Aprendizaje motor y neuroplasticidad: cómo aprende el cerebro

El aprendizaje motor constituye uno de los pilares del desarrollo humano. La evidencia científica más reciente confirma que el cerebro modifica continuamente sus redes neuronales cuando enfrenta desafíos motores significativos, consolidando nuevas habilidades mediante mecanismos de neuroplasticidad.

 

Cada movimiento que realizamos, desde sostener una cuchara hasta escribir, correr o montar bicicleta, es el resultado de un proceso complejo conocido como aprendizaje motor.

Durante décadas se asumió que aprender una habilidad motora dependía principalmente de repetir un movimiento numerosas veces. Sin embargo, la evidencia científica reciente demuestra que el cerebro aprende de manera más eficiente cuando la práctica incorpora:

  • variabilidad,
  • retroalimentación adecuada,
  • desafíos progresivos
  • y experiencias significativas.

El aprendizaje motor constituye uno de los pilares del desarrollo humano y representa un área de gran relevancia para:

  • la fisioterapia,
  • la educación
  • y la rehabilitación.

Las investigaciones publicadas durante los últimos años muestran que la adquisición de habilidades motoras está estrechamente relacionada con procesos de neuroplasticidad, reorganización cerebral y fortalecimiento de las redes sensoriomotoras, procesos que ocurren desde la infancia y continúan durante toda la vida (Gooijers et al., 2024).

 

Introducción

¿Por qué algunos niños aprenden rápidamente a saltar mientras otros necesitan semanas de práctica? ¿Cómo es posible que después de años sin montar bicicleta podamos volver a hacerlo casi automáticamente? ¿Por qué ciertos movimientos se vuelven tan naturales que dejamos de pensar en ellos?

La respuesta se encuentra en el aprendizaje motor: este tipo de aprendizaje puede entenderse como el conjunto de cambios relativamente permanentes en la capacidad para ejecutar habilidades motrices como consecuencia de la práctica y la experiencia.

No consiste únicamente en fortalecer músculos o mejorar la condición física; implica una reorganización constante del sistema nervioso, donde el cerebro modifica conexiones neuronales para hacer los movimientos más precisos, eficientes y automáticos (Winterbottom & Nilsen, 2024).

Durante las últimas décadas, el estudio del aprendizaje motor ha evolucionado considerablemente. Las teorías clásicas propuestas por Fitts y Posner (1967), Bernstein (1967) y Schmidt (1975) continúan siendo fundamentales para comprender cómo adquirimos habilidades, pero hoy estas teorías se complementan con hallazgos provenientes de la neuroimagen, la neuroplasticidad y la ciencia del comportamiento.

Comprender estos principios resulta especialmente importante para cada experiencia de movimiento puede influir no solo en la coordinación motora, sino también en procesos cognitivos, emocionales y sociales.

 

¿Qué es realmente el aprendizaje motor?

El aprendizaje motor representa un proceso interno que modifica la capacidad futura para ejecutar una acción. Esto significa que el verdadero aprendizaje no siempre puede observarse inmediatamente durante una sesión de práctica.

Es importante diferenciar tres conceptos frecuentemente confundidos:

  1. El primero es el desempeño, que hace referencia a cómo una persona ejecuta una tarea en un momento específico.
  2. El segundo es el aprendizaje, entendido como el cambio relativamente permanente que se produce gracias a la práctica y la experiencia.
  3. Finalmente, la automatización corresponde a la capacidad para ejecutar una habilidad con muy poca atención consciente, permitiendo que el movimiento ocurra de forma fluida y eficiente.

Por ejemplo, un niño puede lanzar correctamente una pelota durante una sesión porque recibe múltiples indicaciones del terapeuta. Ese buen desempeño no garantiza que exista aprendizaje. El aprendizaje se evidencia cuando, días después, logra repetir la habilidad sin necesidad de ayuda constante.

Esta diferencia tiene importantes implicaciones para la práctica clínica, ya que un desempeño perfecto durante la intervención no siempre predice una adquisición duradera de la habilidad.

 

El cerebro aprende moviéndose

El aprendizaje motor depende de una compleja red de estructuras cerebrales que trabajan de manera coordinada.

