Efecto del uso guiado de inteligencia artificial generativa en las competencias investigativas de estudiantes universitarios

En un momento en que la inteligencia artificial generativa irrumpe con fuerza en todos los ámbitos de la vida, la educación superior no es la excepción. Cada vez son más los estudiantes que utilizan herramientas como ChatGPT para sus tareas, pero la gran pregunta que surge no es si deben usarlas o no, sino cómo hacerlo de manera que realmente potencie su aprendizaje.

 

Un vistazo al contexto: la inteligencia artificial en las aulas

Este artículo nace precisamente de esa inquietud: ¿puede la IA generativa, cuando se usa con una guía clara y acompañamiento docente, fortalecer las competencias investigativas de los universitarios? Los autores se propusieron responder a esta pregunta con un estudio riguroso, alejado de posturas extremas, y buscando un equilibrio entre la innovación tecnológica y la formación académica sólida.

 

El norte del estudio: ¿qué querían averiguar?

El objetivo central de los investigadores, los doctores: Miguel Ángel Rodríguez Mireles (Universidad Del Pacífico, Ecuador), Sandra Eva Lomelí Rodríguez (Universidad de Guadalajara, México), José María Gutiérrez Londoño (Grupo Observatorio Público, Tecnológico de Antioquia – Institución Universitaria) y Nicolás Parra Bolaños (Asociación Educar para el Desarrollo Humano), fue analizar el efecto que tiene el uso guiado de inteligencia artificial generativa sobre las habilidades que los estudiantes necesitan para hacer investigación.

No se trataba de medir si la IA les facilita el trabajo, sino de evaluar si, bajo una mediación pedagógica consciente, estas herramientas pueden ayudar a desarrollar competencias como formular buenas preguntas, buscar información confiable, analizar datos con espíritu crítico o comunicar hallazgos de manera ética. En esencia, los autores querían saber si la IA puede ser una aliada, y no una muleta, en el camino de formar nuevos investigadores.

 

Cómo se organizó la aventura: el diseño del estudio

Para llevar esto a la práctica, los investigadores diseñaron un estudio cuantitativo, de tipo aplicado y con un diseño cuasiexperimental. Esto significa que trabajaron con grupos que ya estaban formados (no los asignaron al azar), pero aplicaron pruebas antes y después de una intervención específica para ver los cambios. Participaron 80 estudiantes universitarios, divididos en dos grupos iguales de 40 personas: uno experimental y otro de control. El grupo experimental fue el que recibió la intervención con IA generativa guiada, mientras que el grupo de control siguió con sus métodos habituales, para poder comparar los resultados.

 

La intervención: un acompañamiento paso a paso

El grupo experimental no se lanzó a usar la IA sin más. Al contrario, participó en una intervención cuidadosamente estructurada, centrada en aspectos clave del quehacer investigador.

Los estudiantes aprendieron a:

  • formular preguntas de investigación con ayuda de la IA;
  • buscar y evaluar literatura académica;
  • verificar la información proporcionada por la IA;
  • reflexionar sobre los métodos más adecuados;
  • comunicar sus resultados de manera científica;
  • y, fundamentalmente, utilizar contenidos generados por IA con integridad académica.

Fue un proceso de aprendizaje activo, donde la tecnología era una herramienta, pero el protagonista seguía siendo el estudiante.

 

¿Qué competencias se evaluaron? Seis dimensiones del investigador

Para medir el impacto, los autores definieron seis dimensiones fundamentales de las competencias investigativas:

  • La primera es la problematización, es decir, la capacidad de identificar y formular problemas de investigación relevantes.
  • La segunda es la búsqueda y evaluación de información, que implica no solo encontrar datos, sino también saber discernir su calidad y pertinencia.
  • La tercera es el dominio metodológico, o el conocimiento y aplicación de los procedimientos adecuados para cada estudio.
  • La cuarta es el análisis crítico, la habilidad para interpretar y cuestionar la información con profundidad.
  • La quinta es la comunicación científica, que abarca la redacción y exposición clara de los hallazgos.
  • Y la sexta, no menos importante, es la actuación ética, que garantiza que todo el proceso se realice con honestidad y responsabilidad.
 

Los números que hablan: el antes y el después

Los resultados fueron reveladores. Antes de la intervención, ambos grupos partían de un nivel similar: el grupo experimental tenía una media global de 2,78 puntos sobre una escala que no se especifica en el resumen, pero que parece ser de 5, y el grupo control, de 2,82. Eran, por tanto, puntos de partida equivalentes.

Sin embargo, después de la intervención, el grupo experimental elevó su media a 3,74 puntos, un avance notable. En cambio, el grupo control apenas mejoró hasta 3,02.

Esta diferencia, aunque parezca pequeña en números, es estadísticamente muy significativa y, lo que es más importante, tiene un gran impacto práctico.

 

La fuerza del cambio: un efecto que no es casualidad

Los autores sometieron estos resultados a pruebas estadísticas para asegurarse de que la mejora no fuera producto del azar. La diferencia final entre ambos grupos fue significativa, con un valor de t(78) = 7,31 y una probabilidad de error menor al 0,001 (p < 0,001). Además, calcularon el tamaño del efecto, que resultó ser de d = 1,63, una cifra considerada muy elevada en ciencias sociales. Esto significa que la intervención con IA guiada no solo produjo una mejora, sino que esta fue sustancial y claramente atribuible al uso pedagógico de la tecnología.

