Aceptar nuestro maravilloso universo emocional y aprender a manejarlo es clave para nuestro bienestar.
  • 17 de Octubre de 2019

Es muy importante el modo en el que pensamos sobre nuestras emociones

Los seres humanos somos seres emocionales. Por ello, ¿quién no ha sido más de una vez (por no decir muchas) asaltado por un estado de enojo repentino y desproporcionado ante una situación poco relevante o se vio afectado por algo que no merecía un nivel de respuesta tan elevado?

Nuestro mundo emocional nos maravilla y todos nos damos cuenta de cuánto necesitamos conocerlo y tenerlo presente. En los últimos años, el desarrollo de las competencias emocionales y sociales forman parte de muchos proyectos educacionales y laborales. Incluso, las organizaciones de selección de personal las piensan como muy relevantes para elegir a quiénes pueden cubrir diferentes puestos.

Existen distintos modelos de competencias socioemocionales entre los que se pueden considerar los iniciales de Salovey y Mayer y más actuales como el de Marc Brackett. En todos ellos se considera hacer conscientes nuestras emociones, darles nombre, poder hablar sobre ellas, desarrollar su auto-regulación, ser capaces de reconocerlas en los otros y manejarnos socialmente.

Una investigación reciente desarrollada por científicos de la Universidad de Educación de Hong Kong presenta que las personas tenemos creencias sobre nuestras emociones, podemos considerarlas como manejables o verlas como una especie de intruso que se apodera de nosotros. Para los expertos es factible que el modo en cómo han gestionado sus emociones los adultos con los que crecimos, nuestras experiencias de vida y cultura sean la base de las mismas.

El estudio liderado por Ronnel King permitió observar que lo que creemos sobre las emociones afecta el bienestar de las personas. Considerar que todas las emociones son buenas y que cumplen una función es importante y lo es también creer que es posible gestionarlas cuando es necesario.

Imaginemos que llegamos a nuestro trabajo y un compañero con quien tenemos una excelente relación parece ignorarnos. Una respuesta posible es sentirse molesto por su actitud, pero si nos damos un tiempo para reflexionar, podemos pensar que tal vez no nos vio, que le sucedió algo o que nuestro jefe le pidió algo urgente y esta ensimismado en la tarea. A este espacio de parar y pensar los especialistas lo llaman regulación emocional. Otra estrategia de regulación emocional es la reevaluación, la cual implica reinterpretar un evento emocionalmente perturbador, bajo una luz más positiva. La regulación emocional está relacionada con una mejor salud, toma de decisiones, relaciones y con el bienestar general.

Sin embargo, ¿qué sucede si creemos que no tenemos control o capacidad de gestión de las emociones? Un estudio realizado con 355 estudiantes de Filipinas buceó en este interrogante para ampliar lo que conocemos sobre las emociones.

A los jóvenes se les solicitó que respondieran si estaban de acuerdo o no con frases como “Si lo deseás, podés cambiar las emociones que tenés” o “tenés muy poco control sobre tus emociones”. Asimismo, los participantes debían informar cuánto aplicaban estrategias de reevaluación emocional y en qué medida experimentaban sentimientos positivos, satisfacción con su vida y ansiedad.

Los resultados mostraron que el modo en el cual los estudiantes pensaban sobre sus emociones era importante. Los que consideraban que eran gestionables usaban estrategias de reevaluación con mayor frecuencia y presentaban mayor bienestar y satisfacción en sus vidas.

Otro estudio, realizado por Brett Ford y sus colegas de la Universidad de Toronto, encontró un patrón similar, pero que se mantenía en el tiempo. En esta experiencia a los 200 voluntarios se les pidió que informarán si consideraban que sus emociones podían cambiarse o no, si utilizan estrategias de reevaluación o si utilizaban supresión (reprimir sentimientos).

Los investigadores midieron el bienestar emocional al inicio, al final del trabajo y dieciocho meses después de la experiencia, contando además con informes de los padres de los participantes. Quienes creían que las emociones eran manejables usaban asiduamente la reevaluación como estrategia, aplicaban pocas veces la represión emocional y su bienestar era claramente mayor que el de los otros participantes.

