Usualmente podemos ver situaciones ajenas y sentirlas como propias, ya sean emociones negativas como el miedo o el disgusto o positivas como la felicidad y la diversión. Investigaciones en neurociencias explican qué sucede en nuestro cerebro frente a estas situaciones.
  • 04 de Febrero de 2014

Neuronas espejo o especulares


Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


Vamos caminando por la calle tranquilos, conversando con una persona amiga y de repente observamos una situación que capta nuestra atención: un auto casi atropella a un ciclista. Por un momento nos estremecemos como si fuéramos nosotros los que pasamos por esa situación. ¿Qué nos sucedió? Se puso de manifiesto nuestra capacidad de sentir como propia una experiencia ajena gracias a la existencia de las neuronas espejo, en las cuales se pueden encontrar los fundamentos neuronales de la empatía.

Si bien en la actualidad se conocen este tipo de neuronas, el tratar de comprender cómo entendemos la mente de los demás ha sido siempre de interés. Ya hace muchos años, David Hume, filósofo empirista escocés S. XVII, expresaba que las mentes de los hombres son espejo unas de otras. 

Las neuronas espejo fueron descubiertas por el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti (catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de Parma y su equipo formado por Vittorio Gallese y Leonardo Fogassi) por casualidad, mientras buscaba el modo en que el cerebro de los mamíferos planifica los movimientos. 

brocaLa investigación se basaba en observar el modo en que se activaban las neuronas del cerebro de un macaco, en la zona inferior de la corteza premotora, encargada de planear y ejecutar acciones (zona que corresponde al área de Broca en el cerebro humano), cuando éste sostenía diferentes elementos, como frutas, juguetes, etc.

Pero en un momento inesperado, el equipo que utilizaban para medir la actividad de las neuronas presentó que varias de ellas estaban en plena excitación sin que el animal tuviera ningún objeto. Lo que sucedía era que Fogassi tenía en su mano una fruta y cuando el macaco lo miraba, sus neuronas se activaban como si él estuviera llevando a cabo la acción.

En su morfología, las neuronas especulares no se distinguen de las otras células nerviosas, pero sí lo hacen por la doble función que cumplen: se excitan ante determinadas acciones, las realice uno o las esté observando mientras las ejecutan otros. 

Los múltiples trabajos que se han hecho desde su descubrimiento demuestran que las implicaciones que tiene trascienden el campo de la neurofisiología pura, ya que el sistema de neuronas espejo permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás. 

Otro campo de estudio en el que las neuronas espejo entran en juego es en el lenguaje. Cuando hablamos siempre movemos nuestras manos; la gesticulación que hacemos con ellas es muy importante para la comunicación. Se sabe que las neuronas espejo son importantes para controlar las manos y decodificar los movimientos de las manos de las otras personas. La idea que hoy tienen los investigadores es que antes de que los seres humanos pudieran hablar, estas neuronas servían para la comunicación no verbal.

Cuando hacemos ciertos movimientos y vemos a otros efectuarlos, se crea un canal de comunicación entre nosotros y la otra persona. Por ello se considera que estos gestos evolucionaron y ayudaron al desarrollo del habla. Investigaciones presentaron que las regiones cerebrales que se activan al hablar ―en el lóbulo frontal― también se estimulan al escuchar a otras personas. Así que estas regiones modernas que controlan la lengua y los labios al hablar entran en juego cuando se escucha conversar a otros, y están tan activas como si uno participara de la charla.

insulaLas neuronas en espejo pueden encontrarse en los lóbulos frontales, parietales posteriores, en los surcos temporales superiores, en las cortezas premotoras y en los lóbulos de la ínsula.

La activación de éstas depende también de cuan familiar nos resulte lo que vemos. Por ejemplo, si vemos a alguien jugar un deporte que nunca practicamos, nuestras neuronas espejo se activarán pero no podrán imitar los movimientos de un modo preciso. 

