La evaluación en tiempo de pandemia debe tener como objetivo enriquecer estos momentos difíciles y con educación a distancia.
  • 10 de Septiembre de 2020

Evaluar en tiempos de pandemia: ¿cómo y para qué?

La mañana del martes transcurría sin mayores sobresaltos. Después del desayuno, me dispuse a responder los mails de mis alumnos. Grande fue la sorpresa al encontrar remitentes nuevos: no me escribían los chicos de secundaria sino sus padres. Ellos expresaban su preocupación por las notas del boletín y me contaban cómo afectaban a sus hijos las calificaciones negativas, especialmente en cuarentena.

La escena anterior se repite con frecuencia en las computadoras de todos los docentes que llevamos adelante la Enseñanza Remota de Emergencia. Lo curioso es que el boletín que angustiaba a padres e hijos no era sino una progresión escolar sin calificación numérica y sin valoraciones (regular, bien, sobresaliente, etcétera). Las categorías a rellenar consideraban el vínculo con el docente, la entrega de las actividades propuestas y si se alcanzaron las expectativas en el proceso de aprendizaje que intentamos llevar adelante en este contexto tan insólito.

Eliminando las calificaciones y la jerarquización de los alumnos nos centraremos en la relación pedagógica para fortalecer los vínculos y acercarnos a pesar de la distancia física. Conlleva cierta injusticia educativa asignar un número del uno al diez al trabajo que los chicos llevan adelante en sus hogares, heterogéneos y, muchas veces, poco colaborativos a causa del contexto en el cual se desarrolla la enseñanza (los docentes desconocemos la situación familiar de cada alumno). Además, carecemos de contacto directo y asiduo. Enfrentamos una educación virtual provisoria, pero por tiempo indefinido. No sabremos cuánto han aprendido los educandos hasta no regresar a la nueva normalidad luego de la pandemia.

El doctor Roberto Rosler se ha ocupado de recordarnos en diversos videos y artículos que la palabra ‘examinar’ proviene del latín examinare, cuyo significado era observar minuciosamente algo. En cambio, ’evaluar’ está formada por el prefijo latino ex- (hacia afuera) y valere (ser fuerte) cuyo significado era apreciar, calcular el valor de algo. ¡Qué diferencia sustancial a la hora de poner en la balanza los contenidos que nuestros alumnos incorporan! Como docente, ¿deseo realizar un escrutinio detallado de aquello que memorizaron y repiten? ¿O busco apreciar y valorar lo aprendido? ¿Cómo ordeno las prioridades enseñando a distancia y de manera virtual?

Antes que nada, debemos considerar los dos objetivos centrales de esta Enseñanza Remota de Emergencia. En primer lugar y como ya hemos mencionado, mantener el vínculo entre el docente, el alumno y la institución. Eso cobra aún más sentido si consideramos que la educación es un derecho y el Estado y las instituciones que la brindan tienen obligación de garantizarla.

El segundo objetivo es mantener los cerebros de nuestros alumnos trabajando. Recluidos en sus casas deben leer, resolver ejercicios, mantenerse activos y socializar con sus compañeros y con el docente. En cambio, si congeláramos la educación formal durante meses y el único estímulo que los niños y jóvenes recibieran proviniese de la televisión o los videojuegos, su capacidad de concentración se estancaría como un lago y costaría muchísimo retomar la enseñanza presencial y lograr que incorporasen técnicas de estudio y fuesen proactivos. Para mantener sus cerebros trabajando les pedimos que miren videos que filmamos, que lean cuentos o resuelvan ejercicios matemáticos desde sus hogares. Así y todo, como hemos mencionado, hasta el regreso a las aulas no podremos medir la efectividad de estas estrategias ni sus resultados a medio y largo plazo.

Entonces, vale la pena repreguntarse: ¿Cómo ordeno las prioridades enseñando a distancia y de manera virtual? Aquellos alumnos sin posibilidad de conexión o acceso a las propuestas virtuales deben saber que no han sido dejados de lado. Los docentes debemos considerarlos y no bajar los brazos en el intento de tender un puente comunicacional. A aquellos alumnos con acceso al material y posibilidad de intercambio digital de las actividades, debemos motivarlos a trabajar de manera autónoma. No deben tener miedo a hacer preguntas y plantear dudas. Debemos retroalimentar su esfuerzo felicitándolos y destacando los aspectos positivos de su desempeño.

No es momento de centrarnos en los errores sino de mantener los cerebros trabajando. Es difícil estimular y motivar a distancia; más aún en un contexto incierto como es el actual. Está en nuestras manos transmitir calma y recordar a los educandos y a sus familias que calificar es inútil y las progresiones escolares que hemos completado intentan reflejar el esfuerzo y dejar constancia de él.

La Enseñanza Remota de Emergencia no debe llevar en su puerta el cartel que Dante Alighieri vio al ingresar a los infiernos: “Abandonad toda esperanza los que entréis aquí”. En cambio, debe servirnos a todos para replantear nuestras estrategias, incorporar herramientas digitales y pensar la evaluación de otra manera. Medir menos, pesar y examinar menos al alumno y apreciar más el valor del esfuerzo.

Como camaleones, nos hemos adaptado en mayor o menor medida a los colores de este arcoíris digital. Que la evaluación también se transforme de una vez y para siempre. Recuperemos la etimología original. Valoremos, motivemos y dejemos huella. Digamos adiós a las notas numéricas que imponen jerarquía, promueven la competencia y desmotivan a nuestros alumnos. Ojalá que el final de la pandemia sea también un nuevo comienzo.