Muy importantes procesos fisiológicos están estrechamente relacionados con el sueño y los adolescentes consistentemente se caracterizan por acostarse tarde. Dado que múltiples factores psicosociales afectan sus patrones de sueño es importante que padres e instituciones educativas hagan hincapié en explicarles los beneficios de un buen descanso.

Investigación: Sueño en adolescentes (la tormenta perfecta)

Autor Asociación Educar
Fecha 20 de Abril de 2016

Las gráficas que acompañan esta publicación provienen de un trabajo de investigación realizado por el Laboratorio de Neurociencias y Educación de Asociación Educar junto a la colaboración de más de 100 docentes de 37 instituciones educativas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México y Uruguay, que nos ayudaron a encuestar durante 5 días a 2693 alumnos cuya edad osciló entre 11 y 20 años.

 Artículo de uso libre, sólo se pide citar la fuente (Asociación Educar).


¿Por qué dormimos?: Diversos y muy importantes procesos fisiológicos están estrechamente relacionados con el sueño como el restablecimiento de la energía; la eliminación de radicales libres acumulados durante el día; la regulación y restauración de la actividad eléctrica cortical; la regulación térmica, metabólica y endócrina; la síntesis de las moléculas cerebrales consumidas durante la vigilia; la homeostasis sináptica; la activación inmunológica y la consolidación de la memoria.

Los adolescentes consistentemente se caracterizan por acostarse tarde en las noches previas a los días escolares. Incluso, durante el fin de semana sus patrones de descanso mantienen su desregulación ya que se duermen aún más tarde.

En esta gráfica observamos que la hora de acostarse se extendía en un rango que va desde las 22:43 horas para los alumnos de 11 a 12 años hasta las 23:46 horas para los estudiantes de entre 17 y 20 años. 

La regulación biológica del sueño depende, por un lado, de un reloj biológico situado en el núcleo supraquiasmático localizado en el hipotálamo, el cual maneja el ritmo circadiano (oscilaciones de variables biológicas ―como, por ejemplo, el sueño y la vigilia― a intervalos de 24 horas). Durante la adolescencia se producen cambios en los horarios del ritmo circadiano: luego de la pubertad la noche biológica se retrasa, pero la necesidad de sueño se incrementa.

Múltiples factores psicosociales afectan los patrones de sueño en los adolescentes y contribuyen a que retrasen su hora de acostarse y disminuyan su tiempo de descanso. 

En esta gráfica apreciamos que el número promedio de horas dormidas por noche desciende desde las 8:23 horas para los alumnos de 11 y 12 años hasta las 6:48 horas para los estudiantes de entre 17 y 20 años.

En esta gráfica podemos observar que entre los adolescentes de 11 y 12 años un 9,9% duermen, en promedio, menos de siete horas por noche de lunes a viernes. Entre los 13 y los 14 años un 22,7% descansan menos de siete horas; entre los 15 y los 16 años, un 32,3% y entre los 17 y los 20 años, un 40,1 %.

Una tarea psicológica de extrema importancia para los adolescentes es lograr la independencia en múltiples áreas de sus vidas. Una en la cual este esfuerzo por la autonomía se demuestra con claridad es a qué hora acostarse.

Las horas frente a las pantallas, la utilización de la tecnología y los compromisos sociales nocturnos se vuelven más frecuentes durante la adolescencia.

Diversos trabajos demuestran que durante esta etapa los aparatos electrónicos (musicales, televisión, videojuegos, celular, computadora, acceso a Internet, etc.) se vuelven más frecuentes en las habitaciones.

Asimismo, varias investigaciones han reportado que los adolescentes se duermen más tarde o presentan conductas disruptivas o somnolencia diurna a medida que aumentan el tiempo nocturno antes de acostarse dedicado a ver televisión, usar la computadora, los videojuegos o el celular.

Todas estas actividades generan excitación y producen cambios en los sistemas de regulación biológica del sueño, lo que les facilita estar despiertos hasta más tarde. Además, involucran exposición a la luz, en particular en el espectro del color azul al cual el reloj circadiano tiene mayor sensibilidad. La luz nocturna tiene el efecto específico de retrasar el ritmo circadiano empujando así al adolescente a acostarse más tarde.

El impacto del horario escolar sobre los adolescentes genera una limitación en los tiempos de descanso. Al despertarse temprano la fase circadiana y la necesidad de sueño se ven afectadas y con ello el rendimiento académico.

Por esta razón, ya existen algunos colegios en el mundo que han desplazado su horario de inicio de clases a las 9 AM para los adolescentes con un excelente resultado académico y conductual.

La tormenta perfecta: fuerzas biológicas y psicosociales colisionan para empujar el sueño de los adolescentes hacia horarios más tardíos. Como las escuelas comienzan temprano ellos duermen menos horas.

La lista de efectos negativos de la privación de sueño es larga y oscila desde la somnolencia y trastornos del humor hasta problemas de atención, malas calificaciones, inconvenientes en la conducta, abuso de sustancias, accidentes de tránsito, obesidad e inmunosupresión.

Algunas recomendaciones que pueden ser de ayuda:

  • Estimular a que los colegios consideren la idea de comenzar más tarde durante la secundaria.
  • Disminuir, en la medida de lo posible, la actividad social nocturna de los adolescentes.
  • Que las escuelas informen a los alumnos sobre las características y funciones del sueño.
  • Que los padres identifiquen y mantengan un horario apropiado para que sus hijos se acuesten.
  • Estimular a los adolescentes a que eviten la luz y actividades que los exciten durante la noche.
  • Educar a las familias acerca de la utilidad de rituales de relajación para los adolescentes antes de acostarse.

Laboratorio de Neurociencias y Educación de Asociación Educar

Director: Dr. Roberto Rosler

www.asociacioneducar.com/laboratorio-neurociencias