El ejercicio físico es una herramienta terapéutica clave en el manejo de la diabetes tipo 1 y tipo 2. Desde una mirada integradora entre neurociencia, fisioterapia y educación corporal, analizamos cómo el movimiento impacta en la glucosa, el cerebro, la salud mental y la calidad de vida.
Introducción
La diabetes mellitus constituye uno de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI debido a su alta prevalencia, su carácter crónico y el impacto multisistémico que genera a lo largo del curso de vida. Más allá de la alteración en el metabolismo de la glucosa, la diabetes afecta de manera profunda la función cardiovascular, neuromuscular, sensorial y cognitiva, condicionando la autonomía funcional, la regulación emocional y la calidad de vida de las personas que la viven (Brazilian Diabetes Society, 2022).
En este contexto, el ejercicio físico ha sido ampliamente reconocido como un pilar fundamental del tratamiento, junto con la nutrición y la farmacoterapia. Sin embargo, en la práctica clínica el movimiento suele abordarse desde una lógica simplificada, centrada exclusivamente en la reducción de la glucemia o del peso corporal, sin considerar que la respuesta fisiológica al ejercicio depende del tipo de diabetes, del estado del sistema nervioso y del contexto biopsicosocial de cada persona (Colberg et al., 2022).
Desde una perspectiva neurofisiológica, el ejercicio no es solo un estímulo metabólico, sino una intervención neurobiológica compleja que modula la interacción entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema musculoesquelético.
El movimiento influye sobre la sensibilidad a la insulina, pero también sobre la regulación del estrés, la función cognitiva, la percepción corporal y los estados emocionales, aspectos particularmente relevantes en una condición crónica que exige altos niveles de autorregulación cotidiana (Li et al., 2024).
Es fundamental reconocer que la diabetes tipo 1 (DM1) y la diabetes tipo 2 (DM2) presentan mecanismos fisiopatológicos diferentes, lo que se traduce en respuestas distintas frente a los diversos tipos de ejercicio físico. Mientras que en la DM2 el ejercicio actúa directamente mejorando la resistencia a la insulina y el control glucémico, en la DM1 la actividad física requiere una planificación más cuidadosa debido al riesgo de hipoglucemia asociado al uso de insulina exógena (American Diabetes Association [ADA], 2024).
En una sociedad marcada por el sedentarismo, la sobrecarga laboral y el estrés crónico, resulta necesario repensar el ejercicio no solo como entrenamiento estructurado, sino como movimiento cotidiano, accesible y sostenible, capaz de integrarse a la vida diaria y favorecer la adherencia terapéutica. El presente artículo tiene como objetivo analizar los tipos de ejercicio físico y su aplicación según el tipo de diabetes, integrando evidencia científica actualizada con una mirada funcional e integradora.
El ejercicio físico como regulador metabólico y cerebral
El ejercicio físico actúa como un regulador central del metabolismo de la glucosa y del funcionamiento cerebral. Durante la actividad física, el músculo esquelético incrementa la captación de glucosa de forma independiente a la insulina, lo que resulta especialmente beneficioso en personas con DM2 (Colberg et al., 2022). A largo plazo, el ejercicio regular mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los niveles de hemoglobina glicosilada (HbA1c).
Desde el sistema nervioso, el movimiento estimula la liberación de factores neurotróficos como el BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), asociados a la plasticidad cerebral, la memoria y la regulación emocional (Li et al., 2024). Este efecto posiciona al ejercicio como una intervención que trasciende lo metabólico, impactando también la salud cognitiva y emocional de las personas con diabetes.
Tipos de ejercicio físico y sus efectos generales
El ejercicio físico puede clasificarse en tres grandes categorías funcionales:
Ejercicio aeróbico
Entrenamiento de fuerza o resistencia
Ejercicios de flexibilidad, equilibrio y conciencia corporal
Cada uno genera adaptaciones fisiológicas diferentes y, por lo tanto, su indicación debe ajustarse al tipo de diabetes y a las características individuales.
Ejercicio físico en la diabetes tipo 1
La diabetes tipo 1 se caracteriza por una deficiencia absoluta de insulina, lo que implica que la respuesta glucémica al ejercicio depende de la dosis de insulina, la ingesta de carbohidratos y la intensidad del esfuerzo (ADA, 2024).
Consideraciones principales
El ejercicio aeróbico prolongado suele producir una disminución de la glucosa durante y después de la actividad, aumentando el riesgo de hipoglucemia si no se realizan ajustes adecuados (Riddell et al., 2023). En contraste, el entrenamiento de fuerza puede generar respuestas glucémicas más estables.
Recomendaciones generales
-Priorizar ejercicio combinado (aeróbico + fuerza).
-Monitorear la glucemia antes, durante y después del ejercicio.
-Ajustar insulina e ingesta de carbohidratos según el tipo de actividad.
El acompañamiento educativo y la conciencia corporal resultan fundamentales para que la persona pueda autorregularse de manera segura.
Ejercicio físico en la diabetes tipo 2
En la diabetes tipo 2, el ejercicio físico constituye una de las intervenciones más efectivas para mejorar el control glucémico y reducir el riesgo de complicaciones (Brazilian Diabetes Society, 2022).
