La amígdala reacciona fuertemente ante el estrés, el miedo, el aburrimiento, la frustración o la percepción de una amenaza activándose.
  • 06 de Octubre de 2020

Emociones y aprendizaje: la amígdala

La amígdala: el conductor dependiente de la emoción hacia el cerebro superior o inferior

La amígdala decide qué información sensorial pasa hacia la corteza prefrontal (CPF) cognitiva. En un estado sin estrés permite que la información sensorial pase a la CPF donde puede depositarse en la memoria de largo plazo.

Sin embargo, la amígdala reacciona fuertemente ante el estrés, el miedo, el aburrimiento, la frustración o la percepción de una amenaza activándose. Cuando esto ocurre el flujo de información desde la amígdala hacia la CPF disminuye significativamente.

La amígdala puede considerarse un interruptor emocional. En un estado de estrés alto el flujo de información hacia la CPF se reduce y se pasa a un estrecho patrón de conductas como el de lucha, huir o congelarse.

Los cerebros de los alumnos responden al estrés portándose mal (conducta disruptiva, que corresponde a la respuesta de lucha), huyendo (viajes frecuentes al baño o a beber, que corresponde a la respuesta de huida) o ignorando lo que los rodea (soñando despiertos, distrayéndose o desconectándose que corresponde a la respuesta de congelarse).

En estos estados, con un mínimo de información entrando a la CPF y a las áreas de memoria, la información que entra a los filtros atencionales es mínimamente procesada y muy poca de ella entra a la memoria.

En estas circunstancias la conducta de los alumnos puede ser interpretada por los docentes y padres como una mala conducta intencional. Es fundamental comprender que estas conductas aparentemente voluntarias representan respuestas involuntarias primitivas.

El impacto del estrés crónico

La CPF es particularmente sensible al daño por un estrés prolongado. El estrés frecuente disminuye el número de sinapsis entre la CPF y la amígdala, impactando en la memoria y el autocontrol.

La amígdala, cuando uno está ansioso, enojado, frustrado o aburrido, puede hacer una de estas tres cosas: ignorar la información sensorial, luchar contra ella como si fuera una experiencia negativa (enviando señales que logren que uno actúe en forma inapropiada) o evitarla (logrando que uno comience a soñar despierto).

Por lo tanto, bajo estrés, es muy probable que su sistema nervioso emocional elija una conducta que no sea muy útil, aunque esté tratando de ayudarlo. Por ejemplo, si estudiar para un examen no ha sido útil en el pasado, su sistema emocional puede desalentar su estudio en el futuro. O si tiene vergüenza de hacer una pregunta en voz alta durante la clase, su sistema emocional continúa impidiendo que levante la mano.

Estas son respuestas automáticas que suceden sin que usted las piense o las elija.

Preservando al niño en cada aprendiz: los docentes como guardianes del clima emocional del aula

Los siguientes son disparadores de estrés en el aula y algunas formas de evitarlos.

Ignorar las manos levantadas de los alumnos o decir que responderá las preguntas cuando termine de explicar

Estas conductas pueden ser una señal que active la amígdala para alumnos que aún tienen dificultades para comprender un tema.

Lo recomendable es no ignorar las manos levantadas, responder las preguntas rápidamente o decirles a los alumnos que muevan el pulgar si desean que su pregunta se responda rápidamente. Su afirmación con la cabeza de reconocimiento, asegurando al alumno que su pregunta será respondida en forma rápida, disminuirá el estrés del estudiante, permitiéndole salir del modo luchar – huir – congelarse.

Hacer comentarios sobre el examen o proyecto de un alumno en frente de toda la clase

Compartir esta información en público puede ser una experiencia humillante. Hecha correctamente, compartir con el alumno información sobre su trabajo en privado, refuerza y promueve su motivación para que pueda progresar.

Llamar aleatoriamente a los alumnos para responder preguntas

Los sistemas de respuesta individual privada disminuyen el estrés y estimulan a los alumnos a involucrarse en la clase. Además, estos sistemas disminuyen el terror de ser llamados a responder una pregunta de forma involuntaria, así como también ayudan a derribar el concepto de que ser el primero en levantar la mano para responder una pregunta es una victoria en una competición que honra solamente al alumno que responde primero. 

Estando alerta a los signos de ansiedad y estrés de los alumnos

La prevención es el mejor destructor del estrés. Poder reconocer los signos de una amígdala hiperactiva en sus alumnos le permitirá intervenir antes de que tenga la reacción “luz roja” en sus alumnos.

Los alumnos que están estresados necesitan de una observación más frecuente para ver si están a punto de inclinarse hacia la respuesta inconsciente de luchar – huir – congelarse. O sea que su sistema nervioso cambia del modo pensar al modo reaccionar.

Las siguientes son algunas claves de este cambio:

  • Los alumnos que están distraídos o portándose mal pueden estar manifestando una respuesta al estrés generado por la confusión, la frustración o el aburrimiento (no se olvide que el aburrimiento tiene un muy importante componente emocional). Un período atencional corto puede ser la forma del sistema nervioso de acabar con la ansiedad generada por unos contenidos presentados de forma incomprensible o poca motivadora.
  • Cuando el número de alumnos que están participando activamente en una discusión o dando respuestas comienza a disminuir, dichos alumnos pueden estar confundidos o aburridos.
  • Una caída brusca en el número usual de preguntas durante una clase puede señalar confusión, ansiedad o miedo. Esta señal debe ser un aviso que debemos rápidamente evaluar formativamente la comprensión de nuestros alumnos.
  • Los alumnos pueden volverse inusualmente inquietos o charlatanes. Estas conductas pueden incluir husmear sus pupitres, bolsillos o mochilas, pasarse notas escritas, utilizar el celular o la tablet o hablar con su compañero.

