Cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles o complicadas, tenemos al sistema nervioso simpático y parasimpático cómo las “tropas” de combate y de logística que saldrán en defensa de nuestra integridad física y emocional.
  • 17 de Diciembre de 2019

El combate: la fobia humana universal

Hay que comprender que una fobia es mucho más que un miedo. Una fobia es un miedo irracional, abrumador e incontrolable de un objeto o evento específico. 

Una fobia que no perdona a nadie es la agresión interpersonal humana. Esta es la fobia humana universal. 

El Manual de Trastornos Mentales (DSM) dice que cuando el agente causal de estrés es humano el grado de trauma psicológico es más severo y más duradero. Por el contrario, el DSM muestra que el estrés postraumático es raro por causas de desastres naturales o accidentes de tráfico. 

En otras palabras, cuando es otro ser humano el que nos causa miedo, dolor y sufrimiento, nos destruye y nos abruma. 

El estrés extremo y desenfrenado es un “carnívoro” físico y emocional. Se mastica ávidamente a muchos de nuestros agentes policiales y miembros de las fuerzas armadas con su afilado colmillo. 

Este es el ámbito del combate. 

Debido a que los soldados se acercan hacia la fobia humana universal intencionalmente, esfera en la cual otros seres humanos tratarán de lastimarlos o matarlos, es vital que ellos comprendan esta esfera. Así como el bombero comprende al fuego, el guerrero debe comprender al combate. 

La dura realidad del combate: pérdida del control de esfínteres 

Las investigaciones demuestran que si uno tiene un “depósito” en el intestino grueso durante una situación muy estresante, esta carga va a ser “arrojada”. Su cuerpo dice, “¿Control de esfínteres? ¡No necesitamos ese apestoso control de esfínteres!”. ¿Qué hace usted si esto le sucede? Sigue peleando. 

Una investigación demostró que un 25% de los soldados norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial admitió que perdieron el control del esfínter urinario y un 13% admitió haber perdido el control del esfínter anal. 

Trastornos psiquiátricos masivos 

La batalla de Gettysburg (en 1863 durante la Guerra Civil Americana) duró tres días y en ella se produjeron 50.000 bajas (diez veces el número de bajas sufridas por los Estados Unidos durante el desembarco en Normandía), pero cuando el sol se ponía la lucha se detenía y los combatientes podían descansar. 

Durante la Segunda Guerra Mundial había situaciones en las cuales los soldados debían combatir durante 60 días sin parar. En estos casos era probable que un 90% de los combatientes se convirtieran en pacientes psiquiátricos. 

Sistema nervioso simpático y parasimpático: las “tropas” de combate y de logística del cuerpo 

El sistema nervioso simpático: movilizando al cuerpo para la supervivencia. 

El sistema nervioso autónomo (que inerva todas las vísceras de nuestro cuerpo) está compuesto por el sistema simpático y el parasimpático. 

El sistema simpático está asociado con la respuesta de estrés, de luchar o huir. Asimismo, en general, está relacionado con el gasto de energía de las reservas que están depositadas en el cuerpo, inhibiendo la digestión, aumentando la liberación de adrenalina y noradrenalina, dilatando los bronquios y los vasos cardíacos. A su vez, moviliza y dirige los recursos de energía corporales para la acción. Piense en el sistema simpático como el equivalente fisiológico del cuerpo de soldados de vanguardia que luchan en una unidad militar. 

El sistema parasimpático está asociado con la relajación y a menudo está relacionado con las actividades que aumentan el suministro de energía depositada en el cuerpo. Es el equivalente fisiológico de cocineros, mecánicos y otros trabajadores militares que sostienen una unidad militar. 

Cuando uno está durmiendo de noche los procesos del sistema parasimpático están en incremento. Usted no tiene ni siquiera un centinela en su puerta delantera. Luego se despierta en la mañana, se toma una taza de café, se da una ducha y alcanza lo que se denomina la homeostasis: un balance entre los procesos simpáticos y parasimpáticos. Usted tiene algunas tropas en las líneas frontales y algunas tropas haciendo mantenimiento, lo que le permite hacer operaciones prolongadas. 

Pero todas las unidades necesitan un respiro tarde o temprano, por lo que esa noche se acuesta a dormir y otra vez los procesos del sistema parasimpático quedan a cargo. Este es un ciclo normal y rutinario de mantenimiento. Pero mañana, sin embargo, hay una sorpresa esperándolo. 

