A la hora de elaborar contenidos y preparar una clase, es importante que los docentes generen una cierta cantidad óptima de estrés para mantener el rendimiento cerebral de los alumnos en su máximo nivel. Sin embargo, es fundamental considerar que el estrés no impacta de igual modo en todas las personas.
  • 02 de Enero de 2019

La insoportable levedad de la seguridad psicológica: el aula como un espacio de protección psicológica (tercera parte)


Leer: primera parte; segunda parte.


Usted está en piloto automático

¿Por qué usted es víctima de este proceso irracional?

Su sistema nervioso es bombardeado por aproximadamente 11 millones de bits de información por segundo cada día, todos los días. Esto sería imposible de soportar si no utilizara sistemas altamente eficientes. El sistema nervioso emplea sistemas inconscientes porque lidiar conscientemente con el bombardeo de millones de estímulos del mundo exterior sería inmanejable.

El precio de esta eficiencia es que uno está la mayor parte del tiempo en “piloto automático”. Sus procesos inconscientes analizan la información y automatizan las respuestas sin que usted sea consciente de estos procesos y respuestas. Los atajos mentales de los procesos inconscientes y automatizados pueden llevarlo a decisiones o reacciones sesgadas. Esto puede ser tan innocuo como una preferencia alimentaria o tener implicancias más serias tales como una evaluación basada en un perfil racial.

Por ejemplo, si usted se crió en una ciudad sin diversidad racial, puede estar sesgado hacia su contexto cultural y ver a cualquier persona que esté fuera de dicho contexto como “diferente” y, por lo tanto, como potencialmente peligroso.

Usted tiene un copiloto 

¿Cómo puede dejar de ser víctima de sus sesgos?

Por suerte, puede disminuir sus segos con la ayuda de la corteza prefrontal. Esta corteza no termina su desarrollo hasta los 20 años en las mujeres y los 30 años en los varones, ya que es la última parte del sistema nervioso que termina su maduración.

La corteza prefrontal está relacionada con el pensamiento lógico consciente. Está a cargo de las funciones ejecutivas, que son funciones exclusivamente humanas como la planificación a largo plazo, inhibición de las conductas y emociones, creatividad, memoria de trabajo, empatía, etc. (1).

Esta estructura nos permite manejar los sesgos automatizados de la amígdala y sus respuestas ante las amenazas. La relación entre la amígdala y la corteza prefrontal es como la típica historia del malo contra el bueno, con la amígdala representado una estructura nerviosa vieja (evolutivamente) con el poderoso “lado oscuro”, y la corteza prefrontal actuando como el héroe más joven (evolutivamente) que se esfuerza por el bien y por luchar para controlar el dominio que tiene la fuerza del lado oscuro sobre nuestras conductas.

Sin duda, alguna vez ha experimentado una situación en la que se ha sentido frustrado con alguna persona. A veces esta frustración puede ser tan grande que puede sentirse empujado a golpear físicamente a alguien. Pero, sabiendo que esto no es socialmente aceptable, usted eligió refrenarse.

Esta capacidad de inhibir una acción y mantener el autocontrol es dirigida por un área específica de la corteza prefrontal conocida como la corteza prefrontal ventro-lateral, también conocida como el “sistema de frenado”.

Al igual que los frenos en un auto evitan que se vaya fuera de control, el sistema de frenado cerebral inhibe que los instintos primitivos de la amígdala formen parte de su respuesta emocional ante un estímulo (2).

Esto incluye todo: desde decidir no golpear a alguien a resistir el deseo de comer una docena de medialunas cuando está a dieta, o dejar de lado nuestra opinión personal y escuchar la opinión de otra persona durante una discusión.

Como la corteza prefrontal es, en términos evolutivos, una estructura neuronal relativamente “nueva” es más lenta y menos eficiente que los circuitos inconscientes de la amígdala para procesar lo que está sucediendo en el medio ambiente. La corteza prefrontal no puede operar con la misma velocidad y potencia que la amígdala.

La corteza prefrontal requiere de una cantidad inmensa de recursos (glucosa y oxígeno) para operar en forma efectiva y permitirle “frenar” conductas indeseadas. Por lo tanto, si la utiliza demasiado en un corto período de tiempo, se fatigará, comenzará a enlentecerse y, eventualmente, se apagará.

Existe la posibilidad de que experimente esto con frecuencia. Sucede cada vez que pierde su atención en la escuela o la universidad mientras trabaja para resolver un problema estresante, o en el trabajo luego de una larga jornada durante la cual debió tomar muchas decisiones.

