolar, o que los maestros podrían no tener la formación suficiente para identificar estas conductas. Esto refuerza la necesidad de formar a los docentes y de fomentar espacios de confianza donde los niños se sientan seguros para hablar de lo que les pasa.

 

Implicaciones para la práctica: ¿qué hacer con estos hallazgos?

Este estudio tiene implicaciones profundas para la forma en que entendemos y abordamos la salud mental infantil:

  • En primer lugar, nos recuerda que la autolesión no suicida no es un problema exclusivo de la adolescencia, y que los niños de primaria ya pueden estar experimentando un sufrimiento psicológico significativo.
  • En segundo lugar, pone de relieve la importancia de preguntar directamente a los niños sobre sus experiencias, en lugar de depender únicamente de la observación de adultos.

Herramientas como el Self-Harm Inventory podrían ser incorporadas en los protocolos de evaluación escolar para detectar de forma temprana a quienes están en riesgo.

 

Limitaciones del estudio: lo que no se puede olvidar

Como toda investigación, este estudio tiene sus limitaciones:

  • Al ser un análisis transversal, no permite establecer relaciones de causa y efecto, es decir, no podemos saber si la autolesión provoca problemas de salud mental o si, por el contrario, son los problemas de salud mental los que llevan a la autolesión.
  • Además, los datos se recogieron en un contexto específico (Quebec, Canadá) y con una muestra mayoritariamente francófona, por lo que los resultados podrían no ser generalizables a otras culturas o contextos
  • También es importante señalar que el estudio se basó en el autorreporte de los niños, lo que siempre conlleva un cierto margen de error, ya sea por olvido, vergüenza o miedo a ser juzgados.
 

Fortalezas que dan peso a los resultados

A pesar de estas limitaciones, el estudio tiene fortalezas notables:

  • En primer lugar, el tamaño de la muestra es amplio y diverso, lo que otorga solidez a las estimaciones de prevalencia.
  • En segundo lugar, el uso de múltiples informantes (niños y maestros) permite una visión más completa y matizada de la realidad.
  • Por último, el hecho de que los análisis se ajustaran por variables como la edad, el sexo, el lugar de nacimiento y el nivel socioeconómico de la escuela refuerza la validez de las asociaciones encontradas.
 

Comparación con estudios previos: ¿qué aporta de nuevo?

Este estudio viene a llenar un vacío importante en la literatura científica. Hasta ahora, la mayoría de las investigaciones sobre autolesión no suicida se habían centrado en adolescentes, y los pocos estudios con niños pequeños ofrecían estimaciones muy dispares, que iban desde el 6% hasta el 50%.

Este estudio, con una muestra amplia y metodología rigurosa, aporta una estimación mucho más precisa (28.2%) y confirma que la autolesión en la infancia no es un fenómeno aislado, sino que está claramente asociada a un peor bienestar psicológico. Además, al incluir la perspectiva de los maestros, ofrece una visión más completa de cómo se manifiesta este problema en el contexto escolar.

 

Un mensaje de esperanza: la detección temprana como clave

Aunque los datos puedan resultar alarmantes, también encierran un mensaje de esperanza. Si somos capaces de detectar la autolesión y el malestar emocional en la infancia, tenemos una ventana de oportunidad única para intervenir de forma temprana y evitar que el sufrimiento se cronifique o se agrave en la adolescencia.

Este estudio nos invita a mirar con más atención a nuestros niños y niñas, a escuchar sus silencios y a ofrecerles el apoyo que necesitan antes de que el problema crezca. La prevención y la intervención temprana son, sin duda, las herramientas más poderosas que tenemos.

 

Conclusión: una llamada a la acción

En definitiva, este estudio nos muestra que la autolesión no suicida es una realidad presente y significativa en la infancia tardía, y que está estrechamente vinculada a problemas de salud mental y dificultades en las relaciones con los compañeros.

Nos recuerda que no debemos esperar a la adolescencia para preocuparnos por la salud mental de los niños, y que es fundamental crear entornos seguros, tanto en la escuela como en la familia, donde los niños puedan expresar su malestar sin miedo. La investigación nos proporciona las herramientas para identificar a quienes están en riesgo; ahora el desafío es utilizarlas con sensibilidad, empatía y, sobre todo, con acción.

 

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Referencias:

  • Hadj-Youssef, S., Civita, A., Chartrand, E., Malboeuf-Hurtubise, C., Fuoco, J., Loose, T., Ouellet-Morin, I., Heath, N., Maltais, N., Baetens, I., Spodenkiewicz, M., Côté, S., & Geoffroy, M. C. (2026). Prevalence and mental health correlates of non-suicidal self-injury in elementary school children. Psychiatry Research, 360, 117097. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2026.117097

Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2026). Autolesiones no suicidas en niños: prevalencia y salud mental. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/autolesiones-no-suicidas-en-ninos-prevalencia-y-salud-mental/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador Senior para el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación de Colombia | Psicólogo, Universidad Católica Luis Amigó | Máster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad Cuauhtémoc | Codirector del Grupo de Investigación MESH-COINDEXA, ubicado en Categoría B para Minciencias de Colombia | Autor y coautor de más de 150 publicaciones científicas, entre artículos, capítulos de libros, libros completos, eBooks, notas de divulgación, columnas y working papers | Ha sido profesor en más de una docena de universidades y par evaluador para más de 30 revistas indexadas.