Beneficios documentados
Reducción significativa de HbA1c.
Mejora de la sensibilidad a la insulina.
Disminución del riesgo cardiovascular.
Mejora del bienestar emocional y cognitivo (Colberg et al., 2022).
Tipos de ejercicio recomendados
Ejercicio aeróbico regular (≥150 minutos semanales).
Entrenamiento de fuerza al menos 2–3 veces por semana.
Ejercicios de movilidad y equilibrio, especialmente en adultos mayores.
Los programas combinados muestran mayores beneficios que las modalidades aisladas (Umpierre et al., 2022).
Movimiento cotidiano y adherencia terapéutica
La adherencia al ejercicio a largo plazo mejora cuando el movimiento se integra a la vida diaria. Caminatas conscientes, pausas activas, movilidad articular y actividades funcionales permiten reducir el sedentarismo y sostener beneficios metabólicos y neurológicos (WHO, 2020).
Desde la fisioterapia, promover el movimiento cotidiano implica educar en escucha corporal, regulación del esfuerzo y autonomía funcional, evitando enfoques prescriptivos rígidos que dificultan la adherencia.
Estrategias prácticas de integración
Rutinas breves y frecuentes (10–20 minutos).
Alternancia de ejercicio aeróbico y fuerza.
Movimiento como regulador emocional (caminatas, respiración y ritmo).
Adaptación individual según contexto, edad y comorbilidades.
Conclusiones ampliadas
El ejercicio físico debe comprenderse como una intervención terapéutica central y multidimensional en el manejo de la diabetes, más allá de su efecto inmediato sobre la glucosa en sangre. La evidencia científica actual confirma que el movimiento regular no solo mejora parámetros metabólicos como la HbA1c y la sensibilidad a la insulina, sino que también impacta de forma positiva la función cardiovascular, neuromuscular, cognitiva y emocional (Colberg et al., 2022; Li et al., 2024).
En la diabetes tipo 2, el ejercicio combinado aeróbico y de fuerza se posiciona como una de las estrategias más eficaces para reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad de vida, especialmente cuando se integra de forma sostenida en la rutina diaria. En la diabetes tipo 1, si bien el ejercicio requiere una planificación más cuidadosa, sus beneficios sobre la capacidad funcional, la salud mental y la autorregulación justifican plenamente su incorporación dentro de un enfoque educativo integral (Riddell et al., 2023).
Desde una mirada integradora, el movimiento no debe ser prescrito únicamente como una dosis de actividad física, sino comprendido como un proceso de aprendizaje corporal, donde la persona desarrolla conciencia, autonomía y capacidad de adaptación. El ejercicio se convierte así en una herramienta de empoderamiento, capaz de mejorar no solo indicadores clínicos, sino también la relación con el propio cuerpo y la vivencia cotidiana de la enfermedad.
Promover el movimiento adaptado, consciente y sostenible en personas con diabetes no es solo una estrategia terapéutica individual, sino también una acción clave de salud pública orientada a preservar funcionalidad, bienestar y calidad de vida a lo largo del tiempo.
Nota
La información presentada en este artículo tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación ni el acompañamiento individual de un profesional de la salud. Cada persona con diabetes presenta características, necesidades y respuestas al ejercicio diferentes.
Ante situaciones particulares, dudas específicas o cambios en el tratamiento, se recomienda consultar con el especialista correspondiente (médico, fisioterapeuta, nutricionista o equipo de salud) para una orientación personalizada.
Si quieres conocer más sobre el abordaje del movimiento desde una mirada integradora y basada en evidencia, no dudes en visitarme en @fisiodelainfancia.
Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
- American Diabetes Association. (2024). Standards of care in diabetes—2024. Diabetes Care, 47(Suppl. 1), S1–S350. https://doi.org/10.2337/dc24-SINT
- Brazilian Diabetes Society. (2022). Position statement on exercise recommendations for people with type 1 and type 2 diabetes. Diabetology & Metabolic Syndrome, 14(1), 1–22. https://doi.org/10.1186/s13098-022-00945-3
- Colberg, S. R., et al. (2022). Physical activity/exercise and diabetes: A consensus statement. Diabetes Care, 45(11), 2753–2782. https://doi.org/10.2337/dci22-0025
- Zhang S, Gu B, Zhen K, Du L, Lv Y, Yu L. Effects of exercise on brain-derived neurotrophic factor in Alzheimer’s disease models: A systematic review and meta-analysis. Arch Gerontol Geriatr. 2024 Nov;126:105538. doi: 10.1016/j.archger.2024.105538. Epub 2024 Jun 12. PMID: 38878598.
- Riddell, M. C., et al. (2023). Exercise management in type 1 diabetes: A consensus statement. The Lancet Diabetes & Endocrinology, 11(4), 257–274. DOI: 10.1016/S2213-8587(17)30014-1
- Umpierre, D., et al. (2022). Physical activity advice and structured exercise in type 2 diabetes. JAMA, 327(7), 639–650. DOI: 10.1001/jama.2011.576
- World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. World Health Organization.
Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Ejercicio físico y diabetes: el movimiento como herramienta terapéutica. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/ejercicio-fisico-y-diabetes-el-movimiento-como-herramienta-terapeutica/
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