Una vieja historia de Isaac Asimov daba cuenta de que la educación ya no sería presencial sino en las casas y con robots como docentes.
  • 11 de Noviembre de 2020

Docentes robot: ¿Qué tan acertado estaba Isaac Asimov?

En el año 1951, un periódico infantil de Estados Unidos publicaba el cuento “¡Cómo se divertían!” de Isaac Asimov, referente indiscutido del género ciencia ficción. Este relato despertaría la curiosidad de grandes y chicos a lo largo de las generaciones, por su peculiar visión acerca del futuro de las escuelas.

En el mundo que el cuento presenta, la escritura en papel y la presencialidad han quedado en el pasado y son una vieja historia narrada por un abuelo. En cambio, en el presente, los niños se educan desde sus hogares, acompañados por un robot que posee conocimientos de todas las disciplinas y que se adecúa al nivel de aprendizaje y a las preferencias del alumno. “Mi madre dice que un profesor debe adaptarse a la mente del chico o la chica a quien enseña y que a cada alumno hay que enseñarle de manera distinta”, afirma Margie, una de las protagonistas. En cierto sentido, Asimov fue un adelantado a las pedagogías actuales y su enfoque humanista centrado en la relación docente-alumno.

En pocos meses, este relato cumplirá setenta años. Recibimos su aniversario de publicación en un contexto vertiginoso que nadie esperaba transitar. Hasta el año pasado, las instituciones educativas eran las encargadas de socializar a los futuros ciudadanos e interiorizarlos en conceptos y experiencias ricas para la vida en comunidad. Los alumnos aprendían en grupos dentro de las aulas y los docentes enseñaban y evaluaban en función de lo aprendido.

Pero el 2020 representó un cambio brusco que tomó por sorpresa hasta al más hábil de los “nativos digitales”, en términos de Marc Prensky. Debimos incluir en nuestro vocabulario anglicismos como Zoom, Classroom, Drive y términos específicos de la computación. Fue necesario adaptar los programas y hacer un seguimiento intensivo de los alumnos considerando el contexto familiar de cada uno y el acceso a la tecnología.

Alberto Osvaldo Ramírez, docente de nivel primario en la Provincia de Buenos Aires, reflexiona acerca de aquellas expectativas que la literatura del pasado tenía acerca de los tiempos que corren. “Seguramente con el avance tecnológico, muchos pensaban y quizás lo siguen pensando, que la educación podría ser diferente, al punto de prescindir de la figura del docente”, sostiene. Hace años que diversas editoriales han comenzado a elaborar herramientas digitales y cuadernillos que pueden ser descargados para uso docente. Muchas universidades han abierto carreras y cursos 100% virtuales o semi presenciales.

Así y todo, el contexto de cuarentena que tomó por sorpresa a la Argentina en marzo de este año probó diversos puntos que hasta ahora eran hipotéticos. Alberto Ramírez afirma que “la relación pedagógica necesita de la figura humana, presencial y hasta maternal del docente. La pandemia y la virtualidad han dejado al descubierto la necesidad que tienen nuestros alumnos de interactuar cara a cara con nosotros. Vernos sin ninguna pantalla de por medio. Sentirnos con todos los sentimientos humanos. Es algo que no puede ser reemplazado ni por la mejor tecnología”.

Por otra parte, los estudiantes necesitan el resguardo del grupo y la virtualidad representa un problema a la hora de interactuar de manera fluida con sus pares. La especialista en educación Inés Dussel brindó una conferencia vía YouTube en el mes de abril titulada “La clase en pantuflas”, donde refuerza esta idea previamente presentada. En la clase virtual, el niño está expuesto a la relación individual con el docente y no tiene dónde esconderse. Se encuentra a la intemperie en un sentido casi metafísico y, además, participa de la clase bajo la mirada atenta de la familia. El hogar se ha convertido en un espacio multifunción, donde se vive y se duerme, pero también se trabaja y se estudia.

Isaac Asimov imaginaba un futuro donde los robots asumirían el rol de los docentes y la educación sería personalizada e individual. Setenta años después hemos asistido a una prueba a gran escala de los sueños que la ciencia ficción nos presenta en la literatura. El resultado se nos muestra desalentador y crudo. La depresión infantil ha aumentado y la incertidumbre del futuro ha perjudicado el desempeño de los alumnos. La institución educativa y específicamente el aula sigue siendo fundamental para la socialización y el desarrollo de la personalidad. El niño necesita a sus pares y al docente. Necesita encontrarse con la mirada del saber que se hace caricia y lo invita a superarse y soñar el porvenir.

Por ahora, la virtualidad es el mejor recurso que tenemos, porque es el que pudimos ejecutar en tiempos críticos como los actuales. A partir de ahora, es nuestro deber como educadores asumir un cambio histórico que integre lo virtual sin desplazar lo interpersonal y reivindique la presencia. No habrá docentes robots en un futuro cercano, para desgracia de Asimov, pero habrá una conciencia nueva desde un enfoque humanista que se centre en la persona y en el vínculo con el alumno.


Bibliografía:

  • Asimov, I. (1951). The Fun They Had. Boys and Girls page.
  • Dussel, I. (2020). La clase en pantuflas. Instituto Superior de Estudios Pedagógicos. Recuperado de: www.youtube.com/watch?v=6xKvCtBC3Vs
  • Prensky, M. (2001). Nativos e inmigrantes digitales. On the Horizon, NCB University Press, 9(5).