Ambas investigaciones sugieren que lo que creemos modela nuestro modo de afrontar las situaciones emocionalmente difíciles y nos llevan a reflexionar sobre el valor de conocer cómo este modo de observar e interpretar puede afectarnos, para así poder hacer un ajuste en el modo en que pensamos sobre nuestras emociones.

Ampliando los estudios anteriores, existe otro, también liderado por Ford, que permitió encontrar otras creencias relacionadas con las emociones. En general, consideramos que las emociones son buenas o malas, agradables o desagradables. Esto muchas veces se confunde debido a que para trabajarlas se suele dividirlas en positivas y negativas o constructivas o no constructivas. Sin embargo, todas las emociones son adaptativas, útiles y nos proporcionan información.

En esta otra investigación, Ford tomó en cuenta la creencia que marca que las emociones son buenas o malas y que esto nos lleva a reaccionar ante estresores. Para su estudio, los investigadores llevaron a una situación de estrés a un grupo de los voluntarios, exigiéndoles que dieran una charla improvisada. En otro trabajo, les solicitaron a los participantes que llevaran diarios en los cuales debían registrar el modo en que se manejaban ante estresores y cómo juzgaban las emociones que sentían.

En ambos casos los integrantes que aceptaron lo que sentían experimentaron menos emociones perturbadoras durante las situaciones de estrés. En el último estudio, se pudo observar, además, que quienes aceptaban sus emociones, al ser evaluados incluso seis meses después, se sentían menos ansiosos y más satisfechos con su vida.

En la Universidad de California otra investigación permitió descubrir que creer que todas las emociones son útiles produce que las personas se sientan más felices y con mayor apoyo social. Por otra parte, los científicos les presentaron a los voluntarios una prueba de razonamiento cronometrada y aquellos que consideraban a las emociones como útiles en sus vidas se desenvolvieron mucho mejor.

Parte de nuestra competencia emocional es poder aceptar nuestras emociones a la par de considerar que es posible gestionarlas cuando es necesario. Un estudio liderado por Eric Smith aporta otros resultados interesantes. A los jóvenes participantes les fueron asignados aleatoriamente uno de los dos cursos desarrollados por el equipo de Smith para realizar en línea. Uno trataba sobre el valor de las emociones, su maleabilidad y cómo gestionarlas utilizando estrategias como la reevaluación; la otra actividad era sobre cómo funciona el cerebro.

Antes de los cursos y cuatro semanas después, los estudiantes notificaron sus creencias sobre las emociones, así como también su bienestar emocional, sentido de pertenencia y satisfacción en la escuela. Asimismo, informaron sobre su bienestar en la vida.

Un mes después de haber realizado el curso sobre gestión emocional aquellos jóvenes tendían a considerar que sus emociones podían cambiar y presentaban mayor bienestar en la escuela, respecto de los que había recibido el otro curso. Una observación interesante que encontraron los científicos es que en el grupo de control los descensos emocionales eran mayores y más marcados.

Otro dato para destacar que descubrió el equipo de Smith es que la creencia de los estudiantes sobre si las emociones son manejables o no, no era tan importante como el creer que podían aplicar estrategias de gestión.

Debemos considerar que no es posible estar gestionando constantemente nuestras emociones, ni tampoco lograr cambiar lo que sentimos en cuestión de minutos. Pero sí es factible aprender a calmarnos en momentos difíciles, poder frenar nuestras primeras reacciones para pensar o estar atentos al tipo de contexto en donde nos encontramos.

Este nuevo abanico de investigaciones nos permite descubrir que aceptar nuestro maravilloso universo emocional es clave. Además de considerar que todos en las diferentes etapas de nuestras vidas y en los distintos ámbitos en donde nos encontremos, podemos aprender a cuidar de nuestro bienestar si nos acercamos a conocer estrategias que nos ayudan al desarrollo de nuestras competencias socio-emocionales.

Aprender a darnos un momento para reflexionar; ajustar la respiración; mover un poco el cuerpo para aflojar tensiones; tomar espacios de descanso para recuperarnos de las exigencias; pensar en las consecuencias; hablar sobre las emociones; re-evaluar las situaciones; desarrollar empatía y toma de perspectiva; resignificar y conocer nuestro universo emocional son hoy en día factores que deben estar presentes en todos, no solo para nuestro bienestar, sino también para el de las sociedades de las que formamos parte.


Bibliografía:

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