La corteza motora primaria participa directamente en la ejecución del movimiento voluntario. Durante las primeras fases del aprendizaje presenta una elevada actividad porque el cerebro necesita calcular continuamente:

  • la intensidad,
  • dirección
  • y secuencia de cada acción

Con la práctica, esta activación se vuelve más eficiente.

El cerebelo constituye uno de los protagonistas del aprendizaje motor. Su función consiste en comparar el movimiento planeado, el movimiento ejecutado y el error producido. Cada diferencia entre la intención y la ejecución genera ajustes extremadamente rápidos que mejoran precisión, equilibrio y coordinación. Por esta razón, cometer errores controlados resulta esencial para aprender.

Los ganglios basales intervienen especialmente en la formación de hábitos, la automatización y la selección de movimientos eficientes. Cuando una habilidad se practica repetidamente, estas estructuras ayudan a reducir el esfuerzo cognitivo necesario para ejecutarla.

Por su parte, la corteza prefrontal participa intensamente durante el aprendizaje inicial porque regula la atención, la memoria de trabajo, la planificación y el control inhibitorio. A medida que la habilidad se automatiza, esta región reduce progresivamente su participación.

 

Neuroplasticidad: el verdadero motor del aprendizaje

Uno de los mayores descubrimientos de la neurociencia contemporánea es que el cerebro mantiene una capacidad de cambio mucho mayor de lo que anteriormente se pensaba.

La neuroplasticidad puede definirse como la capacidad del sistema nervioso para reorganizar su estructura, función y conectividad en respuesta a la experiencia. Esta reorganización incluye cambios en:

  • las sinapsis,
  • las conexiones neuronales,
  • la sustancia gris,
  • la sustancia blanca
  • y la conectividad funcional.

La revisión realizada por (Gooijers et al., 2024) demuestra que incluso los adultos mayores conservan una notable capacidad para adquirir nuevas habilidades motoras mediante entrenamiento adecuado, evidenciando modificaciones tanto estructurales como funcionales en el cerebro después de la práctica.

Este hallazgo rompe definitivamente el antiguo mito de que solo los niños pueden aprender nuevas habilidades motoras con facilidad. La infancia representa una ventana privilegiada de plasticidad, pero el aprendizaje continúa siendo posible durante toda la vida.

 

Las tres fases del aprendizaje motor

La teoría de Fitts y Posner continúa siendo una de las explicaciones más útiles para comprender cómo progresa el aprendizaje.

La primera corresponde a la etapa cognitiva, donde la persona intenta comprender qué debe hacer. En esta fase aparecen:

  • numerosos errores,
  • los movimientos son lentos,
  • la atención es elevada
  • y existe una gran necesidad de instrucciones frecuentes.

Un ejemplo cotidiano es un niño que comienza a utilizar tijeras por primera vez. En esta etapa resulta recomendable no corregir todos los errores simultáneamente, sino ofrecer una única indicación específica. En lugar de múltiples instrucciones, puede ser más efectivo decir: “Hoy vamos a practicar solamente abrir y cerrar las tijeras”.

La segunda corresponde a la etapa asociativa, donde el cerebro comienza a:

  • reconocer patrones,
  • disminuyen los errores
  • y mejora la coordinación.

En este momento resulta especialmente útil introducir variabilidad. Si el objetivo consiste en lanzar una pelota, modificar la distancia, el tamaño del objeto, la dirección o el objetivo obliga al cerebro a encontrar nuevas soluciones motoras.

Finalmente aparece la etapa autónoma, donde la habilidad prácticamente se automatiza. Caminar, escribir o montar bicicleta son ejemplos de movimientos que requieren muy poca atención consciente una vez han sido consolidados.

 

El error: un aliado del cerebro

Durante muchos años se creyó que cometer errores representaba un obstáculo para aprender. La evidencia actual demuestra exactamente lo contrario.

El cerebelo utiliza los errores como información para recalibrar continuamente el movimiento (Winterbottom & Nilsen., 2024).

Sin embargo, existe una diferencia importante entre un error útil y una frustración excesiva:

  • Cuando la tarea resulta demasiado fácil, el cerebro aprende poco.
  • Cuando resulta excesivamente difícil, aparece frustración.

El punto óptimo se encuentra en un desafío suficientemente alto para estimular la adaptación sin provocar abandono.

Este principio invita a replantear muchas prácticas educativas y terapéuticas donde se busca evitar cualquier equivocación. En realidad, un error seguro constituye una oportunidad para fortalecer las redes neuronales implicadas en la planificación y el ajuste del movimiento.

