Cuando leemos una historia algo dentro de nosotros cambia. Experimentamos emociones y nuestro cerebro nos hace meternos en la piel de alguno de los personajes con los que nos identificamos.
  • 05 de Noviembre de 2018

Leer historias puede cambiar el cerebro

Leer activa muchas áreas del cerebro; incluso aquellas que se ocupan de nuestras acciones físicas, tal como lo muestran las investigaciones de John Henderson, profesor de psicología en el Centro para la Mente y el Cerebro de la Universidad de California en Davis.

Como los seres humanos somos altamente sociales, las historias atrapan nuestra atención y nos mantienen motivados para seguir las tramas que se van desarrollando hasta llegar expectantes al final y conocer el desenlace. Al no poder leer todo en un día, aprendemos a saber esperar hasta el próximo momento en el que contemos con el tiempo para volver a nuestro libro o tablet.

Sin lugar a dudas, existen muchos beneficios resultantes de la lectura. Por ello, el neurocientífico Gregory Berns, de la Universidad de Emory, se propuso junto a su equipo observar los cambios que produce en el cerebro. El trabajo se centró en los efectos prolongados que genera leer una historia.

El equipo de Berns contó para su investigación con la participaron de 21 estudiantes, a quienes se les informó que el estudio duraría 19 días. La propuesta consistió en que los primeros 5 días los jóvenes debían ir al laboratorio para realizarse estudios de rutina con equipos de resonancia magnética funcional (RMf).

Luego, durante los 9 días siguientes, debían leer la novela Pompeya, que muestra cómo el protagonista de la historia, que se encuentra fuera de la ciudad, ve a lo lejos vapor y cosas extrañas que suceden alrededor del volcán y debe regresar a tiempo para salvar a la mujer que ama. El libro fue elegido por su trama y por tener una línea narrativa sólida.

Los científicos anteriormente habían dividido la novela de manera tal que cada día tuvieran que leer 30 hojas. Luego de lectura los estudiantes pasaban por una prueba que les permitía a los investigadores asegurarse de que habían cumplido con lo pactado para después someterse a la RMf. Una vez finalizados los 9 días, siguieron concurriendo cada mañana al laboratorio para realizarse resonancias adicionales.

Los resultados mostraron una mayor conectividad en la corteza temporal izquierda, un área del cerebro asociada con la receptividad al lenguaje en las mañanas después de las tareas de lectura, pese a no estar leyendo mientras eran escaneados sus cerebros. El aumento de esta actividad se mantuvo incluso los 5 días posteriores a la experimentación.

Otra observación interesante fue que también había mayor conectividad en la región motora sensorial primaria. Las neuronas de esta zona se han asociado con la realización de representaciones de sensaciones para el cuerpo. Solo pensar en correr, por ejemplo, puede activar las neuronas asociadas con el acto físico de correr.

Los cambios neurales que se producen en las áreas del movimiento sugieren que leer una historia nos puede conducir a ponernos en el cuerpo del protagonista.

Según una investigación liderada por Nicole K. Speer en la Universidad Washington en San Luis, Estados Unidos, publicada en Psychological Science, las regiones que se activan en el cerebro al leer una historia son muy similares a las que tienen lugar cuando realizamos, observamos o imaginamos actividades del mundo real.

Además de todo lo anterior, un trabajo realizado por investigadores de la Nueva Escuela de Investigación Social, de Nueva York, sostiene que leer ficción literaria aumentaría nuestra capacidad de detectar y comprender las emociones; es decir, “de ponernos en los zapatos del otro”.

Leer es una experiencia fascinante para toda nuestra UCCM (Unidad Cuerpo Cerebro Mente) y son muchos los beneficios que otorga. Por ello, todos, desde nuestro lugar, debemos estar atentos para aportar un granito de arena para que algo que nos hace tan bien sea parte de la vida de nuestros niños y jóvenes.

¡Todo un desafío en los tiempos actuales que vale la pena afrontar!


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