El movimiento en la vida adulta es una necesidad neurobiológica clave para la salud física, cognitiva y emocional. Este artículo está escrito desde una mirada integradora entre la fisioterapia, la neurociencia y la educación corporal.
Introducción
Durante la adultez, el movimiento suele reducirse de forma progresiva, no por falta de capacidad, sino por cambios en el estilo de vida:
- largas jornadas laborales,
- mayor tiempo frente a pantallas,
- responsabilidades familiares
- y una cultura que normaliza el sedentarismo.
Sin embargo, desde una perspectiva neurofisiológica y funcional, el movimiento no es un complemento opcional de la vida adulta, sino una necesidad básica para el mantenimiento de la salud física, cognitiva y emocional.
Moverse no significa únicamente hacer ejercicio estructurado. Implica activar el cuerpo de manera intencional a lo largo del día, permitiendo que el sistema nervioso se regule, el cerebro se oxigene y los sistemas corporales mantengan su equilibrio.
El movimiento como regulador del cerebro adulto
El cerebro adulto continúa siendo plástico; la neuroplasticidad capacidad del sistema nervioso para adaptarse y reorganizarse depende en gran medida del movimiento. La actividad motora estimula:
- La oxigenación cerebral y el flujo sanguíneo.
- La liberación de factores neurotróficos relacionados con la memoria, la atención y el aprendizaje.
- La regulación del sistema nervioso autónomo, disminuyendo la hiperactivación asociada al estrés crónico.
Cuando el cuerpo se mueve, el cerebro recibe información propioceptiva, vestibular y somatosensorial que favorece la organización interna, la claridad mental y la estabilidad emocional. Por el contrario, el sedentarismo prolongado se asocia con fatiga cognitiva, rigidez corporal, alteraciones del sueño y mayor vulnerabilidad al estrés y la ansiedad.
Recomendación para profundizar: Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro: el secreto para un cerebro saludable y cómo la actividad física puede ayudar
Consecuencias del sedentarismo en la adultez
La falta de movimiento sostenida en el tiempo no solo impacta el sistema musculoesquelético, sino también la función cerebral y emocional. Entre sus principales consecuencias se encuentran:
- Disminución de la movilidad articular y la fuerza funcional.
- Alteraciones en la postura y dolor musculoesquelético persistente.
- Reducción de la capacidad atencional y de la velocidad de procesamiento.
- Mayor reactividad emocional y dificultad para regular el estrés.
Desde una mirada integradora, el cuerpo adulto que no se mueve pierde eficiencia, adaptación y capacidad de autorregulación.
Movimiento cotidiano: más allá del ejercicio formal
Uno de los principales errores en la adultez es asociar el movimiento únicamente con rutinas de gimnasio o entrenamientos intensos. Si bien estos pueden ser beneficiosos, no son la única vía ni siempre la más sostenible.
El movimiento cotidiano incluye:
- Cambios posturales frecuentes.
- Desplazamientos activos dentro del hogar.
- Movimientos conscientes de estiramiento, equilibrio y coordinación.
- Actividades funcionales que involucren al cuerpo completo.
La clave está en la frecuencia y la intención, más que en la intensidad.
Estrategias prácticas para implementar movimiento en casa
1. Pausas activas neuroreguladoras
Cada 60–90 minutos, realizar pausas de 3 a 5 minutos con movimientos suaves:
- Movilización de columna (flexión, extensión y rotaciones lentas).
- Balanceos de brazos y piernas.
- Respiración profunda coordinada con el movimiento.
Estas pausas ayudan a restablecer la atención y disminuir la carga mental.
2. Movimiento con sentido funcional
Integrar el movimiento a las actividades diarias:
- Subir y bajar escaleras de forma consciente.
- Realizar tareas domésticas variando posturas y apoyos.
- Transportar objetos ligeros activando el core y la postura.
3. Activación matutina del sistema nervioso
Al iniciar el día, dedicar 5–10 minutos a:
- Estiramientos globales.
- Movimientos cruzados (mano derecha con rodilla izquierda y viceversa).
- Movilidad de cuello y cintura escapular.
Esto favorece la activación cognitiva y la organización corporal para la jornada.
4. Movimiento como regulador emocional
Cuando existe sobrecarga emocional o mental:
- Caminatas conscientes dentro o fuera de casa.
- Movimientos rítmicos y repetitivos (balanceos, pasos suaves).
- Ejercicios de conciencia corporal combinados con respiración.
El movimiento actúa como una vía directa de descarga y regulación emocional.