 

Aprendizaje implícito y explícito

La literatura reciente ha dedicado especial atención a estas dos formas de aprender:

  • El aprendizaje explícito utiliza reglas conscientes, instrucciones verbales y procesos cognitivos deliberados para ejecutar una habilidad. Suele ser especialmente útil durante las primeras etapas del aprendizaje, cuando la persona necesita comprender qué debe hacer.
  • Por otro lado, el aprendizaje implícito ocurre principalmente mediante la experiencia y reduce la carga cognitiva. La revisión sistemática realizada por Prasomsri et al., (2024) muestra que este tipo de aprendizaje puede ofrecer ventajas importantes en contextos de rehabilitación, especialmente cuando existen dificultades cognitivas, ya que disminuye la dependencia de instrucciones verbales complejas.

Una estrategia práctica consiste en sustituir instrucciones técnicas como “flexiona la rodilla treinta grados” por indicaciones funcionales como “salta como una rana”, utilizando metáforas que favorecen un aprendizaje más natural.

 

La retroalimentación que realmente enseña

La retroalimentación constituye uno de los elementos más estudiados del aprendizaje motor:

  • El conocimiento del resultado informa si el objetivo fue alcanzado. Un ejemplo sería decir: “La pelota entró”.
  • El conocimiento del desempeño describe cómo ocurrió el movimiento. Por ejemplo: “Moviste mejor el brazo”.

Ambos tipos de retroalimentación cumplen funciones importantes. Sin embargo, corregir absolutamente cada intento puede impedir que la persona aprenda a identificar sus propios errores.

Una estrategia especialmente útil consiste en preguntar después del intento: “¿Cómo lo sentiste?” o “¿Qué cambiarías?”. Estas preguntas fortalecen la autorregulación y promueven una participación más activa en el proceso de aprendizaje.

 

La práctica variable supera la repetición mecánica

Uno de los hallazgos más sólidos de la investigación contemporánea consiste en que repetir exactamente el mismo movimiento no siempre produce el mejor aprendizaje.

La práctica variable introduce pequeñas modificaciones constantes en aspectos como:

  • la velocidad,
  • la superficie,
  • la dirección,
  • el peso
  • o el tamaño del objeto utilizado.

La revisión sistemática de Jie et al., (2024) identifica tendencias favorables para estrategias como el aprendizaje por observación, el entrenamiento en doble tarea y la imaginación motora dentro de los enfoques modernos del aprendizaje motor.

El objetivo no consiste en memorizar un movimiento único, sino desarrollar flexibilidad para resolver múltiples situaciones de la vida cotidiana.

 

La atención hacia el objetivo mejora el movimiento

Otro descubrimiento importante consiste en dirigir la atención hacia el efecto del movimiento y no únicamente hacia el cuerpo.

En lugar de decir: “Mueve más la muñeca”, resulta más efectivo plantear objetivos funcionales como “Haz que la pelota llegue al aro”.

Este tipo de enfoque reduce las interferencias cognitivas y favorece una ejecución más automática, especialmente cuando la habilidad comienza a consolidarse.

 

La imaginación también entrena el cerebro

La imaginación motora constituye una herramienta sorprendentemente poderosa. Numerosos estudios muestran que imaginar un movimiento activa muchas de las mismas redes neuronales utilizadas durante su ejecución real.

La revisión realizada por Frank et al. (2024) describe que la práctica mental puede complementar eficazmente la práctica física y contribuir tanto al aprendizaje como al mantenimiento de habilidades motoras.

Una estrategia sencilla consiste en invitar a la persona a cerrar los ojos durante unos segundos, imaginar el movimiento perfecto y ejecutarlo inmediatamente después.

 

La recompensa también modifica el aprendizaje

El cerebro aprende mejor cuando percibe progreso: la dopamina participa reforzando circuitos relacionados con el aprendizaje.

La investigación sobre aprendizaje basado en recompensa demuestra que incluso pequeñas señales positivas pueden facilitar ajustes implícitos del movimiento (van Mastrigt et al., 2023).

Esto no significa elogiar indiscriminadamente. La clave consiste en reconocer el progreso real y mantener la motivación sin eliminar el valor del error.

