La exposición prolongada a pantallas en la vida adulta impacta la atención, el cuerpo y la salud emocional. Desde la neurociencia y la fisioterapia, este artículo analiza cómo el sedentarismo digital afecta al cerebro adulto y propone estrategias prácticas de movimiento para recuperar equilibrio, regulación emocional y bienestar integral.
Introducción
La vida adulta contemporánea se desarrolla, en gran medida, frente a una pantalla. El trabajo, la comunicación, el entretenimiento e incluso el cuidado de la salud han migrado a entornos digitales. Si bien esta transformación ha traído múltiples beneficios, también ha instalado una forma de vivir cada vez más sedentaria, fragmentada y desconectada del cuerpo.
A diferencia de la infancia, donde el uso de pantallas ha sido ampliamente problematizado, la adultez suele quedar fuera del análisis, bajo la falsa idea de que el cerebro adulto ya está formado y no se ve afectado por los hábitos cotidianos. Sin embargo, la evidencia neurocientífica demuestra que el cerebro adulto sigue siendo plástico, vulnerable y profundamente influenciado por el movimiento o su ausencia.
Este artículo aborda la relación entre cerebro, pantallas y edad adulta, poniendo el foco en estrategias prácticas, seguras y sostenibles que permitan recuperar el equilibrio entre tecnología, cuerpo y salud mental.
El cerebro adulto en entornos digitales prolongados
El cerebro adulto mantiene su capacidad de reorganización funcional gracias a la neuroplasticidad, aunque esta depende de la calidad y diversidad de los estímulos recibidos (Park & Reuter-Lorenz, 2009). Las pantallas ofrecen estimulación constante, pero predominantemente visual, rápida y fragmentada, lo que favorece procesos atencionales superficiales y un estado de alerta sostenida.
Diversos estudios han señalado que la multitarea digital frecuente se asocia con:
- Mayor fatiga cognitiva
- Dificultad para mantener la atención sostenida
- Menor eficiencia en funciones ejecutivas (Ophir, Nass & Wagner, 2009)
Cuando estos patrones se mantienen en el tiempo y no se compensan con experiencias corporales, el cerebro adulto pierde oportunidades de regulación profunda.
Pantallas, sedentarismo y desconexión corporal
Desde la fisioterapia, el uso prolongado de pantallas se vincula directamente con el sedentarismo, uno de los principales factores de riesgo para la salud en la edad adulta. Permanecer largos periodos en posición sentada, con bajo movimiento articular y mínima activación muscular, impacta negativamente tanto al cuerpo como al cerebro.
El sedentarismo se asocia con:
- Dolor musculoesquelético persistente
- Alteraciones posturales
- Disminución de la movilidad y la fuerza funcional
- Mayor riesgo de deterioro cognitivo y emocional (Booth, Roberts & Laye, 2012)
El cuerpo inmóvil envía menos información propioceptiva y vestibular al cerebro, empobreciendo la integración sensorial necesaria para una regulación neuroemocional adecuada.
Movimiento como modulador del cerebro adulto
El movimiento no es solo una conducta saludable, sino un mecanismo neurobiológico esencial. La actividad física y el movimiento cotidiano estimulan la liberación de factores neurotróficos, especialmente el BDNF, implicado en memoria, aprendizaje y regulación emocional (Cotman, Berchtold & Christie, 2007).
Además, el movimiento:
- Mejora el flujo sanguíneo cerebral
- Favorece la neurogénesis hipocampal
- Regula el sistema nervioso autónomo
- Reduce marcadores de estrés crónico (Erickson et al., 2011; Ratey & Loehr, 2011)
En contextos de alta exposición a pantallas, el movimiento se convierte en una estrategia compensatoria indispensable.
Estrategias prácticas, seguras y alcanzables para la vida adulta
El objetivo no es eliminar las pantallas, sino integrar el movimiento de forma consciente y realista, respetando los ritmos y condiciones de la vida adulta.
1. Pausas activas neuroreguladoras (3–5 minutos)
Cada 60–90 minutos de uso de pantallas:
- Movilidad suave de columna (flexión, extensión y rotaciones lentas)
- Movimientos amplios de hombros y brazos
- Respiración profunda coordinada con el movimiento
Estas pausas reducen la fatiga mental y mejoran la atención sostenida (WHO, 2020).
2. Cambios posturales frecuentes
No permanecer más de 30–40 minutos en una misma postura:
- Alternar entre estar sentado y de pie
- Apoyos asimétricos controlados
- Ajustes conscientes de la postura cervical y dorsal
Los cambios posturales activan la propiocepción y previenen el dolor crónico musculoesquelético.
