El proceso de lectura genera diversos beneficios en nuestros alumnos. Por esta razón, todo espacio dedicado a esta actividad en la escuela colaborará en el progreso de las funciones superiores del cerebro de los estudiantes.
  • 15 de Agosto de 2017

Lectura y cerebro… Van de la mano

Todos sabemos que leer es muy importante porque genera diversos beneficios. Sin embargo, propiciar situaciones de lectura en el aula no siempre es tan sencillo, aunque quizás conocer el papel que ocupa esta actividad en el cerebro nos concientizará sobre la importancia de proyectar e institucionalizar un plan de lectura anual en todos los niveles educativos.

Necesitamos ejercitar nuestro cerebro para que goce de buena salud. La lectura coopera ampliamente en este punto y por eso comenzar con este proceso desde niños y continuarlo durante el transcurso de la vida es útil porque eleva el rendimiento y almacenamiento cognitivo.

Todo espacio de lectura en la escuela colaborará en el progreso de las funciones superiores del cerebro. Por este motivo, planificar e institucionalizar esta tarea dentro del ámbito escolar logrará estimular la actividad cerebral de nuestros alumnos en el área de Wernicke, ya que obligaremos al cerebro a ordenar e interrelacionar ideas y conceptos. Asimismo, ejercitará la memoria, la imaginación y mejorará la capacidad intelectual de todos los estudiantes. De esta manera, ellos podrán comprender y comunicar ideas coherentes.

Es conveniente que expliquemos todo desde un principio para entender los beneficios mencionados. Al leer nuestro cerebro pone en funcionamiento una estrategia de lectura asombrosa llamada muestreo. Cada vez que efectuamos una pausa, gracias al movimiento de nuestros ojos, adelantamos la vista para poder seguir leyendo.

Para probar esto y concientizar este acto, se puede elegir un párrafo de cualquier texto y verificar cuántas veces nos detuvimos para que nuestros ojos (a través de cortos movimientos) se adelanten y puedan continuar con la lectura de manera fluida. A partir de este punto comienza un recorrido de lectura arduo, intenso e, incluso, difícil de enseñar.

El cerebro alfabetizado contiene mecanismos corticales especializados que están dispuestos para el reconocimiento de las palabras escritas. Desde que las vemos hasta leerlas y reproducirlas oralmente hay un camino que se despliega y una serie de habilidades que desarrollar en el transcurso del aprendizaje de la lectura. El cerebro del lector TRANSITA un sendero que contiene una cantidad de mecanismos que van desde reconocer un vocablo escrito hasta llegar al leído. 

Nuevos elementos surgen sobre esta base empírica, una teoría fundada en el hecho de que el cerebro releva los circuitos cerebrales que se ponen en juego a la hora de leer. De aquí en adelante se reconstruyen nuestras redes neuronales y en base a estos conceptos deberíamos enfocar los cambios pedagógicos que se hacen presentes al fomentar en nuestras clases espacios de lectura en los que predominen los buenos contextos. Como aporta el Dr. Roberto Rosler, Director Académico de Asociación Educar para el Desarrollo Humano, debemos incentivar aulas amigables en las cuales estimulemos y propiciemos con trabajos situaciones emocionantes, lúdicas y sorpresivas de lectura. De esta manera, los docentes desde de nuestro rol nos transformemos en docentes – coordinadores que impulsaremos a que cada alumno posea conciencia sobre las sorprendentes capacidades de su cerebro lector.

Por ejemplo, podemos plantear como consigna la búsqueda de una palabra en particular en un listado en el cual todos los términos sean parecidos y se repitan para visualizar la cantidad de veces que están mencionados. O pedirles a nuestros estudiantes que observen la tapa de un libro para que exploren su textura, color, tamaño, título, dibujos y todo lo que rodea a su paratexto para ensayar diferentes relatos según lo observado. Otra alternativa sería la de presentarles diferentes palabras que pertenezcan a un campo semántico en particular y una que esté ajena al mismo para que la reconozcan de forma inmediata.

La lectura despliega mecanismos cerebrales que son complejos. Cada uno de ellos está orientado hacia una única meta: decodificar las palabras escritas de forma tan rápida y precisa como sea posible. Nuestro cerebro aprende constantemente y se transforma con los conceptos adquiridos.

Stanislas Dehaene, un especialista en la ciencia de la lectura, concluye que el aprendizaje, sin embargo, está restringido de manera muy firme y sus mecanismos en sí mismos están rígidamente especificados por nuestros genes.

Todo cerebro lector activa las mismas regiones cerebrales para decodificar una palabra escrita. Y si bien existen muchos abordajes y caminos para acceder a la lectura, la libertad pedagógica que tenemos los docentes dentro del aula es infinita. Nuestra meta es formar cerebros lectores compatibles. Es decir, que sean amigables con los libros, la cultura y la realidad.

Para esto comencemos desde la base: para decodificar la escritura necesitamos aprender y saber las dos vías de lectura que tiene como eje la letra, ya sea como sonido o significado.

La buena noticia es que el cerebro de un niño maneja los fonemas de forma inconsciente: comienza su escolaridad sabiendo hablar. A partir de esta instancia, recorre un camino que va desde el Sistema de Análisis Visual de la palabra escrita hacia el Sistema Semántico en el cual la palabra va a adquirir significado y de aquí hacia el léxico de salida del habla donde podrá convertir el grafema en fonema. Desde de este punto, lograremos alumnos que emprendan un viaje de progreso y evolución.

La lectura es salud: reduce los niveles de estrés y alivia la tensión muscular. Además, altera positivamente el estado anímico, entrena a nuestro cerebro (debido a que la comprensión de un texto requiere de gran energía mental) y ejercita la memoria de trabajo.

¿Sabías que? Leer reduce nuestro estrés hasta en un 60% con tan sólo 6 minutos de lectura.

Al leer un niño y un adulto expanden un camino en el cual cada uno explora, descifra, piensa, imagina, conoce, reconoce, investiga, relaciona, reflexiona, comprende, interpreta, crea y recrea… Tengamos presente que LEER nos permite ELEGIR lo mejor.


Bibliografía:

  • Dehaene, S. (2015). El cerebro lector. Serie mayor: Ciencia que ladra. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
  • Dehaene, S. (2015). Aprender a leer. Serie mayor: Ciencia que ladra. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
  • Motta, S. (2007). Prácticas de lectura. Buenos Aires: Editorial Kimeln.

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