El aprendizaje es una especie de “escultor” que va tallando en nuestros circuitos neuronales nuevos tipos de conductas.
  • 04 de Diciembre de 2013

Sistemas emocionales y aprendizaje


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Existen básicamente dos mecanismos de supervivencia a lo largo del árbol filogenético. Uno es el aprendizaje que posibilita que los animales tengan conductas adaptativas en circunstancias futuras por hechos acaecidos luego del nacimiento. Podríamos considerar al aprendizaje también como una forma de “olvidar” cierto tipo de conductas innatas. Como ejemplos podríamos citar gran parte de nuestro bagaje sociocultural que nos enseña, por ejemplo, a orinar como actividad privada y no pública (como nos impulsarían nuestras conductas innatas). El aprendizaje es así una especie de “escultor” que va tallando en nuestros circuitos neuronales nuevos tipos de conductas.

Otro mecanismo de supervivencia serían las emociones que posibilitan la aparición de respuestas conductuales adaptativas frente a circunstancias que son riesgosas para nuestra supervivencia y que fueron enfrentadas por nuestros ancestros a lo largo de la evolución. O sea que “desafíos” ambientales persistentes durante la evolución codificaron tendencias psico-conductuales como circuitos neuronales emocionales para responderles.

Vemos entonces que el prefijo “in” de la palabra innato pierde cierto poder ya que lo que consideramos conductas innatas en algún momento fue aprendido (y recién en ese momento por lo tanto pasaron de ser aprendidas a innatas). También puede suceder lo mismo para lo que en el presente son conductas aprendidas, o sea que en un fututo distante puedan convertirse en parte del repertorio conductual innato.

De todas formas existe una interacción entre estos dos sistemas de supervivencia (aprendizaje y emociones) ya que los sistemas emocionales, como hemos dicho anteriormente, también posibilitan y favorecen el aprendizaje. Vemos así que también las emociones representan un “cocktail explosivo”: Genes más Aprendizaje.

Un ejemplo de esto es el aprendizaje mediante Condicionamiento Clásico que permite que estímulos ambientales emocionalmente neutros (como una marca de comida) rápidamente queden “empapados” de significación afectiva. Esto demuestra la importante relación existente entre los procesos cognitivos, la codificación de la memoria y la activación emocional.

Ontogenia de los sistemas emocionales:

No se debe considerar al cerebro como una red computacional rígida. Sus sinapsis se desarrollan y remodelan a lo largo de toda la vida debido a la interacción dinámica en el cerebro entre eventos genéticos y ambientales. Esta interacción entre lo instintivo y aprendido explica por qué en general las causas principales de un trastorno psiquiátrico sean “mitad innatas y mitad ambientales”.

En el momento del nacimiento el cerebro sólo tiene un plan general de conexiones cerebrales codificadas genéticamente. Por esto durante la vida post natal gran cantidad de circuitos neuronales deben completarse en función de los estímulos ambientales que recibe el organismo.

Esto es altamente adaptativo ya que debido a la variabilidad ambiental (no es lo mismo nacer en el Sahara o en la Antártida, hablar Japonés o Italiano, etc.) le permite al cerebro adaptar lo mejor posible sus circuitos en función de los desafíos ambientales específicos que debe enfrentar el organismo.

La interacción genética social moldea la relación cerebro mente durante el desarrollo ontogénico. Como ejemplos podemos citar el hecho que un medio enriquecido favorece el desarrollo del Sistema de Búsqueda mientras que experiencias precoces de pérdida social cambian la configuración del Sistema de Pánico. Los cambios en los sustratos neuronales de los circuitos emocionales aparecen en función del desarrollo neurobiológico normal y de las experiencias individuales.