Se levanta y comienza su rutina. Se establece la homeostasis y luego súbitamente alguien trata de matarlo. Su respuesta corporal es una activación total del sistema simpático. Los procesos parasimpáticos como la digestión se apagan: ¡no necesitamos la apestosa digestión! 

¡Tiremos ese lastre y mandemos la sangre hacia las piernas que es donde la necesito! Los cocineros, mecánicos y otros empleados dejan de hacer lo que estaban haciendo, agarran un rifle y salen corriendo hacia el frente. Mientras tanto la salivación se apaga, generando lo que se conoce como la boca seca. 

Si creemos en las estadísticas, 75% de los combatientes no pierden el control de sus esfínteres vesicales o anales, pero muchos sufren de lo que se denomina “diarrea por estrés”. 

Tan pronto como el peligro ha terminado hay una crisis fisiológica, un “contragolpe” parasimpático de gran magnitud. 

El contragolpe parasimpático: el cuerpo se apaga para realizar mantenimiento 

Durante la guerra de Corea un equipo de psiquiatras acompañó a una unidad de soldados veteranos a la batalla. Esta unidad lanzó un ataque al amanecer. Al mediodía había asegurado una posición enemiga en la cima de una colina y el peligro había desaparecido. 

Mientras esta unidad esperaba el inevitable contraataque del enemigo los psiquiatras vieron sorprendidos cómo los oficiales tuvieron que ir de posición en posición para despertar a las tropas. 

El contragolpe parasimpático después de la batalla había sido tan poderoso que los hombres habían caído en un sueño profundo a pesar de saber que muy pronto serían atacados. 

Napoleón dijo: “El momento de mayor vulnerabilidad es el instante inmediatamente posterior a la victoria”. Tan pronto como las tropas se relajan se produce un contragolpe parasimpático de una enorme magnitud. Es más que solamente bajar guardia, es un poderoso colapso fisiológico. 

Se ha producido una poderosa descarga hormonal y física, por lo que el cuerpo necesita tiempo para recargarse. Este es uno de los motivos por el cual los militares siempre retienen una reserva. 

Cuando las tropas están sufriendo la carga del agotamiento y unidades frescas del enemigo atacan, las tropas exhaustas colapsan como un castillo de naipes. 

“Quemando” la oleada de adrenalina 

Durante la guerra de Vietnam un grupo de policías militares americanos fueron a un comercio denunciado por tener mercadería americana robada. Al entrar las cosas se pusieron feas cuando un grupo de soldados sud Vietnameses, armados con M-16, entraron a ayudar al comerciante. De pronto había 25 policías militares y 40 enfurecidos vietnamitas. Comenzaron a dispararse tiros al aire, todo el mundo comenzó a gritar “epítetos” raciales y se iniciaron varias peleas a puñetazos. Se logró el orden cuando se estaba “a un pelo” de desencadenar una carnicería. 

Un policía militar cuenta que esa noche no pudo dormir. ¿Por qué los soldados de Corea se durmieron profundamente, pero en general los policías luego de un tiroteo no pueden dormirse? La diferencia es lo que ha sucedido con la descarga de adrenalina en ambos grupos de combatientes. 

Los soldados soportaron seis horas de un extenuante combate durante el cual quemaron cada gota de adrenalina que tenían en sus cuerpos. El oficial de policía tuvo la misma descarga de adrenalina en su cuerpo, pero su combate fue mucho más corto dejándolo con mucha adrenalina navegando a través de su cuerpo. 

¿Ha estado alguna vez de noche en el borde de su cama con su mente dando vueltas, con su corazón martillando en su pecho y con su cuerpo excitado? Esto es lo que la adrenalina residual le hace a uno. Para quemar esta adrenalina residual puede salir a correr, levantar pesas o pedalear en una bicicleta. Luego dese una ducha y vuelva a su cama. Frecuentemente esto es todo lo que necesita para rápidamente quedarse dormido.

Cuando los oficiales de policía están trabajando su sistema simpático está activado y, por lo tanto, ellos están alertas, enérgicos e involucrados. Cuando vuelven a sus casas el contragolpe parasimpático los golpea y se sienten cansados, indiferentes, aislados y apáticos. 

Cuanto mayor es la excitación y demanda en el trabajo, mayor es la posibilidad que el contragolpe parasimpático pueda debilitarlos en su hogar y destruir su vida familiar. Es fundamental que todos los guerreros comprendan esta “montaña rusa” biológica diaria que los atraviesa.


Bibliografía:

  • Dave Grossman, D. (2014). Psychological Effects of Combat. Encyclopedia of Violence, peace and conflict. Oxford University.

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