Cuando los alumnos están desconectados por estar desinteresados o aburridos se puede utilizar las siguientes estrategias y demostrar que reconoce los sentimientos de sus alumnos:

  • Darles un recreo.
  • Iniciar una siesta sináptica.

Cómo es un clima de aula positivo

  • Los docentes se toman el tiempo para escuchar a sus alumnos y reconocen el valor de sus opiniones e ideas.
  • Los alumnos confían en que los docentes comprenden sus cambios de humor y energía, y que los apoyarán.
  • Los docentes aceptan las cualidades únicas de sus alumnos y les dan las oportunidades para ser honrados por sus individualidades.
  • Se modela, valoriza y es consistentemente reforzada una comunidad escolar de respeto mutuo.
  • Los desafíos académicos, deportivos y emocionales son racionalmente estructurados en forma de un andamio con las herramientas necesarias para que todos los alumnos tengan éxito.
  • En la escuela se honra algo más que el mejor rendimiento académico. El auténtico reconocimiento es para el alumno que ha alcanzado sus objetivos individuales, ha ayudado a sus compañeros y ha contribuido con la escuela y la comunidad.

Siestas sinápticas

Las siestas sinápticas son cambios en una clase durante los cuales hace que sus alumnos se involucren con los contenidos en una forma tal que utiliza un diferente circuito cerebral.

Estas modificaciones posibilitan que el circuito previamente activado, que puede volverse ineficiente luego de un trabajo de alta intensidad, se revitalice. Todos los circuitos cerebrales necesitan descansos periódicos, durante los cuales se reabastecen de neurotransmisores y otras nuevas moléculas (canales, bombas, vesículas, etc.) antes de pasar el próximo tema.

Utilizo la palabra siesta sináptica en una forma de “incrustar” la neurobiología del aprendizaje en el lenguaje del aula. También es un ejemplo para usar el humor porque utilizo la palabra siesta.

Le explico a mis alumnos que las sinapsis son las conexiones entre las neuronas y que juegan un papel crítico en el aprendizaje y la memoria.

Recuerde que para que la nueva información llegue a la memoria de largo plazo debe pasar por el filtro emocional de la amígdala. Cuando el cerebro del alumno está ansioso, confundido, aburrido o abrumado, la amígdala se activa y, entre otras consecuencias, la amígdala frena a la corteza racional.

Las siestas sinápticas funcionan como recesos restaurativos, previniendo que los circuitos neuronales se abrumen con la información y la interferencia del depósito de memoria, también colaboran con el mantenimiento de un estado emocional positivo. A su vez, proveen la posibilidad de mantener el “flujo”, o sea impidiendo que la amígdala evite que la información pase a la corteza racional (la corteza prefrontal).

Los neurotransmisores disminuidos vuelven a aumentar en minutos si la siesta sináptica se realiza antes del colapso total sináptico, pero su aumento toma más tiempo si la siesta sináptica se realiza después del colapso “catastrófico”.

Lo ideal es prevenir este colapso sináptico planificando descansos cerebrales antes de que los alumnos muestren los primeros signos de distracción, inquietud o miradas vidriosas.

Si se anticipa a esta sobrecarga también puede evitar que sus alumnos relacionen el contenido que está explicando con las emociones negativas de aburrimiento mortal que minan su futuro interés en el tema.

Dependiendo de cuánto durmió y cómo desayunó el alumno y de la intensidad de la actividad escolar, el sistema nervioso pierde su eficiencia entre los 10 y los 20 minutos.

Las variables de edad, nivel de concentración o los desafíos en el tipo de aprendizaje (aprendizaje nuevo intensivo, procedimientos complejos, toma de apuntes o esfuerzos sostenidos para mantener el autocontrol frente a la tensión emocional) pueden acelerar la velocidad de la pérdida de eficiencia cerebral.

Sin descansos la disminución de los neurotransmisores hará que los alumnos se comporten en una forma impredecible y que el aprendizaje se detenga.

Existe una diferencia entre las siestas sinápticas y un descanso. Un descanso es un tiempo libre desestructurado para los alumnos. Las siestas sinápticas son cambios planificados para activar diferentes circuitos neuronales que tienen suministros nuevos de neurotransmisores. Este cambio les permite a las regiones cerebrales que han estado recibiendo en forma más intensa la información revitalizarse permitiendo así un humor y una memoria óptimos.

A continuación, algunas sugestiones para las siestas sinápticas:

  • Pídales a los alumnos que hagan un dibujo relacionado con el contenido que está enseñando.
  • Que los alumnos se muevan como se hubiera movido el personaje de un libro o un personaje histórico durante un evento o que imiten con un movimiento un proceso biológico, físico o un proceso matemático.
  • Cuente una anécdota acerca del autor, personaje histórico o científico cuando dicha persona tenía la misma edad que sus alumnos. Personalizar el tema puede aumentar el interés y la motivación. Además, puede ser de gran ayuda cuando el tema que está enseñando no es de gran relevancia (o sea que no es fácil de conectar con la vida diaria de sus alumnos).
  • Haga que sus alumnos inicien un movimiento simple: estirarse, tomar agua o cambiar a una actividad que estimula a otra vía sensorial.
  • Que los alumnos identifiquen similitudes y diferencias relacionadas con el tema que está enseñando.

Durante las siestas sinápticas el nuevo contenido aprendido tiene la oportunidad de abandonar la memoria de trabajo rumbo a la memoria de largo plazo mientras los alumnos rellenan sus sinapsis de neurotransmisores y “enfrían” su amígdala.

Los alumnos están listos para retornar a la próxima actividad de aprendizaje con una amígdala receptiva y un suministro lleno de neurotransmisores.


Referencia bibliográfica:

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