Un experimentado docente da clases de Física y Química en un curso de secundaria y la mayoría de los estudiantes no obtienen buenos resultados en sus evaluaciones. ¿Es culpa de los jóvenes estudiantes o del profesor que tiene 15 años de experiencia al frente del curso?
  • 03 de Marzo de 2020

Leticia, Leticia… ¿Otra vez?

Leticia es una adolescente de 17 años que cursa sexto año de secundaria. Año tras año ha desaprobado de manera sistemática las materias de Física y Química.

El profesor Yosoyelmejor es docente de Física y Química de todos los cursos del turno mañana. Se caracteriza por sus conocimientos, aptitud en el cumplimiento administrativo y excelencia en dar los contenidos propuestos en el programa presentado al inicio del año. Su experiencia es vasta y su antigüedad asciende a 15 años. Leticia se encuentra entre sus estudiantes.

La semana pasada el profesor tomó el examen de Leticia y mientras se lo entregaba le dijo: Leticia, Leticia… ¿Otra vez?

Cabe aclarar que Leticia estaba recibiendo un examen corregido por él y cuya calificación era un dos. No obstante, a Pablo, su compañero de banco, también le dijo: “¿Otra vez desaprobaste?”. Y a Romina, su mejor amiga, también le dijo: “¿Otra vez desaprobaste?”. Y a Verónica, Roberto, Sofía, José y al 80% del curso les dijo de manera armoniosa: “¿Otra vez desaprobaste?”.

"Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo". Benjamin Franklin

Lo cual nos hace pensar: ¿será que el docente Yosoyelmejor, a pesar de su experiencia, no está pudiendo involucrar a sus estudiantes dentro de los contenidos dados en su clase? El casi 80% de exámenes desaprobados da como respuesta: afirmativo; no está pudiendo.

Entonces surge una nueva pregunta: ¿Por qué?

El equipo directivo, compuesto por la directora Sra. Mandoyo y la vicedirectora Sra. Acáestoy, empezaron a indagar y así revertir el preocupante porcentaje de desaprobados. Se observaron clases, miraron porcentajes y la relación entre los presentes/ausentes y aprobados de todos sus estudiantes, presentismo del docente, programa anual y relación con el libro de temas, carpetas de distintos alumnos, etc.

Durante las observaciones de las clases, la directora comprobó que los contenidos abordados se realizaban desde clases magistrales. No obstante, notó que pocos respondían las preguntas realizadas por el docente (curiosamente, el porcentaje de los alumnos que respondían era el mismo que aprobaban los exámenes). El docente no generaba empatía ni clima positivo con aquellos que no respondían y/o desaprobaban de manera sistemática los exámenes… Simplemente los evadía si no ocasionaban dificultades mientras transcurría su hora cátedra dentro del aula.

No obstante, a pesar de la instancia en la que se encuentra el desarrollo del cerebro adolescente[1éste debe concurrir a la escuela y, por sobre todo, aprobar para bien de su salud física-psíquica y salidas de los viernes. Por lo menos así lo piensan Leticia y sus compañeros.

Lo cual no lleva a preguntarnos:

  • ¿Por qué y para qué debe ir un adolescente a la escuela?
  • ¿Debe ir a la escuela porque la Ley lo especifica?
  • ¿Debe ir a la escuela para aprobar las materias?
  • ¿Debe ir a la escuela para aprender los contenidos de las distintas materias?
  • ¿Para qué aprender los contenidos de las distintas materias?
  • ¿Se debe ir a la escuela para aprender y aprobar? 

Tema: Ciclo de Kreb

Prof. Yosoyelmejor 

El profesor debe prepara la clase correspondiente al tema Ciclo de Kreb.

Sabe que la ley Nacional de Educación Nº 26.206 obliga a sus estudiantes a transitar el sistema educativo y que aprobar la totalidad de las materias es condición sine qua non para poder continuar estudiando. Por lo que un gran porcentaje de adultos consideraría que es suficiente para querer aprender el Ciclo de Kreb. No obstante, ¿los adolescentes lo creen así? ¿o deberían considerar la alternativa del machete?

Si los seres humanos aprenden a través de la interacción social, pues de ello depende su supervivencia el Ciclo de Kreb, dentro de este contexto no debe ser tan relevantes para adolescentes que, además, se hallan en un período de desarrollo del cerebro que valora más lo que hará el viernes a la noche con sus amigos que la cantidad de ATP que consuma su organismo ese viernes a la noche.

El profe Yosoyelmejor, sentado en su escritorio lapicera en mano, se detuvo a pensar y estuvo un largo tiempo revisando sus prácticas y la relación que tenían con las calificaciones de su alumnado. Después de varios minutos, decidió girar su silla hacia su PC, la encendió y comenzó a indagar aleatoriamente sobre enseñanza y aprendizaje en adolescentes. Y encontró que existían estudios que relacionaban el aprender con el placer; se detuvo y de sus labios se esbozó: ¡Bingo!

Y es que cuando se aprende y durante su proceso, los neurotransmisores que se ponen en juego son: dopamina, serotonina, noradrenalina y acetilcolina.[2]

Y continuó leyendo: “El núcleo accumbens recibe aferencias de múltiples centros cerebrales asociados con la manifestación de emociones (amígdala e hipotálamo) y con la memoria tanto emocional (amígdala) como procedimental y declarativa (hipocampo), además de aferencias dopaminérgicas del área tegmental ventral y de la sustancia negra y de información motora desde las áreas motoras de la corteza” (Tezano, 2014). 

