Si bien se consideraba que algo de estrés no era nocivo para nuestras emociones, nuevos estudios mostraron que incluso los estresores leves pueden afectar el buen funcionamiento de la corteza prefrontal, el área más evolucionada de nuestro cerebro.
  • 01 de Abril de 2014

Incluso el estrés leve puede afectar nuestra capacidad de controlar las emociones


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Todos sabemos que el estrés nos hace actuar de un modo menos equilibrado y es común considerar que un poco no nos afecta. Sin embargo, nuevos estudios han arrojado resultados que pueden hacernos dudar de que esto sea tan así.

Un trabajo de investigación liderado por Elizabeth Phelps, de la Universidad de Nueva York, publicado en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias, presenta cómo incluso estresores leves pueden afectar el buen funcionamiento de la corteza prefrontal, el área más evolucionada de nuestro cerebro.

Si bien desde hace mucho tiempo se considera que el estrés disminuye la capacidad de control emocional, el trabajo Phelps es el primero que documenta cómo incluso hasta el estrés leve lo socava.

El experimento fue realizado en dos días con un total de 78 participantes. En el primer día, los investigadores llevaron a los partícipes hacia un condicionamiento de miedo. Para esto, les hicieron ver imágenes ―algunas de ellas eran acompañadas por una descarga eléctrica en la muñeca― de serpientes o arañas y con correr de las fotografías crecieron sus temores. Después de esto, les enseñaron una serie de estrategias cognitivas para que aprendieran a disminuir las aprensiones provocadas por el paso anterior.

En el segundo día, los dividieron en dos grupos: el A o de estrés y el B o de control. A las personas del grupo A les sumergieron las manos en agua helada durante tres minutos (éste es un método estándar para la creación de una respuesta de estrés leve en estudios psicológicos). A los integrantes del grupo control o B, les bañaron las manos, pero en agua tibia. Para corroborar quienes pertenecían al grupo de estrés se les midió a todos los niveles de cortisol en saliva. El resultado fue que aquellos pertenecientes al grupo A presentaron un significativo aumento en el mismo, mientras que no hubo cambios en el grupo de control.

Luego de cierto lapso, les presentaron a todos los voluntarios las imágenes de serpientes o arañas, para observar si el estrés les debilitaba la capacidad de aplicar las técnicas cognitivas aprendidas el día anterior.

Como habían considerado los científicos, los integrantes del Grupo B o de control presentaron una menor respuesta de temor ante las fotografías, mostrando que pudieron aplicar el entrenamiento cognitivo. En cambio, los del Grupo A, pese a haber recibo la misma información y entrenamiento, no mostraron disminución en la respuesta de miedo, lo que indicaba que no habían podido utilizar las técnicas aprendidas el día anterior.

Las técnicas o estrategias cognitivas, así como la resignificación, exigen la activación de la corteza prefrontal y sus funciones ejecutivas. Sin embargo, esta área cerebral es altamente sensible al estrés y la tensión, circunstancia que dificultó en este experimento que los voluntarios pudieran aplicar lo aprendido.

No obstante, existe un modo posible para que, pese al estrés, podamos aplicar las técnicas cognitivas: practicarlas. La capacidad de aprendizaje, la memorización y la recuperación de un conocimiento dependen de la conexión de neuronas y, por ello, la práctica o espacios más largos de entrenamiento son necesarios para que las estrategias o la aplicación de la resignificación puedan estar más consolidadas en la memoria. Pero falta un paso más: usar la imaginación y representarse situaciones posibles y a nosotros aplicando lo aprendido. De este modo tendremos dos vías neuronales integradas y a disposición: una, con la información y la otra, con la aplicación.

Luego de leer este trabajo, al igual que hemos hecho con otros en donde vimos cómo nos afecta el estrés, debemos considerar lo siguiente:

  • Aprender a no generar situaciones estresantes innecesarias.
  • Debemos ser conscientes de cómo el estrés, aun el leve, afecta el buen funcionamiento de la corteza prefrontal.
  • Realizar durante el día actividades relajantes, que van desde ejercicios de respiración, pasear o acariciar a nuestra mascota, hasta encuentros y charlas con personas amigas, para permitirle a nuestra UCCM (unidad cuerpo cerebro mente) reponerse.
  • Recordar que el estrés se acumula y por ello la importancia de paso anterior.
  • Neurosicoentrenar habilidades de modelación emocional, para poder contar con ellas cuando lo necesitemos.
  • Lo más importante: generar contextos en todas las áreas de nuestras vidas que estén a favor del cuidado y buen funcionamiento de nuestra UCCM y de nuestra corteza prefrontal.

Bibliografía:

  • Raio, C. M., Orederu, T. A., Palazzolo, L., Shurick, A. A., & Phelps, E. A. (2013). Cognitive emotion regulation fails the stress test. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 110(37):15139–15144. doi:10.1073/pnas.1305706110