Puede haber notado en esos momentos sentirse agitado por pequeñas distracciones o ser menos productivo en su trabajo o estudio. Todo esto significa que su corteza prefrontal ha quedado exhausta y necesita restaurarse.

Una forma de observar la fatiga de la corteza prefrontal es ver cómo se frustra un niño pequeño. Si uno le saca un juguete, comenzará a llorar y se volverá agresivo. Esto es en parte porque todavía no tiene su corteza prefrontal totalmente madura. Lo que está observando es su incapacidad de manejar sus emociones.

La sofisticación de la corteza prefrontal humana nos da una ventaja que no tiene ninguna otra especie que es pensar lógica y analíticamente, ser creativos, auto regularnos y planificar para el futuro. Es nuestra herramienta para superar la conducta instintiva que la “vieja” amígdala quiere imponernos.

Entonces, ¿cómo mantiene a su vulnerable corteza prefrontal en el asiento del conductor y con un rendimiento óptimo?

Hablemos un poco del estrés

Todos hemos escuchado acerca de los impactos negativos que tiene el estrés sobre la salud. Los efectos dañinos del estrés crónico sobre su salud corporal y sobre su salud cerebral son reales. 

Debido a la vulnerabilidad de la corteza prefrontal el estrés crónico puede generarle cambios físicos. Cuando esto sucede una persona puede experimentar un “secuestro amigdalino” que incluye un enlentecimiento cognitivo, estallidos emocionales y la incapacidad de utilizar el sistema de frenado de la corteza prefrontal.

Para empeorar las cosas el estrés crónico puede lograr que la amígdala incremente su tamaño y su potencia. Esto inclina la balanza hacia procesos inconscientes aún más fuertes, echando del asiento del conductor a la corteza prefrontal y permitiendo que retorne al sistema de piloto automático.

Por todo esto, manejar sus niveles de estrés es crítico para su salud y bienestar.

Entonces pareciera que para mantener a la corteza prefrontal en el asiento del conductor el estrés es el enemigo, ¿no? No vayamos tan rápido.

Puede ser una sorpresa que esta no es toda la historia con respecto al estrés y el sistema nervioso. Una cierta cantidad óptima de estrés es importante para mantener el rendimiento cerebral en su máximo nivel.

Veremos esto en la curva de excitación óptima.

Esta curva tiene la forma de una U invertida. La parte más alta de la curva representa la cantidad ideal de estrés (o excitación emocional) necesaria para que estemos organizados, creativos y eficientes. 

Sin embargo, luego de cierto punto demasiado estrés (o una excitación excesiva) lo empujará hasta el límite, impactando en su corteza prefrontal y haciendo que pierda su capacidad atencional, se vuelva menos productivo y comience a reaccionar emocionalmente.

En el otro extremo, un nivel bajo de estrés (excitación baja), puede dejarlo completamente desmotivado y puede ser tan perjudicial para su rendimiento como un nivel de estrés alto.

Piense en el estrés como en un combustible, si hay muy poco la corteza prefrontal no arrancará, si hay demasiado el estrés ahogará el motor de la corteza prefrontal.

De hecho la corteza prefrontal es tan exigente en sus requerimientos que necesita que todo esté “perfecto”. La perfecta cantidad de glucosa, la perfecta cantidad de oxígeno, la perfecta cantidad de excitación, etc.

La curva de excitación óptima es una herramienta útil para comprender por qué el estrés impacta de manera diferente a las personas en formas diferentes. Es importante darse cuenta de que no todos requerimos el mismo nivel de estrés para alcanzar el nivel óptimo.

Considere, por ejemplo, que usted es una persona cuyo estado de reposo se encuentra en el extremo izquierdo de la curva de excitación óptima. Necesitará más estrés (excitación) para llegar al punto en el cual su corteza prefrontal esté funcionando con todos sus cilindros en marcha. Aquellos que están en el extremo izquierdo de esta curva pueden tener la tendencia de dejar las cosas hasta el último minuto antes de ponerse en acción, utilizando la presión de la falta de tiempo para ayudarse a focalizarse para tener el trabajo terminado.

Alternativamente suponga que usted está en la mitad de la curva. Usted intrínsecamente ya tiene lo que necesita para estar motivado y todo estrés adicional puede empujarlo al límite y hacia el burnout.


Referencias bibliográficas:

  1. Arnsten AF. Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nat Rev Neurosci. 2009 Jun;10(6):410-22. doi: 10.1038/nrn2648.
  2. Lieberman M. (2013). Why our brains are wired to connect. New York: Crown Publishers.

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