Diversas investigaciones demuestran que mientras estamos en los brazos de Morfeo nuestro cerebro se encuentra muy activo y continúa trabajando. Inclusive, se considera que el sueño es una etapa en la cual se fijan aprendizajes y se producen momentos de creatividad.
  • 19 de Noviembre de 2015

Dormir es fundamental para la memoria

Uno de los placeres de la vida es poder descansar y contar con una noche de sueño reparador. Sin embargo, en los tiempos modernos dormir las horas necesarias parecería ser un lujo para pocos y el insomnio es una realidad que aumenta día a día para la mayoría de nosotros.

Las nuevas tecnologías y la hiperconectividad nos llevan a sentir que no podemos perdernos lo que dicen nuestros contactos o nos generan la sensación de que hay mucho por hacer. Estas sobreexigencias producen en nuestro cerebro la necesidad de atender y resolver ciertas "urgencias" virtuales para luego, si es posible, recién dormir.

En el mundo de los primeros homo sapiens sapiens las sensaciones de premura no eran constantes, pero ahora las cosas son muy diferentes: existen demandas laborales, pagos que nos agobian, horarios por cumplir, problemáticas o compromisos sociales, exámenes por aprobar y un largo etcétera que produce un sistema nervioso autónomo muy activo y con la impresión de que un león nos acecha constantemente.

El cuidado de la supervivencia ha sido y es fundamental para toda especie y la nuestra no es la excepción. Alejarnos del peligro y acercarnos al placer (conectados a internet jugando jueguitos, leyendo el diario o chateando por WhatsApp hasta altas horas de la noche) son respuestas correctas, pero en la actualidad las mismas se ven desbordadas por estímulos que las activan innecesariamente y nos llevan a hábitos perjudiciales como el dormir mucho menos de lo necesario.

El estudio y la comprensión del sueño siempre despertaron interés entre los científicos y uno de los objetivos más buscados en sus investigaciones es establecer la relación existente entre el descanso y la memoria.

Dentro de los trabajos más recientes sobre este tema se encuentra el realizado por la Universidad de Exeter, del Reino Unido, y el Basque Center on Cognition, Brain and Language de España, liderado por Nicolas Dumay, investigador de ambas instituciones.

Dumay y su equipo de trabajo se preguntaron si además de fijar conceptos durante el sueño el cerebro también se ocupa de rememorar cosas que a priori la persona no recordaba.

Para comprobar su hipótesis reclutaron a 72 voluntarios a los cuales se los dividió en dos grupos (A y B). A todos se les presentó y pidió que aprendieran una serie de palabras inventadas, para luego realizarles un test y comprobar cuántas recordaban. Sin embargo, había un condicionante: el grupo A debería mantenerse despierto y el B podría descansar. Doce horas después del primer test se repitió la experiencia para apreciar si había diferencias.

Entre los puntos de evaluación se encontraban:

  • Palabras perdidas: aquellas que no se recordaban ni en el primero ni en el segundo test.
  • Palabras mantenidas: las que se recordaban tanto en la primera como en la segunda evaluación.
  • Palabras ganadas: las que no se recordaban en la primera evaluación pero si en la segunda.

A partir de esta práctica se pudo observar que el grupo de participantes que pudo dormir logró no solo retener en la memoria mayor cantidad de las palabras que habían recordado en el primer test (palabras mantenidas), sino que además consiguieron un notable aumento de palabras ganadas (aquellas que no habían recordado en la primera ocasión).

Los resultados de esta investigación sugieren que el descanso no solo contribuye a consolidar los aprendizajes, sino también a recordar conceptos anteriormente olvidados, ya que después de dormir somos capaces de acordarnos de los mismos aunque no nos vinieran a la mente mientras estábamos despiertos o justo después de aprenderlos.

El hipocampo, ubicado en el interior del lóbulo temporal, sería la clave de este proceso. Esta estructura es la encargada de descomprimir episodios y conceptos recientemente codificados, para luego repetirlos en las regiones del cerebro que originalmente estuvieron involucradas en su aprendizaje.

Para sumar más datos sobre el valor que tiene el descanso podemos nombrar la investigación realizada por la Universidad de Duke en Singapur y las de Michigan y Pennsylvania en Estados Unidos, publicadas en el Journal of Neuroscience. El resultado demostró que nuestro cerebro cuando no descansamos correctamente presenta dificultad para descifrar los estímulos visuales y las respuestas son más lentas y menos precisas.

Por su parte, otro estudio en la Universidad de Duke, efectuado en el Laboratorio de Neurociencia Cognitiva, arrojó que con solo una noche que nos privemos de disfrutar de los brazos de Morfeo corremos el riesgo de sufrir alteraciones notables en los mecanismos neurales de nuestra toma de decisión, además de verse afectado el pensamiento flexible y las funciones ejecutivas. 

No solo la memoria se ve favorecida por el descanso, ya que en las etapas de sueño profundo las asociaciones que hace el cerebro permiten encontrar salidas creativas e ideas innovadoras a los problemas y desafíos para los cuales muchas veces no hallamos solución durante el día, tal como lo demuestran las investigaciones de Jan Born, director del Instituto de Neuroendocrinología de la Universidad de Lübeck, Alemania.

Si tomamos el inicio de esta nota en donde marcamos que dormir parece ser un lujo y el insomnio algo que crece día a día, sería importante concientizar que debemos darle a nuestra UCCM el tiempo de descanso necesario para funcionar adecuadamente.

Un modo práctico de darnos cuenta de la calidad de nuestro descanso es utilizar una herramienta básica de Neurosicoeducación: las grillas de registro. De este modo no dejaremos en nuestra memoria los datos, sino anotados y luego podremos hacer una evaluación más correcta y realista, que no se acomodará a justificativos o motivos por los cuales hemos dormido menos horas de las debidas. En este caso, un modelo posible de aplicación podría ser el siguiente:

En las columnas de la línea A se anotará cada día la hora aproximada a la que consideramos nos hemos dormido; en la B, la hora a la que nos despertamos y, finalmente, en la C, la cantidad de horas descansadas.

Con esta grilla veremos las horas reales que descansamos en 10 días y haremos una importante toma de decisión si lo observado no coincide con el cuidado óptimo de nuestro cerebro.

Según la National Sleep Foundation (EEUU) las horas de sueño recomendadas son las siguientes: 

  • Recién nacidos: 14 a 17 horas.
  • Infantes: 12 a 15 horas.
  • Niños en edad preescolar: 10 a 13 horas.
  • Niños en edad escolar: 9 a 11 horas.
  • Adolescentes: 8 a 10 horas.
  • Adultos: 7 a 9 horas.
  • Adultos mayores: 7 a 8 horas. 

Bibliografía:

  • Dumay, N. (2015). Sleep not just protects memories against forgetting, it also makes them more accessible. Cortex, 74:289-96. doi: 10.1016/j.cortex.2015.06.007
  • van der Helm, E., Yao, J., Dutt, S., Rao, V., Saletin, J. M., & Walker, M. P. (2011). REM sleep de-potentiates amygdala activity to previous emotional experiences. Curr Biol, 21(23):2029–2032. doi: 10.1016/j.cub.2011.10.052.
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  • Chee, M. W. L., Chow Tan, J., Zheng, H., Parimal, S., Weissman, D. H., Zagorodnov, V., & Dinges, D. F. (2008). Lapsing during Sleep Deprivation Is Associated with Distributed Changes in Brain Activation. The Journal of Neuroscience, 28(21):5519-5528; doi: 10.1523/JNEUROSCI.0733-08.2008
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