Nuestra capacidad de autocontrol nos permite evitar tentaciones que si bien en el corto plazo nos harían felices, en el mediano y largo causarán problemas en nuestras vidas. Sin embargo, ¿tenemos todos la misma capacidad de resistencia? ¿De qué depende nuestra fortaleza para decir sí o no?
  • 14 de Mayo de 2014

Resistirse a las tentaciones


Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


En el mundo moderno es habitual enfrentarse a diario con estímulos que nos inducen a placeres inmediatos, demandantes de nuestra capacidad de autocontrol para no ceder ante ellos luego de imaginar los beneficios a futuro que alcanzaremos si logramos dejarlos pasar. Sin embargo, no todas las personas podemos tener la misma fuerza de voluntad y resistir de igual manera.

La capacidad de autocontrol nos permite dejar de lado un placer cercano tal como podría ser beber de más, comer un trozo de pastel extra o quedarnos en la cama durmiendo en lugar de levantarnos para ir a caminar. Todas estas situaciones pueden producir cierta molestia en el corto plazo, pero garantizarían mejorar la salud en el mediano y largo. Si podemos tener esto presente como un beneficio y placer a futuro, lograremos mayores posibilidades de autorregulación de nuestras acciones.

Numerosos estudios presentan que la capacidad de autocontrol está relacionada con la actividad de la corteza prefrontal, el área más evolucionada de nuestro cerebro. La calidad de la función de estos depende de muchos factores, dentro de los que se encuentran el cansancio, el nivel de glucosa, el estado emocional, las exigencias, etc. Sin embargo, indudablemente, uno sumamente importante es el aprendizaje, ya que la corteza prefrontal necesita de información para evaluar, comparar y tomar decisiones. Si bien cumplen con funciones ejecutivas (anticipación y elección de objetivos, planificación, selección y monitoreo de la conducta adecuada, autocontrol), la rica intercomunicación que poseen con todo el resto del cerebro es lo que les permite expresar su magnitud de acción.

Una investigación realizada en el Brain and Spine Institute de París, liderada por Mathias Pessiglione, presentó que aquellas personas que tienen mayor capacidad de imaginar las consecuencias a futuro de algo son menos proclives a caer en las tentaciones. La capacidad de imaginar todas las posibles consecuencias venideras está relacionada con la memoria y con el hipocampohipocampo.

Esta última área mencionada es considerada como esencial para el almacenamiento de información (memoria) y, en la actualidad, también se la reconoce como partícipe en la simulación de situaciones futuras.

Pessiglione, en su trabajo, presentó a todos los voluntarios opciones de tentaciones inmediatas y otras de largo plazo, pudiendo observar que la posibilidad de seleccionar recompensas futuras estaba ligada a la cantidad de actividad del hipocampo. En su estudio, trabajó con voluntarios sanos y con pacientes con enfermedad de Alzheimer, con daños en el hipocampo, demencia frontotemporal y con daños en la corteza prefrontal. Pudo observar que las personas con lesiones en el hipocampo, al tener dificultad para imaginar los resultados positivos, no pueden contrarrestar el atractivo de las recompensas inmediatas.

Nuestro cerebro, preparado para sobrevivir en la sabana africana, recibe a través de los sentidos los estímulos que le llegan y debe rápidamente determinar en el corto plazo inmediato si estos están a favor o no de nuestra vida. Por el contrario, las recompensas o repercusiones negativas en el mediano o largo plazo exigen mayor tiempo de evaluación y que se pueda imaginar las consecuencias posibles de las mismas.

Si bien este trabajo merece y necesita seguir ampliándose, permite reflexionar sobre el valor que tiene ―tal como expresamos en Neurosicoeducación― el aprendizaje para el progreso y desarrollo humano. Por ello, necesitamos de una educación a lo largo de toda nuestra vida que, a la par de otros conocimientos, contemple el cuidado y respeto por nosotros mismos, las otras personas, especies y el planeta.

Para imaginar el futuro necesitamos de datos almacenados en la memoria que son el resultado de nuestros aprendizajes y experiencias pasadas, también requerimos del uso de la información para que podamos contar con ella más fácilmente (neuroplasticidad positiva). Este paso se logra a través de la simulación mental o proceso de práctica en frío, lo que permite conseguir que construyamos redes neuronales fuertes para que ante estímulos que generen beneficios en el mediano o largo plazo podamos tenerlos (aunque lleven más tiempo de actividad cerebral) tan en cuenta como los inmediatos y, de este modo, nuestra TD (toma de decisión) cuente con ambas visiones.


Bibliografía:

  • Lebreton, M., Bertoux, M., Boutet, C., Lehericy, S., Dubois, B., Fossati, P., & Pessiglione, M. (2013). A critical role for the hippocampus in the valuation of imagined outcomes. PLoS Biol, 11(10):e1001684. doi: 10.1371/journal.pbio.1001684.
  • Figner, B., Knoch, D., Johnson, E. J., Krosch, A. R., Lisanby, S. H., Ernst Fehr, E., & Weber, E. U. (2010). Lateral prefrontal cortex and self-control in intertemporal choice. Nature Neuroscience, 13:538–539. doi:10.1038/nn.2516