Violencia sexual online en adolescentes: impacto en la salud mental

La violencia sexual online en adolescentes constituye un problema creciente de salud mental y educación. Este artículo examina, desde un enfoque clínico y preventivo, cómo el acoso digital, la sextorsión y la difusión no consentida de imágenes impactan en la autoestima, el trauma y el bienestar psicológico de jóvenes en atención psiquiátrica.

Introducción y Contexto del Estudio

El presente artículo científico investiga un fenómeno de creciente relevancia social y de salud pública. Dicho fenómeno consiste en la violencia sexual online experimentada por adolescentes mujeres. Este estudio ha sido encabezado por la Dra. Frida Carlberg Rindestig y colaboradores en el Departamento de Psiquiatría Infantil y Adolescente por la Universidad de Umeå en Suecia.

La investigación se sitúa dentro de un contexto nacional específico, Suecia. Este país representa una sociedad con un alto grado de conectividad digital y un aparente compromiso con la igualdad de género. Sin embargo, la prevalencia de la violencia de género digital contra mujeres jóvenes muestra una tendencia alarmantemente ascendente. La literatura académica previa ha establecido vínculos claros e inequívocos entre la victimización online y consecuencias psicológicas severas. Tales consecuencias incluyen depresión, ansiedad, trauma y autolesiones.

La población de estudio, adolescentes mujeres en atención psiquiátrica, constituye un grupo particularmente vulnerable. Este grupo ofrece una perspectiva única y profundamente valiosa sobre la intersección entre la salud mental y la victimización digital. El estudio, por consiguiente, posee un objetivo principal doble.

El objetivo principal doble consiste:

  1. En primer lugar, en documentar y analizar las experiencias subjetivas de estas jóvenes.
  2. En segundo lugar, el análisis busca comprender el impacto psicológico y social de dichas experiencias.

La investigación adopta un enfoque cualitativo. La investigación cualitativa permite una exploración rica y detallada de las narrativas personales. La comprensión de estas narrativas personales resulta fundamental para desarrollar intervenciones clínicas y preventivas efectivas.

 

Metodología y Diseño del Estudio

El diseño metodológico del estudio se fundamenta en un enfoque fenomenológico. El enfoque fenomenológico prioriza la comprensión de las experiencias vividas desde la perspectiva de los propios individuos. La selección de participantes se realizó mediante un muestreo intencional. El muestreo intencional garantizó que todas las participantes cumplieran con criterios específicos. Los criterios específicos incluyeron: ser mujer, tener entre 15 y 20 años, haber experimentado al menos un incidente de violencia sexual online y estar recibiendo tratamiento en servicios de salud mental ambulatorios u hospitalarios en Suecia.

La muestra final estuvo compuesta por veinte adolescentes. La recolección de datos se llevó a cabo mediante entrevistas individuales semi-estructuradas. Las entrevistas individuales semi-estructuradas proporcionaron un marco flexible. El marco flexible permitió a las participantes describir sus experiencias con sus propias palabras, a la vez que aseguró la cobertura de temas clave predefinidos. Los temas clave predefinidos incluyeron la naturaleza de la violencia experimentada, la relación con el perpetrador, las reacciones emocionales, los mecanismos de afrontamiento, los procesos de divulgación y búsqueda de ayuda, y el impacto percibido en la salud mental y las relaciones interpersonales. Todas las entrevistas fueron grabadas en audio, transcritas textualmente y sometidas a un análisis temático. El análisis temático identificó patrones recurrentes y significativos a lo largo de los conjuntos de datos.

 

Hallazgos Principales: Las Formas de la Violencia Sexual Online

El análisis de las narrativas reveló un panorama complejo y multifacético de la victimización. La violencia sexual online no se manifestó como un evento aislado. Por el contrario, la violencia sexual online se manifestó frecuentemente como un proceso prolongado y acumulativo. Dicho proceso involucró múltiples formas de agresión que a menudo se superponían y reforzaban mutuamente.

Una forma predominante de violencia consistió en el acoso sexual. El acoso sexual incluyó mensajes no deseados, explícitos y amenazantes. Dichos mensajes eran recibidos a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos online. Estos mensajes describían actos sexuales violentos o contenían propuestas sexuales coercitivas. Un segundo hallazgo significativo fue la sextorsión. La sextorsión implica la amenaza de distribuir material sexual privado de una persona a menos que la víctima cumpla ciertas demandas. Las demandas incluían el envío de más imágenes íntimas, la realización de actos sexuales frente a la cámara o el pago de dinero.

La producción y distribución no consensuada de material sexual, comúnmente conocido como «pornografía de venganza», constituyó otra categoría central. En varios casos, las parejas sentimentales o conocidos compartieron imágenes o videos íntimos sin el consentimiento de las jóvenes. Dicha distribución ocasionó una humillación pública masiva y una pérdida devastadora del control sobre la propia imagen corporal.