Según Analía Ricci, Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires, “la capacidad de aprender y formar memorias requiere de una amígdala intacta. La amígdala produce ciertas proteínas haciendo que el recuerdo sea duradero y así es como las emociones pueden potenciar o bloquear la memoria”. Por lo tanto, las memorias están íntimamente relacionadas con un contexto emocional. Entonces, entendió los motivos por los cuales la Prof. de Salud y Adolescencia tenía más éxito cuando abordaba textos con ITS más allá de ser “una mina copada”, según sus estudiantes. Estaba claro que, para ella, generar un ambiente que sea empático resultaba esencial, independientemente de los contenidos abordados.

El Sr. Yosoyelmejor leyó el paper realizado por María del Valle Coronel y María Margarita Curotto que trata “La resolución de problemas como estrategia de enseñanza y aprendizaje”. Al finalizar el texto, pudo entender que presentar el tema dentro de una situación problemática que sensibilizara a sus estudiantes generaría estrategias, potenciaría el desarrollo de distintas capacidades, los posicionaría desde un pensamiento crítico y los ayudaría a aprender. El aprendizaje basado en problemas (ABP) es uno de estos métodos que permite combinar la adquisición de conocimientos con el aprendizaje de competencias.

El desafío, al momento de armar la clase sobre el Ciclo de Kreb, será cómo abordar el tema desde una perspectiva de situación problemática que ponga en cuestión los saberes previos del alumnado y lo relacione con su experiencia emocional.

Al finalizar la clase, según la taxonomía de Benjamin Bloom, las tres áreas principales para evaluar serán: cognitiva, afectiva, psicomotora.

Según David Bueno, para Bloom, el objetivo de su teoría radica en que el alumno adquiera nuevas habilidades y conocimientos. Esto es posible si los tres dominios se encuentran en iguales proporciones.

Está claro que aprender no se trata únicamente de aquello que ocurre en la escuela o delante de un libro. “El aprendizaje es un fenómeno difícil de separar de la memoria porque ambos acaban refiriendo a lo mismo: un cambio experiencial que implica un cambio estructural en nuestro sistema nervioso que se puede resumir en mejores conexiones neuronales. Es decir, el aprendizaje es un fenómeno que parece no contar con horarios sino que se produce de manera constante: cada segundo de nuestra vida nos estimula y se producen cambios en nuestro sistema nervioso”

 (Tezano, 2014).

Para los estudiantes de química, las clases no siempre “merecen ser recordadas”. No porque la hayan pasado mal, sino porque no contienen experiencias dignas de aprendizaje, por lo que no vale la pena que se destine energía extra para “almacenarlos”.

Finalmente, el profesor encontró que “al adolescente, en la preparación hacia la adultez, se le presentan nuevos desafíos cognitivos: se complejiza el material que enfrenta a nivel escolar y social, debe empezar a tomar sus propias decisiones y tiene nuevas demandas, especialmente las atencionales. • Para ello, ya en sus fases más tempranas, madura una porción del cerebro importante en la atención motivacional: el llamado "giro cingulado anterior". Esta región también monitorea los procesos conflictivos, al orientar la toma de decisiones. • También maduran e, incluso, crecen en tamaño algunas estructuras tales como el hipocampo, que se desarrolla hasta los 18 años y cumple un rol para la consolidación de nuevas memorias, y la amígdala, una estructura adyacente que participa en el procesamiento de emociones. • Es decir que no sólo existen redes más mielinizadas, sino también redes más grandes y complejas con mayores interacciones” (Basile, 2018).

Y entendió que tanto la emoción como la atención y la memoria resultan imprescindibles para que el aprendizaje se lleve a cabo y una vía posible es la presentación del Ciclo de Kreb desde una o varias situaciones problemáticas que les resulten atractivas a la totalidad de los estudiantes del curso.


Bibliografía:

  • Basile, P. D. (2018). El desarrollo del cerebro durante la infancia y adolescencia. Psiquiatría y Psicopatología del adolescente y su familia. Recuperado de: https://psicoadolescencia.com.ar/docs/cerebro.pdf
  • del Valle Coronel, M., y Curottu, M. M. (2008). La resolución de problemas como estrategia de enseñanza y aprendizaje. Revista Electrónica de Enseñanza de las Ciencias, 2(7).
  • Bueno, D. (2017). Revolución y aprendizaje. Tekman.
  • Vizcarro, C., y Juárez, E. (2008). La metodología del aprendizaje basado en problemas. Universidad de Madrid.
  • Tezano, P. (2014). Núcleo accumbens: un centro de aprendizaje y motivación. Antroporama. Recuperado de: https://antroporama.net/nucleo-accumbens-aprendizaje-y-motivacion
  • Velásquez Burgos, B. M., Remolina de Cleves, N., y Calle Márquez, M. G. (2009). El cerebro que aprende. Tabula Rosa, 11, 329-347. Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=39617332014

[1] El Prof. Dr. Héctor S. Basile dice: “El cerebro adolescente y las emociones: un adolescente puede hacer caso a su primer impulso emocional y dejarse llevar (o no) por la oleada amigdalar y la ira y empezar una pelea. Los estudios muestran que en casos de impactos fuertes, el adolescente no responde en todos los casos con una activación igual en el lóbulo frontal, porque no se establecen las conexiones de igual forma. Todo esto junto con la revolución de hormonas sexuales que influyen en la dopamina, la serotonina y en otros neurotransmisores del cerebro (que regulan el temperamento y la excitabilidad) hacen del momento de la adolescencia una época de máximos riesgos”. Psicología y Psicopatología del adolescente y su familia.

[2]

Velásquez Burgos, Bertha Marlen; Remolina de Cleves, Nahyr; Calle Márquez, María Graciela. El cerebro que aprende. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca Colombia. 2009.

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