En los últimos años, la neurociencia ha ganado una presencia creciente en el discurso educativo. Conceptos como neuroplasticidad, funciones ejecutivas, emociones, atención o estilos de aprendizaje circulan con fuerza en cursos, capacitaciones, redes sociales y materiales escolares. Sin embargo, ¿qué tan alineadas están estas creencias con la evidencia científica actual?
Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista científica Trends in Neuroscience and Education, analizó las creencias sobre neurociencia y educación de 1.139 docentes de América Latina y las comparó con las respuestas de un panel internacional de expertos.
Esta investigación, realizada por Asociación Educar para el Desarrollo Humano junto con universidades de España y Estados Unidos —entre ellas la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Cádiz y la Universidad de Virginia—, resulta novedosa por ser la primera en comparar, en una muestra amplia de la región, las creencias de los docentes con la perspectiva de expertos. Esto permite identificar no solo qué creen los educadores, sino también dónde y cómo se producen los desacoples entre el discurso educativo y la evidencia científica.
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Un estudio regional con una muestra amplia
La investigación incluyó a 1.139 docentes de distintos niveles educativos (inicial, primario, secundario y universitario), provenientes principalmente de Argentina, México, Uruguay, Chile y Colombia, así como a un grupo de expertos en neurociencia, psicología y educación.
Para evaluar las creencias sobre el cerebro y el aprendizaje, se desarrolló un instrumento específico y actualizado: el Cuestionario de Creencias Neurocientíficas en Educación, compuesto por 58 afirmaciones que abarcan temas como:
- neuroplasticidad y desarrollo cerebral,
- emociones y aprendizaje,
- hábitos saludables y cerebro,
- funciones cognitivas,
- trastornos del neurodesarrollo,
- neuromitos clásicos y emergentes.
Los participantes debían indicar si consideraban cada afirmación verdadera, falsa o dudosa.
Alta variabilidad y escaso consenso entre docentes
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la alta heterogeneidad en las respuestas de los docentes. Solo un 16% de las afirmaciones mostró un consenso claro, mientras que casi la mitad (43%) evidenció fuertes desacuerdos entre los propios educadores.
Las áreas con mayor confusión incluyeron:
- asimetrías cerebrales (hemisferio derecho vs. izquierdo),
- neurodesarrollo y neuroplasticidad,
- estimulación temprana y herencia,
- trastornos del aprendizaje.
Este resultado sugiere que muchos conceptos neurocientíficos se incorporan al discurso educativo de forma fragmentada, simplificada o poco crítica.
Docentes y expertos: una brecha significativa
Al comparar las respuestas de los docentes con las de los expertos, emergió un dato contundente: en el 60% de las afirmaciones hubo desacuerdo entre ambos grupos, y en más de un tercio de los casos la diferencia fue marcada.
Entre las afirmaciones con mayor desacople entre docentes y expertos se destacan los siguientes neuromitos, ampliamente difundidos en el ámbito educativo:
Estilos de aprendizaje (visual, auditivo o kinestésico)
Docentes: 84,1 % “verdadero” | Expertos: 0 %
Inteligencias múltiples (lingüística, musical, naturalista, etc.)
Docentes: 78,1 % | Expertos: 0 %
Brain Gym (ejercicios de “integración hemisférica”)
Docentes: 75,7 % | Expertos: 0 %
Estos datos muestran con claridad que algunos de los neuromitos más difundidos no solo persisten, sino que continúan siendo considerados verdaderos por una gran proporción de docentes, a pesar de no contar con respaldo científico según la evaluación de expertos.
¿La formación en neurociencia protege contra los neuromitos?
Un hallazgo especialmente relevante del estudio es que no toda formación en neurociencia tiene el mismo efecto.
Los docentes que recibieron contenidos de neurociencia dentro de su formación académica formal mostraron, paradójicamente, mayor adhesión a neuromitos.
En cambio, quienes realizaron formaciones específicas y posteriores, por fuera del currículo básico, presentaron una probabilidad significativamente menor de sostener creencias erróneas.
Esto sugiere que el problema no es solo “tener” contenidos de neurociencia, sino cómo, cuándo y desde qué enfoque se enseñan.
Diferencias según nivel educativo
El estudio también encontró diferencias según el nivel en el que enseñan los docentes:
- los educadores del nivel inicial mostraron mayor tendencia a aceptar neuromitos;
- los docentes universitarios, en cambio, presentaron niveles significativamente más bajos de creencias erróneas.
Estas diferencias refuerzan la necesidad de acompañar especialmente a los niveles más tempranos, donde muchas decisiones pedagógicas se toman en nombre del “cerebro” del niño.
De los neuromitos a las “neurocreencias”
Un aporte conceptual clave del estudio es la ampliación del foco más allá de los neuromitos clásicos. Los autores proponen hablar de “creencias neurocientíficas en educación”, que incluyen:
- ideas correctas,
- ideas claramente erróneas,
- y afirmaciones para las cuales aún no existe evidencia científica suficiente.
Este enfoque reconoce que la ciencia avanza y que algunas ideas pueden cambiar de estatus con el tiempo, pero también subraya la importancia de no convertir hipótesis o resultados parciales en recetas pedagógicas.
Implicancias para la formación docente
Los resultados del estudio son claros: la formación continua, rigurosa y crítica en neurociencia y psicología educativa actúa como un factor protector frente a la desinformación.
Más que sumar conceptos “neuro”, se vuelve imprescindible:
- fortalecer la alfabetización científica,
- promover el pensamiento crítico,
- diferenciar evidencia sólida de modas educativas,
- traducir la investigación en criterios pedagógicos claros, sin sobreinterpretaciones.
Una invitación a repensar el vínculo entre neurociencia y educación
Este trabajo constituye uno de los estudios más amplios realizados en América Latina sobre creencias docentes y neurociencia, y pone en evidencia una tensión central: el interés por el cerebro es alto, pero el riesgo de simplificación también.
Integrar la neurociencia a la educación es una oportunidad valiosa, siempre que se haga desde un enfoque ético, contextualizado y basado en evidencia. De lo contrario, los neuromitos pueden convertirse en nuevas formas de desinformación pedagógica, incluso cuando se presentan con lenguaje científico.
Autores:
- Marta Cerezo García
Departamento de Psicobiología y Metodología en Ciencias del Comportamiento, Universidad Complutense de Madrid, España - Anna Carballo Márquez
Departamento de Psicología, Universitat Internacional de Catalunya, España - Paul B. Perrin
School of Data Science and Department of Psychology, University of Virginia, EE. UU. - Bryan R. Christ
School of Data Science and Department of Psychology, University of Virginia, EE. UU. - Laiene Olabarrieta-Landa
Departamento de Ciencias de la Salud, Universidad Pública de Navarra, España - Cristian Y. Logatt Grabner
Asociación Educar para el Desarrollo Humano - Juan Carlos Arango Lasprilla
IKERBASQUE, Fundación Vasca para la Ciencia - Esperanza Vergara-Moragues
Departamento de Psicología, Universidad de Cádiz, España
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Cómo citar esta publicación: Cerezo García, M., Carballo Márquez, A., Perrin, P. B., Christ, B. R., Olabarrieta-Landa, L., Logatt Grabner, C. Y., Arango-Lasprilla, J. C., y Vergara-Moragues, E. (2026). Neuroscience Beliefs in Education among Teachers in Argentina and other Latin American countries: Predictors and Comparisons to Experts’ Perspectives. Trends in Neuroscience and Education, 100279. https://doi.org/10.1016/j.tine.2026.100279
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