Un hallazgo particularmente perturbador fue la experiencia de ser sometidas a agresiones sexuales grabadas. Algunas participantes relataron situaciones donde agresores las obligaron a realizar actos sexuales durante videollamadas. Dichos agresores posteriormente grababan los actos sin conocimiento ni consentimiento. Las grabaciones eran luego utilizadas como herramienta de chantaje o distribuidas en foros online. Finalmente, el ciberacoso misógino, con un fuerte componente de objectificación sexual, estuvo presente en la mayoría de los relatos.

Este ciberacoso a menudo tomaba la forma de comentarios públicos degradantes sobre el cuerpo, la sexualidad o la vida personal de las jóvenes. El anonimato que proporcionan las plataformas digitales parecía actuar como un facilitador clave. El anonimato permitía a los perpetradores actuar con un sentido de impunidad aumentado.

 

El Contexto Relacional: Conocidos, Extraños y Parejas Sentimentales

El análisis desmitificó la noción común de que los agresores son predominantemente extraños anónimos. Por el contrario, los datos revelaron que los perpetradores frecuentemente eran individuos conocidos por las víctimas. En un número significativo de casos, los agresores eran parejas sentimentales actuales o anteriores. Dichas parejas utilizaban el material íntimo previamente compartido en un contexto de confianza como un arma para mantener el control dentro de la relación o para castigar a la joven tras una ruptura.

Esta traición de la confianza exacerbaba profundamente el trauma psicológico. Otros agresores incluían compañeros de escuela, conocidos de círculos sociales amplios y contactos online que, con el tiempo, se habían ganado la confianza de las jóvenes. La línea entre el mundo online y offline resultaba consistentemente borrosa. Las amenazas y el acoso online frecuentemente se trasladaban al entorno escolar o al vecindario, creando una sensación de asedio constante sin un espacio seguro al cual recurrir.

 

Impacto Psicológico y Consecuencias para la Salud Mental

El impacto psicológico descrito por las participantes fue profundo, complejo y de larga duración. Las jóvenes utilizaron un lenguaje intensamente emocional para describir sus experiencias. Las reacciones emocionales inmediatas más comunes incluyeron un miedo paralizante, una vergüenza abrumadora, una humillación profunda y una confusión extrema. Con el tiempo, estas emociones iniciales a menudo evolucionaban hacia condiciones psicopatológicas más estructuradas.

Un hallazgo casi universal fue el desarrollo o el severo agravamiento de síntomas de ansiedad y depresión. Muchas participantes describieron cuadros de ansiedad social, ataques de pánico y un estado de hipervigilancia constante. La hipervigilancia se dirigía tanto a las interacciones online como offline. Sentimientos de desesperanza, tristeza profunda y pérdida de interés en actividades previamente placenteras eran recurrentes en los relatos. Un número alarmante de jóvenes conectó directamente sus experiencias de victimización online con conductas autolesivas e ideación suicida. La sensación de que la propia imagen y dignidad habían sido violadas y expuestas públicamente generaba un dolor psicológico insoportable para algunas.

El trauma, manifestándose como síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático, fue otra consecuencia destacada. Las participantes relataban flashbacks, pesadillas recurrentes y evitación de cualquier estímulo que recordara el evento traumático. Un estímulo común eran los teléfonos inteligentes o las computadoras. La victimización erosionaba drásticamente la autoestima y la autoimagen. Las internalizaban la narrativa de culpa y vergüenza proyectada por los agresores. Muchas llegaron a creer que eran «fáciles», «estúpidas» o merecedoras del abuso por haber confiado en el agresor o por haber creado el material íntimo en primer lugar. Esta internalización de la culpa actuaba como una barrera significativa para buscar ayuda.

 

Mecanismos de Afrontamiento y Procesos de Búsqueda de Ayuda

Las estrategias de afrontamiento empleadas por las adolescentes variaban en su efectividad. Una estrategia conductual común fue la autoprotección mediante el retraimiento. Dicha estrategia implicaba abandonar plataformas de redes sociales, cambiar números de teléfono o, en casos extremos, dejar de usar internet por completo. Si bien esta táctica ofrecía un alivio temporal, también conducía al aislamiento social y a una desconexión de redes de apoyo potenciales. Otras estrategias incluían la minimización cognitiva del evento, tratando de restarle importancia o normalizarlo como «algo que simplemente sucede». Desafortunadamente, el afrontamiento evasivo, como el consumo de sustancias, también estuvo presente en algunos relatos.