 

Aprendizaje motor en la infancia

La infancia constituye probablemente el período más sensible para la adquisición de habilidades motoras fundamentales.

Durante estos años ocurre una intensa reorganización cerebral que favorece:

  • el desarrollo del equilibrio,
  • la coordinación,
  • la planificación motora,
  • las funciones ejecutivas
  • y la participación social.
 

El juego representa una de las herramientas más poderosas para estimular estos procesos.

Actividades como:

  • los circuitos motores,
  • la rayuela,
  • los lanzamientos,
  • los saltos,
  • los juegos de equilibrio,
  • el baile,
  • las persecuciones
  • y las actividades para trepar permiten ofrecer experiencias ricas y variadas sin necesidad de materiales costosos.

Lo más importante no es la complejidad del recurso utilizado, sino la oportunidad de explorar, experimentar y resolver desafíos mediante el movimiento.

 

Cinco estrategias basadas en evidencia para aplicar hoy mismo

  1. La primera estrategia consiste en cambiar un elemento cada vez durante la práctica: pequeñas variaciones generan grandes aprendizajes porque obligan al cerebro a adaptarse.
  2. La segunda consiste en utilizar retos con propósito: los objetivos concretos aumentan la motivación y favorecen una participación más activa.
  3. La tercera estrategia consiste en permitir errores seguros: el cerebro necesita comparar resultados para ajustar sus respuestas.
  4. La cuarta consiste en hacer preguntas sobre cómo se sintió el movimiento: promoviendo la reflexión y la autorregulación.
  5. La quinta estrategia consiste en celebrar el progreso: valorar el esfuerzo y la mejora gradual fortalece la motivación y favorece la continuidad del aprendizaje.
 

Lo que familias, docentes y comunidad deberían recordar

El aprendizaje motor no ocurre únicamente durante una sesión terapéutica, ocurre:

  • en el parque,
  • en la escuela,
  • durante el juego,
  • al vestirse,
  • al subir escaleras
  • y al explorar nuevos desafíos cotidianos.

Cada experiencia de movimiento constituye una oportunidad para fortalecer conexiones neuronales.

Por ello, el verdadero objetivo no consiste únicamente en enseñar un movimiento correcto, sino crear ambientes donde el cerebro tenga oportunidades constantes para explorar, equivocarse, ajustar y volver a intentar.

 

¿Quieres seguir aprendiendo?

Si este artículo despertó tu curiosidad y deseas descubrir más contenido basado en evidencia científica sobre neurodesarrollo, fisioterapia educativa y pediatrica, movimiento, integración sensoriomotriz y aprendizaje infantil, puedes seguirme en Instagram: @fisiodelainfancia, donde comparto recursos prácticos, infografías y análisis científicos adaptados para familias, docentes y profesionales de la salud.

 

Conclusiones

El aprendizaje motor constituye mucho más que un proceso de repetición muscular; representa una manifestación directa de la extraordinaria capacidad del sistema nervioso para adaptarse a la experiencia. La evidencia científica más reciente confirma que el cerebro modifica continuamente sus redes neuronales cuando enfrenta desafíos motores significativos, consolidando nuevas habilidades mediante mecanismos de neuroplasticidad que permanecen activos durante toda la vida (Gooijers et al., 2024).

Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación contemporánea es que la calidad de la práctica resulta más importante que la cantidad de repeticiones.

Estrategias como la práctica variable, la retroalimentación ajustada al momento del aprendizaje, el uso de objetivos externos, la imaginación motora y el aprendizaje implícito permiten construir habilidades más flexibles y transferibles a contextos cotidianos (Jie et al., 2024).

Estos principios adquieren un valor especial. Cada juego, cada circuito motor, cada lanzamiento y cada experiencia de exploración representan oportunidades para fortalecer no solo el control motor, sino también funciones ejecutivas como la atención, la planificación y la resolución de problemas. Esto refuerza la necesidad de diseñar intervenciones centradas en la participación activa del niño, donde el movimiento tenga significado y propósito.

Asimismo, la evidencia desafía antiguas creencias sobre la edad y el aprendizaje. Aunque la infancia constituye una etapa privilegiada por su elevada plasticidad cerebral, las investigaciones muestran que las personas adultas y mayores conservan una notable capacidad para adquirir nuevas habilidades cuando la práctica se estructura adecuadamente, lo que abre posibilidades importantes para la rehabilitación y la promoción de la salud a lo largo del ciclo vital.

