Nuestro sistema nervioso, a través de una estructura denominada amígdala, puede captar amenazas “beningas” con facilidad.
  • 13 de Diciembre de 2018

La insoportable levedad de la seguridad psicológica: el aula como un espacio de protección psicológica (segunda parte)


Leer: primera parte; tercera parte.


Entendiendo a nuestro sistema nervioso

Antes de analizar a los “conductores” de nuestra seguridad psicológica, es útil comprender cómo ese misterioso órgano denominado sistema nervioso nos protege pero también, bastante a menudo, nos sabotea.

Está neuronalmente cableado para la seguridad

En los últimos dos millones de años el cerebro de los homínidos evolucionó para maximizar nuestras posibilidades de sobrevivir. La mejor manera de lograr este objetivo fue cablearse para la seguridad por encima de todas las otras funciones.

Vagabundear sólo en la jungla armado únicamente con un palo y una piedra muy probablemente no iba a funcionar muy bien si se encontraba cara a cara con un tigre diente de sable. Si por esas cosas de la buena fortuna lograba escapar, era muy improbable que intentara repetir esa aventura.

Desafortunadamente era más probable que su error de juicio pusiera fin a su vida y a su contribución a la reserva de genes humanos, pero seguramente proporcionaría una lección valiosa a su tribu.

El sistema nervioso es esencialmente una gran máquina de predicción diseñada para establecer patrones que provienen de nuestras experiencias, mapearlas y luego cablearlas neuronalmente como un plan de acción para mantenernos seguros.

El impulso del sistema nervioso hacia la seguridad es tan importante que ha desarrollado muchos más circuitos para monitorear, detectar y manejar las amenazas que los que ha creado para el placer y las recompensas (1).

Los circuitos neuronales relacionados con las amenazas reaccionan de una forma más rápida, más fuerte y por un período de tiempo más largo que los circuitos de placer y recompensa. Se podría decir que nos alejamos corriendo del dolor y nos acercamos caminando al placer.

Piense en su reacción frente a un insulto y frente a un halago.

Muchas de estas respuestas ante las amenazas están dirigidas por una estructura del cerebro emocional denominada amígdala. Esta es la responsable de procesar emociones y reaccionar ante el miedo y ante las amenazas. Regula la respuesta de “luchar o huir”.

La amígdala evolucionó para ser extremadamente eficiente; su patrón de reconocimiento y la detección de amenazas se realiza de forma continua y de manera inconsciente (o sea, fuera del control de nuestra consciencia). A estas características se las podrían denominar como un sesgo negativo: en forma inconsciente usted tiende a focalizarse en las amenazas y en el peligro por encima de todos los demás estímulos ambientales.

A pesar de que la amígdala es esencial y ha sido la responsable del éxito en la supervivencia de los seres humanos durante miles de años, puede discutirse que lo que percibe como una amenaza y cómo reacciona frente a dichas “amenazas” se ha vuelto inapropiado e irracional (en ciertas circunstancias) en la sociedad actual.

El sesgo negativo, que fue diseñado para mantenerlo seguro, ahora considera como peligrosas a situaciones inofensivas como estar abrumado por tener 50 mails en el Outlook, conocer nuevas personas, rendir un examen (el famoso “caprex” de nuestros alumnos) o estar con la soga al cuello por tener poco tiempo para estudiar o terminar sus trabajos o tareas. Estas situaciones son muy lejanas a las amenazas mortales que nuestros ancestros tribales enfrentaban como la hambruna, el ataque de una tribu vecina o el riesgo de ser devorado por un animal salvaje.

Desafortunadamente su amígdala no sabe la diferencia. Todos los días trata una “amenaza” benigna (como que se haya vencido el pago del Alumbrado, Barrido y Limpieza) de la misma forma que trataría un ataque de un mastodonte, gatillando un estado de inseguridad en su sistema nervioso y generando reacciones y conductas inapropiadas.


Referencias bibliográficas:

  1. Gordon E. et al. (2013).Training associated with measurable improvements in cognition and emotional wellbeing. Technology and Innovation, 15: 53–62.

Imagen: Designed by Freepik