¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío? Sin dudas, pensar en positivo nos llevará a una mejor calidad de vida al incrementar las emociones placenteras.
  • 12 de Abril de 2016

El vaso medio lleno o medio vacío...

¿Eres de los que ven el vaso medio lleno o medio vacío? ¿Lo ves todo de color rosa o negro? Es cierto y frecuente que todas las personas presentamos ciertas tendencias que no son ni buenas ni malas a priori. Más bien son una capacidad para ver posibilidades excelentes y apropiadas donde no las hay o de creer que la vida es un caos con un sinfín de contratiempos. De eso surge la importancia de disponer de un adecuado equilibrio entre estas dos tendencias y, para ello, es bueno conocer cómo explica este fenómeno la Neurociencia.

Un artículo reciente, publicado en Neuroscience Letters, reporta datos concretos sobre el optimismo y su correlación con más abundante cantidad de sustancia gris en áreas del tálamo (núcleo pulvinar) izquierdas, que se extienden hasta el giro parahipocampal del mismo lado, medido a través de técnicas de morfometría y Resonancia Nuclear Magnética (RNM) en un grupo de nada menos que 361 participantes sanos.

Sobre este aspecto existen algunas preguntas interesantes que aún quedan abiertas, como por ejemplo: ¿enfrentarse adecuadamente a los problemas y tener éxito conlleva a cambios nerviosos y disposicionales que se correlacionan entre sí? ¿El entrenamiento en funciones cognitivas nos haría ser más optimistas y podría ser una forma de intervenir en casos de pesimismo patológico?

En el mismo trabajo se ha visto que la activación en la amígdala y en la región de la corteza cingulada anterior es mayor cuando se imaginan hechos positivos del futuro frente a episodios negativos, y que la conexión entre estas áreas es superior si el individuo piensa en escenas agradables, lo que se relaciona con una visión optimista.

Además, el grado de actividad en el cíngulo se enlaza con los niveles de optimismo entre las personas, y gracias a las imágenes obtenidas por RNM se observó el mecanismo cerebral que subyace al optimismo y las diferencias existentes entre unos individuos y otros.

Asimismo se pudo comprobar que la actividad en la amígdala y en la región de la corteza cingulada anterior era menor cuando el individuo pensaba en situaciones negativas del futuro o si recordaba las del pasado. Sin embargo, esta actividad era mayor en los más optimistas.

Un reciente análisis publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience ofrece la primera evidencia de que el optimismo juega un papel mediador en la relación entre el tamaño de la corteza orbitofrontal (una región del cerebro situada justo detrás de los ojos) y la ansiedad.

Otros estudios demostraron que las personas más optimistas tienden a ser menos ansiosas porque los pensamientos positivos aumentan la actividad de la corteza orbitofrontal. Más aún, este trabajo planteó la hipótesis de que una corteza orbitofrontal más grande podría actuar como amortiguador frente a la ansiedad, en parte al aumentar el optimismo. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿Qué implica en poblaciones sanas el mayor tamaño de esta corteza? ¿Podría tener un papel protector? 

El análisis estadístico y la modelización revelaron que la corteza orbitofrontal más gruesa en el lado izquierdo del cerebro corresponde a mayor optimismo y menos ansiedad. De este modelo surge que el optimismo juega un papel mediador en la reducción de la ansiedad en aquellas personas con corteza más grande, habiéndose descartado el papel de otros rasgos positivos en la reducción de la ansiedad.

Muchas personas ante un vaso con líquido hasta la mitad ven el vaso medio lleno y, otras, medio vacío. Esto no es más que un hábito que tienen unos y otros, y una costumbre es algo que se puede cambiar.

Genéticamente puede existir una tendencia hacia lo negativo o las pautas de crianza pueden influenciar, pero todo es modificable, ya que sin duda pensar en positivo conduce a una mejor calidad de vida al incrementar las emociones positivas y placenteras.

¿Cómo se consigue el cambio? A través de un diálogo interno franco, creando evidencias, alternativas o inutilizando las creencias negativas con debates juiciosos, ya que cuestionar los pensamientos pesimistas e intentar habituarse a pensamientos más lógicos y realistas es una opción maravillosa. Es fundamental que los pensamientos negativos sean primero identificados y, recién después, cuestionados.

En ciertas oportunidades se piensa en algo sin fundamentos como una idea que se ha ido adoptando a lo largo de la vida sin prestar mucha atención; lo más probable es que nunca haya sido verificado o analizado racionalmente, sin embargo ha generado ideas pesimistas que no tienen revisión de certeza o de error.

La base de gran cantidad de pensamientos negativos son creencias que circulan en la mente y actúan como impedimentos para el bienestar; llámese pensamientos, sentimientos o conductas, interrelacionados en una misma persona, que cuando se produce un cambio en alguno de ellos todos los otros se modifican.

Por eso vale la pena intentar el cambio mediante pensamientos y conductas adecuadas. Para ello es óptimo reemplazar creencias inapropiadas por otras más racionales que lleven a un lugar de bienestar y funcionalidad. Al separar las partes positivas de las negativas es más fácil descubrir que no todo está mal y que las personas pueden cambiar su modo de pensar acerca de las cosas o las situaciones. Si lo logran se sentirán de manera diferente, y además, se comportarán de manera distinta

Algo así, sin duda, influye en el estado de ánimo y ayuda a dar a los problemas una dimensión más adecuada. Cuando se confía en que los resultados serán positivos el esfuerzo vale la pena. De igual manera, adquirir la capacidad de reconocer la responsabilidad que cabe para adquirir mayor control de la situación fortalece tanto a la autoestima como a la necesaria motivación para analizar detalladamente el problema y sus posibles soluciones.

Ésta es una disponibilidad adquirida que posibilita mayor probabilidad de éxitos por tener una actitud abierta y una mayor perseverancia en nuevas opciones, con mejores relaciones familiares, sociales y de trabajo, ya que disminuye el estrés, mejora la salud y, fundamentalmente, permite disfrutar de la vida.

¿Vaso lleno o vaso vacío? Si el vaso está medio vacío o medio lleno permite de última otra reflexión que dejo para analizar: El vaso "nunca" está medio vacío, ni medio lleno, el vaso "siempre" está lleno, lo que no lo llena el agua lo hace el aire, ¿no es así?


Bibliografía:

  • Yanga, J., Weia, D., Wanga, K., & Qiu, J. (2013). Gray matter correlates of dispositional optimism: A voxel-based morphometry study. Neuroscience Letters, 553:201–205. doi:10.1016/j.neulet.2013.08.032
  • Dolcos, S., Yifan Hu, Y., Iordanb, A., Moorea, M., & Dolcosa, F. (2015). Optimism and the Brain: Trait Optimism Mediates the Protective Role of the Orbitofrontal Cortex Gray Matter Volume against Anxiety. Soc Cogn Affect Neurosci, 11(2):263-71. doi: 10.1093/scan/nsv106