5. Rutinas breves pero consistentes
No es necesario disponer de largos periodos de tiempo. Rutinas de 10–15 minutos, realizadas de forma constante, tienen mayor impacto que sesiones aisladas de alta intensidad.
El rol de la conciencia corporal en la adultez
Moverse también implica escuchar el cuerpo. La conciencia corporal permite identificar tensiones, límites y necesidades reales, evitando lesiones y promoviendo un vínculo más respetuoso con el propio cuerpo.
En la adultez, recuperar el movimiento consciente es también recuperar la autonomía, la funcionalidad y la calidad de vida.
Conclusiones
El movimiento en la adultez debe comprenderse como un determinante central de la salud integral, más allá de una práctica asociada exclusivamente al ejercicio físico o a la prevención de enfermedades crónicas. La evidencia científica demuestra que el cuerpo en movimiento sostiene funciones cognitivas superiores, regula los estados emocionales y preserva la autonomía funcional a lo largo del curso de vida (Ratey & Loehr, 2011; Erickson et al., 2011).
Desde la neurociencia, el movimiento actúa como un modulador directo de la plasticidad cerebral, favoreciendo la liberación de factores neurotróficos como el BDNF, esenciales para la memoria, la atención y la adaptación al estrés (Cotman, Berchtold & Christie, 2007). En la adultez, donde las demandas cognitivas, emocionales y laborales suelen ser elevadas, la ausencia de movimiento se traduce en mayor rigidez corporal, fatiga mental y dificultad para la autorregulación emocional.
Asimismo, el sedentarismo prolongado no solo impacta el sistema musculoesquelético, sino que altera la comunicación entre cuerpo y cerebro, afectando la postura, la respiración, el equilibrio y la percepción corporal. Estas alteraciones, sostenidas en el tiempo, incrementan el riesgo de dolor crónico, trastornos del estado de ánimo y deterioro funcional (Booth, Roberts & Laye, 2012).
Implementar movimiento en casa representa una estrategia preventiva, accesible y sostenible, especialmente cuando se priorizan acciones frecuentes, funcionales y conscientes. Las pausas activas, la movilidad articular diaria, el movimiento rítmico y la integración del cuerpo en las actividades cotidianas permiten mantener al sistema nervioso en un estado de mayor equilibrio, reduciendo la sobrecarga física y mental (World Health Organization [WHO], 2020).
Desde una mirada integradora propia de la fisioterapia contemporánea, promover el movimiento en la adultez implica educar en conciencia corporal, respetar los ritmos individuales y comprender el cuerpo como un sistema dinámico, capaz de adaptarse cuando recibe estímulos adecuados. No se trata de entrenar más, sino de moverse mejor y con sentido.
En un contexto social marcado por la inactividad, recuperar el movimiento cotidiano es un acto de autocuidado, pero también de responsabilidad en salud pública. Moverse es preservar la funcionalidad, sostener la salud mental y garantizar una mejor calidad de vida a lo largo del envejecimiento.
Recomendación para profundizar: Movimiento y cerebro: cómo el movimiento transforma la estructura y el funcionamiento cerebral
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Referencias:
- Booth, F. W., Roberts, C. K., & Laye, M. J. (2012). Lack of exercise is a major cause of chronic diseases. Comprehensive Physiology, 2(2), 1143–1211. https://doi.org/10.1002/cphy.c110025
- Cotman, C. W., Berchtold, N. C., & Christie, L. A. (2007). Exercise builds brain health: key roles of growth factor cascades and inflammation. Trends in Neurosciences, 30(9), 464–472. https://doi.org/10.1016/j.tins.2007.06.011
- Erickson, K. I., Voss, M. W., Prakash, R. S., Basak, C., Szabo, A., Chaddock, L., … Kramer, A. F. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(7), 3017–3022. https://doi.org/10.1073/pnas.1015950108
- Ratey, J. J., & Loehr, J. E. (2011). The positive impact of physical activity on cognition during adulthood: A review of underlying mechanisms, evidence and recommendations. Reviews in the Neurosciences, 22(2), 171–185. https://doi.org/10.1515/RNS.2011.017
- World Health Organization. (2020). WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/faa83413-d89e-4be9-bb01-b24671aef7ca/content
Cómo citar esta publicación: Amaya Cordoba, A. C. (2025). Movimiento en la vida adulta: una necesidad neurobiológica diaria. Asociación Educar para el Desarrollo Humano. https://asociacioneducar.com/blog/movimiento-en-la-vida-adulta-una-necesidad-neurobiologica-diaria/
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