Un estudio realizado con adolescentes argentinos analiza cómo la inteligencia emocional influye en la autoestima frente al uso de redes sociales. Descubrí por qué la claridad emocional puede actuar como un factor protector y qué implicancias tiene para familias, docentes y profesionales de la salud.
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La conversación pública sobre adolescentes y pantallas suele girar en torno a una única pregunta: ¿hay que prohibir los celulares?
Mientras varios países y jurisdicciones avanzan con restricciones al uso de dispositivos en las escuelas, la investigación psicológica viene mostrando un camino complementario y menos explorado: entender qué recursos internos hacen que algunos/as adolescentes atraviesen la vida digital sin que su autoestima se resienta, y otros/as no.
Este estudio, realizado con adolescentes argentinos/as, aporta evidencia en esa dirección: las habilidades emocionales, y en particular la percepción sobre la claridad para identificar lo que uno siente, se asocian con una mayor autoestima y podrían funcionar como un factor protector precisamente en quienes más tiempo pasan en las redes.
¿Qué se hizo?
Participaron 173 estudiantes de 4.° y 5.° año de una escuela secundaria de la ciudad de Mendoza, de entre 16 y 18 años.
Se evaluó la inteligencia emocional percibida (la atención que prestan a sus emociones, la claridad con que las identifican y su capacidad percibida para reparar estados de ánimo negativos), la autoestima y el autoconcepto en distintos dominios (apariencia física, atractivo romántico, amistades íntimas, aceptación social, conducta, competencia escolar y deportiva).
Además, se registró el tiempo diario de uso de las tres redes más utilizadas por el grupo: WhatsApp (99%), Instagram (95%) y TikTok (87%). Un detalle metodológico valioso: en lugar de pedirles una estimación de memoria, se les solicitó consultar el reporte de tiempo en pantalla de su propio celular, lo que vuelve el dato más confiable que el simple autorreporte.
Principales resultados
- Los/as adolescentes con mayor claridad emocional (los que pueden identificar y comprender lo que sienten) reportaron mayor autoestima. Esta asociación se observó en el grupo total y en ambos géneros.
- La capacidad percibida de regular los estados de ánimo negativos se asoció con una mejor percepción de la propia conducta y de la competencia escolar.
- No todas las redes se relacionaron igual con las autopercepciones. Más tiempo en Instagram (una plataforma centrada en la imagen) se asoció con sentirse menos atractivo/a, sobre todo entre las mujeres. Más tiempo en WhatsApp (una plataforma centrada en la comunicación con personas significativas) se asoció con mayor capacidad percibida de regulación emocional.
- El hallazgo central: el tiempo en redes moderó la relación entre claridad emocional y autoestima. En adolescentes con bajo uso de redes, la claridad emocional no marcó diferencias en la autoestima. En quienes hacen un uso intensivo, en cambio, la claridad emocional pasó a marcar diferencias: a mayor claridad, mayor autoestima. Dicho de otro modo: cuanto más inmerso/a está un/a adolescente en el mundo digital, más importa su percepción sobre cómo lee sus propias emociones.
¿Qué significa esto para las familias?
El dato más útil para madres, padres y cuidadores/as no es cuántas horas pasa su hijo/a frente a la pantalla, sino qué recursos emocionales tiene para procesar lo que ahí ocurre.
Las redes exponen a los/as adolescentes a comparación social constante, retroalimentación inmediata e imágenes idealizadas, en plena etapa de construcción de la identidad. Frente a eso, ayudarlos/as a ponerle nombre a lo que sienten (después de scrollear, de una publicación que no recibió la respuesta esperada, de compararse con otros perfiles) es una intervención concreta y al alcance de cualquier familia.
Conversar sobre emociones en casa no es un lujo: es una vía concreta para fortalecer justamente el recurso que estos datos señalan como protector. También importa distinguir entre plataformas: no es lo mismo el uso orientado a la comunicación con vínculos reales que el consumo pasivo de imágenes idealizadas, que la literatura vincula con mayor comparación social.
¿Qué significa esto para docentes y escuelas?
