El cerebro de una persona enamorada genera actividad en el circuito de recompensa cerebral.
  • 14 de Febrero de 2019

¡Feliz día de San Valentín!

El origen de esta festividad tiene diversas versiones. La más popular está asociada al reinado del emperador Claudio II, quien gobernó Roma entre los años 268 y 270. Según cuenta la historia, el 14 de febrero de 270 el soberano de Roma mandó a decapitar a un médico romano devenido en sacerdote de nombre Valentín que se encargaba de celebrar el matrimonio de jóvenes soldados. Esto había sido prohibido por Claudio II, quien alegaba que el matrimonio debilitaba a los hombres y esto disminuía su calidad como soldados.

Aún con la rareza que dio origen a esta celebración, es innegable que el amor es una de las emociones que más ha inspirado a poetas, músicos y filósofos. Incluso, ha llevado a crear leyendas, como la relatada al inicio, además de historias y películas que atrapan la atención de todos. Quien haya estado enamorado sabe de las sensaciones que se despiertan: suspiramos, nos sonrojamos, sonreímos, aparecen las famosas "mariposas" en el estómago y vemos la vida de un modo más bello. En síntesis, el amor nos lleva por un camino con un sinfín de impresiones.

Pero, ¿cuánto dura el amor? ¿Es posible seguir enamorados por siempre? ¿Hay alguna receta para mantener encendido el fuego del amor? Estos son interrogantes que todos buscamos responder y, en los últimos años, los científicos también se han visto subyugados por esta emoción y por tratar de comprender los correlatos neurobiológicos que hacen que actuemos de un modo tan diferente cuando nos enamoramos.

Una de las principales investigadoras en este ámbito es la antropóloga y biología de origen estadounidense Helen Fisher. Según ella, se observa en el cerebro enamorado una gran actividad del circuito de recompensa cerebral, una vía dopaminérgica que parte del área tegmental ventral, pasa por el núcleo accumbens y llega hasta la corteza prefrontal. Dicho circuito es el que despierta nuestro deseo de estar con la otra persona y, por ello, se dice que el amor es tan parecido a una adicción. Además, en su primera fase, esta emoción aumenta los niveles de adrenalina y noradrenalina, que unidas a la dopamina nos dan esa energía y euforia tan característica. No importa dónde viva la persona amada, ninguna distancia es lejana para quien ha sido flechado por Cupido.

Sin embargo, es innegable que el derrotero y el paso del tiempo llevan a una inevitable disminución en estos "químicos del amor". Por esta razón, una innumerable cantidad de investigaciones y cientos de científicos de todas las áreas han intentado develar cuál es la mejor forma de avivar la llama del amor, llegando a diversas conclusiones.

Parecería que, contra todo pronóstico, valorar las cosas más sencillas de una relación y mantenerlas con el paso de las primaveras sería el ingrediente principal de esta receta. Asimismo, los besos, el tiempo compartido, las caricias, pensar positivamente sobre nuestra pareja, proyectar cosas juntos (desde las cosas más simples hasta la realización de esos sueños imposibles) y, principalmente, expresarle a nuestro enamorado sentimientos positivos.

Utilizando una estrofa del cantautor español, Joaquín Sabina:

“Los besos que perdí, por no saber decir: ´te necesito´”.

¡Los queremos mucho y esperamos que se animen a expresar sus sentimientos con sus seres queridos!


Bibliografía:

  • BBC Mundo (2016). ¿Quién fue San Valentín y por qué es el santo que asociamos al amor? Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160213_quien_era_san_valentin...
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  • Bartels, A., & Zeki, S. (2000). The neural basis of romantic love. Neuroreport, 11(17), 3829-34.