Hacer actividad física es una excelente alternativa para generar dopamina y serotonina con el propósito aumentar la felicidad y la autoestima.
  • 01 de Abril de 2015

¿Quién no quiere ser feliz? (tercera parte)


Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).

Leer: primera parte; segunda parte.


Estrategias para aumentar su nivel de felicidad:

1. Cuidando su alma y su cuerpo

Actividad para la felicidad número 1: Cuidando su cuerpo (actividad física)

Un impactante trabajo de investigación sobre el ejercicio físico fue publicado en 1999. Los investigadores reclutaron personas mayores de 50 años de edad que sufrían de depresión y los dividieron en forma aleatoria en tres grupos.

Al primer grupo se le asignó cuatro meses de ejercicio aeróbico, al segundo grupo se lo medicó durante cuatro meses con antidepresivos y al tercer grupo se le indicó ejercicio aeróbico y antidepresivos.

El ejercicio aeróbico consistía en tres sesiones semanales supervisadas de 45 minutos de bicicleta, caminata o trote a una intensidad de moderada a intensa.

Notablemente, al final de los cuatro meses de la intervención, los tres grupos experimentaron una mejoría en su cuadro depresivo y reportaron un aumento de su felicidad y su autoestima. 

El ejercicio aeróbico fue tan efectivo para tratar la depresión como los psicofármacos o como la combinación de psicofármacos y ejercicio.  

La gran diferencia está en que el ejercicio es mucho más barato y no tiene ninguno de los efectos colaterales de los psicofármacos.

Tal vez aún más notable fue el hecho de que seis meses más tarde los pacientes que se habían recuperado de su depresión tenían menos posibilidades de recaer si habían estado en el grupo de ejercicio aeróbico (¡seis meses atrás!) que si habían estado en el grupo medicado.

La actividad física disminuye la ansiedad y el estrés, nos protege de morir en general (y de morir de enfermedades cardíacas y de cáncer en particular), reduce el riesgo de numerosas enfermedades (diabetes, cáncer de colon, hipertensión arterial, etc., etc., etc.), fortalece nuestros huesos, mejora nuestra calidad de vida y el sueño, nos protege de los trastornos cognitivos a medida que envejecemos y nos ayuda a controlar nuestro peso. 

En adultos mayores sedentarios un programa de ejercicio de muy baja intensidad (caminar o un entrenamiento de resistencia y flexibilidad) disminuye la depresión, aumenta la confianza y mantiene la mejoría durante unos increíbles cinco años.

Finalmente, múltiples trabajos confirman que el ejercicio puede perfectamente ser el más efectivo intensificador instantáneo de la felicidad de TODAS las actividades.

¿Por qué el ejercicio hace más feliz a la gente?

Los neuropsicólogos creen que existen múltiples razones para el bienestar generado por el ejercicio. 

Primero está la explicación de la autoestima – control. Comenzar un régimen de deporte hace que uno se sienta en control de su cuerpo y de su salud. Viéndose a sí mismo que mejora en algo (más fuerte, más lejos, más rápido) provee una sensación espectacular de voluntad y auto-estima. Segundo está la posibilidad de que la actividad física ofrezca el potencial para el “flujo”. 

El concepto de flujo es el estado mental en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta. Se caracteriza por una sensación de enfocar la energía, y de éxito en la realización de la actividad así como también una distracción positiva que aleja las preocupaciones y las reflexiones mentales negativas.

Esencialmente sirve como un recreo de un día estresante, con efectos colaterales positivos que persisten durante horas después de terminado el ejercicio. 

Es interesante que esta visión del ejercicio lo haga ser muy parecido a la meditación, y de hecho una serie de trabajos que han comparado directamente el ejercicio con la meditación muestran que las dos actividades a menudo muestran efectos idénticos, incluyendo la reducción de la ansiedad y el aumento de la dopamina (el neurotransmisor del placer).

Por supuesto que la experiencia del ejercicio y de la meditación son muy diferentes, especialmente, una generalmente produce las así llamadas emociones de alta estimulación (energía, entusiasmo y vigor) y la otra genera las así llamadas emociones de baja estimulación (serenidad, paz y calma). Pero todas estas son emociones positivas que no solamente nos hacen sentir bien sino que también nos distraen de la ansiedad y las molestias.

Tercero, la actividad física, cuando es realizada en compañía de otras personas, puede proveer oportunidades de contacto social. Por lo tanto fortalece el apoyo social y refuerza las amistades. Hasta puede ser una solución para el aislamiento y la soledad.

Cuando se hace ejercicio, uno no solamente se siente bien porque está logrando algo, sino que también experimenta los beneficios periféricos de haber mejorado su salud física, incluyendo una mayor resistencia cardiovascular, flexibilidad y fuerza.

Esto en sí mismo puede generar felicidad. De hecho, se ha demostrado que el ejercicio eleva los niveles de serotonina, un efecto similar al de los psicofármacos antidepresivos.

Finalmente, se debe mencionar que la actividad física tiene dos tipos de beneficios: uno es el “empujón” agudo inmediato que usted gana de una única sesión de ejercicio. El segundo involucra las mejorías “crónicas” de un programa regular de ejercicio.