Investigadores del desarrollo en los niños quisieron saber cómo hacemos buenos amigos. El trabajo consistió en medir la cognición de los chicos en eventos negativos y ambiguos en diferentes situaciones y la tendencia del niño a experimentar y expresar sus propias emociones.
  • 10 de Diciembre de 2018

¿Quién te gustaría que fuera tu amigo? ¿Woody o Lotso?

Según una nueva investigación de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, la forma en la que los niños perciben las intenciones de sus pares, tanto si son buenas como malas, puede influenciar en la calidad de sus amistades.

 Todos recordamos a Woody, de la saga Toy Story, con su fiel amigo Andy, quien hacía muchísimos amigos con facilidad. Sin embargo, también nos acordamos de Lotso, ese oso rosado que no lograba hacer ningún amigo.

Entonces, la pregunta que surge es: ¿Cómo podemos hacer buenos amigos? En un estudio publicado en Journal Child Development, los investigadores del desarrollo en los niños quisieron saber acerca de qué indicador predice la calidad de las amistades.

Todos sabemos que los vínculos juegan un rol fundamental en nuestras vidas y que algunas amistades pueden proveer un apoyo positivo y actuar como amortiguadores contra el estrés del hogar, haciéndonos sentir felices y contenidos. Mientras que otras relaciones pueden tener un efecto negativo y generar conflictos o rivalidades o hacernos sentir miserables y, al mismo, tiempo solos.

Nancy McElwain, una de las autoras del trabajo y profesora en el Departamento del Desarrollo Humano y Estudios Familiares de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, declaró que el estudio se centró en entender “cómo la cognición y las emociones de los niños trabajaban juntas para predecir si la interacción entre las amistades eran buenas, cooperativas y positivas o malas, negativas y conflictivas”.

El otro autor de este estudio, Xi Chen, alumno del doctorado, explicó que su interés en las emociones fue el motor para realizar esta investigación. Según Xi Chen, “la emoción no actúa sola, viene acompañada de la cognición en un contexto social donde el niño está interactuando con otros”.

Por este motivo, tenemos que aprender de Woody, quien ayuda a sus amigos y ve siempre algo bueno y positivo en todos ellos. Al mismo tiempo, Lotso busca el conflicto y la dominación de los demás juguetes sin importarle las emociones del resto.

Para realizar este estudio, Chen y McElwain examinaron la información de 913 niños, observados durante una serie de tareas interactivas en 4to y 6to grado. Se evaluaron tanto los prejuicios positivos como los negativos (por ej; tu radio la rompió un compañero) y luego preguntaban su interpretación (ej: ¿fue intencional o un accidente?). Las respuestas variaban en la interpretación: si fue intencional, indicaba el prejuicio negativo, mientras que si revelaba un accidente mostraba una actitud favorable y positiva acerca de la otra persona.

Chen explicó que “la intensidad emocional puede actuar como el combustible que motiva o estimula el comportamiento”. Al mismo tiempo, los prejuicios pueden actuar como el “compás” que apuntala el comportamiento de los niños en una cierta dirección.

En síntesis, si queremos tener buenos amigos, ¿debemos ser como Woody o como Lotso? Sabemos que los niños que actúan como Lotso, prejuzgando las intenciones de sus pares de mala manera, además, utilizan gritos para generar miedo. Asimismo, tienden a actuar peleando o atacando a sus amigos, anulando las interacciones con ellos.

Sin embargo, cuando los chicos se manejan como Woody perciben buenas intenciones y experimentan buenas emociones, involucrándose emocionalmente cuando juegan con sus amigos, demostrando comportamientos pro-sociales y compartiendo más risas e interacciones positivas.

La pregunta final sería: ¿Cómo podemos ayudar a nuestros alumnos a desarrollar buenas relaciones y ser como Woody?:

  • Enseñándoles a reconocer sus emociones a través de preguntas (por ejemplo, ¿cómo se sienten hoy? o ¿cuál es su clima emocional del día?).
  • Promoviendo la buena interacción y la buena comunicación en nuestras clases.
  • Ayudándolos, especialmente a los niños, a que demuestren prejuicios negativos para mostrarles el lado positivo en diferentes situaciones particulares (ejemplo: “tu compañero no quiso derramar agua a propósito, fue un accidente”).
  • Haciendo una lista de “buenas acciones realizadas por los compañeros”.
  • Reconociendo las virtudes y talentos de nuestros alumnos.
  • Reconociendo las buenas actitudes y la empatía entre ellos.

Para finalizar, como docentes deberíamos trabajar el aspecto actitudinal en todas nuestras clases, enseñándoles a nuestros estudiantes estrategias para la vida, demostrando que es nuestra responsabilidad elegir ser un héroe o un villano.


Bibliografía:

  • Chen, X., McElwain, N. L., & Lansford, J. E. (2017). Interactive Contributions of Attribution Biases and Emotional Intensity to Child-Friend Interaction Quality During Preadolescence. Child Dev, 90(1), e114-e131. doi: 10.1111/cdev.13012.

Imagen: Toy Story 3, Walt Disney Pictures - Pixar Animation Studios