 

¿En qué brillaron más? Los mayores avances

Dentro de las seis dimensiones evaluadas, hubo algunas en las que el progreso fue especialmente notorio:

  • Los estudiantes del grupo experimental mostraron los mayores avances en búsqueda y evaluación de información, lo que sugiere que la IA los ayudó a ser más eficientes y críticos al momento de encontrar y seleccionar fuentes.
  • También mejoraron significativamente en actuación ética, un hallazgo especialmente relevante porque muestra que, cuando su uso está adecuadamente orientado, la IA no necesariamente fomenta el plagio o la deshonestidad académica y puede contribuir al desarrollo de prácticas académicas responsables.
  • El análisis crítico fue otra de las competencias que más se fortaleció, lo que indica que los estudiantes aprendieron a cuestionar, contrastar y evaluar la información proporcionada por la IA.
 

El punto más débil: el dominio metodológico

Sin embargo, no todo fueron buenas noticias. La dimensión que registró el promedio final más bajo fue el dominio metodológico. Esto indica que, aunque la IA puede ser de gran ayuda para tareas como buscar información o redactar, los estudiantes aún necesitan un refuerzo más profundo en cuestiones de diseño de investigación, selección de métodos y procedimientos analíticos.

Es un recordatorio de que la tecnología es una herramienta poderosa, pero no sustituye el conocimiento teórico y práctico que solo una formación sólida puede proporcionar.

 

La clave del éxito: mediación docente y reflexión

Los autores son enfáticos en señalar que el éxito de la intervención no radicó en la IA en sí misma, sino en cómo se usó.

La mediación docente fue esencial: los profesores guiaron, orientaron y supervisaron cada paso, asegurándose de que los estudiantes no se limitaran a aceptar pasivamente lo que la IA generaba, sino que lo sometieran a verificación, reflexión y contraste.

La verificación de fuentes y la reflexión metodológica constante fueron los pilares que convirtieron una herramienta potencialmente superficial en un verdadero motor de aprendizaje profundo.

 

Implicaciones para la práctica educativa

Este estudio tiene implicaciones muy prácticas para las universidades y los docentes. Muestra que la inteligencia artificial generativa no es ni un enemigo que deba prohibirse ni una solución mágica que resuelva todos los problemas. Es, más bien, un recurso que, bien utilizado, puede potenciar el desarrollo de competencias investigativas.

Pero para que esto ocurra, es indispensable diseñar intervenciones pedagógicas claras, con objetivos definidos y un acompañamiento constante. No basta con decir «usen ChatGPT»; hay que enseñar a usarlo con criterio, ética y espíritu crítico.

 

El valor de la integridad académica

Uno de los mensajes más poderosos que deja el artículo es que el uso guiado de IA no solo no perjudica la integridad académica, sino que puede fortalecerla.

Los estudiantes del grupo experimental mejoraron su actuación ética, lo que sugiere que, al reflexionar sobre el origen y la veracidad de la información generada por la IA, desarrollaron una mayor conciencia sobre la importancia de citar, referenciar y dar crédito a las fuentes. Lejos de fomentar el atajo fácil, la intervención promovió una actitud más responsable y honesta hacia el conocimiento.

 

Limitaciones y futuras líneas de investigación

Como toda investigación, este estudio tiene sus limitaciones. El tamaño de la muestra (80 estudiantes) y el contexto específico en el que se realizó no permiten generalizar los resultados a todas las disciplinas o niveles educativos. Además, el diseño cuasiexperimental, aunque válido, no controla todas las variables externas que podrían haber influido. Los propios autores sugieren que sería valioso replicar el estudio en otras carreras, con muestras más amplias y en diferentes contextos culturales, para confirmar estos hallazgos y ajustar las estrategias pedagógicas.

 

Palabras finales: un horizonte prometedor

En conclusión, este artículo nos deja una visión optimista pero realista sobre el papel de la inteligencia artificial generativa en la formación investigadora. Cuando se articula con mediación docente, verificación de fuentes, reflexión metodológica e integridad académica, la IA se convierte en un aliado poderoso que puede elevar significativamente las competencias de los estudiantes.

No es la herramienta, sino el uso que hacemos de ella lo que marca la diferencia. Y, en ese uso, el papel del profesor sigue siendo insustituible:

  • guiar;
  • cuestionar;
  • acompañar;
  • y, sobre todo, inspirar el pensamiento crítico y la curiosidad intelectual que están en el corazón de toda investigación.
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¡Muchas gracias!

Datos de la publicación:

Revista: Journal of Multidisciplinary Novel Journeys & Explorations.

Título original: Efecto del uso guiado de inteligencia artificial generativa en las competencias investigativas de estudiantes universitarios.

Autores:

  • Miguel Ángel Rodríguez Mireles
    Universidad Del Pacífico, Ecuador
  • Sandra Eva Lomelí Rodríguez
    Universidad de Guadalajara, México
  • Nicolás Parra Bolaños
    Asociación Educar para el Desarrollo Humano
  • José María Gutiérrez Londoño
    Grupo Observatorio Público, Tecnológico de Antioquia – Institución Universitaria

Cómo citar esta publicación: Rodríguez Mireles, M. Ángel, Lomelí Rodríguez, S. E., Parra Bolaños, N., & Gutiérrez Londoño, J. M. (2026). Efecto del uso guiado de inteligencia artificial generativa en las competencias investigativas de estudiantes universitarios. Journal of Multidisciplinary Novel Journeys & Explorations, 4(1), 1-16. https://doi.org/10.63688/8ewys451

https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador Senior para el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación de Colombia | Psicólogo, Universidad Católica Luis Amigó | Máster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Doctor en Ciencias de la Educación, Universidad Cuauhtémoc | Codirector del Grupo de Investigación MESH-COINDEXA, ubicado en Categoría B para Minciencias de Colombia | Autor y coautor de más de 150 publicaciones científicas, entre artículos, capítulos de libros, libros completos, eBooks, notas de divulgación, columnas y working papers | Ha sido profesor en más de una docena de universidades y par evaluador para más de 30 revistas indexadas.