3. Movimiento durante el uso de pantallas
Estrategias simples y seguras:
- Caminar lentamente durante llamadas
- Estiramientos suaves mientras se consume contenido audiovisual
- Uso de escritorios elevados por intervalos cortos
Esto disminuye el impacto negativo del tiempo de pantalla prolongado.
4. Movimiento rítmico como regulador emocional
Cuando existe sobrecarga emocional o mental:
- Caminatas conscientes
- Balanceos suaves
- Movimientos repetitivos y lentos
El movimiento rítmico ayuda a regular el sistema nervioso y disminuir la ansiedad (Ratey & Loehr, 2011).
5. Priorizar el movimiento antes o después del uso prolongado de pantallas
Realizar:
- Caminatas
- Ejercicios de movilidad global
Actividades funcionales antes o después de jornadas digitales intensas favorece una mejor integración cognitiva y emocional.
Conclusiones
La relación entre cerebro, pantallas y edad adulta constituye uno de los grandes desafíos de la salud contemporánea. La evidencia científica demuestra que, aunque las pantallas son herramientas útiles e inevitables, su uso prolongado y desregulado, especialmente cuando se asocia al sedentarismo, impacta de manera significativa la salud cerebral, corporal y emocional del adulto.
Desde la neurociencia, se reconoce que el cerebro adulto conserva su capacidad plástica, pero esta depende de estímulos ricos, variados y corporales. La estimulación digital, cuando no se equilibra con movimiento, resulta insuficiente para sostener funciones cognitivas superiores como la atención sostenida, la memoria y la flexibilidad mental (Park & Reuter-Lorenz, 2009).
Desde la fisioterapia, el cuerpo adulto requiere movimiento frecuente para mantener la funcionalidad, prevenir el dolor crónico y preservar la autonomía. El sedentarismo asociado al uso excesivo de pantallas empobrece la comunicación cuerpo–cerebro, altera la postura, la respiración y el equilibrio, y aumenta el riesgo de deterioro funcional progresivo (Booth et al., 2012).
Desde la psicología, el movimiento se comprende como una vía natural de regulación emocional. La ausencia de actividad corporal limita la capacidad de descarga del estrés, favoreciendo estados de ansiedad, irritabilidad y desconexión corporal.
Por tanto, replantear el uso de pantallas en la edad adulta no implica prohibición, sino conciencia y equilibrio. Integrar estrategias simples, seguras y sostenibles de movimiento cotidiano permite proteger la salud cerebral, emocional y funcional sin renunciar a los beneficios de la tecnología.
Moverse en la adultez no es una recomendación opcional: es una necesidad neurobiológica y un acto de autocuidado consciente, especialmente en una sociedad cada vez más digitalizada.
Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
- Booth, F. W., Roberts, C. K., & Laye, M. J. (2012). Lack of exercise is a major cause of chronic diseases. Comprehensive Physiology, 2(2), 1143–1211. https://doi.org/10.1002/cphy.c110025
- Cotman, C. W., Berchtold, N. C., & Christie, L. A. (2007). Exercise builds brain health: key roles of growth factor cascades and inflammation. Trends in Neurosciences, 30(9), 464–472. https://doi.org/10.1016/j.tins.2007.06.011
- Erickson, K. I., et al. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. PNAS, 108(7), 3017–3022. https://doi.org/10.1073/pnas.1015950108
- Ophir, E., Nass, C., & Wagner, A. D. (2009). Cognitive control in media multitaskers. PNAS, 106(37), 15583–15587. https://doi.org/10.1073/pnas.0903620106
- Park, D. C., & Reuter-Lorenz, P. (2009). The adaptive brain: aging and neurocognitive scaffolding. Psychological Review, 116(1), 102–129. https://doi.org/10.1037/a0015282
- Ratey, J. J., & Loehr, J. E. (2011). The positive impact of physical activity on cognition during adulthood. Reviews in the Neurosciences, 22(2), 171–185.
https://doi.org/10.1515/rns.2011.017 - World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. https://www.who.int/publications/i/item/9789240015128
Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Cerebro, pantallas y edad adulta: cómo recuperar el equilibrio entre tecnología, movimiento y bienestar. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/cerebro-pantallas-y-edad-adulta-como-recuperar-el-equilibrio-entre-tecnologia-movimiento-y-bienestar/
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