04 de Mayo de 2018

Sistema neuroinmune

La percepción de las interacciones entre cerebro y sistema inmune se modificó en las pasadas dos décadas. La neuroinmunología actualmente se centra en dilucidar cuál es su papel en el mantenimiento de la homeostasis cerebral y de qué manera la inmunidad contribuye con los procesos de plasticidad neuronal.

Basado en el artículo de Sandra F. Velasco-Ramírez

El concepto de comunicación entre sistema nervioso y sistema inmune representa el elemento central en el estudio de la neuroinmunomodulación. 

La percepción de las interacciones entre cerebro y sistema inmune se ha modificado de manera sustancial en las pasadas dos décadas. La neuroinmunología ha evolucionado desde los estudios clásicos (que se enfocaban en cómo el sistema inmune podía afectar al sistema nervioso) hacia un campo del conocimiento donde se ha tratado de dilucidar cuál es su papel en el mantenimiento de la homeostasis cerebral y de qué manera la inmunidad contribuye con los procesos de plasticidad neuronal.

El sistema nervioso central (SNC) ejerce sus efectos sobre el sistema inmune vía dos principales mecanismos de control y regulación: el eje hipotálamo-pituitario-adrenal (eje HPA) y el eje simpático-adrenal-medular (eje SAM). Este último involucra la participación de vías autonómicas del sistema nervioso simpático (SNS) y del sistema nervioso parasimpático (SNP).

El SNC se encuentra anatómica y fisiológicamente relacionado con la protección de funciones vitales contra el daño provocado por procesos inflamatorios mediados por el sistema inmune. Por ejemplo, la existencia de la barrera hemato-encefálica y de la barrera natural que representa el líquido céfalorraquideo. Ambas restringen y controlan el flujo de células activadas del sistema inmune desde la periferia hacia el parénquima cerebral.

El sistema nervioso, el sistema inmune y el sistema endocrino se comunican entre sí por medio de mensajeros químicos liberados en la periferia y a nivel central. Esta red se logra a través de vías endocrinas y autónomas (inicialmente vías simpáticas), por las cuales viajan moléculas biológicamente activas como hormonas, neurotransmisores, neuropéptidos y citocinas que constituyen grupos importantes de mediadores químicos dentro del cerebro. Estos, a su vez, interactúan con células epiteliales, células dendríticas, macrófagos y linfocitos vía receptores para estimular a linfocitos T, linfocitos B, células natural killer, células de la serie monocito/macrófago y granulocitos. Estas células poseen adrenorreceptores para adrenalina; noradrenalina; dopamina; histamina; acetilcolina; sustancia P; prostaglandinas; somatostatina; péptido intestinal vasoactivo; prolactina; hormona de crecimiento; corticosterona; testosterona; factor liberador de corticotropina; hormona adrenocorticotropa y péptidos opioides, entre otros.

Además de la actividad del SNS (eje SAM), el sistema inmune se encuentra influenciado de manera importante por la salida de información neuroendocrina a través del eje HPA y de neuropéptidos específicos como la urocortina, que es una molécula estrechamente relacionada con la hormona liberadora de corticotropina.

La noradrenalina es capaz de mediar efectos inmunosupresores en células dendríticas de igual manera que otras catecolaminas.

La noradrenalina en el SNS tiene efectos sobre la inmunidad adaptativa, y la producción y liberación de anticuerpos. Las catecolaminas y la activación del SNS son capaces de incrementar respuestas inmunes proinflamatorias, así como de tipo inhibidor; por ejemplo, la activación inmune mediada por el SNS induce a una importante liberación de noradrenalina, que, a su vez, puede ser inmunosupresora.

Toda esta serie de eventos tiene la finalidad de limitar respuestas inmunes a nivel central.

Referencia bibliográfica:

Imagen: Designed by fanjianhua / Freepik


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