Los chicos con autismo tienen gran nivel de ansiedad. Su “sistema operativo” es diferente. Por esta razón, entenderlos y saber cómo abordar distintas situaciones es fundamental para que sus niveles de ansiedad disminuyan.
  • 31 de Julio de 2019

Cómo educar y criar exitosamente a un niño con autismo (primera parte)


Leer: segunda parte; tercera parte.


Una de las cosas más comunes que podemos ver en los niños con autismo es la ansiedad. La vida no es amable con los niños con autismo. Estos niños no viven en un mundo “instalado” para aquellos que tienen autismo.

La cultura o el “sistema operativo” de los niños con autismo es perceptiblemente diferente del resto de la población. Lo que puede hacer que las cosas sean mejores para alguien que no tiene autismo puede hacer que las cosas sean peores para alguien con autismo.

Las personas que no tienen autismo no son malas, están tratando de ayudar. El problema es que no conocen el abordaje apropiado porque los niños con autismo tienen un “cableado cerebral” diferente. Esto genera el tipo de situación que denomino acariciando al gato.

Piense en los niños con autismo como si fueran un gato. Si usted acaricia un gato en el sentido en que se extiende su pelaje, observará un gato feliz que ronroneará y se acurrucará.

Pero si lo hace en el sentido contrario a su pelaje, probablemente será mordido, arañado y el felino huirá para evitarlo a toda costa. Los que lo observan encontrarán su conducta abusiva y lo retarán por torturarlo.

Además, tendrá un gato con dificultades emocionales, no porque el animal fuera “cableado” cerebralmente para comportarse de tal manera sino porque alcanzó su punto de resistencia máxima.

No pocas personas hacen esto todo el tiempo con los niños con autismo. Estos niños son siempre “acariciados en el sentido contrario de su pelaje”. Y luego vienen “expertos” con terapias especializadas para ayudarlos a manejar su ansiedad, ¡en vez de darse cuenta de que la mejor manera de tratar su ansiedad es dejar de acariciarlos en el sentido contrario a su pelaje!

Pocas personas parecen comprender el concepto de que los niños con autismo tienen un cerebro diferente y que por lo tanto su “pelaje” está en una dirección diferente.

Ayudando a que otras personas comprendan en qué dirección yace el pelaje de los niños con autismo, sus vidas pueden ser mucho más exitosas.

La conducta es comunicación

 

Debemos comprender que la conducta es comunicación. El niño con autismo, a través de su conducta, nos está diciendo algo. El desafío es decodificar su conducta.

En los niños con autismo existen múltiples barreras para que puedan comunicarse de una manera efectiva. Debido a estas dificultades en la comunicación existen momentos durante los cuales la comunicación efectivamente se está produciendo, pero las personas alrededor del niño con autismo no se dan cuenta.

El niño con autismo hace algo inapropiado, alguien reacciona ante esta acción inadecuada. Esta resistencia es “leída” por el niño con autismo. ¡Ambos se han comunicado!

Cuando el niño con autismo trata de mirar a otra persona para conectarse con ella (y no tiene la habilidad necesaria para hacer esto), puede comportarse, involuntariamente, de forma inapropiada porque esta es una forma de comunicarse y ellos desean desesperadamente conectarse.

Si esto es algo que está sucediendo, entonces ignorar la conducta indeseada y tomar medidas extremas para conectarse con el niño cuando se comporta adecuadamente es una parte de la solución. Pero este tipo de solución viene con una advertencia: la curva de extinción.

Las conductas tienen un propósito. Son para lograr una necesidad. Si una conducta no consigue su propósito se extinguirá, desparecerá. Cuando una conducta que lograba una necesidad deja de conseguirla (o sea cuando la conducta es ignorada) el niño intentará dicha conducta con el doble de fuerza durante el doble de tiempo para lograr el resultado esperado.

Si luego del incremento el adulto finalmente se da por vencido, lo que sucede es que dentro del cerebro del niño la línea de deseo se ha desplazado. Como consecuencia ahora la conducta indeseada empeorará en vez de mejorar.

Uno nunca debe olvidar el arte de la negociación. Recordemos que la mayoría de las conductas tienen como función obtener una necesidad.

No se necesita ser un genio para darse cuenta de que un niño ante la idea de ir a la escuela comienza con una rabieta (incluyendo gritar, patear, tirar cosas, etc.), debe existir un problema relacionado con ir a la escuela (cosa que no es inusual en los niños con autismo, así como también la necesidad ocasional de días de descanso).

Un abordaje que puede servir es el siguiente (después de la rabieta): “Si te portás mal, incluyendo: gritar, patear, tirar cosas, entonces estoy atrapado sin salida. Si me doy por vencido ante tu mala conducta entonces soy un mal docente-padre-madre y no voy a hacer eso. De una forma u otra tu cuerpo va a atravesar esa puerta”.

“Sin embargo, podés de forma calmada y tranquila, explicarme qué te abruma, cansa o lo que sea y te hace desear quedarte en casa, esta conducta al menos me da opciones. Hay momentos en los que yo también estoy abrumado o exhausto y no puedo enfrentar mi día”.

“Y entonces cancelo todo. Si es razonable para mí entonces también es razonable para vos siempre y cuando no suceda muy a menudo. También descubramos por qué la escuela es un problema y qué cambios podemos hacer para que tengas más éxito en ella”.

Ansiedad

Cada minuto de cada día, la mayoría de los niños con autismo deben vivir con niveles de ansiedad que pulverizarían a la mayoría de las personas que no tienen autismo.

Esta ansiedad literalmente influencia cada decisión que toman e invade cada aspecto de su vida.

No existe un único motivo que cause esta ansiedad. La causa más frecuente de esta ansiedad es el impacto del efecto acumulativo de intentar funcionar en un mundo que no está preparado para los niños con autismo. Es como tratar de poner diez kilos de trigo en una bolsa de 5.

La ansiedad de un niño con autismo es como intentar llenar una jarra de agua. En el inicio de un día normal su jarra ya está llena hasta el 50%. Este porcentaje es el nivel de agitación básica por tener autismo y tratar de funcionar en un mundo hostil. Sin importar lo que pase su jarra de ansiedad nunca está vacía.

Luego si hay algo que lo molesta, por ejemplo, una camisa que le pica, esto le agrega otro 30% a su jarra, subiéndola a un 80%.

Todavía no hay caos, pero nos estamos acercando. Agregue otra cosa que le moleste, como, por ejemplo, un dolor de cabeza, tratar de cortar con tijera, o un cambio en sus horarios de la tarde, y otro 30% se agrega a su jarra que ya tiene un 80%.

En este punto la jarra de la ansiedad se rebalsa y se desencadena una rabieta. Por lo tanto, el objetivo es claro: mantener la jarra lo más vacía posible para que el derrame sea menos posible.

¿La ansiedad es lo mismo que el autismo? No. Sin embargo, debemos tenerla en cuenta porque es un tema tan frecuente en los niños con autismo que es casi universal.

La buena noticia es que a medida que el niño desarrolla un mejor conocimiento de su propio autismo, y aquellos que lo rodean también desarrollan una mayor comprensión y aprenden como apoyarlo, los niveles de ansiedad del niño disminuyen y es menos frecuente que su jarra se derrame. La ansiedad aún estará allí pero el niño podrá vivir con ella.


Referencia bibliográfica:

  • Ashcroft, W., Argiro, S., & Keohane, J. (2009). Success Strategies for Teaching Kids With Autism. Texas: Prufrock Press.

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