La gran mayoría de los seres humanos disfrutamos mucho a la hora comunicarnos con otros. Sin embargo, lo que más placer nos genera es hablar sobre nosotros mismos y acerca de nuestras experiencias.
  • 03 de Febrero de 2014

Hablar sobre nosotros nos da mucho placer


Artículo de uso libre, sólo se pide citar autor y fuente (Asociación Educar).


Los seres humanos nos caracterizamos por ser individuos comunicativos y nos gusta conversar y opinar sobre todo tipo de temas, aunque hay uno en especial que nos da mucho placer: hablar sobre nosotros mismos.

Podemos considerar que es nuestro ego el que nos genera esa sensación, pero la realidad se encuentra oculta en los mecanismos neuronales del sistema de recompensa cerebral.

Investigadores de la Universidad de Harvard presentaron que entre el 30 y 40 % de nuestras conversaciones las ocupamos con relatos sobre nuestras propias experiencias de vida.

Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford, considera, luego de años de investigación, que dos tercios del tiempo que dedica la gente a las conversaciones en lugares públicos se concentran en narrar historias personales y en contar chismes.

Encuestas realizadas en las redes sociales indican que más del 80% de los mensajes de Facebook, Twitter y otros medios de internet son relatos personales de experiencias inmediatas.

Tiempo más o tiempo menos, lo interesante es descubrir que hablar de nosotros nos gusta y por ello es algo presente en toda comunicación.

Para comprender los motivos de esta característica los científicos Diana Tamir y Jason Mitchell, de la Universidad de Harvard, realizaron una investigación en donde un grupo de voluntarios debía pasar por una serie de pruebas mientras sus cerebros eran escaneados a través de una resonancia magnética funcional.

Las observaciones fueron realizadas aplicando diferentes variables mientras los participantes hablaban sobre ellos mismos, pensaban sobre su persona o conversaban de otros.

Los resultados presentaron que cuando se auto-revelaban datos personales se activaba fuertemente el sistema de recompensa cerebral, el mismo que se enciende ante la comida, el sexo y el dinero.

Este centro de recompensa nace en el tallo cerebral ―en el área tegmental vental― en donde se libera el neurotransmisor dopamina que llega hasta el núcleo accumbens (un Ganglio de la Base que funcionalmente forma parte del Sistema Límbico). A esta vía se la conoce también como vía mesolímbica.

También en este estudio se pudo comparar la diferencia que se presenta en la activación cerebral ante la introspección o frente al pensar privadamente en uno mismo, en comparación con compartir esos pensamientos con otra persona. Y tal como se esperaba, si bien la introspección era suficiente para iluminar las áreas cerebrales asociadas a la recompensa, la activación era acentuadamente mayor cuando los participantes creían que sus pensamientos se comunicarían a otras personas.

Luego de leer todo lo anterior nos podemos llegar a preguntar sobre cuáles son los motivos por los que evolutivamente contamos con esta particularidad. Si pensamos que somos seres altamente sociales, y que nuestro éxito como especie se debe a nuestro instinto gregario, podemos encontrar en ello una posible respuesta, ya que muchos neurocientíficos consideran que parte de la complejidad del cerebro humano se debe a la complejidad social que alcanzamos los homo sapiens sapiens.

Contar nuestras experiencias e ideas personales genera vínculos con quien nos escucha o nos recibe. Esto se debe a que nuestro cerebro libera una neurohormona: la oxitocina, que contribuye a la formación de relaciones amigables y de confianza y, además, nos hace sentir felices, aumentando los efectos del circuito dopaminérgico. Uno de los principales estudiosos de cómo los vínculos entre las personas liberan oxitocina es el neuroeconomista Paul Zak, de la Claremont Graduate University.

Hablar y escuchar relatos de otras personas o conversar sobre nosotros, en definitiva, compartir, nos gusta y contribuye a que ampliemos nuestros conocimientos al conocer otras experiencias.

Cada día, en los distintos lugares en donde actuamos, deberíamos hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Hubo espacios para relacionarme con los otros, sin estrés, sin exigencias y que nos permitieran conocernos y enriquecernos con nuestras diferencias y experiencias de vida?
  • ¿Permitimos que en nuestros equipos de trabajo surjan espacios informales de comunicación en donde las personas puedan conocerse?
  • ¿Realizamos encuentros para generar vínculos humanos en el aula o en nuestra organización?

Debemos tener presente que los espacios para vincularnos con los otros pueden ser cualquiera de los ámbitos que hacen a nuestra vida: pareja, familia, amigos, trabajo y educación. Esto jamás será una pérdida de tiempo, sino, por el contrario, una maravillosa oportunidad de ampliar nuestro modo de ver y percibir la vida, además de una chance para desarrollar virtudes como la empatía y, también, para contar con una cuota extra de placer y felicidad.

Docentes, capacitadores, líderes y toda persona que trabaje con grupos debe tener presente lo importante que es generar cotidianamente espacios de vínculos, ya que los mismos contribuyen a mejorar el estado de ánimo, compromiso e integración de las personas. En las aulas, esto favorece a que los alumnos puedan concentrarse y aprendan con mayor facilidad. En el caso de las organizaciones, el bienestar del equipo de trabajo siempre repercute en una mejora en la producción y funcionamiento de todas las áreas.


Bibliografía:

  • Tamir, D. I., & Mitchell, J. P. (2012). Disclosing information about the self is intrinsically rewarding. PNAS, 109(21), 8038-8043. doi: 10.1073/pnas.1202129109
  • Zak, P. J. (2012). La Molecula de La Felicidad. Buenos Aires: Urano.