El estudio realizado por la neuropsicóloga Beatriz Calvo-Merino, utilizando una resonancia magnética funcional, presentó que la actividad cerebral es distinta según las personas que observen una acción. La investigación se efectuó con bailarines de danza clásica, maestros de capoeira y personas con pocos conocimientos de estas disciplinas. Cuando se proyectaba ballet, quienes eran bailarines presentaban mayor grado de activación de neuronas espejo que el resto de los participantes.

También el contexto juega un papel importante en la activación de estas neuronas, ya que justifica que algo tenga sentido o no. De hecho, cuando se observaban acciones motoras descontextualizadas se activan en menor medida.

El experimento de la taza de té, realizado por Marco Iacoboni y su equipo, es una muestra de ello. A los participantes se les mostraba un video con una taza de té en escenarios diferentes, en donde una mano entra a escena y toma una taza.

En el primer video, el movimiento de la mano y la taza se presentan sin contexto. Por su parte, en el segundo el contexto se exhibe una mesa sucia, con migas de galletitas y servilletas usadas, una clara muestra de una merienda que finalizó. Finalmente, en el tercero se presenta una mesa servida con bocadillos y ordenada que simula el momento de tomar el té.

Los investigadores pudieron observar que el grado de activación máximo de estas neuronas se alcanzó en el tercer escenario, algo que sugería la intención de ingerir la comida; en cambio, en el segundo escenario la activación fue menor dado que el propósito era probablemente lavar la taza. Algo que demuestra que estas neuronas tienen en cuenta al contexto.

Los resultados de las investigaciones sugieren que el sistema de neuronas espejo no se limita a duplicar internamente la ejecución del modelo, sino que participa activamente en el procesamiento (comprensión, imitación, aprendizaje, empatía, etc.) de la acción observada.

Si vemos a alguien sonreír, estas neuronas lo simulan, crean una especie de imitación interna en nuestro cerebro del rostro de la otra persona, y luego envían estas señales al sistema emocional, que nos permite registrar lo que otro siente.

Se sabe que las emociones son contagiosas: si alguien entra en un espacio en donde la gente está feliz y se incorpora al grupo, acabará sintiéndose más feliz, porque existe esta transmisión de emociones de una persona a otra.

La percepción de un rostro moldea los músculos faciales de quien lo observa y también activa estructuras internas del sistema nervioso central como el área sensoriomotora. 

Un estudio realizado en el Colegio Universitario de Londres presentó qué sucede cuando en lugar de ver expresiones se utilizan estímulos auditivos. El trabajo consistió en hacer escuchar a un grupo de personas estímulos auditivos que eran vocalizaciones de emociones negativas como el miedo y el disgusto, y emociones positivas, como la diversión y el triunfo. Mientras oían los sonidos sus cerebros fueron monitoreados a través de una resonancia magnética funcional.

Las neuronas en espejo de los cerebros de todos los participantes se activaron ante la percepción de todos los estímulos, al igual que los músculos faciales que también tuvieron diferentes grados de movilización. Pero lo más interesante del estudio fue observar cómo las risas y voces triunfantes produjeron mayor respuesta.

Los homo sapiens sapiens debemos parte de nuestro éxito como especie al instinto gregario. Por ello las propiedades específicas del sistema de neuronas espejo pueden explicar la capacidad humana de aprender por imitación y de contagiar nuestros estados de ánimo a otros. Tal vez nuestras sociedades serían más trascendentes si pudiéramos tener presente el valor que cada uno de nosotros tiene en el cerebro de los otros, en sus conductas y emociones.

Cada mañana, al empezar el día, tal vez deberíamos preguntarnos ¿cómo deseo activar las neuronas espejo de las personas con las que voy a interactuar? De este modo, es posible que reflexionemos y nos demos cuenta de que con una simple sonrisa ya estaremos haciendo un gran cambio.

Bibliografía:

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  • Gazzaniga MS. Human: The Science Behind What Makes Your Brain Unique. Publisher: Harper Perennial, 2009. ISBN: 978-0060892890
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  • Iacoboni M, Dapretto M. The mirror neuron system and the consequences of its dysfunction. Nature Reviews Neuroscience 7, 942-951 (December 2006) | doi:10.1038/nrn2024