Otro aspecto fundamental consiste en resignificar el error. Lejos de representar un fracaso, el error constituye una fuente de información indispensable para que el cerebro ajuste sus predicciones y refine sus movimientos. Crear ambientes seguros donde sea posible experimentar, equivocarse y volver a intentar favorece un aprendizaje más profundo y duradero que la búsqueda constante de ejecuciones perfectas desde el primer intento.

Finalmente, comprender la ciencia detrás del aprendizaje motor transforma la manera en que acompañamos el desarrollo humano. Para terapeutas, docentes y familias, esto implica pasar de corregir movimientos de forma aislada a construir experiencias ricas, motivadoras y adaptadas a las necesidades individuales. Promover el movimiento desde esta perspectiva no solo mejora las habilidades motoras, sino que contribuye al bienestar integral, la autonomía, la participación social y la calidad de vida. Cada oportunidad para moverse representa también una oportunidad para:

  • aprender,
  • desarrollar confianza,
  • fortalecer la resiliencia
  • y construir experiencias que acompañarán a la persona durante toda su vida.

Recomendación para profundizar: Propiocepción y Emociones en la Infancia: Claves para la Regulación desde el Cuerpo

 

En AE creemos que el pensamiento crítico no se delega. Se ejerce.

Por eso creamos un canal de WhatsApp con el propósito de ofrecerte un análisis riguroso de los temas más relevantes, a través de la mirada de expertos y científicos que comparten sus fuentes para que puedas profundizar, contrastar información y elaborar tus propias conclusiones para decidir con autonomía y fundamento.




 

Referencias:

  • Frank, C., Kraeutner, S. N., Rieger, M., & Boe, S. G. (2024). Learning motor actions via imagery—Perceptual or motor learning? Psychological Research, 88, 1820–1832. https://doi.org/10.1007/s00426-022-01787-4
  • Gooijers, J., Pauwels, L., Hehl, M., Seer, C., Cuypers, K., & Swinnen, S. P. (2024). Aging, brain plasticity, and motor learning. Ageing Research Reviews, 102, 102569. https://doi.org/10.1016/j.arr.2024.102569
  • Jie, L.-J., Kleynen, M., Rothuizen, G., Kal, E., Rothgangel, A., & Braun, S. (2024). Overview of effects of motor learning strategies in neurologic and geriatric populations: A systematic mapping review. Archives of Rehabilitation Research and Clinical Translation, 6(4), 100379. https://doi.org/10.1016/j.arrct.2024.100379
  • Prasomsri, J., Sakai, K., Ikeda, Y., & Keereenad, S. (2024). Effectiveness of implicit learning in stroke rehabilitation: A systematic review. Physical Therapy Reviews, 29(5–6), 234–242.. https://doi.org/10.1080/10833196.2024.2418271
  • van Mastrigt, N. M., Tsay, J. S., Wang, T., Avraham, G., Abram, S. J., van der Kooij, K., Smeets, J. B. J., & Ivry, R. B. (2023). Implicit reward-based motor learning. Experimental Brain Research, 241(9), 2287–2298. https://doi.org/10.1007/s00221-023-06683-w
  • Winterbottom, L., & Nilsen, D. M. (2024). Motor learning following stroke: Mechanisms of learning and techniques to augment neuroplasticity. Physical Medicine and Rehabilitation Clinics of North America, 35(2), 277–291. https://doi.org/10.1016/j.pmr.2023.06.004

Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2026). Aprendizaje motor y neuroplasticidad: cómo aprende el cerebro.Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/aprendizaje-motor-y-neuroplasticidad-como-aprende-el-cerebro/

http://www.fisiodelainfancia.com
Fisioterapeuta, Escuela Colombiana de Rehabilitación de Colombia | Magíster en Neuropsicología y Educación, Universidad Internacional de La Rioja | Docente de Práctica Comunitaria y Educativa en Infancia en Fisioterapia en la Corporación Universitaria Iberoamericana, asistente editorial de la revista Movimiento Científico e investigadora en la misma institución | Coeditora del libro "Fisioterapias y Kinesiologías del Sur", publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia | Escritora y divulgadora (@fisiodelainfancia) en pro de la infancia y el ámbito educativo.