Estos resultados respaldan la incorporación del aprendizaje socioemocional como componente transversal de la escuela secundaria, no como actividad aislada.
Los programas que enseñan a identificar y comprender emociones (la base de la claridad emocional) estarían fortaleciendo el recurso que protege la autoestima de los/as estudiantes más expuestos/as al entorno digital.
La discusión escolar sobre celulares suele plantearse en términos de regulación del acceso; esta evidencia sugiere sumar una segunda vía: aunque la escuela restrinja los dispositivos en el aula, los/as adolescentes seguirán usando redes fuera de ella, y lo que la escuela sí puede darles para ese territorio son herramientas emocionales.
Los patrones diferenciados por género (en varones, la atención a las propias emociones se asoció con la autoestima; en mujeres, con la calidad percibida de los vínculos de amistad) sugieren además que las intervenciones ganan si son sensibles a los procesos de socialización emocional de cada grupo.
La importancia de la escuela como institución social toma aún más relevancia en esta realidad virtual que es transversal a todos los órdenes de la vida.
¿Qué significa esto para trabajadores/as de la salud?
Para pediatras, psicólogos/as, psicopedagogos/as y equipos de salud mental que atienden adolescentes, el estudio ofrece dos orientaciones clínicas.
Primero, en la consulta por malestar vinculado al uso de redes, evaluar las habilidades de percepción y regulación emocional aporta más que registrar únicamente el tiempo de uso: el riesgo no se distribuye de manera uniforme, y los/as adolescentes con baja claridad emocional y alto uso configuran un grupo de especial vulnerabilidad en su autoestima.
Segundo, no todas las plataformas parecen comportarse igual: indagar qué plataformas usa, para qué y qué siente después permite distinguir usos comunicacionales potencialmente protectores de consumos centrados en la comparación de imagen. El fortalecimiento de la claridad emocional (tener una buena percepción sobre la capacidad para identificar, diferenciar y nombrar los propios estados) aparece como un objetivo terapéutico concreto y medible en esta población.
Más allá de la prohibición
Prohibir o restringir dispositivos puede ser una decisión razonable en ciertos contextos, pero como estrategia única tiene un límite evidente: no le da al/a la adolescente ninguna herramienta para el momento en que la pantalla vuelva a encenderse.
Investigaciones como esta permiten correr el foco desde el control del acceso hacia la identificación de factores protectores modificables.
La claridad emocional se puede enseñar, entrenar y evaluar, en la escuela, en la clínica y en casa. Ese es quizás el mensaje más importante del estudio: frente a un entorno digital que no va a desaparecer, la mejor inversión es fortalecer los recursos internos con los que los/as adolescentes lo habitan.
Alcances del estudio
Se trata de un estudio transversal, por lo que no permite establecer relaciones causales; la muestra proviene de una única institución educativa, lo que limita la generalización; y todos los datos surgen de autorreporte, con los sesgos de deseabilidad social que ello implica. Además, los análisis de moderación y las comparaciones por género requieren muestras amplias para alcanzar potencia estadística suficiente, por lo que esos resultados deben interpretarse con cautela.
Aun así, constituye uno de los primeros trabajos en examinar simultáneamente inteligencia emocional percibida, autoestima, autoconcepto y uso de redes en adolescentes latinoamericanos/as, una población poco representada en esta línea de investigación, y el rol moderador del tiempo en pantalla sobre la relación entre claridad emocional y autoestima es un hallazgo novedoso en la literatura.
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Datos de la publicación:
Revista: Revista: Psychological Reports (SAGE)
DOI: https://doi.org/10.1177/00332941261473820
Autores: Correa Andreoni, V., Barreyro, J. P. y Calero, A. D. · Año: 2026
Título original: Adolescents’ Emotional Intelligence and Self-Perception in the Context of Social Media Use
Cómo citar esta publicación: Calero, A, D. (2026). Inteligencia emocional y autopercepción en adolescentes en el contexto del uso de redes sociales. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/inteligencia-emocional-y-autopercepcion-en-adolescentes-en-el-contexto-del-uso-de-redes-sociales/
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