El proceso de divulgación y búsqueda de ayuda se caracterizó por múltiples obstáculos. La barrera más poderosa fue, invariablemente, la vergüenza. Las jóvenes temían ser juzgadas, culpadas o no creídas por adultos, incluyendo padres, profesores y profesionales de la ley. Este miedo frecuentemente se veía reforzado por experiencias previas de victimización o por una percepción general de que las autoridades no tomarían en serio su situación. Cuando decidían buscar ayuda, la primera elección solía ser una amiga de confianza. La divulgación a figuras adultas, especialmente a los padres, era un paso mucho más difícil y cargado de ansiedad. Las reacciones recibidas tras la divulgación eran críticas para la recuperación. Las respuestas de apoyo, validadoras y no juiciosas por parte de padres o terapeutas se asociaban con una mejor adaptación posterior. Por el contrario, las respuestas que cuestionaban las acciones de la víctima o minimizaban la gravedad del incidente exacerbaban el trauma y reforzaban los sentimientos de soledad y desesperanza.

 

Implicaciones para la Práctica Clínica y las Políticas Públicas

Los hallazgos del estudio poseen implicaciones directas y urgentes para varios ámbitos. Para los profesionales de la salud mental, los resultados subrayan la necesidad imperiosa de incorporar evaluaciones rutinarias sobre experiencias de violencia online en la práctica clínica estándar. Los terapeutas y psiquiatras deben recibir formación especializada para reconocer los signos de esta forma de victimización y para abordar el trauma específico asociado a ella. Las intervenciones terapéuticas deben ir más allá del tratamiento de síntomas como la ansiedad o la depresión. Las intervenciones terapéuticas deben abordar de manera explícita la culpa internalizada, la vergüenza traumática y las distorsiones cognitivas relacionadas con la autoimagen y la confianza.

En el ámbito educativo, existe una necesidad crítica de desarrollar y implementar programas de educación digital integrales. Dichos programas deben trascender las advertencias simplistas. Los programas deben incluir educación sobre el consentimiento digital, la gestión de la privacidad, la crítica a la masculinidad tóxica online y, fundamentalmente, deben proporcionar a los estudiantes conocimientos claros sobre cómo buscar ayuda en caso de victimización. Las escuelas requieren protocolos robustos para manejar casos de violencia sexual entre estudiantes que ocurran online, reconociendo el impacto dañino de dichos actos incluso cuando no ocurran dentro del recinto escolar.

Para el sistema legal y las fuerzas del orden, el estudio resalta las graves deficiencias existentes en la persecución de estos delitos. Las jóvenes percibían a la policía como poco comprensiva, lenta y, en última instancia, inefectiva. Es imperativo que las agencias de aplicación de la ley desarrollen unidades especializadas con formación en delitos digitales y trauma. Los procedimientos legales deben adaptarse para proteger a las víctimas menores de edad de la revictimización durante el proceso de investigación.

Finalmente, a nivel societal, se requiere una conversación pública más amplia que desafíe la cultura de la violación y la objectificación sexual de las mujeres, la cual se amplifica y normaliza a través de los espacios digitales.

 

Conclusión

En conclusión, la presente investigación ofrece una visión profundamente conmovedora y alarmante de las experiencias de violencia sexual online vividas por adolescentes mujeres en atención psiquiátrica. El estudio demuestra de manera concluyente que la violencia sexual online no es un fenómeno menor o virtual. La violencia sexual online constituye una forma de agresión grave con consecuencias psicológicas profundas y potencialmente devastadoras.

Las narrativas de las participantes ilustran un continuum de violencia donde los límites entre lo online y lo offline se desdibujan, donde los agresores suelen ser conocidos y donde el trauma se ve agravado por la vergüenza, la culpa internalizada y las respuestas inadecuadas de los sistemas de apoyo. La investigación sirve como un llamado de atención urgente para que clínicos, educadores, legisladores y la sociedad en su conjunto reconozcan la gravedad de este problema.

El bienestar de las generaciones jóvenes más vulnerables depende de la capacidad colectiva para comprender, prevenir y responder de manera efectiva y compasiva a la violencia sexual en el ámbito digital. El camino a seguir exige una colaboración multidisciplinaria, una mejora sustancial de los sistemas de apoyo y un compromiso inquebrantable con la creación de espacios digitales más seguros y respetuosos para todos.

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Referencia:

  • Rindestig, F. C., Gillander Gådin, K., & Dennhag, I. (2025). Experiences of Online Sexual Violence: Interviews With Swedish Teenage Girls in Psychiatric Care. Violence Against Women, 31(1), 266–290. https://doi.org/10.1177/10778012231203000
Cómo citar esta publicación: Parra Bolaños, N. (2025). Violencia sexual online en adolescentes: impacto en la salud mental. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/violencia-sexual-online-en-adolescentes-impacto-en-la-salud-mental/
https://orcid.org/0000-0002-0935-9496
Investigador Senior de Asociación Educar para el Desarrollo Humano e Investigador del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias, Colombia) | Psicólogo | Máster en Neuropsicología y Educación | Doctor en Ciencias de la Educación | Autor y coautor de más de 70 publicaciones científicas | Revisor invitado en más de 20 revistas indexadas | Parte del Equipo de Coordinadores del exitoso libro: "Una Historia de las Ciencias de la Conducta (Vol. I y II)", con más de 350.000 visitas digitales.