La importancia del rol docente no está solamente en lo que enseña en forma explícita sino también en el ejemplo ético que representa para sus alumnos.
  • 26 de Septiembre de 2019

El docente como un agente moral (segunda parte)



[Primera parte: Quién es el docente importa]

¿Incentivos contractuales o relacionales?

La enseñanza y el aprendizaje se convierten en superficiales cuando el alumno simplemente desea aprobar el examen y una vez que ya quedó atrás se olvida de lo que estudió.

La relación docente – alumno está convirtiéndose cada vez más en una relación contractual y legal, aniquilando los nobles propósitos de la educación. La tradicional idea de que el docente está in loco-parentis (esta expresión se podría traducir como en lugar de alguno de los progenitores) se ha desvanecido.

El dominio cognitivo de la educación es enfatizado y la dimensión moral es cada vez más ignorada. Potenciales buenos docentes se desalientan y dejan la carrera educativa al observar que el foco está cada vez más en la dimensión contractual que en la dimensión relacional de la enseñanza y el aprendizaje.

Necesitamos volver a observar qué es lo que está faltando en nuestra enseñanza puesto que es vital que ésta respalde y apoye el desarrollo ético de nuestros alumnos.

La formación ética no se produce por casualidad ni al azar. No será promovida por la indiferencia a las preguntas éticas en el aula. Debe ser estimulada por una planificación pedagógica deliberada.

Ya en 1995 la UCET (Comité Universitario para la Educación de Docentes) formuló once principios éticos fundamentales para la enseñanza:

Un docente debe:

  1. Tener integridad intelectual.
  2. Tener integridad vocacional.
  3. Demostrar coraje vocacional.
  4. Ejercer el altruismo.
  5. Ser imparcial.
  6. Tener una percepción humana.
  7. Asumir la responsabilidad de la influencia.
  8. Tener humildad.
  9. Ejercer el compañerismo.
  10. Ejercer la colaboración.
  11. Vigilar lo relacionado con las responsabilidades y aspiraciones profesionales.

Esta lista demuestra las diferentes obligaciones de los docentes, particularmente morales, con un claro énfasis en el coraje, el altruismo, la humildad y la integridad. Sin embargo, se debe tener en claro que no es posible crear una lista definitiva de virtudes relevantes para los docentes sino tan solo una lista de virtudes prototípicas para que los docentes las puedan utilizar y desarrollar.

Las virtudes y la sabiduría práctica

Las virtudes pueden ser categorizadas en cuatro tipos: morales, cívicas, intelectuales y de desempeño.

La formación docente debería tener como objetivo el desarrollo de estos cuatro tipos de virtudes:

  • Virtudes morales: nos permiten responder de una forma ética en cualquier situación en toda área disciplinar. Estas son las virtudes de coraje, autodisciplina, compasión, gratitud, justicia, humildad y honestidad, que todos los niños deberían aprender.
  • Virtudes de desempeño: pueden ser utilizadas para un buen o un mal fin. Son las cualidades que nos permiten manejar nuestras vidas de una forma efectiva. La virtud más comúnmente mencionada en esta categoría es la resiliencia, la capacidad de recuperarse de las experiencias negativas. Otras virtudes son la determinación, la confianza y el trabajo en equipo. Este tipo de virtudes deben ser el vehículo de las virtudes morales.
  • Virtudes cívicas: son necesarias para una ciudadanía responsable. Incluyen el servicio y el voluntariado. Las virtudes cívicas potencian el florecimiento de cada persona y promueven el bien común de la sociedad.
  • Virtudes intelectuales: son el prerrequisito racional para un pensamiento correcto y una acción adecuada como, por ejemplo, la autonomía, el razonamiento y la perseverancia. Estas virtudes intelectuales son necesarias para la búsqueda del conocimiento, la verdad y la comprensión y cómo interpretar, analizar, evaluar, comparar y juzgar todas estas habilidades esenciales para una mente que pueda razonar correctamente.

Es importante señalar lo que los griegos denominaban phronesis (la sabiduría práctica). Esta cualidad del juicio nos posibilita saber cómo manejar mejor una situación. Por ejemplo, cómo elegir el mejor procedimiento cuando las demandas de dos o más virtudes compiten entre sí.

Al comienzo de sus carreras muchos docentes están motivados a elegir su profesión por su contenido moral. Varias investigaciones han demostrado que muchas personas entran a la docencia motivadas por el deseo de hacer una diferencia en las vidas de los niños y para ayudar a transformarlos en buenas personas.

Lamentablemente estas tempranas aspiraciones morales no son adecuadamente desarrolladas en la carrera docente y posteriormente.

El docente “ideal” es aquel que exhibe una phronesis pedagógica en sus relaciones con sus alumnos. Esta visión de la docencia como una profesión moral requiere, claramente, tener en cuenta estos aspectos y requerimientos durante la formación docente y la recuperación de la docencia como una vocación moral.


Referencia bibliográfica:

  • Arthur, J., Kristjánsson, K., Harrison, T., Sanderse, W., & Wright, D. (2017). Teaching Character and Virtue in Schools. Abingdon: Routledge.

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